Decía el Papa Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.” Y para completar esto, podemos descubrir a Dios como un amigo. Dios no es sólo una persona grande, es un amigo, un amigo fiel en nuestra vida. La amistad no es una relación fugaz ni pasajera, sino estable, que madura con el paso del tiempo, una relación de afecto, es un amor generoso que nos hace buscar el bien del otro.