Candelaria sabía que su hijo estaba involucrado en las protestas contra el Gobierno, pero no entendía hasta qué punto. A principios de abril, en la misma “silla de los regaños”, Candelaria le advirtió a Carlos Manuel que recordara lo que sucedió con su tío, Miguel Vásquez, en 1978. La Guardia Somocista lo asesinó cuando era guerrillero sandinista, y la memoria del hombre quedó “sin pena ni gloria”.