En un lugar muy muy lejano hace muchos años, todo era simple, las botellas todas eran iguales para todos los productos, solo se distinguían tres tamaños grande, mediano y chico, las bolsas todas eran transparentes, las cajas todas blancas.
Hasta que a alguien tuvo la genial idea de dibujar un muñeco en la bolsa para que así, los clientes distinguieran sus productos a los de la competencia.
Entonces el empaque se llenó de color, de formas luminosas y atractivas, habían descubierto que el empaque servía para algo más que para cargar el producto, descubrieron que el marketing (conjunto de técnicas y tácticas para lograr convencer al comprador que escoja un determinado producto).
De pronto las bolsas y cajas se llenaron de colores, de destellos de luz, de imágenes coloridas, hermosas y llamativas y así se pudo distinguir un producto de otro y se empezaron a vender muchas más unidades, gracias al marketing que usa la presentación en el empaque haciendo más atractivo el producto para quienes lo consumimos y así resalta, informa, seduce y da a conocer las cualidades del producto a través de la imagen.
Los niños reconocen sus dulces y su cereal favoritos por los muñecos, por las formas y por los colores, la presentación atrae, seduce, los colores llaman la atención.
O, las mamás toman los productos porque sus empaques son atractivos y muestran o señalan el contenido, los padres saben que contiene, que marca es, que ingredientes fueron utilizados y si puede ser perjudicial para la salud, si contienen grasas, azúcar o sal porque además de proteger también informan.