Jesús nos enseña en el Evangelio que, así como queremos generosidad en la misericordia y el perdón de Dios para nosotros, debemos estar dispuestos a ser generosos y a perdonar a los hermanos. El amor a Dios se ve reflejado en el amor a los hermanos. Por eso es que no debemos perdonar hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.