Antes de Dios estamos ciegos, viviendo a nuestro placer, con El Padre en nuestra vida ya no existe ceguera, podemos ver con claridad aquello que nos afectó para no volver a hacerlo.
Sé que a veces no será fácil soltar el miedo para creer que todo saldrá bien, pero vivir confiando en Dios cualquiera que sea el resultado en todo momento te llevará a paz, sea cual sea el resultado.
Parece desconcertante pero sí, puedes ser feliz ante los procesos, tan sólo con aceptar que es algo que debes vivir, para posteriormente disfrutar de la experiencia adquirida y comprender que siempre habrá bendiciones luego del desierto.