Cuando le conté a Gonzalo, mi profesor de batería, que estaba haciendo la serie de entrevistas a tiendas de discos, me dijo de inmediato: tienes que ir a Ultra Local.
Ultra-Local Records, creada por Raül y su pareja Carme, es una institución en el Poblenou, un barrio de Barcelona progresivamente tomado por los hubs tecnológicos y el café de especialidad.
Raül nos cuenta cómo dejó su trabajo y lo apostó todo a los discos en 2012, cuando el glorioso regreso del vinilo apenas empezaba, y cómo convirtió a una de sus bandas favoritas, Yo La Tengo, en visitantes habituales.
Hola Raül, estamos aquí en Ultra-Local Records y siempre empiezo con la pregunta más sencilla: ¿cómo has llegado a este punto de tener una tienda de discos?
Raül: Este año haremos 14 años que estamos en la tienda. La cosa empezó porque yo estaba un poco harto de trabajar y quise dejarlo todo, y Carme, mi pareja, con quien abrimos la tienda, me dijo: haz algo que te guste o que te apetezca. Y yo decía: no sé nada, solo me gustan la música y los discos, es lo único que le encuentro gracia. Siempre había soñado con una tienda de discos, pero nunca pensaba que la podría tener. Y dije: pues sí, lo voy a hacer. Dejo el trabajo e intento hacer una tienda de discos, aunque sea un suicidio; la cerraré y ya está, a otra cosa, pero al menos lo habré intentado. Y lo intenté y, al final, de momento, me ha salido bien.
He leído que una de las ideas para el nombre era Suïcidi Records.
Raül: Sí, me quedaba bastante guay, algo punky. Pero sí que es verdad que nunca pensamos que pudieran salir los números. De hecho tuve que hacer como un plan de viabilidad, algo así. Lo tuve que hacer porque capitalicé el paro para poderlo montar. Y estaba haciendo aquel plan y te ponían ahí como ejemplo una zapatería, y yo lo aplicaba a una tienda de discos y pensaba: claro, tengo que vender muchos discos para que esto empiece a ser rentable. Pero bueno, lo hice para justificar la capitalización, y mientras lo hacía pensaba: esto no tiene ningún sentido. Si lo pensaba, realmente no salían los números.
Cuando abrimos la tienda era 2012, y fue durante 2011-2012 que la cosa ya era: venga, vamos a hacerlo. Era una época en que en Barcelona quedaban pocas tiendas. Yo, por ejemplo, había dejado de ir a comprar hacía tiempo y en esa época volvía a arrancar, pero estaban cerrando las principales tiendas. Era un momento nada óptimo y nada hacía pensar que volvería el tema de comprar discos.
¿Y al principio también seguías trabajando?
Raül: Dejé el trabajo, capitalicé el paro y pude montar la tienda con ese dinero. Con el dinero que tenía ahorrado pude mantenerme. El primer año fue un desastre, pero bueno, era todo según lo previsto. Pero sí que es verdad que era como: hostia, ahora tengo la tienda y quiero aguantarla. Porque fue muy bonito, los primeros años: conoces gente, tener una puerta abierta a la calle, que también es muy bonito. Era todo como: hostia, ahora tengo esto, no lo quiero dejar. Y entonces, dándole vueltas, llamé al jefe que tenía antes y le dije: ¿puedo volver? Y me dijo: sí, claro. Y volví a trabajar, estuve en otra parte de la fábrica, pero volví. Hice como una jornada intensiva por las mañanas y por las tardes abría la tienda. Y gracias a ese trabajo que tenía por las mañanas, la podía ir aguantando sin pensar que la tendría que cerrar.
¿Y cuándo notaste que la tienda se había convertido en un negocio del que podías vivir, sin otro trabajo?
Raül: Que salgan los números bien, sin preocuparme, hará tres años. Los tres o cuatro primeros años fueron duros a ese nivel. Lo que pasa es que, como teníamos el dinero, Carme tenía su trabajo, yo tenía el mío, la tienda se iba manteniendo, pero realmente no salían números por ningún sitio. Claro, con el tiempo, lo que has creado en la tienda es que tienes también un stock de discos, la gente te va conociendo, va pasando más gente. Todo eso, poco a poco, es como una gotita que va llenando el vaso, y hay un momento en que el vaso está lleno y puedes ir tirando con eso.
Y sobre todo el paso más importante fue cuando volví a dejar el trabajo, que fue justo antes de la pandemia, el 2019, porque fue en octubre, cuando volví de vacaciones, que le volví a decir a mi jefe que me iba. Y fue un poco porque te dabas cuenta de que si le pongo un poquito más de tiempo a la tienda, puede ser que empiecen a salir los números. Y Carme también consiguió un trabajo mejor, con lo cual económicamente estábamos más tranquilos, y fue el momento de dar el paso. Lo que pasa es que llegó la pandemia y fue como: a ver qué hacemos. Y como estaba solo centrado en la tienda, dentro de lo malo, me salió bien. Ya teníamos una parroquia, una especie de comunidad de gente que nos compraba, y en la pandemia nos ayudaron mucho. Todo esto fue como: vale, dentro de la mierda, está saliendo bien. Y cuando ya pasó todo, la tienda realmente ha salido a números. Yo tengo ya una nómina, que nunca había tenido. Antes tenía una cuenta donde estaba todo, e iba tirando con eso, la vida y la tienda. Ahora he separado las cuentas, lo he hecho como si fuera un profesional, y hay dinero para mí y para la tienda, para ir comprando discos. Ahora estoy como normal, como tendría que ser un negocio.
Durante la pandemia, he leído que también entregabas los discos en bicicleta.
Raül: Claro, la pandemia fue como cerrarlo todo. No entraba dinero, era todo muy complicado, y la única manera que veíamos era empezar a imaginar cosas, y en eso somos bastante ocurrentes y graciosos. Hicimos unos mercados desde casa: yo compraba los discos, montábamos en casa como si tuviéramos la tienda, con unas cubetas y los discos por ahí, y hacíamos vídeos en directo por Instagram y la gente compraba desde ahí. Era como una locura. Ahora he visto que en TikTok la gente lo hace, vender cosas así, haciendo un vídeo, como una teletienda pero en directo.
Entonces, como la gente no podía salir de casa y yo como autónomo tenía una especie de permiso, decidí ir con la bici a llevar los discos a la gente. Y eso nos salvó, porque la gente vio que aquello era también una manera de ayudarnos y le pusieron ganas de comprar, y nosotros encantados de hacer la tontería e ir con la bici para arriba y para abajo. Para mí fue súper guay, porque además ibas a casa de la gente. De hecho, hay un libro de Dimas Rodríguez, que es un cantante que tiene una banda, Invisible Harvey, y la historia es un poco esa: a la protagonista se le inunda la tienda y va repartiendo los discos a casa de los clientes. Es bonito, el hecho de ir a casa de la gente. Fue un momento bastante guay.
Y en esos 14 años, ¿has tenido dudas alguna vez? ¿La sensación de que esto no tiene sentido, de que hay que dejarlo?
Raül: No, la verdad. Como vengo de trabajar, para mí esto casi no es trabajar. No quiero volver a trabajar nunca más. Me puede mucho más la idea de tener la tienda, tener un sitio donde estar rodeado de discos, que es algo que me encanta, y poder vivir de esto sin tener un jefe, sin que nadie te diga nada, sin aguantar tonterías de nadie, sin tener que levantarte por las mañanas e ir a hacer algo que no te apetece. Me compensa mucho más que el hecho de pensar: ¿qué estoy haciendo?
Al final sois mucho más que una tienda de discos, casi una institución cultural, con vuestros festivales, conciertos, un sello... Y también tenéis una relación especial con Yo La Tengo.
Raül: Mira, esto era... una vez venían Yo La Tengo a un festival que hacían en el Tibidabo, aquí en Barcelona, un par de noches con Mogwai y Yo La Tengo de cabezas de cartel. No me acuerdo qué año era, sería 2015, algo así; era una época en que aquí no venía nadie. Nos pasábamos el día fuera sentados tomando el sol o aquí dentro, a veces con gente tocando, amigos que venían y se improvisaban pequeños conciertos. Y uno de esos días Edu Mató, que es un amigo de la tienda de hace muchos años, dijo: ostras, podríamos hacer como un request a Yo La Tengo, para que cuando vengan a Barcelona pasen por la tienda: grabamos una versión de una canción suya y se la hacemos llegar. Total, que aquella tarde, de manera improvisada, se versionó aquí el You Can Have It All, que de hecho ya es una versión, se grabó en vídeo y se lo pasamos a Ignacio Julià, que es un periodista de aquí de Barcelona bastante amigo de ellos. Ignacio nos comentó: ostras, esto les va a hacer gracia. Pero bueno, a ver qué pasaba.
Entonces, casualidades de la vida: cuando Yo La Tengo llegaron al aeropuerto de Barcelona, los fue a buscar Tule, que es un promotor, de la gente que acompaña a los músicos, y que nos conoce. Y se ve que bajaron del avión y dijeron: ¿sabes dónde está Ultra-Local? Tule me llamó y me dice: tío, acaban de llegar Yo La Tengo y me están preguntando dónde está Ultra-Local. Y yo: no jodas. Yo entonces estaba en el trabajo por la mañana, y Tule me dijo: tengo que llevar unas cosas por el Poblenou y recoger su backline para el concierto, muy cerca de la tienda; los acerco. Y yo: vale, vale, ahora voy para ahí. En el rato de venir para aquí empecé a llamar a los amigos: que vienen Yo La Tengo. Cuando llegué ya empezaba a venir gente, y apareció la furgoneta de Tule con James e Ira. Bajaron y se sorprendieron, porque estábamos todos fuera esperando. Eran súper majos, y fue muy bonito: nos juntamos un montón de fans, 15 o 20 personas muy fans de Yo La Tengo. Ellos al principio un poco cortados, pero luego ya empezaron a preguntar. A Ira, por ejemplo, le gustan mucho los singles sixties españoles; yo tenía cajas por aquí y estuvo mirando. James buscaba más cintas de música experimental. A partir de ahí se hizo una relación muy bonita entre la tienda y ellos. No sé si tienen muy claro cómo funciona la tienda ni si saben que yo soy el dueño, porque somos varios amigos los que estábamos por ahí y alguno contactó con ellos también. Pero han seguido viniendo. Ira, por ejemplo, vino un día, entró en la tienda, y yo estaba aquí. Fue muy bonito.
Y luego, a partir de ahí, también con el sello discográfico que tenemos aparte con Àlex, edita la servidumbre, que es un sello con propuestas alrededor de la tienda: editamos cassettes de grupos que han pasado por aquí. Entonces, cuando pasó lo de Yo La Tengo, se le dijo a James, que tiene un proyecto propio, Dump, si quería editar un cassette con nosotros. Y él dijo: vale, lo hablamos. Volvía a tocar aquí, en otro concierto; nos invitaron, fuimos a hablar con él y nos dio permiso para hacer un cassette con unas canciones suyas, una especie de recopilatorio. También encantador, súper bonito, muy buena gente. Y yo creo que nosotros también éramos buena gente, y todo salió muy bien. Le hicimos el cassette y tenemos una relación bonita: cuando vienen a Barcelona, se pasan por aquí.
Y luego James tocó aquí en la tienda para un Microclima Sound, el festival este que hacemos cuando pasa el Primavera Sound. Le dijimos a James si quería venir a tocar, y justo tenía el hotel aquí detrás y dijo: vengo y toco. Fue muy guay.
Gonzalo, que es mi profesor de batería, guarda muy buenos recuerdos de ti y de la tienda. Me contó que tocaba en Pararrayos y que también hicisteis un cassette con versiones de Yo La Tengo por bandas locales. ¿Eso fue antes o después de conocerlos?
Raül: Yo creo que después de la primera vez. Porque aquí hacíamos un programa de radio que se llamaba Hip Hip Ultra, y ahí siempre salían ideas. Una vez salió esta de las versiones: como nosotros teníamos la nuestra, animamos a la gente a que nos enviara versiones de Yo La Tengo, y se hicieron un montón. No se pudo editar en cassette porque era demasiado, pero está en Bandcamp; creo que hay un Bandcamp con todas las versiones de bandas locales. Pararrayos creo que hicieron una, sí, varias bandas. A Pararrayos, de hecho, también les editamos su primer cassette desde edita la servidumbre, el sello de Àlex con el que editamos el de Dump.
Para la gente que no conoce a Yo La Tengo: ¿tu disco favorito? ¿Y un disco para empezar, si alguien no los conoce de nada?
Raül: Mira, yo con Yo La Tengo entré tarde, a principios de los 2000, y me enamoró un recopilatorio que tenían que se llamaba Prisoners of Love. Ahí estaba lo mejor de Yo La Tengo, y a partir de ese recopilatorio fui descubriendo las canciones que más me gustaban y en qué discos estaban. Y para mí I Can Hear the Heart Beating as One es el disco en el que realmente dije: hostia, este grupo me gusta mucho. Era una banda que a muchos amigos les gustaba y yo no acababa de entrar: había canciones muy ruidosas y muy tranquilas, y no sabía qué era lo que me gustaba de ellos. Entonces los vi una vez en directo y ahí sí que dije: esta gente mola mucho. I Can Hear the Heart Beating as One seguramente sería el disco que recomendaría para entrar en la banda, o si no el recopilatorio: si vienes de cero, empezar por ahí es muy buena idea. Claro, luego han seguido sacando discos, pero para tener los primeros 15 o 20 años de la banda es un buen resumen.
Yo tampoco conocía mucho a la banda antes, pero he escuchado un poco y parece que cambian de estilo de un disco a otro.
Raül: Tienen una cosa muy bonita, que es una esencia: escuchas las canciones y son ellos. Sí que es verdad que han ido cambiando, pero creo que hay un hilo común en todo. Lo que pasa es que dentro de su música están las partes más eléctricas y ruidosas y luego las partes más ambientales y pop; hay como una canción pop súper bonita entre un montón de distorsiones. Pero es más o menos todo lo mismo: no están probando a hacer otras músicas, son muy de lo suyo, muy cerrados en su música y muy auténticos.
Y luego la historia esta de que empezaron tarde. Ira era periodista musical, crítico, creo que lo sigue siendo, y empezó en la música ya mayor, con Georgia, su pareja, para probar. Y les ha salido una carrera súper bien. Creo que es una de las bandas más coherentes y sinceras del rock alternativo.
También he leído que es una banda de críticos, que siempre la mencionan como referencia.
Raül: Por eso al principio me costaba entrar. Medios como Rockdelux, por ejemplo: todo lo que decían, yo me lo tomaba un poco a la contra, y cuando hablaban mucho de una banda, yo la ponía un poquito en cuarentena. Pero cuando realmente los descubres, pues sí: es una banda valorada por la crítica, pero con un público que sigue yendo a verlos, y gente joven que se va incorporando. Es una banda interesante.
Yo escucho más folk, country y americana que indie, y tienen un disco, Fakebook, que me encanta porque va un poco por ese sonido.
Raül: Ese disco, por ejemplo, marcó mucho a Ran Ran Ran, una banda a la que también le publicamos discos y que son muy fans de Yo La Tengo. Fakebook es uno de los discos que les motivaron a hacer música, supongo; un disco muy importante en su carrera, creo.
No sé si es solo mi burbuja, pero me parece que la gente está contestando un poco el mundo de los algoritmos. ¿Te parece que las bandas locales están creciendo entre las generaciones más jóvenes, o al contrario?
Raül: A nivel de aquí, que es lo que vivo más, Cataluña, hay una sensación de que a la gente joven, a diferencia de nosotros, no le da vergüenza escuchar grupos de aquí o música en catalán. En nuestra época escuchar música en catalán era casi un prejuicio: sonaba raro, estaba politizado, había muchas cosas que no molaban. Que esté politizado también mola, pero la sensación era extraña. Ahora todo eso se ha quitado, los prejuicios, y las bandas locales llenan sitios grandes. Está pasando con bandas como Oques Grasses, que son el mainstream local. Es algo súper curioso, porque a nivel de aquí lo petan, pero se van a 100 kilómetros y no va nadie. A mí eso me gusta: la idea de que haya bandas que apasionan a la gente de aquí y que a nivel internacional no lleguen. Eso también es un poco culpa del algoritmo, de alguna manera, porque esa banda por los algoritmos nunca llegará a alguien de Inglaterra, y a lo mejor, si la escuchara, le molaría. No se sabe.
Oques Grasses vendieron como cuatro conciertos en el Estadi Olímpic, como Bruce Springsteen.
Raül: Sí que hay, pero son cosas muy puntuales, y cosas que se han trabajado mucho, supongo, a nivel de promoción. El caso más bestia es Rosalía: al final es una artista local que, aparte de que lo que hace esté bien o no, también tiene detrás una campaña para que funcione, y todo eso va cogiendo más sectores. Es una movida rara, porque luego hay muchas bandas que no venden discos y nadie las escucha, nadie les hace caso. Y en las bandas locales, aquí, además, la frontera del idioma también es un cierto problema. Pero a la vez, mira Kneecap: es una banda que está defendiendo precisamente eso, alguien desde Irlanda, con su idioma y su manera de hacer las cosas, que está llegando a todo el mundo. Yo eso, cuando abrí la tienda, lo pensaba mucho, porque a principios de los 2000 aquí se escuchaban mucho grupos islandeses. Nos gustaban múm, Sigur Rós, todas esas bandas, y si lo piensas, ni sabes lo que dicen: es un sitio apartado, totalmente diferente al Mediterráneo, y en cambio te gustaban y te llegaban. La idea es que aquí también algún día pase eso: que alguien de fuera escuche a El Petit de Cal Eril o a alguien que tenga un estilo propio de aquí y pueda decir: ah, mira, esto me gusta. Aquí lo único que ha triunfado a nivel más global fue la música que se llamaba fusión: la rumba con ritmos más latinoamericanos. Manu Chao fue el súper representante, pero a partir de ahí había un montón: Ojos de Brujo, Muchachito y toda esa peña. Hubo un tiempo en que triunfaban a nivel europeo, salían y podían hacer giras. Eso, por ejemplo, ahora no pasa.
Hablando de festivales: lleváis casi desde el principio con el Microclima Sound y tenéis esta filosofía de anticrecimiento, de decrecer.
Raül: Cuando abrimos la tienda ya estaba la idea, porque la tienda también se abrió un poco porque existía, por ejemplo, Luchador Records, una tienda que había en el centro, de Pol Rodellar, que es uno de los miembros de Mujeres, y de Esteban. Ellos hacían conciertos en la tienda, era algo muy guay, y yo siempre pensaba: ostras, si abrimos la tienda, haremos también presentaciones. Luego le dimos un giro más, aprovechando que hacían el Primavera Sound aquí cerca: la idea de montar el Microclima Sound. Teníamos el nombre, que nos parecía genial, y dijimos: pues lo hacemos. Hay un dicho en catalán, “el nom fa la cosa”, el nombre hace la cosa, y eso fue: teníamos el nombre y queríamos aprovecharlo.
Empezamos a hacer conciertos coincidiendo con el Primavera. El primer año no vino nadie: el público eran las bandas. Eran dos bandas, una tocaba y la otra hacía de público, y al revés. Pero fue muy guay la sensación de estar aquí totalmente al margen de algo tan bestia que estaba pasando en la ciudad; era una sensación muy interesante. Y la seguimos haciendo, y ha llegado un momento en que la gente ya lo conoce y viene. Es todo muy pequeño y viene poca gente, pero ya era como: ostras, esto ya es demasiado, ha perdido un poco la gracia de estar en contra todo el rato, porque el Microclima al final es ir en contra de todo lo que esté pasando. Y también a nivel vital, lo de decrecer pensamos que es algo bastante importante, y tenía gracia que algo tan pequeño encima jugara a decrecer. En los últimos años hacemos la coña esta de decrecer hasta desaparecer: intentar hacer un festival que sea cada vez más pequeño. Los festivales luchan por ser más grandes o por consolidarse; nuestra lucha es hacerlo más pequeño. No sabemos qué pasará. Es toda una broma, pero también es una broma bastante anti-todo, y creo que también mola: te lo puedes tomar como algo gracioso, pero detrás hay un poco de rabia antisistema.
Tú eres del Poblenou de toda la vida, ¿no? El barrio ha cambiado mucho con todo el tema del 22@. ¿Cómo lo has visto cambiar y cómo ves el futuro?
Raül: Bueno, mi padre nació aquí, pero yo nací en la Verneda, que es un barrio que está más hacia las afueras. Luego volvimos: vivimos aquí con Carme desde el 2005. Y a nivel musical el barrio ha cambiado mucho. El Poblenou era un poco un oasis a nivel de bares, discotecas, salas de conciertos y, sobre todo, locales de ensayo. Cuando abrimos la tienda, la idea era también que la gente que iba a ensayar pasara por aquí y se llevara discos, que se creara una especie de rueda que tenía sentido, y luego ir a ver los conciertos al Razzmatazz, a la Bóveda o a las salas que había. En los últimos años, que son los que hemos vivido más aquí en la tienda, toda esta industria musical, por llamarlo de alguna manera, ha ido desapareciendo. Locales de ensayo en el Poblenou ya no hay; alguno aguanta de manera irregular, pero ya no hay. Salas de conciertos: se cargaron la Rocksound, la Bóveda lleva un par de años intentando reabrir, el Razzmatazz aguanta porque de momento es una institución en la ciudad. El BeGood se recuperó gracias a La VOL, y tenemos una sala pequeña. Todo eso se ha ido rompiendo y desapareciendo a favor de las oficinas.
Y con las oficinas también han hecho viviendas, y viene gente nueva que se encuentra un barrio que no es el que imaginaban que era Barcelona, porque es un barrio donde hay gente, hay bares, hay cosas, y les molesta. Todo eso va apagando el fuego musical que había en el barrio. Lo más bestia de los últimos años es la llegada de las oficinas y de la gente que viene a trabajar, que es otro tipo de gente de la que había aquí. La gentrificación está pasando a nivel mundial en varios sitios; lo curioso es que aquí lleva ya muchos años, porque el primer cambio ya fue con las Olimpiadas, y ha sido todo muy lento y sigue siendo muy lento. Nosotros todavía estamos apartados de los hoteles, por ejemplo; esta es una parte más de oficinas. Pero con la pandemia hubo un paso muy grande en este sentido: tiraron muchas cosas, muchos solares, locales; asociaciones que teníamos por aquí cerca desaparecieron, y todo se va moviendo.
Y claro, ¿cómo veo el futuro? Todo se mueve hacia mal, por lo que vemos nosotros. No están abriendo sitios, no hay gente que se anime a alquilar un local porque no hay precios para alquilar un local, y el ayuntamiento tampoco te va a dejar hacer según qué: lo tienes que hacer de manera clandestina, y se va a quejar el vecino que ha llegado nuevo. De momento no veo un buen futuro en este sentido. A lo mejor mejoran otras cosas, pero no abrirán salas, no abrirán cosas para la música.
¿Y hay algún movimiento vecinal en contra de todo esto?
Raül: Aquí el problema, en el trozo este donde estamos nosotros, es que somos muy pocos. Estamos más afectados por las oficinas, y cuesta mover algo con tan poca gente. Y hay una preocupación más grande, que es la vivienda: al final la gente está más por intentar tener un piso que por una sala de conciertos. La poca fuerza que se hace va a la vivienda justa, a los alquileres, no a que haya una sala de conciertos. Lucharíamos por eso si tuviéramos la vivienda; es por prioridades. Y creo que también hay un poco la impotencia de ver que tampoco puedes hacer nada. Muchas veces los sitios desaparecen porque tampoco iba gente: cierran un sitio y, ala, qué pena, pero si la gente no va, acabará cerrando. Yo creo que tampoco se puede hacer una lucha vecinal para defender algo que, hasta cierto punto, no sabemos hacia dónde defenderlo.
Y con el tema del ayuntamiento también es muy delicado. Si intentas abrir algo, es todo un lastre. Aquí en Barcelona abrieron La Deskomunal, un sitio perfecto para hacer conciertos, y ahora la gente que lo llevaba deja la gestión porque es inviable: ni ayudas del ayuntamiento, ni nada. Es muy complicado en Barcelona.
¿Y notas esos cambios en la comunidad de la tienda? ¿Ves menos vecinos y más turistas comprando discos?
Raül: Aquí estamos un poco al margen del turismo. Ha pasado de ser algo que no era nada de la tienda a ser una parte más: el turista que puede pasar por aquí. Y mola, porque si alguien viene hasta aquí es porque tiene cierto interés en encontrar bandas locales, ganas de conocer cosas que se están haciendo aquí, o simplemente de comprar un disco en un sitio diferente que no sea el centro. Es una parte muy pequeña, pero ahora es una parte. A nivel de la tienda, cada vez ha ido pasando más gente: tenemos los vecinos, la gente de Barcelona... Y ahora han abierto más tiendas, entonces se está repartiendo más, y mola porque la gente va haciendo sus rutas. Yo creo que eso es lo que más está cambiando: hay más tiendas, y el que antes venía aquí cada semana ahora lo combina: una semana viene aquí, otra va a El Genio Equivocado, otra a Revólver. Y eso también mola, porque hace que cada tienda tenga su rollo: que vayas y sepas que ahí puedes encontrar esto, o descubrir cosas.
Tenemos una pregunta de la comunidad de Substack: ¿hay algún disco que la gente sigue pidiendo pero que tú odias completamente y no quieres vender por nada?
Raül: La tienda está hecha con los discos que a mí me gustan y una parte de discos que sé que a la gente le pueden gustar, pero en principio son discos que nos gustan. Tuvimos una época un poco fea con Taylor Swift, por ejemplo, que a mí no me gusta nada, pero nada. Hubo un momento en que la gente lo pedía y al final lo traía, pero he dejado de traer discos de Taylor Swift porque hay otros sitios donde comprarlos. La mayoría de los discos, el 99% de los que tengo, es porque me gustan, y no me sabe mal que los compre alguien.
Has contado que, al abrir la tienda, decidiste que no podías seguir comprando vinilos para ti mismo. Antes de la tienda, ¿cómo eras como coleccionista?
Raül: Yo nunca me he considerado coleccionista; a lo mejor sí que lo soy un poco. Empecé a comprar discos a los 18 años, en el 98 más o menos, que es cuando empecé a trabajar y a tener dinero, y una de las cosas que me gustaban era comprar discos. En aquel momento venía de escuchar más rollo punk, pero cuando empecé a tener ganas de comprar discos fue más con los maxi singles, house, por ejemplo, y música electrónica. Me apetecía tener unos platos, pinchar, todo eso; ese mundillo me flipaba, y empecé a comprar mucho maxi single. En aquella época podías ir a cualquier sitio a comprar música disco súper barata; mucha gente estaba sacándose los discos de encima. Ibas a las ferias, comprabas un montón, y aquello era como un cúmulo: tenía una habitación en casa de mis padres con todos los discos allí. Pero nunca tuve la sensación de estar coleccionando; yo siempre decía que acumulaba. Tenía ahí cosas y cosas que no conocía, compraba mucho sin saber lo que era, y luego, con el tiempo: hostia, ¡si este disco lo tengo! Y me gustaba, así que no estaba tan equivocado. Y con la tienda al final ha sido un poco esto: seguir teniendo discos aquí y poderlos vivir. Vivir, no solo escuchar: es tener, saber la historia que hay detrás, que alguien te diga: mira, este disco... Cuando la gente me explica historias de su colección o de sus discos, me encanta, es muy interesante.
No te voy a preguntar por los planes de crecimiento, pero ¿qué podemos esperar? ¿Qué va a pasar con Ultra-Local Records? ¿Qué ideas tienes?
Raül: De momento, como en los últimos años, es mantenerlo así y a ver si realmente salen los números. A nivel más técnico de la tienda, empezar a modernizarme: tener una página web, un programa. Son ideas que a lo mejor acaban pasando y estoy intentando reflexionar sobre eso. Y a nivel de la tienda, mantenerla así; ahora mismo estamos en un momento que nos gusta. Querríamos hacer menos presentaciones, menos conciertos, para darle más importancia realmente al disco. Pero también es muy importante la parte esta de comunidad. Me gusta hacer cosas y que venga la gente: la tienda está un poco apartada de todo, entonces, ya que vienes hasta aquí, poder ofrecer algo diferente, poder ver un concierto o estar charlando con la gente que hay fuera. Este sentido comunitario querría trabajarlo más, no sé cómo hacerlo, pero que pasen más cosas entre la gente que viene. Eso sería bonito, en un futuro.
Lo de los precios escritos a mano, como cliente te puedo decir que mola, porque es como: vale, son dueños que ponen la mano en cada disco.
Raül: Sí, cada disco tiene su etiqueta escrita a mano, y eso sí que lo quiero mantener, porque a mí me gusta escribir y la gente también me lo dice. Hay otras cosas muy manuales, como los tickets de venta, donde sí molaría modernizarse, más que nada para quitar faena y estar por otras cosas. Pero el hecho artesanal de la tienda creo que es un punto diferencial, y a mí me gusta, porque lo hago porque me gusta: escribir, dibujar, es algo que me relaja, y me sirve para hacer todos los cartelitos de la tienda. Es como: vale, estoy agobiado, pues hago un cartel de discos de segunda mano.
¿Tienes alguna historia con esta bufanda de Rock y Amistad? Gonzalo también me la mencionó.
Raül: Es una bufanda de Mujeres, una banda de Barcelona que hace rock, garage. Es una banda que admiramos mucho; en su momento tuvimos algo de merch suyo, y esa bufanda la quería, así que la colgamos ahí. Es una bufanda súper buscada: la gente siempre pregunta, oye, ¿no está a la venta? No, no, es algo que queremos tener ahí. De hecho, en Discos Oldies, en Valencia, creo que también tienen una colgada. Mujeres es una de las bandas locales que más apoyan a las tiendas de discos, y eso con los años se va notando: las bandas que saben, que van a comprar discos, porque ellos vienen aquí a comprar, van a otras tiendas, y saben lo que es intentar aguantar una tienda, mantenerla. Entonces la apoyan, y toda la pasión que ponen en su música la ponen también en las tiendas de discos, que al final es el sitio donde va a estar su disco. Esa relación con las bandas es muy bonita.
Y también al revés: si quieres apoyar a un artista, comprar un disco es la mejor manera, porque de Spotify no les llega casi nada. Es una relación muy importante entre los dos lados.
Raül: Sí. Aquí lo notas con las bandas locales: la gente ya no compra solo para escucharlo, para tenerlo, porque le guste; es también un gesto de apoyo a las bandas. Es la única manera de intentar sobrevivir.
Pues muchísimas gracias. E invitamos a todos: si venís a Barcelona o vivís aquí, visitad a Raül en Ultra-Local Records.
Raül: Aquí estaremos.
Como buen dueño de una tienda de discos, Raül me vendió una copia de Fakebook durante la entrevista. Con un poco de suerte, quizá me lo firmen la próxima vez que la banda visite su tienda de discos favorita de Europa.
No te puedes perder Ultra-Local si te gusta la escena musical de Barcelona. También hay muchos discos internacionales muy buenos, escogidos por Raül, cada uno con su etiqueta de precio escrita a mano. Me encantan las tiendas de discos locales e independientes, y no hay nada mucho más local e independiente que Ultra-Local Records.
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Mencionados en la entrevista
Música
* Yo La Tengo: Prisoners of Love (2005), I Can Hear the Heart Beating as One (1997), Fakebook (1990) y su versión de You Can Have It All (2000)
* Dump, el proyecto en solitario de James McNew
* Mogwai
* Pararrayos
* Ran Ran Ran
* Oques Grasses
* Rosalía
* Kneecap
* múm
* Sigur Rós
* El Petit de Cal Eril
* Manu Chao
* Ojos de Brujo
* Muchachito
* Mujeres
* Invisible Harvey, la banda de Dimas Rodríguez
* Taylor Swift
Libro
* Ayer estuve en Lenina, de Dimas Rodríguez
Tiendas de discos
* Ultra-Local Records (Poblenou, Barcelona)
* El Genio Equivocado (Barcelona)
* Revólver Records (Barcelona)
* Discos Oldies (Valencia)
Salas
* Razzmatazz
* Sala VOL (antes BeGood)
* La Nau
* La Deskomunal
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