Un ser humano. Un actor. Un profesor. Desde la planta de café, pasando por la calibración, hasta el tostado del mismo. De El Salvador a Guevara, pasando por Costa Rica. Un emprendimiento que surgió desde el amor, y que refleja en el Sol de las mañana y las tardes de ese primer local, cito en El Salvador y Malabia, donde hay para todos los gustos en muchos sentidos. La buena onda gobierna el ambiente, la familiaridad de los clientes a veces me hace pensar en que es un Club a la calle. Es lindo ver las personas que conocés de vista, y cada tanto encontrarte en una charla con alguien que no habías hablado nunca. Un lugar de encuentro, de sabores, de precisión. Donde se busca la comunión, o como dice Andrés, continuar la relación mucho más allá de la venta del café. Para esuchar, para inspirarse, para conocer.