Si tuviéramos que reducir la experiencia humana a una sola fuerza, a una sola corriente
eléctrica que nos cruza desde el primer llanto hasta el último suspiro, esa fuerza sería, sin
duda, el deseo, La chispa que enciende el viaje. No hablo solo del romance o del impulso
carnal, que son apenas la superficie de un océano mucho más profundo. Hablo de esa
tensión constante, de esa falta que sentimos adentro y que nos obliga a levantarnos de la
cama cada mañana. Desear es estar vivos puesto que en el momento en que dejamos de
anhelar algo, el alma empieza a empacar las valijas. Hoy nos vamos a sumergir en los
pliegues de este motor invisible, a entender por qué nos duele tanto lo que no tenemos y por
qué, a veces, nos asusta tanto conseguir lo que queremos. Desde el punto de vista
meramente etimológico, La palabra "deseo" viene del latín desiderium, que a su vez se
conecta con la ausencia de los astros, con mirar al cielo y notar que falta una estrella.31-10-2026