ECOS DEL CONOCIMIENTO: AUDIOLIBROS ACOSCERCULTURA

ECOS DEL CONOCIMIENTO: AUDIOLIBROS ACOSCERCULTURA

By ACOSCER HORIZONTE UNIVERSALReligion & Spirituality
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ECOS DEL CONOCIMIENTO: AUDIOLIBROS ACOSCERCULTURA episodes

  • Conciencia : la clave para vivir en equilibrio capitulo 5 Muchas enfermedades , una sola receta osho audiolibro
    Cuanto más consciente se vuelve uno, más se recuerda a sí mismo, con más cautela actúa, más alerta está, más heridas empiezan a desaparecer, hay menos brotes de ira, menos odio, menos celos y menos sentimientos posesivos. Un día, uno simplemente descubre que todo eso se ha vuelto irrelevante, ha pasado a ser historia antigua, ya no se trata de cuestiones vivas sino de cuestiones muertas. Cuanto más consciente se vuelve uno, más y más heridas se curan y más se afianza la salud y la integridad.
    En esto consiste el milagro de adquirir conciencia: en que todo lo que es erróneo empieza a desvanecerse y todo lo que es correcto empieza a suceder.
    Individualmente, y como sociedad, la cuestión primordial es decidir si preferimos estar dormidos o despiertos, inconscientes o conscientes. Este libro presenta un mapa del despertar de la mano de la sabiduría de Osho.
    5 min
  • Conciencia : la clave para vivir en equilibrio 3 * MUNDOS PRIVADOS *- OSHO audiolibro
    Mundos Privados
    "Dijo Heráclito:
    Los hombres son tan olvidadizos y descuidados
    de lo que ocurre a su alrededor
    en sus momentos de vigilia
    como cuando están dormidos.
    Tontos, aunque oyen
    son como los sordos.
    A ellos se les aplica el adagio
    de que cuando están presentes
    están ausentes.
    Uno no debería actuar ni hablar
    como si estuviera dormido.
    Los despiertos tienen un mundo en común,'
    los durmientes tienen un mundo privado cada uno. Lo que vemos cuando estamos despiertos es la muerte; cuando estamos dormidos, vemos sueños.
    Heráclito aborda el problema más grave del hombre: que aun cuando está despierto, está completamente dormido.
    Estás dormido cuando duermes, pero también estás dormido cuando estás despierto. ¿Qué significa esto? Porque esto es lo que dice Buda, lo que dice Jesús, lo que dice Heráclito. Pareces com­pletamente despierto, pero es solo apariencia; en el fondo de tu ser, el sueño continúa.
    Incluso en este momento estás soñando por dentro. Mil y un pensamientos siguen su curso, y tú no eres consciente de lo que está ocurriendo, no eres consciente de lo que estás haciendo, no eres consciente de quién eres. Te mueves como se mueve la gente en sueños.
    Seguro que has conocido a alguien que se mueve, hace tal o cual cosa y después vuelve a quedarse dormido. Es una enfermedad lla­mada sonambulismo. Mucha gente se levanta de la cama por la no­che; tienen los ojos abiertos, pueden moverse. Van a la cocina, co­men algo y vuelven a meterse en la cama. Y si les preguntas a la mañana siguiente, no saben nada del asunto. Como máximo, si se esfuerzan por recordar, verán que tu­vieron un sueño esa noche, que soña­ron que se despertaban e iban a la co­cina. Pero fue un sueño, eso como máximo; incluso eso resulta difícil de recordar.
    Mucha gente ha cometido críme­nes; muchos homicidas declaran ante el tribunal. que no saben nada, que no recuerdan haber hecho tal cosa. No es que estén mintiendo al tribunal, no. ¡Los psicoanalistas han acabado por des­cubrir que no están mintiendo, no ¡están intentando engañar; son absolu­tamente sinceros. Cometieron el homi­cidio -lo cometieron cuando estaban profundamente dormidos ­como en un sueño. Este sueño es más profundo que el sueño nor­mal. Este sueño es como estar borracho: puedes moverte un poco, puedes hacer unas pocas cosas, puedes también estar un poco cons­ciente... pero estás borracho. No sabes lo que está ocurriendo con exactitud. ¿Qué has hecho en el pasado? ¿Puedes recordarlo exacta­mente, por qué hiciste lo que hiciste? ¿Qué te ocurrió? ¿Estabas aler­ta cuando ocurría? Te enamoras sin saber por qué; te pones de mal humor sin saber por qué. Por supuesto, encuentras excusas; racio­nalizas todo lo que haces... pero la racionalización no, es conciencia.
    Conciencia significa que eres completamente consciente de cualquier cosa que esté ocurriendo en ese momento. Tú estás pre­sente. Si tú estás presente cuando surge la ira, la ira no puede sur­gir. Solo puede ocurrir cuando estás completamente dormido. Cuando estás presente, se inicia inmediatamente una transforma­ción en tu ser, porque cuando tú estás presente, consciente, mu­chas cosas simplemente no son posibles. Así pues, de hecho solo existe un pecado, que es la inconsciencia.
    El significado original de la palabra pecar es faltar. No significa hacer algo que está mal, significa simplemente faltar, estar ausente. La raíz hebrea de la palabra pecado significa faltar. También ocurre en algunas pa­labras inglesas construidas sobre la partícula miss: misconduct, misbehavior.] faltar significa no estar ahí, hacer algo sin estar presente: este es el único pecado. ¿Y la única virtud? Estar completamente alerta cuando haces algo. Lo que Gurdjieff llama recordar­se uno mismo, lo que Buda llama estar correctamente atento, lo que Krishna-murti llama conciencia, lo que Kabir ha llamado surau: ¡Estar ahí! Eso es lo único que hace falta, y nada más.
    No necesitas cambiar nada, y aunque intentaras cambiar algo no podrías. Ya has intentado cambiar muchas cosas en ti. ¿Lo has conseguido? ¿Cuántas veces has decidido no volver a enfurecerte? ¿Qué ocurrió con tus propósitos? Cuando llega el momento, vuelves a caer en la misma trampa; te pones furioso, y cuando la furia ha pasado, te arrepientes. Se ha convertido en un círculo vicioso: incurres en la ira, te arrepientes y quedas listo para volver a incurrir.
    Recuerda que aunque te arrepientas no estás ahí: ese arrepentimiento también forma parte del pecado. Por eso no ocurre nada. Si­gues intentándolo una y otra vez, y tomas muchas decisiones y te haces muchos propósitos, pero no ocurre nada. Sigues igual. Eres exactamente igual que cuando naciste, sin que se haya producido en ti ni el más mínimo cambio. No es que no lo hayas intentado, no es que no te hayas esforzado, lo has intentado una y otra vez. Y fra­casas porque no es cuestión de esfuerzo. Esforzarte más no te ser­virá de nada. Es cuestión de estar alerta, no de esfuerzo.
    Si estás alerta, muchas cosas simplemente desaparecen; no ne­cesitas deshacerte de ellas. En estado consciente, ciertas cosas no son posibles; Y esta es mi definición, no existe otro criterio. Si es­tás consciente no puedes enamorarte; por lo tanto, caer enamorado es un pecado. Puedes amar, pero eso no es como una caída, es como una as­censión. ¿Por qué [en inglés] se usa la expresión «caer enamorado» (falling in love)? Es una caída; estás cayendo, no estás ascendiendo. Cuando estás consciente, no es posible caer... ni si­quiera en el amor. No es posible, sim­plemente no lo es. Con la conciencia no es posible; asciendes en el amor. Y ascender en el amor es un fenómeno totalmente diferente del enamora­miento. Estar enamorado es un estado onírico. Por eso a la gente que está enamorada se le nota en los ojos; es como si estuvieran más dormidos que los demás, intoxicados, so­ñando. Se les nota en los ojos porque sus ojos tienen una ensoña­ción. Las personas que ascienden en el amor son totalmente dife­rentes. Se nota que ya no están soñando, que están afrontando la realidad y eso las hace crecer.
    Al enamorarte sigues siendo un niño; al ascender en el amor, maduras y en poco tiempo, el amor deja de ser una relación; se convierte en un estado de tu ser. Entonces ya no se-puede decir que ames a este y no ames a aquel, no; simplemente, amas. Es algo que compartes con cualquiera que se acerque a ti. Ocurra lo que ocurra, tú das tu amor. Tocas una piedra y la tocas como si estuvie­ras tocando el cuerpo de tu persona amada. Miras un árbol y lo mi­ras como si miraras el rostro de tu amado. Se convierte en un esta­do del ser. No es que estés enamorado, es que eres amor. Esto es ascender, no caer.
    El amor es hermoso cuando asciendes por él, y se convierte en algo sucio y feo cuando desciendes por él. Y tarde o temprano des­cubrirás que resulta venenoso, que se convierte en un cautiverio. Has quedado atrapado, tu libertad ha sido aplastada; te han cortado las alas, ya no eres libre. Al caer enamorado te conviertes en una po­sesión; tú posees y permites que alguien te posea a ti. Te conviertes en un objeto, y tratas de convertir en un objeto a la persona de la que te has enamorado.
    Mira una pareja de marido y mujer. Los dos se han convertido en objetos, ya no son personas. Los dos intentan poseer al otro. Solo las cosas se pueden poseer, no las personas. ¿Cómo puedes poseer una persona? ¿Cómo puedes dominar a una persona? ¿Cómo puedes convertir a una persona en una posesión? ¡Imposible! Pero el mari­do está intentando poseer a la esposa; la esposa intenta lo mismo. Se produce un choque, y los dos acaban por convertirse básica­mente en enemigos. Son destructivos el uno para el otro.
    Sucedió que el mulá Nasruddin entró en la oficina de un ce­
    menterio y se quejó al encargado:
    -Sé que mi esposa está enterrada en este cementerio, pero no
    encuentro su tumba.
    El encargado consultó su registro y preguntó:
    -¿Cómo se llama?
    -Señora del mulá Nasruddin -dijo el mulá.
    El encargado volvió a mirar y dijo:
    -No hay ninguna señora del mulá Nasruddin, pero sí que hay
    un mulá Nasruddin. Lo siento, parece que ha habido un error en el registro.
    -No hay ningún error-dijo Nasruddin-. ¿Dónde está la tum­
    ba del mulá Nasruddin? Porque todo está a mi nombre.
    ¡Incluso la tumba de su mujer!
    Posesión... todos se empeñan en poseer al ser amado, al aman­te. Ya no hay amor. De hecho, cuando posees a una persona, odias, destruyes, matas; eres un asesino. El amor debería dar libertad; el amor es libertad. El amor hace al ser amado cada vez más libre, el amor da alas, el amor abre la inmensidad del cielo. No puede con­vertirse en una prisión, en un encierro. Pero ese amor tú no lo co­noces, porque solo se da cuando estás despierto; esa calidad de amor solo aparece cuando hay conciencia. El amor que tú conoces es un pecado, porque se genera en el sueño.
    Y lo mismo ocurre con todo lo que haces. Aunque intentes hacer algo bueno, haces daño. Fíjate en los refor­madores visionarios: siempre hacen daño y son las personas más dañinas del mundo. Los reformadores sociales, los llamados revolucionarios, son la gente más dañina. Pero es difícil ver el mal que hacen porque son muy bue­nas personas, siempre están haciendo el bien a los demás... esa es su manera de crear una prisión para los otros. Si les dejas que te hagan algún bien, pa­sarán a poseerte. Empezarán por darte I masaje en los pies, y tarde o temprano te encontrarás con que te han echado las manos al cuello. Empiezan por los pies y terminan por el cuello, porque son inconscientes; no saben lo que están haciendo. Han aprendido un truco: si quieres poseer a alguien, haz el bien. Ni siquiera son conscientes de que han apren­dido ese truco. Pero hacen daño, porque cualquier cosa-cualquier cosa- que intente poseer a otra persona, sea cual sea su nombre o forma, es irreligiosa, es un pecado.
    Vuestras iglesias, vuestros templos, vuestras mezquitas, todos han cometido pecados contra vosotros, porque todos se han con­vertido en poseedores, todos se han convertido en dominadores.
    Todas iglesias están contra la religión, porque la religión es li­bertad. Entonces, ¿por qué ocurre esto? Jesús pretende darte liber­tad, darte alas. ¿Qué es lo que ocurre entonces, cómo aparece esta, iglesia? Ocurre porque Jesús vive en un plano de existencia total­mente diferente, el plano de la conciencia. Y los que le escuchan, los que le siguen, viven en el plano del sueño. Oigan lo que oigan, lo interpretan a través de sus propios sueños. Y todo lo que cons­truyen tiene que ser un pecado. Cristo te da religión, y después una gente que está profundamente dormida lo convierte en una iglesia.
    Se dice que en cierta ocasión, Sata­nás, el demonio, estaba sentado bajo un árbol, muy triste. Pasó un santo, miró a Satanás y le dijo:
    -Hemos oído decir que tú nunca, descansas, que siempre estás haciendo alguna maldad en alguna parte. ¿Qué haces ahí, sentado bajo ese árbol?
    Satanás estaba absolutamente deprimido.
    -Parece que de mi trabajo se en­cargan ahora los sacerdotes, y yo no tengo nada que hacer -dijo-. Me he quedado sin trabajo. A veces me en­tran ganas de suicidarme, porque los sacerdotes lo están haciendo muy bien.
    Los sacerdotes lo hacen tan bien porque han convertido la li­bertad en encarcelamiento, han convertido la verdad en dogmas... han convertido todo lo que se origina en el plano de la conciencia al plano del sueño.
    Intenta comprender lo que es exactamente este sueño, porque si eres capaz de sentir lo que es, ya has empezado a estar alerta, ya es­tás en el camino de salida. ¿Qué es este sueño? ¿Cómo se produce? ¿Cuál es su mecanismo? ¿Cuál es su modus operandi?
    La mente siempre está en el pasado o en el futuro. No puede es­tar en el presente, es absolutamente imposible para la mente estar el presente. Cuando estás en el presente, la mente ya no está ahí, porque mente equivale a pensar. ¿Cómo puedes pensar en el pre­sente? Puedes pensar en el pasado; ya se ha convertido en parte de la memoria y la mente puede trabajar con ello. Puedes pensar en el futuro; todavía no está aquí y la mente puede soñar con ello. La mente puede hacer dos cosas: puede moverse hacia el pasado, donde hay espacio de sobra para moverse, el vasto espacio del pa­sado, en el que puedes seguir y seguir penetrando; o puede moverse hacia el futuro, donde también hay un espacio infinito, en el que puedes imaginar y soñar sin límites. Pero ¿cómo va a fun­cionar la mente en el presente? En el presente no hay espacio para que la mente haga ningún movimiento.
    El presente es solo una línea divi­soria, nada más. Separa el pasado del futuro, no es más que una línea diviso­ria. Puedes estar en el presente, pero no puedes pensar en él; para pensar se necesita espacio. Los pensamientos necesitan espacio, son como los obje­tos. Recuérdalo: los pensamientos son cosas materiales, muy sutiles, pero son materiales.
    No puedes pensar en el presente. En el instante en que empie­zas a pensar, ya es pasado. Ves salir el sol y dices: «Qué bello ama­necer.» Cuando lo dices ya es el pasado. Cuando el sol está saliendo no hay espacio suficiente ni siquiera, para decir «Qué bonito», por­que cuando pronuncias esas dos palabras, «qué bonito», la expe­riencia ya se ha convertido en pasado. La mente ya lo ha archivado en la memoria; Pero en el momento exacto en que sale el sol, el momento exacto en que el sol apareé sobre la línea, ¿cómo puedes pensar? ¿Qué puedes pensar? Puedes estar con el sol que sale, pero no puedes pensar. Hay espacio suficiente para ti, pero no para los pensamientos.
    Ves una hermosa flor en el jardín y dices: «Qué bonita rosa.» En ese momento ya no estás con la rosa; es ya un recuerdo. Cuando la flor está ahí y tú estás ahí, los dos presentes ante el otro, ¿cómo po­drías pensar? ¿Qué podrías pensar? ¿Cómo va a ser posible el pen­samiento? No hay espacio para él. El espacio es tan estrecho -de hecho, no hay nada de espacio- que tú y la flor no podéis ni si­quiera existir como dos seres, porque no hay espacio suficiente para dos; solo puede existir uno.
    Por eso, en una presencia profunda, tú eres la flor y la flor se convierte en ti. Cuando no hay pensamiento, ¿quién es la flor y quién es el observador? El observador se convierte en observado. De pronto, desaparecen las fronteras. De pronto, te encuentras con que has penetrado en la flor y la flor ha penetrado en ti. De pronto: ya no sois dos; solo existe uno.
    Si empiezas a pensar, os convertís de nuevo en dos. Si no pien­sas, ¿dónde está la dualidad? Cuando existes con la flor, sin pensar, es un diálogo. No un duólogo, sino un diálogo.
    Cuando existes con tu amante, es un diálogo, no un duólogo, porque allí no hay dos. Sentado aliado de tu amante, cogiéndole de la mano, simplemente existes. No piensas en los días ya pasados; no piensas en el futuro que vendrá. Estás aquí y ahora es tan her­moso estar aquí y ahora, y tan intenso, que ningún pensamiento puede penetrar en esa intensidad.
    Y la puerta es estrecha. La puerta del presente es estrecha. Por ella no pueden entrar dos juntos, solo uno. En el presente no es po­sible pensar, no es posible soñar, porque soñar-no es sino pensar con imágenes. Las dos cosas son materiales.
    Cuando estás en el presente sin pensar, eres espiritual por pri­mera vez. Se abre una nueva dimensión, la dimensión de la con­ciencia. Como no has conocido esa dimensión, Heráclito dice que estás dormido, que no eres consciente. La conciencia significa estar en el momento de un modo tan total que no hay movimiento hacia el pasado ni hacia el futuro. Todo el movimiento se detiene.
    Eso no significa que te quedes estático. Se inicia un nuevo mo­vimiento, un movimiento con profundidad. Hay dos tipos de movi­miento, y ese es el significado de la cruz de Jesús: muestra dos mo­vimientos, un cruce de caminos. Uno de los movimientos es lineal: te mueves siguiendo una línea, de una cosa a otra, de un pensamiento a otro, de un sueño a otro sueño. De A pasas a B, de B a C, de C a D. De ese modo te mueves en una línea horizontal. Este es el movimiento del tiempo; es el mo­vimiento de los que están completa­mente dormidos. Puedes ir como una lanzadera, adelante y atrás; la línea está ahí. Puedes ir de B a A o puedes ir de A a B; la línea está ahí.
    Hay otro movimiento, que tiene lu­gar en una dimensión totalmente dife­rente. Este movimiento no es horizon­tal, es vertical. No vas de A a B y de B a C; vas de A a un A más profundo, de Al a A2, A3, A4, cada vez más abajo... o más arriba. .
    Cuando el pensamiento cesa, comienza el nuevo movimiento. Ahora caes a las profundidades, como si cayeras en un abismo. Las personas que meditan profundamente llegan tarde o temprano a ese punto; entonces les entra miedo, porque les parece que se ha abierto un abismo sin fondo... sientes vértigo, tienes miedo. Te gus­taría agarrarte al antiguo movimiento porque era algo conocido; esto se parece a la muerte.
    Ese es el significado de la cruz de Jesús: es una muerte. Pasar de
    la horizontal a la vertical es la muerte, es la verdadera muerte. Pero solo es muerte vista desde un lado; vista por el otro lado es resu­rrección. Es morir para nacer; es morir en una dimensión para na­cer en otra dimensión. En horizontal eres Jesús; en vertical te has convertido en Cristo.
    Si te mueves de un pensamiento a otro, sigues estando en el mundo del tiempo. Si te mueves hacia dentro del momento, no del pensa­miento, te mueves hacia la eternidad. No estás estático; no hay nada estático en este mundo, nada puede ser estáti­co. Surge un nuevo movimiento, un movimiento sin motivación. Recuerda estas palabras. En la línea horizontal, te mueves por motivaciones. Tienes que alcanzar algo: dinero, prestigio, poder o a Dios, pero tienes que conse­guir algo. Hay una motivación. I
    El movimiento motivado equivale a dormir, El movimiento sin motivación significa conciencia. Te mueves por­que moverse es un puro placer, te mueves porque el movimiento es vida, te mueves porque la vida es energía y la energía es movimiento. Te mueves porque la energía es placer, y por nada más. No hay ningún objetivo, no intentas conseguir nada. De hecho, no vas a ninguna parte, no estás «yendo», estás simplemente gozando de la energía. No hay ningún objetivo fuera del movimiento mismo. El movimiento tiene su propio valor intrínseco, no tiene valor extrínseco.
    Un buda también vive. Un Heraclito vive. Yo estoy aquí, vivien­do, respirando, pero con un tipo diferente de movimiento, no mo­tivado.
    Hace unos días, alguien me preguntó:
    -¿Por qué ayudas a la gente con la meditación?
    -Es un placer para mí -le dije-. No hay un porqué. Simple­mente, disfruto con ello.
    Es como cuando una persona disfruta plantando semillas en el jardín, esperando que salgan las flores. Cuando tú floreces, yo gozo. Es jardinería; cuando alguien florece, es un puro placer. Y yo lo comparto. No existe ningún objetivo. Si fracasas, yo no voy a sen­tirme frustrado. Si no floreces, pues muy bien, porque el floreci­miento no se puede forzar. No puedes abrir un capullo a la fuerza; puedes hacerlo, pero entonces lo matas. Puede parecer un floreci­miento, pero no es un florecimiento.
    El mundo entero se mueve, la existencia se mueve dentro de la eternidad. La mente se mueve en el tiempo. La existencia se mueve hacia las profundidades y las alturas, y la mente se mueve hacia ade­lante y hacia atrás. La mente se mueve horizontalmente; eso es el sueño. Si puedes moverte verticalmente, eso es la conciencia.
    Vive en el momento. Incorpora todo tu ser al momento. No de­jes que el pasado interfiera y no dejes que el futuro se entrometa. El pasado ya no existe, está muerto. Y, como dice Jesús, «dejad que los muertos entierren a sus muertos» El pasado ya no existe. ¿Por qué te preocupa? ¿Por qué sigues rumiándolo una y otra vez? ¿Es que estás loco? Ya no existe; solo está en tu mente, es solo un recuerdo. El futuro no existe todavía. ¿Qué haces pensando en el fu­turo? Si todavía no existe, ¿cómo puedes pensar en ello? ¿Qué pue­des planear? Hagas lo que hagas, no va a ocurrir, y entonces te sen­tirás frustrado, porque la totalidad tiene su propio plan. ¿Por qué te empeñas en hacer tus propios planes en contra de los suyos?
    La existencia tiene sus propios planes, es más sabia que tú. El todo tiene que ser más sabio que la parte. ¿Por qué finges ser tú el todo? El todo tiene su propio destino, su propio cumplimiento. ¿Por qué te molestas con eso? Hagas lo que hagas, será un pecado, porque te perderás el momento, este momento. Y si eso se convierte en un hábito -que se convierte-, si empiezas a perderte, se convierte en una forma habitual; y entonces, cuando el futuro llegue, te lo perderás también, porque cuando llegue ya no será un futuro, será un presente Ayer estabas pensando en hoy, porque entonces hoy era mañana; ahora es hoy y tú estás pensando en mañana, y cuan­do llegue el mañana se habrá convertido en hoy, porque todo lo que existe, existe aquí y ahora; no puede existir de otro modo y si tie­nes un modo fijo de funcionar, de manera que tu mente siempre mira al mañana, ¿cuándo vives? El mañana nunca llega. Te seguirás perdiendo, y eso es pecado. Ese es, el significado pe la raíz hebrea de «pecar».
    En el momento en que entra el futuro, entra el tiempo. Has pe­cado contra la existencia, te has perdido. Y esto se ha convertido en una pauta fija; como un robot, sigues estando perdido.
    A mí han acudido personas de países muy lejanos. Cuando están allí, piensan en mí y se excitan mucho pensando en mí, y leen y piensan y sueñan. Cuando llegan aquí, empiezan a pensar en sus ca­sas; en el momento de llegar, ya están regresando! Empiezan a pen­sar en sus hijos, en sus mujeres, en sus trabajos, en esto y en aque­llo, en mil y una cosas. Y yo veo toda esa insensatez. Después regresarán allí y se pondrán a pensar en mí. Han faltado, y eso es pecado.
    Mientras estás aquí conmigo, debes estar aquí conmigo. Total­mente aquí conmigo, para que puedas aprender un nuevo modo de movimiento, para que puedas moverte en la eternidad, no en el tiempo.
    El tiempo es el mundo y la eternidad es Dios. Lo horizontal es el mundo y lo vertical es Dios. Los dos se encuentran en un punto: ahí es donde Jesús está crucificado. La horizontal y la vertical se en­cuentran en un punto, y ese punto es aquí y ahora. Desde aquí y ahora puedes emprender dos viajes: un viaje por el mundo, hacia el futuro, y otro viaje hacia Dios, hacia las profundidades.
    Vuélvete cada vez más consciente, vuélvete cada vez más alerta y sensible al presente.
    ¿Qué vas a hacer? ¿Cómo puede hacerse posible? Porque estás tan dormido que también puedes convertir eso en un sueño. Pue­des convertirlo en un objeto de pensamiento, en un proceso de pen­samiento. La cuestión puede ponerte tan tenso que solo por eso ya no puedes estar en el presente. Si piensas demasiado en cómo estar en el presente, tanto pensar no te ayudará. Si sientes demasiada culpa... si a veces te mueves hacia el pasado... irás al pasado. Es una rutina que ha durado mucho tiempo. Y a veces empezarás a pensar en el futuro... e inmediatamente te sentirás culpable de haber co­metido otro pecado.
    No te sientas culpable. Comprende el pecado, pero no te sientas culpable. Esto es muy, muy delicado. Si te sientes culpable, te lo has perdido todo. La vieja pauta comienza otra vez de un modo nuevo. Ahora te sientes culpable porque te has perdido el presente. Ahora estás pensando en el pasado, porque ese presente ya no es presente; es pasado, y tú te sientes culpable por ello. Sigues estando perdido.
    Así pues, recuerda una cosa: cada vez que te des cuenta de que te has ido al pasado o al futuro, no te crees problemas por ello. Sim­plemente, vuelve al presente, sin crearte problemas. ¡No pasa nada! Simplemente, recupera tu conciencia. La perderás millones de ve­ces; no te va a salir ahora mismo, inmediatamente. Puede suceder, pero no puede suceder por tu causa. Es un modo de conducta fijo desde hace tanto, tantísimo tiempo, que no lo puedes cambiar de buenas a primeras. Pero no te preocupes, la existencia no tiene nin­guna prisa. La eternidad puede esperar eternamente. No crees ten­siones por ello.
    Cada vez que sientas que te has perdido, vuelve; eso es todo. No te sientas culpable; eso es un truco de la mente, que está otra vez jugando a sus juegos. No te arrepientas: «¡He vuelto a olvidarme!» Simplemente, cuando pienses, vuelve a lo que estuvieras haciendo. Si estás tomando un baño, vuelve; si estás comiendo la comida, vuelve; si estás dando un paseo, vuelve. En el momento en que sien­tas que no estás aquí y ahora, vuelve... simplemente, inocentemen­te, No crees culpa. Si te sientes culpable, no has entendido nada.
    Hay pecado, pero no hay culpa... pero eso es difícil para ti. Si sientes que algo está mal, te sientes inmediatamente culpable. La mente es muy astuta. Si te sientes culpable, el juego ha empezado, de nuevo... en un nuevo campo, pero el juego es muy antiguo. La gente acude a mí y dice: «Nos seguimos olvidando.» Se ponen muy tristes cuando dicen: «Nos seguimos olvidando. Lo intentamos, pero solo nos acordamos durante unos segundos. Nos mantenemos alerta, recordándonos, pero enseguida nos perdemos. ¿Qué hacer?» ¡No se. puede hacer nada! No es cuestión de hacer. ¿Qué podrías ha­cer? Lo único que se puede hacer es no crear culpa. Simplemente, vuelve.
    Por muchas veces que tengas que volver... simplemente, recuer­da. No con la cara muy seria, no con mucho esfuerzo... simple­mente, inocentemente, sin crear un problema por ello. Porque la eternidad no tiene problemas; todos los problemas existen en el pla­no horizontal; este problema también existe en el plano horizontal. El plano vertical no conoce problemas. Es puro gozo, sin nada de ansiedad, sin nada de angustia, sin ninguna preocupación, sin ninguna culpa, sin nada. Sé simple y vuelve.
    Te perderás muchas veces, dalo por seguro. Pero no te preocu­pes por ello. Así son las cosas. Te perderás muchas veces, pero eso no importa. No prestes atención al hecho de que te hayas perdido muchas veces, presta mucha atención al hecho de que te has rein­corporado muchas veces. Recuerda esto: no hay que darle impor­tancia al hecho de haberse perdido muchas veces, lo que importa es que te has vuelto a acordar muchas veces. Siéntete feliz por ello. Que te pierdas es algo natural. Eres humano, has vivido en el plano horizontal durante muchísimas vidas, así que es natural. Lo estu­pendo es que has regresado muchas veces. Has hecho lo imposible; siéntete feliz por ello.
    En veinticuatro horas te perderás veinticuatro mil veces, pero te reincorporarás otras veinticuatro mil veces. Y ahora empieza a funcionar un nuevo modo. Has regresado un montón de veces; ahora se empieza a abrir una nueva dimensión, poco a poco. Cada vez se­rás más capaz de mantenerte consciente, cada vez serán menos las idas y venidas. El recorrido de ida y vuelta se irá acortando cada vez más. Cada vez te olvidarás menos, cada vez te acordarás más; estás entrando en la vertical. De pronto, un día, la horizontal desaparece. La conciencia gana intensidad y la horizontal desaparece.
    A esto es a lo que se refieren Shankara, el Vedanta y los hindúes al decir que este mundo es ilusorio. Porque cuando la conciencia se hace perfecta, este mundo, este mundo que has creado a partir de tu mente, simplemente desaparece. Y otro mundo se te revela. El Maya desaparece, la ilusión desaparece... la ilusión está ahí a causa de tu sueño, de tu inconsciencia.
    Es como un sueño. Por la noche te mueves en sueños, y cuando el sueño está ahí, es muy real. ¿Alguna vez has pensado en sueños «esto no es posible»? En los sueños ocurre lo imposible, pero a ti no se te ocurre dudar de ello. En los sueños tienes esa clase de fe; en los sueños nadie es escéptico, ni si­quiera un Bertrand Russell. No, en un sueño todo el mundo es como un niño, que se cree todo lo qué ocurre. En un sueño ves a tu mujer acercar­ y de pronto se convierte en un ca­ballo. Ni se te ocurre pensar: «¿Cómo puede ser posible esto?»
    El sueño es confianza, es fe. En un sueño no se puede dudar. En cuanto empiezas a dudar en un sueño, se rompen las reglas. En cuanto dudas, el sueño empieza a desaparecer. Si puedes recordar, aunque sea una sola vez, que esto es un sueño, eso provoca un choque Y el sueño se hace pedazos Y tú te despiertas.
    Este mundo que ves a tu alrededor no es el mundo real. No es que no exista: sí que existe, pero lo estás viendo a través de un velo de sueño. Entre tú Y él está la inconsciencia; lo miras, lo interpre­tas a tu manera, eres como un borracho.
    Ocurrió que el mulá Nasruddin llegó corriendo. Estaba comple­tamente borracho Y el ascensorista estaba a punto de cerrar la puer­ta, pero él consiguió colarse. El ascensor estaba repleto. Todos se dieron cuenta de que Nasruddin estaba muy borracho. Le olía el aliento. Él intentó disimular, mirando hacia la puerta, pero no veía nada; también sus ojos estaban borrachos y adormilados. Intentó mantenerse en pie, pero tampoco le era posible. Y entonces se sin­tió muy avergonzado, porque todos le estaban mirando y todos pen­saban que estaba completamente borracho. Lo notaba. Sin saber qué hacer, dijo de pronto: «Se preguntarán ustedes por qué he convocado esta reunión.»
    Por la mañana estará bien. Se reirá, como os estáis riendo voso­tros...
    Todos los budas han reído al despertar. Su risa es como el rugi­do de un león. No se ríen de ti, se ríen de todo el chiste cósmico. Habían vivido en un sueño, dormidos, completamente intoxicados por el deseo, y contemplaban la existencia a través del deseo. Y por eso, aquella no era la verdadera existencia; proyectaban su propio sueño en ella.
    Te tomas toda la existencia como una pantalla, y después pro­yectas tu propia mente en ella. Ves cosas que no están ahí, y no ves cosas que sí están. Y la mente tiene explicaciones para todo. Si plan­teas una duda, la mente explica. Crea teorías, filosofías, sistemas, con el único propósito de sentirse cómoda, de sentir que nada va mal. Todas las filosofías existen para hacer cómoda la vida, para que todo parezca ir bien y nada vaya mal... pero todo va mal cuando es­tás dormido.
    Un hombre acudió a mí. Estaba preocupado; es el padre de una hija preciosa. Estaba muy preocupado y me dijo:
    -Todas las mañanas se siente un poco mareada, pero he con­sultado a todos los médicos y dicen que no tiene nada. ¿Qué puedo hacer?
    -Ve al mulá Nasruddin -le dije-. Él es el sabio de esta región y lo sabe todo, porque nunca le he oído decir: «No lo sé.» Ve a él.
    Así lo hizo. Yo le seguí para ver qué decía Nasruddin. Nasruddin cerró los ojos, examinó el problema, volvió a abrir los ojos y pre­guntó:
    -¿Le das leche por las noches, antes de acostarla?
    El hombre dijo que sí, y Nasruddin dijo:
    -Ya he resuelto el problema. Si le das leche a un niño, el niño da vueltas en la cama toda la noche, de derecha a izquierda, de iz­quierda a derecha, y de tanto batirla, la leche se convierte en cuaja­da. Después, la cuajada se transforma en queso, y el queso se trans­forma en mantequilla, la mantequilla se transforma en grasa y la grasa se transforma en azúcar, y por fin el azúcar se transforma en alcohol... y naturalmente, por la mañana tiene resaca.
    Esto es lo que son todas las filosofías: explicaciones de cosas, ex­plicaciones de cosas que no se pueden explicar, fingiendo saber algo que no se sabe. Pero hacen la vida cómoda. Puedes dormir mejor, son como tranquilizantes.
    Recuerda: esta es la diferencia entre religiosidad y filosofía. La fi­losofía es un tranquilizante, la religiosidad es un choque; la filoso­fía te ayuda a dormir bien, la religiosidad te saca del sueño. La reli­giosidad no es una filosofía, es una técnica para sacarte de tu inconsciencia. Y todas las filosofías son técnicas para ayudarte a dormir bien; te dan sueños, utopías.
    La religiosidad te quita todos los sueños, todas las utopías. La re­ligiosidad te proporciona la verdad, y la verdad solo es posible cuan­do no estás soñando. Una mente que sueña no puede ver lo verda­dero. Una mente que sueña convertirá también la verdad en un sueño.
    ¿Te has fijado? Pones el despertador; quieres levantarte a las cua­tro de la mañana, porque tienes que coger un tren. Por la mañana suena el despertador y tu mente crea un sueño: estás sentado en un templo y las campanas del templo están tocando. Entonces todo queda explicado. El despertador ya no es un problema, ya no puede despertarte. Al explicarlo, te has librado de él. ¡Inmediatamente!
    La mente es sutil. Y ahora los psicoanalistas están muy intriga­dos por cómo sucede esto, cómo la mente crea explicaciones inme­diatamente, tan inmediatamente. ¡Con lo difícil que es! La mente debe proyectarlo de antemano. ¿Cómo es que de pronto te encuen­tras en una iglesia o en un templo donde suenan las campanas? Suena el despertador y al instante tienes una explicación dentro del sueño. Estás intentando librarte del despertador. No quieres levan­tarte, no quieres levantarte en una noche de invierno tan fría. La mente dice: «Esto no es el despertador, es un templo que estás visi­tando.» Todo queda explicado y tú sigues durmiendo.
    Esto es lo que hacen siempre las filosofías, y por eso existen tan­tas filosofías, porque cada uno necesita una explicación diferente. La explicación que ayuda a dormirse a otra persona no !e ayudará a ti. Yeso es lo que Heráclito dice en este pasaje.
    Procura entenderlo. Esto es lo que dice:
    Los hombres son tan olvidadizos y descuidados de lo que ocurre a su alrededor en sus momentos de vigilia como cuando están dormidos.
    Cuando estás dormido no eres consciente de lo que ocurre a tu alrededor, pero en tus horas de vigilia, ¿eres consciente de lo que ocurre a tu alrededor?
    Se ha investigado mucho sobre esto. El noventa y ocho por cien­to de los mensajes que te llegan, tu mente no los deja entrar. ¡El no­venta y ocho por ciento! Solo se permite la entrada a un dos por ciento, y ese dos por ciento también es interpretado por la mente. Yo digo una cosa y tú oyes otra. Digo algo diferente, y tú lo inter­pretas de manera que no perturbe tu sueño. Tu mente te da inme­diatamente una interpretación. Encuentras en tu mente un lugar donde encajarlo, y la mente lo absorbe; se convierte en parte de la mente. Por eso te pierdes a los Budas, Cristos; Heráclitos y demás. Ellos te siguen hablando; te siguen diciendo que han encontrado algo, que han experimentado algo, pero cuando te lo dicen tú lo in­terpretas inmediatamente. Tienes tus propios trucos.
    A Aristóteles le perturbaba mucho Heráclito. Llegó a la conclu­sión de que aquel hombre tenía que tener algún defecto de perso­nalidad. ¡Asunto concluido! Lo has descalificado porque no está de acuerdo contigo, porque te perturbaba. Heráclito debía de darle muchos quebraderos de cabeza a Aristóteles, porque Aristóteles se mueve en la línea horizontal, es el maestro de ese movimiento, y este tal Heráclito está intentando empujarle al abismo. Aristóteles se mueve en el terreno llano de la lógica, y este Heráclito está tra­tando de empujarle al interior del misterio. Es necesaria alguna ex­plicación. Así que Aristóteles dice: «Este hombre tiene algún defec­to: biológico, fisiológico, "de personalidad", pero algún defecto. De lo contrario, ¿por qué tanto insistir en la paradoja? ¿Por qué tanto insistir en el misterio? ¿Por qué tanto insistir en que existe una ar­monía entre los contrarios? Los contrarios son contrarios; no hay armonía. La vida es la vida y la muerte es la muerte, hay que decir las cosas claras, no confundirlas. Este hombre parece un liante.»
    Lao Tzu era igual. Lao Tzu decía:
    “Todos parecen ser sabios, menos
    yo. Todos parecen muy listos, menos yo.
    Yo soy tonto”.
    Lao Tzu es una de las personas más grandes y más sabias que han existido, pero entre vosotros se siente tonto. Lao Tzu dice: “Todos parecen pensar con tanta claridad, y yo ¡estoy todo confuso” Lo que Aristóte­les dice de Heráclito, Lao Tzu lo dice de sí mismo.
    Lao Tzu dice: «Cuando alguien es­cucha mis enseñanzas sin la mente, se ilumina. Si alguien escucha mis ense­ñanzas a través de la mente, lo úni­co que encuentra son sus propias explicaciones, que no tienen nada que ver conmigo. Y cuando alguien escucha sin escuchar -hay personas que escuchan sin escuchar-, cuando alguien escucha como si estuviera escuchando pero sin escuchar, se ríe de mis ton­terías. Y el tercer tipo de mente es la mayoría. Dice Lao Tzu: Si la mayoría no se ríe de ti, ten cuidado, porque puedes estar dicien­do algo equivocado. Si la mayoría se ríe, entonces es que estás di­ciendo algo que es verdad. Cuando la mayoría piensa que eres ton­to, existe alguna posibilidad de que seas un sabio; de lo contrario, no hay ninguna posibilidad.
    Heráclito le parece confuso a Aristóteles. También a ti te lo pa­recerá, porque Aristóteles se ha hecho el amo de todas las universi­dades y todos los colegios del mundo entero. Ahora en todas partes te enseñan lógica, no misterio. En todas partes se te enseña a ser ra­cional, no místico. A todos se les adiestra para que hagan definicio­nes claras. Si quieres definiciones claras, tienes que moverte en la horizontal. Allí, A es A, B es B, y A nunca es B. Pero en el misterio­so abismo de la vertical, las fronteras se borran y se funden unas con otras. El hombre es mujer, la mujer es hombre; lo bueno es malo, lo malo es bueno; la oscuridad es la luz, la luz es la oscuri­dad; la vida es muerte, la muerte es vida. Todas las fronteras se bo­rran y funden.
    Por eso Dios es un misterio, no un silogismo. Los que aportan pruebas de la existencia de Dios están haciendo algo imposible. No se pueden presentar pruebas de Dios. Las pruebas existen en la ho­rizontal.
    Ese es el significado de la confianza: caes al abismo, experimen­tas el abismo; desapareces en él... y sabes. Solo llegas a saber cuan­do la mente no está, nunca antes.
    Tontos, aunque oyen son como los sordos.
    A ellos se les aplica el adagio
    de que cuando están presentes están ausentes.
    Cuando estás presente en algún sitio, ese es exactamente el sitio del que estás ausente. Puedes estar en alguna otra parte, pero no ahí donde estás. Dondequiera que estés, ahí no estás.
    Se dice en las antiguas escrituras tibetanas que Dios acude mu­chas veces a ti, pero que nunca te encuentra allí donde estás. Lla­ma a tu puerta, pero el habitante no está; siempre está en algún otro sitio. ¿Estás en tu casa, en tu hogar, o en alguna otra parte? ¿Cómo te va a encontrar Dios? No necesitas ir tú a él, solo hace fal­ta que estés en casa y él te encontrará. Te está buscando del mismo modo que tú lo buscas a él. Basta con que estés en casa, para que cuando él llegue te encuentre. Ha venido y ha llamado millones de veces, ha esperado a tu puerta, pero tú nunca estás.
    Dice Heráclito:
    Tontos, aunque oyen son como los sordos.
    A ellos se les aplica el adagio
    de que cuando están presentes están ausentes.
    Eso es estar dormido: estar ausente, no estar presente en el mo­mento presente, estar en alguna otra parte.
    Sucedió que el mulá Nasruddin estaba sentado en un café, ha­blando de lo generoso que era. Y cuando hablaba exageraba mucho, como hace todo el mundo, porque se olvida de lo que está diciendo. Entonces alguien le preguntó:
    -Nasruddin, si eres tan generoso, ¿por qué nunca nos invitas a tu
    casa? No nos has invitado a comer ni una sola vez. ¿Qué dices a eso?
    Nasruddin estaba tan excitado que se olvidó por completo de su
    esposa y dijo:
    -
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  • Conciencia : la clave para vivir en equilibrio 2 *LAS RAICES DEL SUFRIMIENTO *- OSHO audiolibro
    Las raíces del sufrimiento
    El sufrimiento es un estado de inconsciencia. Somos desgraciados porque no somos conscientes de lo Que estamos hacien­do de lo que estamos pensando, de lo que estamos sintiendo... y por eso nos contradecimos continuamente, a cada momento. La acción va en una direc­ción, el pensamiento en otra, el senti­miento está en otra parte. Nos vamos haciendo pedazos, cada vez estamos más fragmentados. Eso es el sufri­miento: perdemos integración, perde­mos unidad. Perdemos por completo.
    el centro, somos una simple periferia.
    Y naturalmente, una vida que no sea armoniosa está condenada a ser miserable, trágica, una carga que hay que llevar como se pueda un sufrimiento. Lo máximo que uno puede hacer es conseguir que este sufrimiento sea menos doloroso. Y existen mil y una clases de quita dolores.
    No solo están las drogas y el alco­hol: la religión también se ha utilizado a modo de opio. Deja a las personas drogadas. Y naturalmente, todas las religiones están en contra de las drogas, porque ellas mismas se dedican al mismo negocio; están en contra de los competidores. Si la gente toma opio, puede que deje de ser religiosa; puede que ya no tenga necesidad de ser reli­giosa. Si ya han encontrado el opio, ¿por qué tendrían que moles­tarse con la religión? Y el opio es más barato, exige menos com­promiso. Si la gente toma marihuana, LSD y otras drogas más sofisticadas, es natural que no sea reli­giosa, porque la religión es una droga muy primitiva. Por eso todas las reli­giones están contra las drogas.
    La razón no es que estén verdade­ramente en contra de las drogas. La razón es que las drogas son competi­dores y, por supuesto, si se puede im­pedir que la gente use drogas será más fácil que caigan en las trampas de los sacerdotes, porque esa es la única sali­da que les queda. Es una especie de monopolio: en el mercado solo queda su opio y todo lo demás se declara ilegal.
    La gente vive sumida en el sufri­miento. Solo existen dos maneras de salir de él: la primera consiste en con­vertirse en meditador: alerta, despierto, consciente... y eso es algo muy difí­cil. Se necesita coraje. La manera más barata consiste en encontrar algo que te pueda dejar aún más inconsciente de lo que ya estás, para que no puedas sentir el sufrimiento. Encuentra algo que te deje totalmente insensible, algo que te intoxique, algún anestésico que te deje tan inconsciente que puedas escapar a esa in­consciencia y olvidar todas tus ansiedades, angustias y sin sentidos.
    La segunda manera no es la verdadera. La segunda manera solo hace que tu sufrimiento resulte un poco más confortable, un poco más soportable, un poco más cómodo. Pero no ayuda, no te trans­forma. La única transformación llega por la vía de la meditación, porque la meditación es el único método que te hace consciente. Para mí, la meditación es la única religión verdadera. Todo lo de­más es un engañabobos. Y existen diferentes marcas de opio: cris­tianismo, hinduismo, islamismo, jainismo, budismo... pero son solo diferentes marcas. El recipiente es distinto, pero el contenido es el mismo: todas te ayudan de algún modo a adaptarte a tu su­frimiento.
    Lo que yo me propongo es llevarte más allá del sufrimiento. No hay necesidad de adaptarse al sufrimiento: existe la posibilidad de librar­se por completo de él. Pero el camino es un poco difícil; el camino es un de­safío.
    Tienes que hacerte consciente de tu cuerpo y de lo que haces con él...
    Un día, Buda estaba pronunciando su discurso matutino y el rey había acudido a escucharle. Estaba sentado enfrente de Buda y no paraba de mover el dedo gordo del pie. Buda dejó de hablar y miró el dedo del pie del rey. Como es natural, cuando Buda miró su dedo, el rey dejó de moverlo. Buda empezó a hablar de nuevo, y el rey empezó otra vez a mover el dedo gordo del pie. Entonces Buda le preguntó:
    -¿Por qué haces eso?
    El rey respondió:
    -Solo cuando dejaste de hablar y me miraste el dedo me di
    cuenta de lo que estaba haciendo. No era nada consciente de lo que hacía.
    -Es tu dedo y no eres consciente -dijo Buda-. Entonces, po­drías llegar a matar a una persona sin ser consciente de ello. Y exactamente de esa manera se ha matado a gente y el homici­da no ha sido consciente. Muchos homicidas han negado en los tri­bunales haber matado a alguien. Al principio se pensaba que sim­plemente mentían, pero recientemente se ha descubierto que no estaban mintiendo, que lo hicieron en estado de inconsciencia. En aquel momento estaban tan rabiosos, tan enfurecidos, que fueron poseídos por su furia. Y cuando estás furioso, tu cuerpo segrega ciertas toxinas y tu sangre se intoxica. Estar enfurecido es estar en un estado de locura temporal. Y la per­sona se olvidará por completo de lo que hizo, porque no era consciente de lo que hacía. Y así es como la gente se enamora, mata a otros, se suicida, hace todas esas cosas.
    El primer paso hacia la conciencia es prestarle mucha atención a tu cuer­po. Poco a poco, uno se va poniendo en estado de alerta ante cada gesto y cada movimiento. Ya medida que te vas ha­ciendo consciente, empieza a ocurrir un milagro: dejas de hacer muchas cosas que antes hacías. Tu cuerpo se encuentra más relajado, tu cuerpo está más entonado, una profunda paz empieza a prevalecer incluso en tu cuerpo, una música sutil vibra en tu cuerpo.
    Después, empiezas a hacerte cons­ciente de tus pensamientos; hay que hacer lo mismo con los pensamientos. Son más sutiles que el cuer­po y por supuesto, también más peligrosos. Y cuando te hagas consciente de tus pensamientos, te sorprenderá lo que ocurre en tu interior. Si pones por escrito lo que está ocurriendo en cualquier momento, te llevarás una gran sorpresa. No te lo vas a creer «¿Esto es lo que está ocurriendo dentro de mí?» Sigue escribiendo duran­te solo diez minutos. Cierra las puertas con llave y cierra también las ventanas para que nadie pueda entrar, para que puedas ser completamente sincero y enciende el fuego para poder tirar al fuego lo que escribas; así nadie lo sabrá aparte de ti. Y después sé absolutamente sincero; ponte a escribir lo que esta pasando dentro de la mente. No lo interpretes, no lo alteres, no lo edites. Limítate a ponerlo en el papel sin adornos, tal como es, exactamente como es.
    Y al cabo de 10 minutos, léelo. ¡Verás una mente loca por dentro! No somos conscientes de que esa locura fluye constantemente como una corriente subterránea. Afecta a todo lo que tiene importancia en tu vida. Afecta a cualquier cosa que hagas; afecta a todo lo que haces, afecta a todo. ¡Y suma de todo ello va a ser tu vida.!
    Así pues, este loco debe cambiar. Y el milagro de la conciencia es que no necesitas hacer nada, aparte de hacer­te consciente. El fenómeno mismo de observarlo hace que cambie. poco a poco, el loco va desapareciendo. Poco a poco, los pensamientos empiezan a ajustarse a cierta pauta. Su caos desa­parece, se van convirtiendo en algo más parecido a un cosmos. Y una vez más, una profunda paz lo domina todo.
    Y cuando tu cuerpo y tu mente estén en paz, verás que están sinfonizados uno con otro, que existe un puente. Ahora ya no corren en diferentes direcciones, ya no cabal­gan en diferentes caballos. Por primera vez hay acuerdo, y ese acuerdo constituye una ayuda inmensa para trabajar tercer paso: hacerte consciente de tus sentimientos, emociones, estados humor. Esta es la capa más sutil y más difícil, pero si puedes ser consciente de los pensamientos solo tienes que dar un paso más. Se necesita una conciencia un poco más intensa para empezar a medi­tar sobre tus estados de humor, tus emociones, tus sentimientos.
    En cuanto eres consciente de estas tres cosas, todas se unen en un único fenómeno. Y cuando estas tres cosas sean una sola, fun­cionando perfectamente al unísono, canturreando juntas, cuando puedas sentir la música de las tres -se han convertido en una orquesta-, ocurre la cuarta. Lo que tú no puedes hacer ocurre por sí solo, es un regalo de la totalidad. Es una recompensa para los que han hecho estas tres cosas.
    Y la cuarta cosa es la conciencia definitiva que lo despierta a uno. Uno se hace consciente de la propia conciencia, esa es la cuar­ta cosa.- Eso te convierte en un buda, un ser despierto. Y solo en ese despertar llega uno a conocer lo que es la bienaventuranza. El cuer­po conoce el placer, la mente conoce la felicidad, el corazón cono­ce la alegría, la cuarta cosa conoce la bienaventuranza. La biena­venturanza es el objetivo, y la conciencia es el camino que lleva a ella.
    Mundos Privados
    "Dijo Heráclito:
    Los hombres son tan olvidadizos y descuidados
    de lo que ocurre a su alrededor
    en sus momentos de vigilia
    como cuando están dormidos.
    Tontos, aunque oyen
    son como los sordos.
    A ellos se les aplica el adagio
    de que cuando están presentes
    están ausentes.
    Uno no debería actuar ni hablar
    como si estuviera dormido.
    Los despiertos tienen un mundo en común,'
    los durmientes tienen un mundo privado cada uno. Lo que vemos cuando estamos despiertos es la muerte; cuando estamos dormidos, vemos sueños.
    Heráclito aborda el problema más grave del hombre: que aun cuando está despierto, está completamente dormido.
    Estás dormido cuando duermes, pero también estás dormido cuando estás despierto. ¿Qué significa esto? Porque esto es lo que dice Buda, lo que dice Jesús, lo que dice Heráclito. Pareces com­pletamente despierto, pero es solo apariencia; en el fondo de tu ser, el sueño continúa.
    Incluso en este momento estás soñando por dentro. Mil y un pensamientos siguen su curso, y tú no eres consciente de lo que está ocurriendo, no eres consciente de lo que estás haciendo, no eres consciente de quién eres. Te mueves como se mueve la gente en sueños.
    Seguro que has conocido a alguien que se mueve, hace tal o cual cosa y después vuelve a quedarse dormido. Es una enfermedad lla­mada sonambulismo. Mucha gente se levanta de la cama por la no­che; tienen los ojos abiertos, pueden moverse. Van a la cocina, co­men algo y vuelven a meterse en la cama. Y si les preguntas a la mañana siguiente, no saben nada del asunto. Como máximo, si se esfuerzan por recordar, verán que tu­vieron un sueño esa noche, que soña­ron que se despertaban e iban a la co­cina. Pero fue un sueño, eso como máximo; incluso eso resulta difícil de recordar.
    Mucha gente ha cometido críme­nes; muchos homicidas declaran ante el tribunal. que no saben nada, que no recuerdan haber hecho tal cosa. No es que estén mintiendo al tribunal, no. ¡Los psicoanalistas han acabado por des­cubrir que no están mintiendo, no ¡están intentando engañar; son absolu­tamente sinceros. Cometieron el homi­cidio -lo cometieron cuando estaban profundamente dormidos ­como en un sueño. Este sueño es más profundo que el sueño nor­mal. Este sueño es como estar borracho: puedes moverte un poco, puedes hacer unas pocas cosas, puedes también estar un poco cons­ciente... pero estás borracho. No sabes lo que está ocurriendo con exactitud. ¿Qué has hecho en el pasado? ¿Puedes recordarlo exacta­mente, por qué hiciste lo que hiciste? ¿Qué te ocurrió? ¿Estabas aler­ta cuando ocurría? Te enamoras sin saber por qué; te pones de mal humor sin saber por qué. Por supuesto, encuentras excusas; racio­nalizas todo lo que haces... pero la racionalización no, es conciencia.
    Conciencia significa que eres completamente consciente de cualquier cosa que esté ocurriendo en ese momento. Tú estás pre­sente. Si tú estás presente cuando surge la ira, la ira no puede sur­gir. Solo puede ocurrir cuando estás completamente dormido. Cuando estás presente, se inicia inmediatamente una transforma­ción en tu ser, porque cuando tú estás presente, consciente, mu­chas cosas simplemente no son posibles. Así pues, de hecho solo existe un pecado, que es la inconsciencia.
    El significado original de la palabra pecar es faltar. No significa hacer algo que está mal, significa simplemente faltar, estar ausente. La raíz hebrea de la palabra pecado significa faltar. También ocurre en algunas pa­labras inglesas construidas sobre la partícula miss: misconduct, misbehavior.] faltar significa no estar ahí, hacer algo sin estar presente: este es el único pecado. ¿Y la única virtud? Estar completamente alerta cuando haces algo. Lo que Gurdjieff llama recordar­se uno mismo, lo que Buda llama estar correctamente atento, lo que Krishna-murti llama conciencia, lo que Kabir ha llamado surau: ¡Estar ahí! Eso es lo único que hace falta, y nada más.
    No necesitas cambiar nada, y aunque intentaras cambiar algo no podrías. Ya has intentado cambiar muchas cosas en ti. ¿Lo has conseguido? ¿Cuántas veces has decidido no volver a enfurecerte? ¿Qué ocurrió con tus propósitos? Cuando llega el momento, vuelves a caer en la misma trampa; te pones furioso, y cuando la furia ha pasado, te arrepientes. Se ha convertido en un círculo vicioso: incurres en la ira, te arrepientes y quedas listo para volver a incurrir.
    Recuerda que aunque te arrepientas no estás ahí: ese arrepentimiento también forma parte del pecado. Por eso no ocurre nada. Si­gues intentándolo una y otra vez, y tomas muchas decisiones y te haces muchos propósitos, pero no ocurre nada. Sigues igual. Eres exactamente igual que cuando naciste, sin que se haya producido en ti ni el más mínimo cambio. No es que no lo hayas intentado, no es que no te hayas esforzado, lo has intentado una y otra vez. Y fra­casas porque no es cuestión de esfuerzo. Esforzarte más no te ser­virá de nada. Es cuestión de estar alerta, no de esfuerzo.
    Si estás alerta, muchas cosas simplemente desaparecen; no ne­cesitas deshacerte de ellas. En estado consciente, ciertas cosas no son posibles; Y esta es mi definición, no existe otro criterio. Si es­tás consciente no puedes enamorarte; por lo tanto, caer enamorado es un pecado. Puedes amar, pero eso no es como una caída, es como una as­censión. ¿Por qué [en inglés] se usa la expresión «caer enamorado» (falling in love)? Es una caída; estás cayendo, no estás ascendiendo. Cuando estás consciente, no es posible caer... ni si­quiera en el amor. No es posible, sim­plemente no lo es. Con la conciencia no es posible; asciendes en el amor. Y ascender en el amor es un fenómeno totalmente diferente del enamora­miento. Estar enamorado es un estado onírico. Por eso a la gente que está enamorada se le nota en los ojos; es como si estuvieran más dormidos que los demás, intoxicados, so­ñando. Se les nota en los ojos porque sus ojos tienen una ensoña­ción. Las personas que ascienden en el amor son totalmente dife­rentes. Se nota que ya no están soñando, que están afrontando la realidad y eso las hace crecer.
    Al enamorarte sigues siendo un niño; al ascender en el amor, maduras y en poco tiempo, el amor deja de ser una relación; se convierte en un estado de tu ser. Entonces ya no se-puede decir que ames a este y no ames a aquel, no; simplemente, amas. Es algo que compartes con cualquiera que se acerque a ti. Ocurra lo que ocurra, tú das tu amor. Tocas una piedra y la tocas como si estuvie­ras tocando el cuerpo de tu persona amada. Miras un árbol y lo mi­ras como si miraras el rostro de tu amado. Se convierte en un esta­do del ser. No es que estés enamorado, es que eres amor. Esto es ascender, no caer.
    El amor es hermoso cuando asciendes por él, y se convierte en algo sucio y feo cuando desciendes por él. Y tarde o temprano des­cubrirás que resulta venenoso, que se convierte en un cautiverio. Has quedado atrapado, tu libertad ha sido aplastada; te han cortado las alas, ya no eres libre. Al caer enamorado te conviertes en una po­sesión; tú posees y permites que alguien te posea a ti. Te conviertes en un objeto, y tratas de convertir en un objeto a la persona de la que te has enamorado.
    Mira una pareja de marido y mujer. Los dos se han convertido en objetos, ya no son personas. Los dos intentan poseer al otro. Solo las cosas se pueden poseer, no las personas. ¿Cómo puedes poseer una persona? ¿Cómo puedes dominar a una persona? ¿Cómo puedes convertir a una persona en una posesión? ¡Imposible! Pero el mari­do está intentando poseer a la esposa; la esposa intenta lo mismo. Se produce un choque, y los dos acaban por convertirse básica­mente en enemigos. Son destructivos el uno para el otro.
    Sucedió que el mulá Nasruddin entró en la oficina de un ce­
    menterio y se quejó al encargado:
    -Sé que mi esposa está enterrada en este cementerio, pero no
    encuentro su tumba.
    El encargado consultó su registro y preguntó:
    -¿Cómo se llama?
    -Señora del mulá Nasruddin -dijo el mulá.
    El encargado volvió a mirar y dijo:
    -No hay ninguna señora del mulá Nasruddin, pero sí que hay
    un mulá Nasruddin. Lo siento, parece que ha habido un error en el registro.
    -No hay ningún error-dijo Nasruddin-. ¿Dónde está la tum­
    ba del mulá Nasruddin? Porque todo está a mi nombre.
    ¡Incluso la tumba de su mujer!
    Posesión... todos se empeñan en poseer al ser amado, al aman­te. Ya no hay amor. De hecho, cuando posees a una persona, odias, destruyes, matas; eres un asesino. El amor debería dar libertad; el amor es libertad. El amor hace al ser amado cada vez más libre, el amor da alas, el amor abre la inmensidad del cielo. No puede con­vertirse en una prisión, en un encierro. Pero ese amor tú no lo co­noces, porque solo se da cuando estás despierto; esa calidad de amor solo aparece cuando hay conciencia. El amor que tú conoces es un pecado, porque se genera en el sueño.
    Y lo mismo ocurre con todo lo que haces. Aunque intentes hacer algo bueno, haces daño. Fíjate en los refor­madores visionarios: siempre hacen daño y son las personas más dañinas del mundo. Los reformadores sociales, los llamados revolucionarios, son la gente más dañina. Pero es difícil ver el mal que hacen porque son muy bue­nas personas, siempre están haciendo el bien a los demás... esa es su manera de crear una prisión para los otros. Si les dejas que te hagan algún bien, pa­sarán a poseerte. Empezarán por darte I masaje en los pies, y tarde o temprano te encontrarás con que te han echado las manos al cuello. Empiezan por los pies y terminan por el cuello, porque son inconscientes; no saben lo que están haciendo. Han aprendido un truco: si quieres poseer a alguien, haz el bien. Ni siquiera son conscientes de que han apren­dido ese truco. Pero hacen daño, porque cualquier cosa-cualquier cosa- que intente poseer a otra persona, sea cual sea su nombre o forma, es irreligiosa, es un pecado.
    Vuestras iglesias, vuestros templos, vuestras mezquitas, todos han cometido pecados contra vosotros, porque todos se han con­vertido en poseedores, todos se han convertido en dominadores.
    Todas iglesias están contra la religión, porque la religión es li­bertad. Entonces, ¿por qué ocurre esto? Jesús pretende darte liber­tad, darte alas. ¿Qué es lo que ocurre entonces, cómo aparece esta, iglesia? Ocurre porque Jesús vive en un plano de existencia total­mente diferente, el plano de la conciencia. Y los que le escuchan, los que le siguen, viven en el plano del sueño. Oigan lo que oigan, lo interpretan a través de sus propios sueños. Y todo lo que cons­truyen tiene que ser un pecado. Cristo te da religión, y después una gente que está profundamente dormida lo convierte en una iglesia.
    Se dice que en cierta ocasión, Sata­nás, el demonio, estaba sentado bajo un árbol, muy triste. Pasó un santo, miró a Satanás y le dijo:
    -Hemos oído decir que tú nunca, descansas, que siempre estás haciendo alguna maldad en alguna parte. ¿Qué haces ahí, sentado bajo ese árbol?
    Satanás estaba absolutamente deprimido.
    -Parece que de mi trabajo se en­cargan ahora los sacerdotes, y yo no tengo nada que hacer -dijo-. Me he quedado sin trabajo. A veces me en­tran ganas de suicidarme, porque los sacerdotes lo están haciendo muy bien.
    Los sacerdotes lo hacen tan bien porque han convertido la li­bertad en encarcelamiento, han convertido la verdad en dogmas... han convertido todo lo que se origina en el plano de la conciencia al plano del sueño.
    Intenta comprender lo que es exactamente este sueño, porque si eres capaz de sentir lo que es, ya has empezado a estar alerta, ya es­tás en el camino de salida. ¿Qué es este sueño? ¿Cómo se produce? ¿Cuál es su mecanismo? ¿Cuál es su modus operandi?
    La mente siempre está en el pasado o en el futuro. No puede es­tar en el presente, es absolutamente imposible para la mente estar el presente. Cuando estás en el presente, la mente ya no está ahí, porque mente equivale a pensar. ¿Cómo puedes pensar en el pre­sente? Puedes pensar en el pasado; ya se ha convertido en parte de la memoria y la mente puede trabajar con ello. Puedes pensar en el futuro; todavía no está aquí y la mente puede soñar con ello. La mente puede hacer dos cosas: puede moverse hacia el pasado, donde hay espacio de sobra para moverse, el vasto espacio del pa­sado, en el que puedes seguir y seguir penetrando; o puede moverse hacia el futuro, donde también hay un espacio infinito, en el que puedes imaginar y soñar sin límites. Pero ¿cómo va a fun­cionar la mente en el presente? En el presente no hay espacio para que la mente haga ningún movimiento.
    El presente es solo una línea divi­soria, nada más. Separa el pasado del futuro, no es más que una línea diviso­ria. Puedes estar en el presente, pero no puedes pensar en él; para pensar se necesita espacio. Los pensamientos necesitan espacio, son como los obje­tos. Recuérdalo: los pensamientos son cosas materiales, muy sutiles, pero son materiales.
    No puedes pensar en el presente. En el instante en que empie­zas a pensar, ya es pasado. Ves salir el sol y dices: «Qué bello ama­necer.» Cuando lo dices ya es el pasado. Cuando el sol está saliendo no hay espacio suficiente ni siquiera, para decir «Qué bonito», por­que cuando pronuncias esas dos palabras, «qué bonito», la expe­riencia ya se ha convertido en pasado. La mente ya lo ha archivado en la memoria; Pero en el momento exacto en que sale el sol, el momento exacto en que el sol apareé sobre la línea, ¿cómo puedes pensar? ¿Qué puedes pensar? Puedes estar con el sol que sale, pero no puedes pensar. Hay espacio suficiente para ti, pero no para los pensamientos.
    Ves una hermosa flor en el jardín y dices: «Qué bonita rosa.» En ese momento ya no estás con la rosa; es ya un recuerdo. Cuando la flor está ahí y tú estás ahí, los dos presentes ante el otro, ¿cómo po­drías pensar? ¿Qué podrías pensar? ¿Cómo va a ser posible el pen­samiento? No hay espacio para él. El espacio es tan estrecho -de hecho, no hay nada de espacio- que tú y la flor no podéis ni si­quiera existir como dos seres, porque no hay espacio suficiente para dos; solo puede existir uno.
    Por eso, en una presencia profunda, tú eres la flor y la flor se convierte en ti. Cuando no hay pensamiento, ¿quién es la flor y quién es el observador? El observador se convierte en observado. De pronto, desaparecen las fronteras. De pronto, te encuentras con que has penetrado en la flor y la flor ha penetrado en ti. De pronto: ya no sois dos; solo existe uno.
    Si empiezas a pensar, os convertís de nuevo en dos. Si no pien­sas, ¿dónde está la dualidad? Cuando existes con la flor, sin pensar, es un diálogo. No un duólogo, sino un diálogo.
    Cuando existes con tu amante, es un diálogo, no un duólogo, porque allí no hay dos. Sentado aliado de tu amante, cogiéndole de la mano, simplemente existes. No piensas en los días ya pasados; no piensas en el futuro que vendrá. Estás aquí y ahora es tan her­moso estar aquí y ahora, y tan intenso, que ningún pensamiento puede penetrar en esa intensidad.
    Y la puerta es estrecha. La puerta del presente es estrecha. Por ella no pueden entrar dos juntos, solo uno. En el presente no es po­sible pensar, no es posible soñar, porque soñar-no es sino pensar con imágenes. Las dos cosas son materiales.
    Cuando estás en el presente sin pensar, eres espiritual por pri­mera vez. Se abre una nueva dimensión, la dimensión de la con­ciencia. Como no has conocido esa dimensión, Heráclito dice que estás dormido, que no eres consciente. La conciencia significa estar en el momento de un modo tan total que no hay movimiento hacia el pasado ni hacia el futuro. Todo el movimiento se detiene.
    Eso no significa que te quedes estático. Se inicia un nuevo mo­vimiento, un movimiento con profundidad. Hay dos tipos de movi­miento, y ese es el significado de la cruz de Jesús: muestra dos mo­vimientos, un cruce de caminos. Uno de los movimientos es lineal: te mueves siguiendo una línea, de una cosa a otra, de un pensamiento a otro, de un sueño a otro sueño. De A pasas a B, de B a C, de C a D. De ese modo te mueves en una línea horizontal. Este es el movimiento del tiempo; es el mo­vimiento de los que están completa­mente dormidos. Puedes ir como una lanzadera, adelante y atrás; la línea está ahí. Puedes ir de B a A o puedes ir de A a B; la línea está ahí.
    Hay otro movimiento, que tiene lu­gar en una dimensión totalmente dife­rente. Este movimiento no es horizon­tal, es vertical. No vas de A a B y de B a C; vas de A a un A más profundo, de Al a A2, A3, A4, cada vez más abajo... o más arriba. .
    Cuando el pensamiento cesa, comienza el nuevo movimiento. Ahora caes a las profundidades, como si cayeras en un abismo. Las personas que meditan profundamente llegan tarde o temprano a ese punto; entonces les entra miedo, porque les parece que se ha abierto un abismo sin fondo... sientes vértigo, tienes miedo. Te gus­taría agarrarte al antiguo movimiento porque era algo conocido; esto se parece a la muerte.
    Ese es el significado de la cruz de Jesús: es una muerte. Pasar de
    la horizontal a la vertical es la muerte, es la verdadera muerte. Pero solo es muerte vista desde un lado; vista por el otro lado es resu­rrección. Es morir para nacer; es morir en una dimensión para na­cer en otra dimensión. En horizontal eres Jesús; en vertical te has convertido en Cristo.
    Si te mueves de un pensamiento a otro, sigues estando en el mundo del tiempo. Si te mueves hacia dentro del momento, no del pensa­miento, te mueves hacia la eternidad. No estás estático; no hay nada estático en este mundo, nada puede ser estáti­co. Surge un nuevo movimiento, un movimiento sin motivación. Recuerda estas palabras. En la línea horizontal, te mueves por motivaciones. Tienes que alcanzar algo: dinero, prestigio, poder o a Dios, pero tienes que conse­guir algo. Hay una motivación. I
    El movimiento motivado equivale a dormir, El movimiento sin motivación significa conciencia. Te mueves por­que moverse es un puro placer, te mueves porque el movimiento es vida, te mueves porque la vida es energía y la energía es movimiento. Te mueves porque la energía es placer, y por nada más. No hay ningún objetivo, no intentas conseguir nada. De hecho, no vas a ninguna parte, no estás «yendo», estás simplemente gozando de la energía. No hay ningún objetivo fuera del movimiento mismo. El movimiento tiene su propio valor intrínseco, no tiene valor extrínseco.
    Un buda también vive. Un Heraclito vive. Yo estoy aquí, vivien­do, respirando, pero con un tipo diferente de movimiento, no mo­tivado.
    Hace unos días, alguien me preguntó:
    -¿Por qué ayudas a la gente con la meditación?
    -Es un placer para mí -le dije-. No hay un porqué. Simple­mente, disfruto con ello.
    Es como cuando una persona disfruta plantando semillas en el jardín, esperando que salgan las flores. Cuando tú floreces, yo gozo. Es jardinería; cuando alguien florece, es un puro placer. Y yo lo comparto. No existe ningún objetivo. Si fracasas, yo no voy a sen­tirme frustrado. Si no floreces, pues muy bien, porque el floreci­miento no se puede forzar. No puedes abrir un capullo a la fuerza; puedes hacerlo, pero entonces lo matas. Puede parecer un floreci­miento, pero no es un florecimiento.
    El mundo entero se mueve, la existencia se mueve dentro de la eternidad. La mente se mueve en el tiempo. La existencia se mueve hacia las profundidades y las alturas, y la mente se mueve hacia ade­lante y hacia atrás. La mente se mueve horizontalmente; eso es el sueño. Si puedes moverte verticalmente, eso es la conciencia.
    Vive en el momento. Incorpora todo tu ser al momento. No de­jes que el pasado interfiera y no dejes que el futuro se entrometa. El pasado ya no existe, está muerto. Y, como dice Jesús, «dejad que los muertos entierren a sus muertos» El pasado ya no existe. ¿Por qué te preocupa? ¿Por qué sigues rumiándolo una y otra vez? ¿Es que estás loco? Ya no existe; solo está en tu mente, es solo un recuerdo. El futuro no existe todavía. ¿Qué haces pensando en el fu­turo? Si todavía no existe, ¿cómo puedes pensar en ello? ¿Qué pue­des planear? Hagas lo que hagas, no va a ocurrir, y entonces te sen­tirás frustrado, porque la totalidad tiene su propio plan. ¿Por qué te empeñas en hacer tus propios planes en contra de los suyos?
    La existencia tiene sus propios planes, es más sabia que tú. El todo tiene que ser más sabio que la parte. ¿Por qué finges ser tú el todo? El todo tiene su propio destino, su propio cumplimiento. ¿Por qué te molestas con eso? Hagas lo que hagas, será un pecado, porque te perderás el momento, este momento. Y si eso se convierte en un hábito -que se convierte-, si empiezas a perderte, se convierte en una forma habitual; y entonces, cuando el futuro llegue, te lo perderás también, porque cuando llegue ya no será un futuro, será un presente Ayer estabas pensando en hoy, porque entonces hoy era mañana; ahora es hoy y tú estás pensando en mañana, y cuan­do llegue el mañana se habrá convertido en hoy, porque todo lo que existe, existe aquí y ahora; no puede existir de otro modo y si tie­nes un modo fijo de funcionar, de manera que tu mente siempre mira al mañana, ¿cuándo vives? El mañana nunca llega. Te seguirás perdiendo, y eso es pecado. Ese es, el significado pe la raíz hebrea de «pecar».
    En el momento en que entra el futuro, entra el tiempo. Has pe­cado contra la existencia, te has perdido. Y esto se ha convertido en una pauta fija; como un robot, sigues estando perdido.
    A mí han acudido personas de países muy lejanos. Cuando están allí, piensan en mí y se excitan mucho pensando en mí, y leen y piensan y sueñan. Cuando llegan aquí, empiezan a pensar en sus ca­sas; en el momento de llegar, ya están regresando! Empiezan a pen­sar en sus hijos, en sus mujeres, en sus trabajos, en esto y en aque­llo, en mil y una cosas. Y yo veo toda esa insensatez. Después regresarán allí y se pondrán a pensar en mí. Han faltado, y eso es pecado.
    Mientras estás aquí conmigo, debes estar aquí conmigo. Total­mente aquí conmigo, para que puedas aprender un nuevo modo de movimiento, para que puedas moverte en la eternidad, no en el tiempo.
    El tiempo es el mundo y la eternidad es Dios. Lo horizontal es el mundo y lo vertical es Dios. Los dos se encuentran en un punto: ahí es donde Jesús está crucificado. La horizontal y la vertical se en­cuentran en un punto, y ese punto es aquí y ahora. Desde aquí y ahora puedes emprender dos viajes: un viaje por el mundo, hacia el futuro, y otro viaje hacia Dios, hacia las profundidades.
    Vuélvete cada vez más consciente, vuélvete cada vez más alerta y sensible al presente.
    ¿Qué vas a hacer? ¿Cómo puede hacerse posible? Porque estás tan dormido que también puedes convertir eso en un sueño. Pue­des convertirlo en un objeto de pensamiento, en un proceso de pen­samiento. La cuestión puede ponerte tan tenso que solo por eso ya no puedes estar en el presente. Si piensas demasiado en cómo estar en el presente, tanto pensar no te ayudará. Si sientes demasiada culpa... si a veces te mueves hacia el pasado... irás al pasado. Es una rutina que ha durado mucho tiempo. Y a veces empezarás a pensar en el futuro... e inmediatamente te sentirás culpable de haber co­metido otro pecado.
    No te sientas culpable. Comprende el pecado, pero no te sientas culpable. Esto es muy, muy delicado. Si te sientes culpable, te lo has perdido todo. La vieja pauta comienza otra vez de un modo nuevo. Ahora te sientes culpable porque te has perdido el presente. Ahora estás pensando en el pasado, porque ese presente ya no es presente; es pasado, y tú te sientes culpable por ello. Sigues estando perdido.
    Así pues, recuerda una cosa: cada vez que te des cuenta de que te has ido al pasado o al futuro, no te crees problemas por ello. Sim­plemente, vuelve al presente, sin crearte problemas. ¡No pasa nada! Simplemente, recupera tu conciencia. La perderás millones de ve­ces; no te va a salir ahora mismo, inmediatamente. Puede suceder, pero no puede suceder por tu causa. Es un modo de conducta fijo desde hace tanto, tantísimo tiempo, que no lo puedes cambiar de buenas a primeras. Pero no te preocupes, la existencia no tiene nin­guna prisa. La eternidad puede esperar eternamente. No crees ten­siones por ello.
    Cada vez que sientas que te has perdido, vuelve; eso es todo. No te sientas culpable; eso es un truco de la mente, que está otra vez jugando a sus juegos. No te arrepientas: «¡He vuelto a olvidarme!» Simplemente, cuando pienses, vuelve a lo que estuvieras haciendo. Si estás tomando un baño, vuelve; si estás comiendo la comida, vuelve; si estás dando un paseo, vuelve. En el momento en que sien­tas que no estás aquí y ahora, vuelve... simplemente, inocentemen­te, No crees culpa. Si te sientes culpable, no has entendido nada.
    Hay pecado, pero no hay culpa... pero eso es difícil para ti. Si sientes que algo está mal, te sientes inmediatamente culpable. La mente es muy astuta. Si te sientes culpable, el juego ha empezado, de nuevo... en un nuevo campo, pero el juego es muy antiguo. La gente acude a mí y dice: «Nos seguimos olvidando.» Se ponen muy tristes cuando dicen: «Nos seguimos olvidando. Lo intentamos, pero solo nos acordamos durante unos segundos. Nos mantenemos alerta, recordándonos, pero enseguida nos perdem
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  • Conciencia : la clave para vivir en equilibrio *EL ENTENDIMIENTO*- OSHO audiolibro
    EL ENTENDIMIENTO
    Nunca jamás uso la palabra renuncia. Lo que digo es: goza de la vida, del amor, de la meditación, de las bellezas del mundo, del éx­tasis de la existencia... ¡goza de todo! Transforma lo mundano en sa­grado. Transforma esta orilla en la otra orilla, transforma la tierra en el paraíso.
    Y sin embargo, indirectamente, empieza a producirse una cier­ta renuncia. Pero es una cosa que ocurre, no lo haces tú. No es algo que haces, es algo que ocurre. Empiezas a renunciar a tus tonte­rías, empiezas a renunciar a la basura. Empiezas a renunciar a las relaciones insensatas. Empiezas a renunciar a trabajos que no sa­tisfacen tu ser. Empiezas a renunciar a lugares en los que no era posible el crecimiento. Pero yo a eso no lo llamo renuncia. Lo lla­mo entendimiento, conciencia.
    Si llevas piedras en la mano creyendo que son diamantes, yo no te diré que renuncies a: Esas piedras. Me limitaré a decirte: «Man­tente alerta y echa otra mirada.» Si tú mismo ves que no son dia­mantes, ¿qué necesidad hay de renunciar a ellas? Caerán de tus ma­nos por sí mismas. De hecho, si quieres seguir llevándolas tendrás que hacer un gran esfuerzo, tendrás que aplicar mucha voluntad para seguir llevándolas. Pero no podrás llevarlas mucho tiempo; en cuanto hayas visto que son inútiles, que no valen nada, tendrás ga­nas de tirarlas.
    Y cuando tus manos queden vacías, podrás buscar auténticos tesoros. Y los tesoros auténticos no están en el futuro. Los auténti­cos tesoros están aquí mismo, ahora.
    De Hombres Y Ratas
    La vigilia es el camino de la vida.
    El tonto duerme como si ya estuviera muerto,
    Pero el maestro está despierto y vive eternamente.
    Está vigilante. Tiene claridad.
    ¡Qué feliz es? Porque ve que estar despierto es vivir.
    Qué feliz es siguiendo el camino de los despiertos.
    Con gran perseverancia medita, buscando la libertad y la felicidad.
    GAUTAMA BUDA, Dhammapada
    Vivimos sin prestar ninguna atención a lo que ocurre a nuestro al­rededor. Sí, hemos llegado a ser muy eficientes en lo referente a hacer cosas. Lo que hacemos, lo hacemos ya tan eficientemente que no necesitamos ninguna conciencia para hacerlo. Se ha convertido en algo mecánico, automático. Funcionamos como robots. Todavía no somos hombres, somos máquinas.
    Eso era lo que George Gurdjieff decía una y otra vez, que el hombre, tal como existe, es una máquina. Ofendió a mucha gente, porque a nadie le gusta que le llamen máquina. A las máquinas les gusta que las llamen dioses; entonces se sienten muy felices, se hin­chan de satisfacción. Gurdjieff decía que las personas eran máqui­nas y tenía razón. Si te contemplas a ti mismo" verás lo mecánico que es tu comportamiento.
    El psicólogo ruso Pavlov y el psicólogo norteamericano Skinner aciertan en un 99,9 por ciento cuando dicen que el hombre es una maravillosa máquina y nada más. No hay alma en él. He dicho que aciertan en un 99,9 por ciento; solo fallan por un pequeñísimo mar­gen. En ese pequeño margen están los budas, los despiertos. Pero se les puede perdonar porque Pavlov nunca se encontró con un buda; sólo se encontró con millones de personas como tú.
    Skinner ha estudiado a los hombres y a las ratas y no ha encon­trado diferencia. Las ratas son seres más simples, eso es todo; el hombre es un poco más complicado. El hombre es una máquina su­mamente sofisticada, las ratas son máquinas simples. Es más fácil, estudiar a las ratas; por eso los psicó­logos siguen estudiando a las ratas. Estudian a las ratas y llegan a conclu­siones acerca de los hombres... y sus conclusiones son casi correctas. Digo «casi», fijaos bien, porque esa décima del uno por ciento es el fenómeno más importante que ha sucedido. Un Buda, un Jesús, un Mahoma... esas pocas personas despiertas son los auténticos hombres.
    Pero ¿dónde puede B. F. Skinner encontrar un buda? Desde luego, no en Estados Unidos.
    He oído contar que un hombre le preguntó a un rabino:
    -¿Por qué Jesús no decidió nacer en Estados Unidos y en el siglo xx?
    El rabino se encogió de hombros y respondió:
    -¿En Estados Unidos? Habría sido imposible. En primer lugar, ¿dónde ibas a encontrar una virgen? Yen segundo lugar, ¿dónde ibas a encontrar tres sabios?
    ¿DÓNDE VA A ENCONTRAR UN BUDA B. F. SKINNER? Y aunque encontra­ra un buda, sus prejuicios, sus ideas preconcebidas, no le permiti­rían verlo. Seguiría viendo sus ratas. Es incapaz de comprender cualquier cosa que las ratas no puedan hacer. Ahora bien, las ratas no meditan, las ratas no alcanzan la iluminación. Y su concepto del hombre no es más que una imagen magnificada de una rata. Y aun así sigo diciendo que tiene razón en cuanto a la gran mayo­ría de la gente; sus conclusiones no están equivocadas, y los budas estarán de acuerdo con él en lo referente a la llamada humanidad normal. La humanidad normal está completamente dormida. Ni siquiera los animales están tan dormidos.
    ¿Has visto a un ciervo en el bosque? Lo alerta que parece, la cautela con que se mueve. ¿Has visto a un pájaro posado en un árbol? Lo inteligente­mente que vigila todo lo que ocurre a su alrededor. Si te acercas al pájaro, y este lo permitirá hasta cierta distancia. Más allá, un solo paso más y echará a volar. Tiene una clara conciencia de su territorio. Si alguien penetra en ese te­rritorio, es peligroso.
    Si miras a tu alrededor, te sorpren­derás: El hombre parece ser el animal más dormido de la tierra.
    Una mujer compra un loro en la subasta de los enseres de un prostíbulo de lujo, y mantiene tapada la jaula del loro durante dos semanas, con la esperanza de que así olvide su vocabu­lario obsceno. Cuando por fin destapa la jaula, el loro mira a su al­rededor y dice: «jAorrk! Casa nueva, madame nueva.» Cuando en­tran las hijas de la mujer, el loro añade: «jAurrk! Chicas nuevas.» Cuando por la noche llega el marido, el loro dice: «jAurrk! Los mis­mos clientes de siempre.»
    El hombre se encuentra en un estado muy decaído. De hecho, ese es el significado de la parábola cristiana de la caída de Adán y su expulsión del Edén. ¿Por qué fueron expulsados Adán y Eva del pa­raíso? Fueron expulsados porque habían comido el fruto del árbol del conocimiento. Fueron expulsados porque se habían convertido en mentes y habían perdido su conciencia.
    Así pues, lo que hay que hacer es recuperar la conciencia y per­der la mente. Tienes que expulsar de tu sistema todo lo que has ido reuniendo en forma de conocimiento. Es el conocimiento lo que te mantiene dormido. Por lo tanto, cuanto más conocimiento tenga una persona, más dormida está.
    Eso es también lo que he observado yo. Los aldeanos inocentes están mucho más alerta y despiertos que los profesores de las uni­versidades y los pundits o sabios de los templos. Los pundits no son más que loros; los académicos de las universidades están repletos de caca de vaca sagrada, llenos de ruido desprovisto por completo de significado... son solo mentes sin nada de conciencia.
    La gente que trabaja con la naturaleza -agricultores, jardine­ros, leñadores, carpinteros, pintores- está mucho más alerta que la gente que trabaja en las universidades como decanos y vicerrec­tores y rectores. Porque cuando trabajas con la naturaleza, la natu­raleza está alerta. Los árboles están alerta; desde luego, su manera de estar alerta es diferente, pero están muy alerta.
    Ahora existen pruebas científicas de su estado de alerta. Si el le­ñador llega con un hacha en la mano y con la intención deliberada de cortar el árbol, todos los árboles que le ven venir se echan a tem­blar. Ahora existen pruebas científicas de ello; lo que digo no es poesía, cuando digo esto estoy hablando de ciencia. Ahora existen instrumentos para medir si el árbol es feliz o desdichado, si tiene miedo o no, si está triste o extático. Cuando llega el leñador, todos los árboles que lo ven se echan a temblar. Son conscientes de que la muerte ronda cerca. Y el leñador todavía no ha cortado ningún árbol, solo se está acercando...
    Una cosa más, mucho más extraña: si el leñador va simplemen­te de paso, sin la idea deliberada de talar un árbol, a ningún árbol le entra miedo. Es el mismo leñador, con la misma hacha. Parece que su intención de talar un árbol afecta a los árboles. Esto signifi­ca que se ha comprendido su intención; significa que sus vibraciones están siendo descifradas por los árboles.
    Hay otro hecho significativo que se ha observado científicamen­te. Si penetras en el bosque y matas un animal, no saló el reino ani­mal de los alrededores se siente sacudido; también los árboles. Si matas un ciervo, todos los ciervos de las proximidades sienten la vi­bración de la muerte y se entristecen; un gran temblor se apode­ra de ellos. De pronto sienten miedo sin ningún motivo concreto Puede que no hayan visto cómo matabas al ciervo, pero de algún modo, de un modo sutil, resultan afectados... instintivamente, intuitivamente. Pero esto no afecta solo a los ciervos... afecta a los árbo­les, afecta a los loros, afecta a los tigres, afecta a las águilas, afecta a las hojas de hierba. Se ha producido un crimen, un acto de des­trucción, una muerte... y todo lo que hay cerca resulta afectado. El hombre parece ser el más dormido...
    Los sutras de Buda son para meditarlos profundamente, para absorberlos, para seguirlos. Él dice:
    La, vigilia es el camino hacia la vida.
    Estás vivo solo en la medida en que estás despierto. La conciencia es la diferencia entre la vida y la muerte. No estás vivo solo por estar respirando, no estás vivo solo porque tu corazón late. Fisiológicamente, se te puede mantener vivo en un hospital, sin nin­guna conciencia. Tu corazón seguirá latiendo y serás capaz de res­pirar. Así se te puede mantener en un estado mecánico de modo que sigas vivo durante muchos años... en el sentido de que respiras y el corazón late y la sangre circula. En los países avanzados del mundo hay actualmente muchas personas que simplemente ve­getan en los hospitales, porque la tecnología avanzada hace po­sible que tu muerte se posponga indefinidamente. Se te puede man­tener vivo durante años. Si eso es vida, entonces se te puede mantener vivo. Pero eso no es vida, ni mucho menos. Limitarse a vegetar no es vivir.
    Los budas tienen una definición diferente. Su definición se basa en la conciencia. No dicen que estás vivo porque puedes respirar, no dicen que estás vivo porque tu sangre circula; dicen que estás vivo si estás despierto. Así pues, con la excepción de los despiertos, na­die está verdaderamente vivo. Sois cadáveres que andan, hablan y hacen cosas, sois robots.
    La vigilia es el camino hacia la vida, dice Buda. Despierta y esta­rás más vivo. Y la vida es Dios. No hay otro Dios. Por eso Buda ha­bla de la vida y la conciencia. La vida es el objetivo y la conciencia es la metodología, la técnica para alcanzarlo.
    El tonto duerme...
    Todos estáis dormidos, así que todos sois tontos. No os sintáis ofendidos. Las cosas hay que decirlas tal como son. Funcionáis en sueños; por eso vais dando tumbos, seguís haciendo cosas que no queréis hacer. Seguís haciendo cosas que habéis decidido no hacer. Seguís haciendo cosas que sabéis que no están bien y no hacéis co­sas que sabéis que están bien.
    ¿Cómo es posible tal cosa? ¿Por qué no podéis andar derechos? ¿Por qué seguís atrapados en caminos que no conducen a ninguna parte? ¿Por qué seguís extraviándoos?
    A un joven con bonita voz le proponen participar en una función teatral, pero él intenta librarse diciendo que siempre pasa vergüen­za en ese tipo de ocasiones. Le aseguran que será muy fácil, y que solo tiene que decir una frase: «Vengo a robar un beso y corro al combate. ¡Ah! Oigo un disparo de pistola...», y después abandonar el escenario.
    Durante la función, el joven sale a escena, ya muy avergonzado por los cortos y ajustados pantalones coloniales que le han hecho ponerse en el último momento, y queda completamente trastorna­do al ver a la bella heroína que le espera tendida en una hamaca de jardín, con un vestido blanco. Carraspea y declara: «Vengo a sobar un berro... no, a robar un beso y combo al carrete, digo, corro al combate. ¡Ah! Oigo un pistolo de dispara... no, un esporo de pistilo, un pistado de perola... ¡Mierda, me cago en todos vosotros! ¡Ya os dije que no quería actuar en esta maldita función!»
    Eso es lo que está pasando. Examina tu vida. Todo lo que sigues haciendo es tan confuso y confunde tanto... No tienes nada de clari­dad, no tienes nada: de percepción. No estás alerta. No ves, no oyes... Desde luego, tienes oídos para oír, pero dentro no hay nadie que lo entienda. Desde luego, tienes ojos para ver, pero dentro no hay na­die. Tus ojos siguen viendo y tus oídos siguen escuchando, pero no se comprende nada. Y a cada paso das un tropezón, a cada paso co­metes algún error. Y aún sigues creyendo que estás consciente.
    Desecha por completo esa idea. Desecharla constituye un gran salto, un gran paso adelante, porque en cuanto abandonas la idea de «estoy consciente» empiezas a buscar y rebuscar maneras y medios para estar consciente. Así pues, lo primero que tienes que meterte en la cabeza es que estás dormido, completamente dormido.
    La sicología moderna ha descubierto unas cuantas cosas im­portantes; aunque solo se han descubierto a nivel intelectual, es un buen comienzo. Si se han descubierto intelectualmente, tarde o temprano también se experimentarán existencialmente.
    Freud fue un gran pionero; por supuesto, no era un buda, pero sí un hombre de gran trascendencia, porque fue el primero que consiguió que la mayor parte de la humanidad aceptara la idea de que el hombre tiene un gran subconsciente oculto en su interior. La mente consciente representa solo una décima parte, y la mente subconsciente es nueve veces más grande que la consciente.
    Después, su discípulo Jung fue un poco más lejos, un poco más a fondo, y descubrió el subconsciente colectivo. Detrás del sub­consciente del individuo hay un subconsciente colectivo. Ahora es preciso que alguien descubra una cosa más que está ahí, y yo tengo la esperanza de que, tarde o temprano, las investigaciones psicoló­gicas en marcha lo descubran: el subconsciente cósmico. Los budas han hablado de él.
    Así pues, podemos hablar de la mente consciente: una cosa muy frágil, una parte muy pequeña de nuestro ser. Detrás de la mente consciente está el subconsciente: poco claro, se pueden oír sus su­surros pero no los sabes interpretar. Siempre está ahí, detrás de la mente consciente, tirando de sus hilos. En tercer lugar está la men­te inconsciente, con la que solo entramos en contacto durante el sueño o cuando tomamos drogas. Y detrás, la mente subconsciente colectiva. Con esta solo entramos en contacto cuando emprende­mos una profunda investigación de nuestra mente subconsciente; entonces se encuentra uno con el subconsciente colectivo. Y si se­guimos profundizando aún más, se llega al subconsciente cósmico. El subconsciente cósmico es la naturaleza. El subconsciente colec­tivo es toda la humanidad que ha vivido hasta ahora; forma parte de uno. El inconsciente es un inconsciente individual que la sociedad ha reprimido, sin permitirle expresarse. Por eso llega de noche por la puerta trasera, en los sueños.
    Y la mente consciente... La llamaré la mente supuestamente consciente, porque solo es eso. Es tan diminuta... solo un parpadeo, pero aunque solo sea un parpadeo es importante porque contiene la semilla; las semillas siempre son pequeñas. Tiene un gran poten­cial. Ahora se está abriendo una dimensión totalmente nueva. Así como Freud abrió la dimensión que está debajo de la conciencia, Sri Aurobindo abrió la dimensión que está por encima. Freud y Sri Aurobindo son las dos personas más importantes de esta época. Los dos son intelectuales, ninguno de ellos es una persona despierta, pero los dos han hecho un gran servicio a la humanidad. Nos han hecho intelectualmente conscientes de que no somos tan pequeños como parecemos desde la superficie, de que la superficie oculta grandes profundidades y alturas.
    Freud descendió a las profundidades; Sri Aurobindo intentó pe­netrar en las alturas. Por encima de lo que llamamos nuestra mente consciente está la verdadera mente consciente; solo se alcanza me­diante la meditación. Cuando a nuestra mente consciente normal se le añade la meditación, cuando a la mente consciente normal se le suma la meditación se convierte en la verdadera mente consciente.
    Más allá de la verdadera mente consciente está la mente superconsciente. Cuando uno medita no ves más que vislumbres momentáneos. La meditación es tantear en la oscuridad. Sí, se abren unas cuantas ventanas, pero se vuelve a caer una y otra vez. La mente superconsciente significa que se ha llegado al shamadi: se ha alcanzado una percepción cristalina, se ha alcanzado una conciencia integrada. Ahora ya no se puede caer abajo; es tuya. Hasta cuando duermes seguirá estando contigo.
    Más allá de la mente superconsciente está el superconsciente co­lectivo. El superconsciente colectivo es lo que las religiones deno­minan «dios». Y más allá del superconsciente colectivo está el su­perconsciente cósmico, que sobrepasa incluso a los dioses. Buda lo llama nirvana, Mahavira lo llama kaivalya, los místicos hindúes lo han llamado moksha; tú puedes llamarlo la verdad.
    Estos son los nueve estados de existencia. Y tú estás viviendo solo en un pequeño rincón de tu ser: la minúscu­la mente consciente. Es como si al-guien tuviera un palacio y se hubiera olvidado por completo del palacio y estuviera viviendo en el porche... y pensara que eso es todo lo que hay.
    Freud y Sri Aurobindo son dos grandes gigantes intelectuales, pione­ros, filósofos, pero los dos están haciendo grandes conjeturas. En lugar de enseñar a los estudiantes la filosofía de Bertrand Russell, Alfred North Whi­tehead, Martin Heidegger o Jean-Paul Sartre, sería mucho mejor que se les enseñara más sobre Sri Aurobindo, porque es el más grande filósofo de esta era. Pero está totalmente relega­do, rechazado por el mundo académico. La razón es que, con solo leer a Sri Aurobindo, te das cuenta de que estás inconsciente. Y él no es un buda todavía, pero aun así es capaz de crear una situación muy embarazosa para ti. Si tiene razón, ¿qué estás haciendo? ¿Por qué no estás explorando las alturas de tu ser?
    Freud fue aceptado con gran resistencia, pero al final fue acep­tado. Sri Aurobindo todavía no ha sido aceptado. De hecho, ni si­quiera encuentra oposición; simplemente, no se le hace ningún caso. Y la razón está clara. Freud habla de algo que está por debajo de nosotros, y eso no resulta tan embarazoso; uno se puede sentir bien sabiendo que está consciente y que debajo de la conciencia hay un subconsciente y un inconsciente y un subconsciente colectivo. Pero todos esos estados están por debajo de ti, tú estás en lo alto, te puedes sentir muy bien. En cambio, si estudias a Sri Aurobindo te sentirás avergonzado, ofendido, porque existen estados por enci­ma de ti, y el ego humano nunca quiere aceptar que exista algo por encima de él. El hombre quiere creer que es el pináculo más alto, la culminación, el Gourishankar, el Everest... que no existe nada por encima de él.
    Y uno se siente muy a gusto. Negando tu propio reino, negando tus propias alturas, te sientes muy bien. Fíjate qué tontería.
    Buda tiene razón cuando dice:
    El tonto duerme como si ya estuviera muerto, pero el maestro
    está despierto y vive eternamente.
    La conciencia es eterna, no conoce la muerte. Solo la incons­ciencia muere. Así pues, si sigues inconsciente, dormido, tendrás que morir otra vez. Si quieres librarte de todo este sufrimiento de nacer y morir una y otra vez, si quieres librarte de la rueda del na­cimiento y la muerte, tienes que llegar a estar absolutamente aler­ta. Tienes que subir cada vez más a las alturas de la conciencia.
    Y estas cosas no se pueden aceptar en el terreno intelectual; es­tas cosas tienen que experimentarse, estas cosas tienen que ser exis­tenciales. No te estoy diciendo que te convenzas filosóficamente, porque la convicción filosófica no aporta nada, ninguna cosecha. La verdadera cosecha solo se obtiene cuando haces un gran esfuerzo por despertarte.
    Pero estos mapas intelectuales pueden generar en ti un deseo, un anhelo. Pueden hacerte consciente del potencial, de lo posible; pueden hacerte consciente de que no eres lo que pareces ser; De que eres mucho más. "'.
    El tonto duerme como si ya estuviera muerto, pero el maestro está despierto y vive eternamente. Está vigilante. Tiene claridad.
    Simples y bellas afirmaciones. La verdad es siempre simple y siempre bella. Solo hay que ver lo simples que son estas dos afir­maciones... pero lo mucho que contienen. Mundos dentro de mun­dos, mundos infinitos. Está vigilante. Tiene claridad:
    Lo único que hay que aprender es a estar vigilante. ¡Vigila! Vigi­la todas tus acciones. Vigila todos los pensamientos que pasan por tu mente. Vigila todos los deseos que se apoderan de ti. Vigila in­cluso los pequeños gestos: andar, hablar, comer, tomar un baño. Si­gue vigilándolo todo. Deja que todo se convierta en una oportunidad para vigilar.
    No comas mecánicamente, no te limites a engullir. Mantente muy alerta. Mastica bien y no dejes de estar aler­ta... y te sorprenderá lo mucho que te has perdido hasta ahora, porque cada bocado te proporcionará una enorme satisfacción. Si comes vigilantemente, la comida será más sabrosa. Incluso la comida vulgar sabe bien si estás alerta; y si no lo estás, ya puedes comer la comida más sabrosa, que no tendrá sabor porque no hay nadie que lo ad­vierta. Simplemente, seguirás engu­llendo. Come despacio, con atención; cada bocado hay que masticarlo y saborearlo.
    Huele, toca, siente la brisa y los rayos de sol. Mira la luna conviértete en un estanque callado y, vigilante, y la luna se reflejará en ti con enorme belleza.
    Muévete por la vida manteniéndote en constante vigilancia. Se te olvidará una y otra vez. No te atormentes por ello; es natural. Du­rante millones de vidas, nunca has intentado estar alerta, así que es lógico y natural que te olvides una y otra vez. Pero en cuanto te acuerdes, vuelve a vigilar.
    Recuerda una cosa: cuando recuerdes que te has olvidado de vi­gilar, no te pongas triste, no te arrepientas; si lo haces, estarás per­diendo el tiempo otra vez. No te sientas miserable: «Me he vuelto a perder.» No empieces a sentir «soy un pecador». No empieces a condenarte, porque eso es una pura pérdida de tiempo. ¡Nunca te arrepientas del pasado! Vive en el momento. Si te has olvidado, ¿qué más da? Era natural. Se ha convertido en un hábito y los hábitos son difíciles de extirpar. Y no se trata de hábitos adquiridos en una sola vida; son hábitos asimilados durante millones de vidas. Así pues, si eres capaz de mantenerte alerta aunque solo sea unos mi­nutos, puedes estar agradecido. Inclu­so esos pocos minutos son más de lo que cabía esperar.
    Está vigilante. Tiene claridad.
    Y cuando vigilas, surge la claridad.
    ¿Por qué surge claridad de la vigilan­cia? Porque cuanto más alerta estás, más disminuyen todas tus prisas. Te mueves con más gracia. Cuando estás alerta, tu mente parlanchina parlotea menos, porque la energía que se dedi­caba a parlotear se dedica a la vigilan­cia y se convierte en vigilancia. ¡Es la misma energía! A partir de ahí, cada vez es más la energía que se transfor­ma en vigilancia, y la mente no recibe su ración. Los pensamientos empiezan a adelgazar, empiezan a perder peso. Poco a poco empe­zarán a morir. Y cuando los pensamientos empiezan a morir, surge la claridad. Ahora tu mente se transforma en un espejo.
    ¡Qué feliz es! Y cuando uno tiene claridad, uno es bienaventura­do. La confusión es la causa de todo sufrimiento; la claridad es la base de la felicidad. ¡Qué feliz es! Porque ve que estar despierto es vivir.
    Y ahora sabe que no existe la muerte, porque su estado despier­to no se puede destruir. Cuando llegue la muerte, también la vigi­larás. Morirás vigilando; la vigilancia no morirá. Tu cuerpo desaparecerá, el polvo al polvo, pero tu vigilancia quedará. Se convertirá en parte de la totalidad cósmica. Se convertirá en conciencia cósmica.
    En estos momentos, los profetas de los Upanishads declaran
    32 min
  • Conciencia : la clave para vivir en equilibrio *EL ENTENDIMIENTO*- OSHO audiolibro
    Nunca jamás uso la palabra renuncia. Lo que digo es: goza de la vida, del amor, de la meditación, de las bellezas del mundo, del éx­tasis de la existencia... ¡goza de todo! Transforma lo mundano en sa­grado. Transforma esta orilla en la otra orilla, transforma la tierra en el paraíso.
    Y sin embargo, indirectamente, empieza a producirse una cier­ta renuncia. Pero es una cosa que ocurre, no lo haces tú. No es algo que haces, es algo que ocurre. Empiezas a renunciar a tus tonte­rías, empiezas a renunciar a la basura. Empiezas a renunciar a las relaciones insensatas. Empiezas a renunciar a trabajos que no sa­tisfacen tu ser. Empiezas a renunciar a lugares en los que no era posible el crecimiento. Pero yo a eso no lo llamo renuncia. Lo lla­mo entendimiento, conciencia.
    Si llevas piedras en la mano creyendo que son diamantes, yo no te diré que renuncies a: Esas piedras. Me limitaré a decirte: «Man­tente alerta y echa otra mirada.» Si tú mismo ves que no son dia­mantes, ¿qué necesidad hay de renunciar a ellas? Caerán de tus ma­nos por sí mismas. De hecho, si quieres seguir llevándolas tendrás que hacer un gran esfuerzo, tendrás que aplicar mucha voluntad para seguir llevándolas. Pero no podrás llevarlas mucho tiempo; en cuanto hayas visto que son inútiles, que no valen nada, tendrás ga­nas de tirarlas.
    Y cuando tus manos queden vacías, podrás buscar auténticos tesoros. Y los tesoros auténticos no están en el futuro. Los auténti­cos tesoros están aquí mismo, ahora.
    De Hombres Y Ratas
    La vigilia es el camino de la vida.
    El tonto duerme como si ya estuviera muerto,
    Pero el maestro está despierto y vive eternamente.
    Está vigilante. Tiene claridad.
    ¡Qué feliz es? Porque ve que estar despierto es vivir.
    Qué feliz es siguiendo el camino de los despiertos.
    Con gran perseverancia medita, buscando la libertad y la felicidad.
    GAUTAMA BUDA, Dhammapada
    Vivimos sin prestar ninguna atención a lo que ocurre a nuestro al­rededor. Sí, hemos llegado a ser muy eficientes en lo referente a hacer cosas. Lo que hacemos, lo hacemos ya tan eficientemente que no necesitamos ninguna conciencia para hacerlo. Se ha convertido en algo mecánico, automático. Funcionamos como robots. Todavía no somos hombres, somos máquinas.
    Eso era lo que George Gurdjieff decía una y otra vez, que el hombre, tal como existe, es una máquina. Ofendió a mucha gente, porque a nadie le gusta que le llamen máquina. A las máquinas les gusta que las llamen dioses; entonces se sienten muy felices, se hin­chan de satisfacción. Gurdjieff decía que las personas eran máqui­nas y tenía razón. Si te contemplas a ti mismo" verás lo mecánico que es tu comportamiento.
    El psicólogo ruso Pavlov y el psicólogo norteamericano Skinner aciertan en un 99,9 por ciento cuando dicen que el hombre es una maravillosa máquina y nada más. No hay alma en él. He dicho que aciertan en un 99,9 por ciento; solo fallan por un pequeñísimo mar­gen. En ese pequeño margen están los budas, los despiertos. Pero se les puede perdonar porque Pavlov nunca se encontró con un buda; sólo se encontró con millones de personas como tú.
    Skinner ha estudiado a los hombres y a las ratas y no ha encon­trado diferencia. Las ratas son seres más simples, eso es todo; el hombre es un poco más complicado. El hombre es una máquina su­mamente sofisticada, las ratas son máquinas simples. Es más fácil, estudiar a las ratas; por eso los psicó­logos siguen estudiando a las ratas. Estudian a las ratas y llegan a conclu­siones acerca de los hombres... y sus conclusiones son casi correctas. Digo «casi», fijaos bien, porque esa décima del uno por ciento es el fenómeno más importante que ha sucedido. Un Buda, un Jesús, un Mahoma... esas pocas personas despiertas son los auténticos hombres.
    Pero ¿dónde puede B. F. Skinner encontrar un buda? Desde luego, no en Estados Unidos.
    He oído contar que un hombre le preguntó a un rabino:
    -¿Por qué Jesús no decidió nacer en Estados Unidos y en el siglo xx?
    El rabino se encogió de hombros y respondió:
    -¿En Estados Unidos? Habría sido imposible. En primer lugar, ¿dónde ibas a encontrar una virgen? Yen segundo lugar, ¿dónde ibas a encontrar tres sabios?
    ¿DÓNDE VA A ENCONTRAR UN BUDA B. F. SKINNER? Y aunque encontra­ra un buda, sus prejuicios, sus ideas preconcebidas, no le permiti­rían verlo. Seguiría viendo sus ratas. Es incapaz de comprender cualquier cosa que las ratas no puedan hacer. Ahora bien, las ratas no meditan, las ratas no alcanzan la iluminación. Y su concepto del hombre no es más que una imagen magnificada de una rata. Y aun así sigo diciendo que tiene razón en cuanto a la gran mayo­ría de la gente; sus conclusiones no están equivocadas, y los budas estarán de acuerdo con él en lo referente a la llamada humanidad normal. La humanidad normal está completamente dormida. Ni siquiera los animales están tan dormidos.
    ¿Has visto a un ciervo en el bosque? Lo alerta que parece, la cautela con que se mueve. ¿Has visto a un pájaro posado en un árbol? Lo inteligente­mente que vigila todo lo que ocurre a su alrededor. Si te acercas al pájaro, y este lo permitirá hasta cierta distancia. Más allá, un solo paso más y echará a volar. Tiene una clara conciencia de su territorio. Si alguien penetra en ese te­rritorio, es peligroso.
    Si miras a tu alrededor, te sorpren­derás: El hombre parece ser el animal más dormido de la tierra.
    Una mujer compra un loro en la subasta de los enseres de un prostíbulo de lujo, y mantiene tapada la jaula del loro durante dos semanas, con la esperanza de que así olvide su vocabu­lario obsceno. Cuando por fin destapa la jaula, el loro mira a su al­rededor y dice: «jAorrk! Casa nueva, madame nueva.» Cuando en­tran las hijas de la mujer, el loro añade: «jAurrk! Chicas nuevas.» Cuando por la noche llega el marido, el loro dice: «jAurrk! Los mis­mos clientes de siempre.»
    El hombre se encuentra en un estado muy decaído. De hecho, ese es el significado de la parábola cristiana de la caída de Adán y su expulsión del Edén. ¿Por qué fueron expulsados Adán y Eva del pa­raíso? Fueron expulsados porque habían comido el fruto del árbol del conocimiento. Fueron expulsados porque se habían convertido en mentes y habían perdido su conciencia.
    Así pues, lo que hay que hacer es recuperar la conciencia y per­der la mente. Tienes que expulsar de tu sistema todo lo que has ido reuniendo en forma de conocimiento. Es el conocimiento lo que te mantiene dormido. Por lo tanto, cuanto más conocimiento tenga una persona, más dormida está.
    Eso es también lo que he observado yo. Los aldeanos inocentes están mucho más alerta y despiertos que los profesores de las uni­versidades y los pundits o sabios de los templos. Los pundits no son más que loros; los académicos de las universidades están repletos de caca de vaca sagrada, llenos de ruido desprovisto por completo de significado... son solo mentes sin nada de conciencia.
    La gente que trabaja con la naturaleza -agricultores, jardine­ros, leñadores, carpinteros, pintores- está mucho más alerta que la gente que trabaja en las universidades como decanos y vicerrec­tores y rectores. Porque cuando trabajas con la naturaleza, la natu­raleza está alerta. Los árboles están alerta; desde luego, su manera de estar alerta es diferente, pero están muy alerta.
    Ahora existen pruebas científicas de su estado de alerta. Si el le­ñador llega con un hacha en la mano y con la intención deliberada de cortar el árbol, todos los árboles que le ven venir se echan a tem­blar. Ahora existen pruebas científicas de ello; lo que digo no es poesía, cuando digo esto estoy hablando de ciencia. Ahora existen instrumentos para medir si el árbol es feliz o desdichado, si tiene miedo o no, si está triste o extático. Cuando llega el leñador, todos los árboles que lo ven se echan a temblar. Son conscientes de que la muerte ronda cerca. Y el leñador todavía no ha cortado ningún árbol, solo se está acercando...
    Una cosa más, mucho más extraña: si el leñador va simplemen­te de paso, sin la idea deliberada de talar un árbol, a ningún árbol le entra miedo. Es el mismo leñador, con la misma hacha. Parece que su intención de talar un árbol afecta a los árboles. Esto signifi­ca que se ha comprendido su intención; significa que sus vibraciones están siendo descifradas por los árboles.
    Hay otro hecho significativo que se ha observado científicamen­te. Si penetras en el bosque y matas un animal, no saló el reino ani­mal de los alrededores se siente sacudido; también los árboles. Si matas un ciervo, todos los ciervos de las proximidades sienten la vi­bración de la muerte y se entristecen; un gran temblor se apode­ra de ellos. De pronto sienten miedo sin ningún motivo concreto Puede que no hayan visto cómo matabas al ciervo, pero de algún modo, de un modo sutil, resultan afectados... instintivamente, intuitivamente. Pero esto no afecta solo a los ciervos... afecta a los árbo­les, afecta a los loros, afecta a los tigres, afecta a las águilas, afecta a las hojas de hierba. Se ha producido un crimen, un acto de des­trucción, una muerte... y todo lo que hay cerca resulta afectado. El hombre parece ser el más dormido...
    Los sutras de Buda son para meditarlos profundamente, para absorberlos, para seguirlos. Él dice:
    La, vigilia es el camino hacia la vida.
    Estás vivo solo en la medida en que estás despierto. La conciencia es la diferencia entre la vida y la muerte. No estás vivo solo por estar respirando, no estás vivo solo porque tu corazón late. Fisiológicamente, se te puede mantener vivo en un hospital, sin nin­guna conciencia. Tu corazón seguirá latiendo y serás capaz de res­pirar. Así se te puede mantener en un estado mecánico de modo que sigas vivo durante muchos años... en el sentido de que respiras y el corazón late y la sangre circula. En los países avanzados del mundo hay actualmente muchas personas que simplemente ve­getan en los hospitales, porque la tecnología avanzada hace po­sible que tu muerte se posponga indefinidamente. Se te puede man­tener vivo durante años. Si eso es vida, entonces se te puede mantener vivo. Pero eso no es vida, ni mucho menos. Limitarse a vegetar no es vivir.
    Los budas tienen una definición diferente. Su definición se basa en la conciencia. No dicen que estás vivo porque puedes respirar, no dicen que estás vivo porque tu sangre circula; dicen que estás vivo si estás despierto. Así pues, con la excepción de los despiertos, na­die está verdaderamente vivo. Sois cadáveres que andan, hablan y hacen cosas, sois robots.
    La vigilia es el camino hacia la vida, dice Buda. Despierta y esta­rás más vivo. Y la vida es Dios. No hay otro Dios. Por eso Buda ha­bla de la vida y la conciencia. La vida es el objetivo y la conciencia es la metodología, la técnica para alcanzarlo.
    El tonto duerme...
    Todos estáis dormidos, así que todos sois tontos. No os sintáis ofendidos. Las cosas hay que decirlas tal como son. Funcionáis en sueños; por eso vais dando tumbos, seguís haciendo cosas que no queréis hacer. Seguís haciendo cosas que habéis decidido no hacer. Seguís haciendo cosas que sabéis que no están bien y no hacéis co­sas que sabéis que están bien.
    ¿Cómo es posible tal cosa? ¿Por qué no podéis andar derechos? ¿Por qué seguís atrapados en caminos que no conducen a ninguna parte? ¿Por qué seguís extraviándoos?
    A un joven con bonita voz le proponen participar en una función teatral, pero él intenta librarse diciendo que siempre pasa vergüen­za en ese tipo de ocasiones. Le aseguran que será muy fácil, y que solo tiene que decir una frase: «Vengo a robar un beso y corro al combate. ¡Ah! Oigo un disparo de pistola...», y después abandonar el escenario.
    Durante la función, el joven sale a escena, ya muy avergonzado por los cortos y ajustados pantalones coloniales que le han hecho ponerse en el último momento, y queda completamente trastorna­do al ver a la bella heroína que le espera tendida en una hamaca de jardín, con un vestido blanco. Carraspea y declara: «Vengo a sobar un berro... no, a robar un beso y combo al carrete, digo, corro al combate. ¡Ah! Oigo un pistolo de dispara... no, un esporo de pistilo, un pistado de perola... ¡Mierda, me cago en todos vosotros! ¡Ya os dije que no quería actuar en esta maldita función!»
    Eso es lo que está pasando. Examina tu vida. Todo lo que sigues haciendo es tan confuso y confunde tanto... No tienes nada de clari­dad, no tienes nada: de percepción. No estás alerta. No ves, no oyes... Desde luego, tienes oídos para oír, pero dentro no hay nadie que lo entienda. Desde luego, tienes ojos para ver, pero dentro no hay na­die. Tus ojos siguen viendo y tus oídos siguen escuchando, pero no se comprende nada. Y a cada paso das un tropezón, a cada paso co­metes algún error. Y aún sigues creyendo que estás consciente.
    Desecha por completo esa idea. Desecharla constituye un gran salto, un gran paso adelante, porque en cuanto abandonas la idea de «estoy consciente» empiezas a buscar y rebuscar maneras y medios para estar consciente. Así pues, lo primero que tienes que meterte en la cabeza es que estás dormido, completamente dormido.
    La sicología moderna ha descubierto unas cuantas cosas im­portantes; aunque solo se han descubierto a nivel intelectual, es un buen comienzo. Si se han descubierto intelectualmente, tarde o temprano también se experimentarán existencialmente.
    Freud fue un gran pionero; por supuesto, no era un buda, pero sí un hombre de gran trascendencia, porque fue el primero que consiguió que la mayor parte de la humanidad aceptara la idea de que el hombre tiene un gran subconsciente oculto en su interior. La mente consciente representa solo una décima parte, y la mente subconsciente es nueve veces más grande que la consciente.
    Después, su discípulo Jung fue un poco más lejos, un poco más a fondo, y descubrió el subconsciente colectivo. Detrás del sub­consciente del individuo hay un subconsciente colectivo. Ahora es preciso que alguien descubra una cosa más que está ahí, y yo tengo la esperanza de que, tarde o temprano, las investigaciones psicoló­gicas en marcha lo descubran: el subconsciente cósmico. Los budas han hablado de él.
    Así pues, podemos hablar de la mente consciente: una cosa muy frágil, una parte muy pequeña de nuestro ser. Detrás de la mente consciente está el subconsciente: poco claro, se pueden oír sus su­surros pero no los sabes interpretar. Siempre está ahí, detrás de la mente consciente, tirando de sus hilos. En tercer lugar está la men­te inconsciente, con la que solo entramos en contacto durante el sueño o cuando tomamos drogas. Y detrás, la mente subconsciente colectiva. Con esta solo entramos en contacto cuando emprende­mos una profunda investigación de nuestra mente subconsciente; entonces se encuentra uno con el subconsciente colectivo. Y si se­guimos profundizando aún más, se llega al subconsciente cósmico. El subconsciente cósmico es la naturaleza. El subconsciente colec­tivo es toda la humanidad que ha vivido hasta ahora; forma parte de uno. El inconsciente es un inconsciente individual que la sociedad ha reprimido, sin permitirle expresarse. Por eso llega de noche por la puerta trasera, en los sueños.
    Y la mente consciente... La llamaré la mente supuestamente consciente, porque solo es eso. Es tan diminuta... solo un parpadeo, pero aunque solo sea un parpadeo es importante porque contiene la semilla; las semillas siempre son pequeñas. Tiene un gran poten­cial. Ahora se está abriendo una dimensión totalmente nueva. Así como Freud abrió la dimensión que está debajo de la conciencia, Sri Aurobindo abrió la dimensión que está por encima. Freud y Sri Aurobindo son las dos personas más importantes de esta época. Los dos son intelectuales, ninguno de ellos es una persona despierta, pero los dos han hecho un gran servicio a la humanidad. Nos han hecho intelectualmente conscientes de que no somos tan pequeños como parecemos desde la superficie, de que la superficie oculta grandes profundidades y alturas.
    Freud descendió a las profundidades; Sri Aurobindo intentó pe­netrar en las alturas. Por encima de lo que llamamos nuestra mente consciente está la verdadera mente consciente; solo se alcanza me­diante la meditación. Cuando a nuestra mente consciente normal se le añade la meditación, cuando a la mente consciente normal se le suma la meditación se convierte en la verdadera mente consciente.
    Más allá de la verdadera mente consciente está la mente superconsciente. Cuando uno medita no ves más que vislumbres momentáneos. La meditación es tantear en la oscuridad. Sí, se abren unas cuantas ventanas, pero se vuelve a caer una y otra vez. La mente superconsciente significa que se ha llegado al shamadi: se ha alcanzado una percepción cristalina, se ha alcanzado una conciencia integrada. Ahora ya no se puede caer abajo; es tuya. Hasta cuando duermes seguirá estando contigo.
    Más allá de la mente superconsciente está el superconsciente co­lectivo. El superconsciente colectivo es lo que las religiones deno­minan «dios». Y más allá del superconsciente colectivo está el su­perconsciente cósmico, que sobrepasa incluso a los dioses. Buda lo llama nirvana, Mahavira lo llama kaivalya, los místicos hindúes lo han llamado moksha; tú puedes llamarlo la verdad.
    Estos son los nueve estados de existencia. Y tú estás viviendo solo en un pequeño rincón de tu ser: la minúscu­la mente consciente. Es como si al-guien tuviera un palacio y se hubiera olvidado por completo del palacio y estuviera viviendo en el porche... y pensara que eso es todo lo que hay.
    Freud y Sri Aurobindo son dos grandes gigantes intelectuales, pione­ros, filósofos, pero los dos están haciendo grandes conjeturas. En lugar de enseñar a los estudiantes la filosofía de Bertrand Russell, Alfred North Whi­tehead, Martin Heidegger o Jean-Paul Sartre, sería mucho mejor que se les enseñara más sobre Sri Aurobindo, porque es el más grande filósofo de esta era. Pero está totalmente relega­do, rechazado por el mundo académico. La razón es que, con solo leer a Sri Aurobindo, te das cuenta de que estás inconsciente. Y él no es un buda todavía, pero aun así es capaz de crear una situación muy embarazosa para ti. Si tiene razón, ¿qué estás haciendo? ¿Por qué no estás explorando las alturas de tu ser?
    Freud fue aceptado con gran resistencia, pero al final fue acep­tado. Sri Aurobindo todavía no ha sido aceptado. De hecho, ni si­quiera encuentra oposición; simplemente, no se le hace ningún caso. Y la razón está clara. Freud habla de algo que está por debajo de nosotros, y eso no resulta tan embarazoso; uno se puede sentir bien sabiendo que está consciente y que debajo de la conciencia hay un subconsciente y un inconsciente y un subconsciente colectivo. Pero todos esos estados están por debajo de ti, tú estás en lo alto, te puedes sentir muy bien. En cambio, si estudias a Sri Aurobindo te sentirás avergonzado, ofendido, porque existen estados por enci­ma de ti, y el ego humano nunca quiere aceptar que exista algo por encima de él. El hombre quiere creer que es el pináculo más alto, la culminación, el Gourishankar, el Everest... que no existe nada por encima de él.
    Y uno se siente muy a gusto. Negando tu propio reino, negando tus propias alturas, te sientes muy bien. Fíjate qué tontería.
    Buda tiene razón cuando dice:
    El tonto duerme como si ya estuviera muerto, pero el maestro
    está despierto y vive eternamente.
    La conciencia es eterna, no conoce la muerte. Solo la incons­ciencia muere. Así pues, si sigues inconsciente, dormido, tendrás que morir otra vez. Si quieres librarte de todo este sufrimiento de nacer y morir una y otra vez, si quieres librarte de la rueda del na­cimiento y la muerte, tienes que llegar a estar absolutamente aler­ta. Tienes que subir cada vez más a las alturas de la conciencia.
    Y estas cosas no se pueden aceptar en el terreno intelectual; es­tas cosas tienen que experimentarse, estas cosas tienen que ser exis­tenciales. No te estoy diciendo que te convenzas filosóficamente, porque la convicción filosófica no aporta nada, ninguna cosecha. La verdadera cosecha solo se obtiene cuando haces un gran esfuerzo por despertarte.
    Pero estos mapas intelectuales pueden generar en ti un deseo, un anhelo. Pueden hacerte consciente del potencial, de lo posible; pueden hacerte consciente de que no eres lo que pareces ser; De que eres mucho más. "'.
    El tonto duerme como si ya estuviera muerto, pero el maestro está despierto y vive eternamente. Está vigilante. Tiene claridad.
    Simples y bellas afirmaciones. La verdad es siempre simple y siempre bella. Solo hay que ver lo simples que son estas dos afir­maciones... pero lo mucho que contienen. Mundos dentro de mun­dos, mundos infinitos. Está vigilante. Tiene claridad:
    Lo único que hay que aprender es a estar vigilante. ¡Vigila! Vigi­la todas tus acciones. Vigila todos los pensamientos que pasan por tu mente. Vigila todos los deseos que se apoderan de ti. Vigila in­cluso los pequeños gestos: andar, hablar, comer, tomar un baño. Si­gue vigilándolo todo. Deja que todo se convierta en una oportunidad para vigilar.
    No comas mecánicamente, no te limites a engullir. Mantente muy alerta. Mastica bien y no dejes de estar aler­ta... y te sorprenderá lo mucho que te has perdido hasta ahora, porque cada bocado te proporcionará una enorme satisfacción. Si comes vigilantemente, la comida será más sabrosa. Incluso la comida vulgar sabe bien si estás alerta; y si no lo estás, ya puedes comer la comida más sabrosa, que no tendrá sabor porque no hay nadie que lo ad­vierta. Simplemente, seguirás engu­llendo. Come despacio, con atención; cada bocado hay que masticarlo y saborearlo.
    Huele, toca, siente la brisa y los rayos de sol. Mira la luna conviértete en un estanque callado y, vigilante, y la luna se reflejará en ti con enorme belleza.
    Muévete por la vida manteniéndote en constante vigilancia. Se te olvidará una y otra vez. No te atormentes por ello; es natural. Du­rante millones de vidas, nunca has intentado estar alerta, así que es lógico y natural que te olvides una y otra vez. Pero en cuanto te acuerdes, vuelve a vigilar.
    Recuerda una cosa: cuando recuerdes que te has olvidado de vi­gilar, no te pongas triste, no te arrepientas; si lo haces, estarás per­diendo el tiempo otra vez. No te sientas miserable: «Me he vuelto a perder.» No empieces a sentir «soy un pecador». No empieces a condenarte, porque eso es una pura pérdida de tiempo. ¡Nunca te arrepientas del pasado! Vive en el momento. Si te has olvidado, ¿qué más da? Era natural. Se ha convertido en un hábito y los hábitos son difíciles de extirpar. Y no se trata de hábitos adquiridos en una sola vida; son hábitos asimilados durante millones de vidas. Así pues, si eres capaz de mantenerte alerta aunque solo sea unos mi­nutos, puedes estar agradecido. Inclu­so esos pocos minutos son más de lo que cabía esperar.
    Está vigilante. Tiene claridad.
    Y cuando vigilas, surge la claridad.
    ¿Por qué surge claridad de la vigilan­cia? Porque cuanto más alerta estás, más disminuyen todas tus prisas. Te mueves con más gracia. Cuando estás alerta, tu mente parlanchina parlotea menos, porque la energía que se dedi­caba a parlotear se dedica a la vigilan­cia y se convierte en vigilancia. ¡Es la misma energía! A partir de ahí, cada vez es más la energía que se transfor­ma en vigilancia, y la mente no recibe su ración. Los pensamientos empiezan a adelgazar, empiezan a perder peso. Poco a poco empe­zarán a morir. Y cuando los pensamientos empiezan a morir, surge la claridad. Ahora tu mente se transforma en un espejo.
    ¡Qué feliz es! Y cuando uno tiene claridad, uno es bienaventura­do. La confusión es la causa de todo sufrimiento; la claridad es la base de la felicidad. ¡Qué feliz es! Porque ve que estar despierto es vivir.
    Y ahora sabe que no existe la muerte, porque su estado despier­to no se puede destruir. Cuando llegue la muerte, también la vigi­larás. Morirás vigilando; la vigilancia no morirá. Tu cuerpo desaparecerá, el polvo al polvo, pero tu vigilancia quedará. Se convertirá en parte de la totalidad cósmica. Se convertirá en conciencia cósmica.
    En estos momentos, los profetas de los Upanishads declaran
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  • ¿QUÉ ES LA MEDITACIÓN? La meditación es LÚDICA - *OSHO* AUDIOLIBRO
    QUÉ ES LA MEDITACIÓN?
    La meditación es LÚDICA
    La meditación no es algo propio de la mente, sino algo que está más allá de ella. Y el primer paso es asumir una actitud lúdica frente a la medita­ción. Si tomas la meditación como al­go divertido, la mente no podrá des­truir tu meditación. Si no lo haces, la transformará en otro viaje del yo y te tornará muy serio. Comenzarás a pen­sar: "Soy un gran meditador. Soy más sagrado que el resto de la gente, mientras que todo el mundo es terre­nal, soy religioso, soy virtuoso." Es esto lo que les ha sucedido a miles de así llamados santos, moralistas, puri­tanos: solamente están jugando jue­gos del yo, sutiles juegos del yo.
    Por eso quiero cortar esto de raíz desde el principio. Enfrenta la medi­tación con una actitud lúdica. Es una canción para ser cantada, una danza para ser danzada. Tómala como diver­sión y te sorprenderás: si puedes asu­mir en forma lúdica la meditación, és­ta se desarrollará a pasos agigantados.
    Pero tú no estás anhelando logro alguno. Simplemente, estás disfrutan­do de sentarte en silencio, gozando el mero acto de sentarte en silencio. No se trata de que estés a la espera de al­gún poder de yogui, siddhis,* mila­gros. Todo eso no tiene sentido: es la misma tontería de antes, el mismo viejo truco, pero con nuevas palabras, en un nuevo plano... La vida como tal debe ser entendida como un chiste del cosmos. Entonces, de repente, te rela­jarás porque no hay nada por lo que tensionarse. Y, en esa misma relaja­ción, algo empieza a cambiar en ti: hay un cambio radical, una transfor­mación. Y las pequeñas cosas de la vi­da comienzan a cobrar un nuevo sen­tido, una nueva significación. Enton­ces, nada es pequeño, todo empieza a tomar un nuevo sabor, una nueva at­mósfera. Uno empieza a sentir una es­pecie de santidad por todas partes. Uno no se transforma en cristiano, no se transforma en hindú, no se trans­forma en mahometano. Uno simple­mente se vuelve un amante de la vida. Uno aprende una sola cosa: cómo go­zar de la vida.
    Pero gozar de la vida es el camino hacia Dios. ¡Danza tu camino hacia Dios, ríe tu camino hacia Dios, canta tu camino hacia Dios! ( 1 )
    La meditación es CREATIVA
    Hasta ahora, has vivido de determi­nada manera. ¿No te gustaría vivir de otro modo? Hasta ahora, has pensado
    en cierta forma. ¿No te gustaría algu­na nueva vislumbre en tu ser? Enton­ces, manténte alerta y no escuches a la mente. La mente representa al pa­sado que permanentemente intenta controlar tu presente y tu futuro. Es el pasado muerto que sigue controlando el presente vivo. Simplemente, toma conciencia de esto.
    ¿Pero cuál es la manera? ¿Cómo continúa haciéndolo la mente? La mente lo hace con su método. Dice: "Si no me prestas atención, no serás tan eficiente como yo. Si repites lo antiguo, puedes lograr mayor eficien­cia, porque ya lo has hecho antes. Si emprendes algo nuevo, no puedes ser tan eficiente." La mente sigue hablan­do como un economista, como un ex­perto en eficiencia. Sigue diciendo: "Esto es más fácil de hacer. ¿Por qué hacerlo de la forma dificultosa? Ésta es la vía que ofrece menor resisten­cia."
    Recuerda: siempre que tengas dos opciones, dos alternativas, elige la nueva. Opta por la más difícil, aquella en la cual sea necesario un mayor co­nocimiento. A costa de la eficiencia, elige siempre el conocimiento, y ge­nerarás una situación en la cual se ha­ga posible la meditación. Son sola­mente situaciones. La meditación ten­drá lugar. No estoy afirmando que só­lo creando estas situaciones se consiga la meditación, pero ellas son útiles.
    Generarán en ti la situación necesaria, sin la cual no podría haber meditación. Sé menos eficiente pero más crea­tivo. Deja que éste sea el motor. No te preocupes demasiado por los fines utilitarios. Más bien, recuerda siem­pre que no estás aquí, en la vida, para transformarte en una mercancía. No estás aquí para convertirte en una uti­lidad con escasa dignidad. No estás aquí nada más que para volverte más y más eficiente. Estás aquí para tor­narte más y más vivo. Estás aquí para hacerte más y más inteligente. Estás aquí para volverte más y más feliz, exaltadamente feliz. Pero esto está to­talmente alejado de los caminos de la mente. ( 2 )
    La meditación es CONCIENCIA
    Cualquier cosa que hagas, hazla con profunda conciencia. Entonces, inclusive las cosas pequeñas se trans­forman en sagradas. Entonces, coci­nar o limpiar se transforma en cosas sagradas; se hace culto de ellas. No se trata de qué es lo que haces, sino de cómo lo haces. Puedes limpiar el piso como un robot, un artefacto mecáni­co; tienes que limpiarlo, así que lo ha­ces. Entonces, te pierdes algo hermo­so. Así, malgastas esos momentos na­da más que en limpiar el piso. Lim­piar el piso podía haber sido una ex­periencia grandiosa. Te la perdiste. El suelo está limpio, pero algo que podía haber pasado en tu interior no ha pasado. Si hubieras tenido conciencia, tú también (y no sólo el piso) habrías sentido el efecto de una profunda pu­rificación. Limpia el piso con plena conciencia, con el brillo del conoci­miento. Trabaja, siéntate o camina, pero con un hilo conductor: ilumina más y más momentos de tu vida con la conciencia. Deja que la vela del co­nocimiento se encienda en cada mo­mento, en cada acto. El efecto acumu­lativo de todos los momentos juntos los transforma en una gran fuente de luz. ( 3 )
    La meditación es tu NATURALEZA
    ¿Qué es la meditación? ¿Es una téc­nica que se puede practicar? ¿Es un esfuerzo que tienes que hacer? ¿Es al­go que la mente puede lograr? No. Todo lo que la mente es capaz de ha­cer no puede ser meditación. Se trata de algo que está más allá de la mente, y en ese terreno la mente resulta abso­lutamente inútil. La mente no puede acceder a la meditación. Donde termi­na la mente, comienza la meditación. Es necesario recordar esto, porque en nuestras vidas, hagamos lo que haga­mos, lo hacemos a través de la mente; sea lo que sea lo que logramos, lo lo­gramos a través de la mente. Y enton­ces, cuando nos volvemos hacia adentro, nuevamente empezamos a pensar en términos de técnicas, métodos, ac­ciones, porque toda la experiencia de vida nos muestra que la mente puede lograrlo todo. Sí, a excepción de la meditación, la mente puede lograrlo todo. Todo lo ejecuta la mente, salvo la meditación. Porque la meditación no es un logro; es un estado previo: es tu naturaleza. No es necesario adqui­rirla; sólo es preciso reconocerla, sólo hay que recordarla. Está allí esperán­dote: basta con darte vuelta y está a tu disposición. Te ha estado acompañan­do desde siempre.
    La meditación es tu naturaleza in­trínseca: eres tú, es tu ser, no tiene na­da que ver con tus acciones. No puedes tenerla y no puedes no tenerla. No puede ser poseída, pues no es una co­sa. Eres tú mismo. Es tu ser. ( 4 )
    La meditación es INACCIÓN
    Cuando la gente viene y me pre­gunta "¿Cómo hago para meditar?", yo le respondo: "No es necesario pre­guntar cómo se medita. Pregunta có­mo hacer para permanecer libre de ocupaciones. La meditación se produ­ce espontáneamente. Sólo pregunta cómo tener tiempo libre de ocupacio­nes: eso es todo. En esto consiste to­do el truco de la meditación: en cómo permanecer libre de ocupaciones. En­tonces, no puedes hacer nada: la me­ditación habrá de florecer."
    Cuando no estás haciendo nada, la energía se desplaza hacia el centro, se instala en el centro. Cuando estás ha­ciendo algo, la energía se dirige hacia afuera. Actuar es una forma de salirse de uno mismo. No actuar es una for­ma de entrar en uno. Las ocupaciones son un medio de escape. Puedes leer la Biblia, puedes transformarlo en una ocupación. No hay diferencia alguna entre una ocupación religiosa y una secular: todas son ocupaciones y te ayudan a quedarte en la parte exterior de tu ser. Son excusas para quedarse del lado de afuera.
    El hombre es ignorante y ciego, y quiere seguir siéndolo, porque le pa­rece que volverse hacia el interior es como entrar en un caos. Y así es. En tu interior, has generado un caos. Tie­nes que salir a su encuentro y superar­lo. Se requiere coraje: coraje para ser uno mismo, y coraje para meterse dentro de uno mismo. No conozco co­raje más grande que ese coraje de ser meditativo.
    Pero la gente que se queda en la parte exterior, ya sea con cosas terre­nales o no terrenales, pero igualmente con ocupaciones, piensa... y ha dado origen a un rumor a su alrededor: tie­nen sus propios filósofos, que dicen que, si eres un introvertido, de alguna manera estás enfermo, algo no anda bien contigo. Y constituyen la mayo­ría. Si meditas, si te sientas en silen­cio, se burlarán de ti:
    "¿Qué estás haciendo? ¿Mirándote fijamente el ombligo? ¿Abriendo el tercer ojo? ¿Adónde vas? ¿Estás en­fermo?... Porque, ¿qué hay para hacer en el interior? No hay nada."
    Para la mayoría de la gente, el inte­rior no existe; sólo consideran que existe el afuera. Y en realidad es exac­tamente al revés: sólo el adentro es real; el afuera no es más que un sue­ño. Pueden llamar enfermos a los introvertidos, pueden llamar enfermos a los meditadores. En Occidente, pien­san que el Oriente está algo perturba­do: ¿cuál es la finalidad de sentarse solo y dirigir la mirada hacia adentro? ¿Qué va uno a encontrar allí? No hay nada.
    David Hume, uno de los grandes filósofos británicos, lo intentó una vez... porque estaba estudiando los Upanishads * y éstos repetían: "Entra, entra, entra." Éste era su único mensa­je. Así que lo intentó. Un día cerró los ojos (un hombre totalmente profano, muy lógico, empírico, pero en absolu­to meditativo), cerró sus ojos y excla­mó:
    "¡Es tan aburrido! Es aburrido mi­rar hacia el interior de uno mismo. Los pensamientos se movilizan, a ve­ces algunas emociones también, pero siguen disparándose en la mente, y tú continúas observándolas. ¿Con qué objetivo? Es inútil. No tiene sentido."
    Y así lo entiende mucha gente. La perspectiva de Hume es la de la mayor parte de la gente. ¿Qué estás haciendo para llegar al interior de ti mismo? Hay oscuridad, pensamientos flotan­do aquí y allá. ¿Qué harás? ¿Qué sal­drá de esto? Si Hume hubiera espera­do un poco más (lo cual es difícil pa­ra personas como él), si hubiera sido un poco más paciente, a medida que los pensamientos desaparecen, las emociones se serenan. Pero, si esto le hubiera ocurrido a Hume, habría di­cho:
    "Esto es aun peor, porque viene el vacío. Al menos, antes había pensa­mientos, algo de que ocuparse, para observar, algo en que pensar. Ahora, han desaparecido hasta los pensa­mientos; queda sólo el vacío... ¿Qué hacer con el vacío? Es absolutamente inútil."
    Pero, si hubiera esperado un poco más, entonces también hubiera desa­parecido la oscuridad. Es como cuan do dejas un lugar iluminado por el cá­lido sol y entras a la casa: todo se ve oscuro porque tus ojos necesitan po­nerse un poco a tono. Están adaptados al cálido sol de afuera; en compara­ción, tu casa parece oscura. No pue­des ver; te sientes como si fuera de noche. Pero esperas, te sientas, des­cansas en una silla y, tras unos segun­dos, tus ojos se adaptan. Ahora, ya no está oscuro, un poco más de luz... Descansas una hora y todo es lumino­so, no hay oscuridad para nada.
    Si Hume hubiera esperado un poco más, la oscuridad también se hubiera desvanecido. Como has pasado en el cálido sol de afuera muchas vidas, tus ojos se han acomodado a él, han per­dido la flexibilidad. Necesitan un ajus­te. Cuando uno entra a la casa, le lleva un ratito, algo de tiempo y de pacien­cia. No te apresures.
    Nadie puede llegar a conocerse a sí mismo con apuro. Es una espera muy, muy profunda. Se necesita una pacien­cia infinita. Lentamente, la oscuridad desaparece. Surge una luz que no pro­viene de fuente alguna. No tiene llama, no hay una lámpara encendida, tampo­co está el sol allí. Una luz, tal como aparece a la mañana, cuando la noche ha desaparecido y el sol aún no ha sali­do... O como a la tarde, en el crepúscu­lo, cuando el sol se ha puesto y todavía no ha caído la noche. Ésta es la razón por la cual los hindúes denominan a su oración sandhya. Sandhya significa crepúsculo, luz que carece de fuente.
    Cuando te dirijas hacia el interior, llegarás a la luz que carece de fuente. En esa luz, por primera vez, comienzas a comprenderte a ti mismo y a en­tender quién eres, porque tú eres esa luz. Tú eres ese crepúsculo. Tú eres esa sandhya, esa pura claridad, esa percepción, donde el observador y lo observado desaparecen, permanecien­do sólo la luz. ( 5 )
    La meditación es ser TESTIGO
    La meditación comienza por sepa­rarse de la mente, por ser un testigo. Ésta es la única manera de separarse
    de algo. Si estás mirando hacia la luz, naturalmente, una cosa es segura: tú no eres la luz; eres quien está miran­do la luz. Si estás observando las flo­res, una cosa es segura: tú no eres la flor; eres el observador.
    La contemplación es la clave de la meditación. Contempla tu mente. No hagas nada: ni repetir un man­tra, ni repetir el nombre de Dios. Só­lo observa lo que la mente hace. No la perturbes, no la obstaculices, no la re­primas; no emprendas nada por tu parte. Limítate a ser un observador. Y el milagro de la contemplación es la meditación. A medida que observes, lenta, lentamente, la mente se vaciará de pensamientos. Pero no te estás quedando dormido; estás cada vez más alerta, más consciente.
    Cuando la mente se vacía por com­pleto, toda tu energía se transforma en una llama de despertar. Esta llama es el resultado de la meditación. Así que puedes decir que la meditación es otro nombre de la contemplación, del ser testigo, de la observación, sin emitir juicio ni evaluación alguna. Sólo por medio de la contemplación, saldrás de inmediato de la mente...
    Todo lo que el yogui Maharishi Mahesh y otros como él hacen está bien, pero llaman meditación a algo que no lo es. Allí es donde están guiando a la gente por un camino errado. Si hubieran seguido siendo sinceros y auténticos, y le hubieran dicho a la gente que esto traería salud mental, salud física, una vida más re­lajada, una existencia más pacífica, hubiera sido correcto. Pero, una vez que comenzaron a llamarla "medita­ción trascendental", le habían atribui­do a algo muy trivial una grandiosa significación que no le corresponde. La gente ha participado de la medita­ción trascendental durante años y, en Oriente, durante miles de años. Pero esto no se ha transformado, para la gente, en un mayor autoconocimien­to, y no los ha convertido en Buda Gautama.
    Si deseas entender exactamente qué es la meditación, el Buda Gauta­ma es el primer hombre que arribó a una definición correcta y precisa: es ser testigo. ( 6 )
    La meditación es un SALTO
    Nunca puedes ir más allá de la mente si sigues utilizándola. Tienes que dar un salto, y la meditación im­plica ese salto. Ésta es la razón por la cual la meditación es ilógica, irracio­nal. Y no se la puede tornar lógica; no se la puede reducir a la razón. Tienes que experimentarla. Únicamente si pasas por esta experiencia, adquieres conocimiento. Así que intenta esto: no pienses en ella; intenta, trata de ser testigo de tus propios pensamientos. Siéntate, relajado, cierra los ojos, de­ja fluir tus ideas como fluyen las imá­genes en una pantalla. Obsérvalas, míralas, hazlas tus objetos. Surge un pensamiento: contémplalo profundamente. No pienses en él; sólo obsér­valo. Si empiezas a pensar en él, no serás testigo: habrás caído en la tram­pa.
    Hay afuera una bocina. Surge una idea: "está pasando un auto"; o ladra un perro, o algo sucede. No pienses en ello; sólo contempla la idea. El pensamiento ha surgido, ha tomado forma. Aunque sea por un solo instan­te, si eres capaz de observar el proce­so de pensamiento sin pensar en él, habrás aprendido a ser testigo y ha­brás ganado algo al serlo. Es un gus­to, un gusto diferente del pensar (to­talmente diferente). Pero es necesario experimentar con él. La religión y la ciencia son polos opuestos, pero en algo se parecen y ponen el acento en lo mismo: la ciencia depende de la ex­perimentación, al igual que la reli­gión. Sólo la filosofía es no experi­mental. La filosofía sólo depende del pensar. Tanto la religión como la cien­cia dependen de la experiencia: en el caso de la ciencia, con objetos; en el caso de la religión, con tu subjetivi­dad. La ciencia depende de la experi­mentación con cosas, no contigo; y la religión depende de la experimenta­ción directa contigo.
    Es difícil, porque en la ciencia el experimentador está allí, el experi­mento está allí y el objeto que va a ser experimentado también. Hay tres co­sas: el objeto, el sujeto y el experi­mento. En la religión, tú eres estas tres cosas al mismo tiempo. Debes experimentar contigo mismo. Tú eres el sujeto, el objeto y el laboratorio. No sigas pensando. Comienza por al­gún lado, empieza a experimentar. Entonces, tendrás una sensación di­recta de lo que es pensar y lo que es ser testigo. Y así llegarás a saber que no puedes hacer las dos cosas en for­ma simultánea, así como no puedes correr y estar sentado al mismo tiem­po. Si corres, no puedes estar sentado, entonces no te sientas. Y si estás sen­tado, no puedes correr. Pero sentarse no es la función de las piernas. Correr es la función de las piernas; no sentar­se. En realidad, sentarse es la no fun­ción de las piernas. Cuando las pier­nas están funcionando, no estás senta­do. Sentarse es la no función de las piernas; correr es su función.
    Lo mismo ocurre con la mente: pensar es una función de la mente; ser testigo implica una no función de la mente. Cuando la mente no está fun­cionando, puedes ser testigo, y enton­ces tienes la conciencia. ( 7 )
    La meditación es CIENTÍFICA
    La meditación es un método puro y científico. En ciencia, se llama ob­servación, observación de los obje­tos. Cuando miras hacia tu interior, es la misma observación, sólo que haciendo un giro de ciento ochenta grados y dirigiendo la mirada hacia adentro. Ésta es la razón por la cual la llamamos meditación. No es nece­sario Dios alguno, así como no es necesaria Biblia alguna. No es nece­sario, como prerrequisito, tener un sistema de creencias.
    Un ateo puede meditar, así como puede hacerlo cualquier persona, por­que la meditación no es sino un méto­do de volverse hacia el interior. ( 8 )
    La meditación es un EXPERIMENTO
    ¿No crees en Dios? Eso no es un impedimento para la meditación. ¿No crees en el alma? Eso no es un impe­dimento en la meditación. ¿No crees en nada? Eso no es un obstáculo. Pue­des meditar, pues la meditación sim­plemente indica cómo acceder al inte­rior de uno mismo: si hay o no un al­ma no tiene importancia, así como no la tiene si existe o no un Dios.
    Una cosa es segura: que tú existes. Si seguirás existiendo después de la muerte o no, no interesa. Sólo impor­ta una cosa: en este preciso momento, tú existes. ¿Quién eres? Para acceder a ello, está la meditación: para pene­trar más hondo en tu propio ser. Tal vez sea sólo algo momentáneo; tal vez no seas eterno; tal vez la muerte ponga fin a todo. No imponemos con­dición alguna en que estés obligado a creer. Sólo decimos que tienes que probar. Simplemente inténtalo. Un día sucede: los pensamientos no están allí. Y de repente, cuando las ideas desaparecen, tú quedas separado de tu cuerpo, pues los pensamientos consti­tuyen el puente entre ambos. A través de ellos, estás unido al cuerpo. Cons­tituyen el nexo. En forma repentina, el nexo desaparece: tú estás allí, el cuerpo también está allí, y hay un in­finito abismo entre ambos. Entonces, sabes que el cuerpo ha de morir, en tanto que tú no puedes morir.
    Entonces, no se trata de algo como un dogma; no es un credo, es una ex­periencia que se comprueba por sí misma. Ese día, la muerte desaparece.
    Ese día, la duda desaparece, porque ya no necesitas estar permanentemen­te defendiéndote. Nadie puede des­truirte: eres indestructible. Entonces, la confianza surge, se desborda. Y te­ner confianza es estar en éxtasis; tener confianza es estar en Dios; tener con­fianza es estar satisfecho.
    Así que yo no hablo de cultivar la confianza, sino de experimentar la meditación.
    La meditación es SILENCIO
    La mente implica palabras; el yo, silencio. La mente no es sino la suma­toria de todas las palabras que has acumulado. El silencio es algo que siempre ha estado contigo, no es una acumulación. Éste es el significado del yo: es tu cualidad intrínseca. So­bre el fondo del silencio, continúas acumulando palabras, y la sumatoria de todas las palabras es lo que se co­noce como mente. El silencio es me­ditación. Es una cuestión de cambiar la percepción de la forma, de desviar la atención de las palabras hacia el si­lencio, que siempre ha estado allí. ( 10 )
    La meditación es el PASO
    La meditación es un estado natural, que hemos perdido. Es un paraíso perdido, pero el paraíso puede ser re­cuperado. Mira a los niños a los ojos... Míralos y verás un gran silen­cio, una inocencia. Cada niño viene con un estado meditativo, pero debe ser iniciado en los caminos de la so­ciedad: hay que enseñarle a pensar, a calcular, a razonar, a discutir; hay que enseñarle las palabras, el lenguaje, los conceptos. Y lenta, lentamente, pierde contacto con su propia inocencia. Se contamina, es corrompido por la so­ciedad. Se transforma en una maqui­naria eficiente; deja de ser un hombre.
    Todo lo que se necesita es recupe­rar ese espacio una vez más. Alguna vez lo conociste, así que, cuando te acercas a la meditación por primera vez, te sorprendes, pues un gran sen­timiento surgirá en ti como si lo hu­bieras experimentado previamente. Y esa sensación es real: lo has vivido antes, pero lo has olvidado. El dia­mante se ha perdido en medio de un montón de basura. Pero, si eres capaz de descubrirlo, hallarás nuevamente el diamante: te pertenece.
    No puede perderse verdaderamen­te: sólo se puede olvidar. Nacemos como meditadores y después apren­demos los caminos de la mente. Pero nuestra naturaleza real permanece es­condida en algún lugar, en las profun­didades, como una corriente submari­na. Cualquier día, una pequeña exca­vación, y encontrarás la fuente de la que aún fluye agua fresca. Y encon­trarla es uno de los más grandes pla­ceres de la vida. ( 11 )
    La meditación es REMINISCENCIA
    Dondequiera que estés, recuerda que tú existes. Esta conciencia de tu existencia debe tornarse una continui­dad. No tu nombre, tu casta, tu nacio­nalidad. Ésas son cosas fútiles, abso­lutamente vanas. Sólo recuerda: "Yo soy." No hay que olvidar esto. Esto es lo que los hindúes denominan remi­niscencia del yo, lo que Buda llamaba autocontemplación, lo que Gurdjieff solía denominar recuerdo del yo, y lo que Krishnamurti llama conciencia.
    Ésta es la parte más sustancial de la meditación: recordar que "yo soy". Mientras camines, estés sentado, co miendo o hablando, recuerda el "yo soy". Nunca lo olvides. Será muy dificultoso y arduo. Al comienzo, los olvidos serán permanentes; sólo ha­brá momentos sueltos en los cuales te sentirás iluminado, que luego se per­derán. Pero no te sientas mal: aun es­tos momentos sueltos son mucho. Siempre que puedas volver a recor­dar, retoma el hilo. Cuando olvides, no te preocupes. Recuerda nuevamen­te, vuelve a retomar el hilo, y poco a poco las brechas se irán reduciendo, los intervalos comenzarán a perderse, y surgirá una continuidad. Y cuando tu conciencia adquiere continuidad, no necesitas usar la mente. Entonces, no hay planificación; es tu conciencia y no tu mente la que dirige tus actos. Entonces, no hay necesidad de defen­sa alguna, no hay necesidad de dar ex­plicación alguna. En consecuencia, eres lo que eres: no hay nada que es­conder. Aquello que eres, lo eres. No puedes hacer otra cosa. Únicamente puedes hallarte en un estado continuo de reminiscencia. A través de esta re­miniscencia, de esta autocontempla­ción, llega la auténtica religión, la au­téntica moralidad. ( 12 )
    La meditación es LIBERTAD
    Si la vida fluye hermosa, natural­mente, si no hay maestros negativos para la vida, si no hay ni políticos ni sacerdotes que te distraigan, enton­ces, cerca de los cuarenta y dos años, exactamente al llegar la madurez se­xual, madura la meditación. Alrede­dor de los cuarenta y dos años, uno comienza a sentirse volcado hacia adentro. Cerca de los catorce años, uno empieza a volcarse hacia los de­más, se torna extravertido. El amor implica extraversión; la relación es pensar en el otro. La meditación es in­troversión, y significa pensar en el propio ser, en el centro de uno mismo.
    Entre los catorce y los cuarenta y dos años, se produce un cambio. Poco a poco, uno vive la vida, conoce lo que es el amor, sabe de su satisfacción y de su frustración, de su alegría y de su tristeza, de su belleza y de su es­panto, sabe que hay momentos de in­tenso éxtasis y, después, grandes va­lles de oscuridad. Entonces, uno em­pieza poco a poco a volcarse hacia el propio ser, dado que depender del otro nunca puede producir verdadero éxtasis. Si tu placer depende del otro, ese placer nunca puede tener en sí mismo la cualidad de la libertad. Y un placer que no tiene la cualidad de la libertad no es un gran placer. Si eres dependiente respecto del otro, enton­ces hay allí una limitación. El placer al que se accede a través del amor es momentáneo: sólo puedes encontrarte con el otro en algunos momentos; lue­go, te separas y te sientes solo. Entre­tanto, te sientes solo. Sólo por un mo­mento te unes con el otro. Entonces, uno empieza a pensar: "¿Hay alguna manera de hacerse uno con la existen­cia y no sentirse solo nunca más?"
    En esto consiste la meditación. El amor es unirse a la existencia a través de otra persona sólo durante algunos momentos. La meditación es unirse a la existencia eternamente.
    Yoga quiere decir "unir". Esto debe suceder en algún profundo lugar del corazón. Y entonces hay placer y hay libertad. Y entonces hay dicha, pero no seguida de un valle de oscuridad. Entonces, la felicidad es eterna y la celebración es eterna. ( 13 )
    La meditación es SENSIBILIDAD
    Es la luz de la conciencia la que torna preciosas, extraordinarias las cosas. Entonces, las cosas pequeñas dejan de ser pequeñas. Cuando un hombre consciente, sensible y afec­tuoso toca un guijarro de la orilla, és­te se transforma en un diamante. Y si tocas un diamante en tu estado de in­conciencia, no es más que un guijarro ordinario (ni siquiera eso). La profun­didad y el sentido de tu vida serán proporcionales a tu nivel de concien­cia.
    Ahora, la gente se pregunta por to­do el mundo: "¿Cuál es el sentido de la vida?" Evidentemente, el sentido está perdido, porque has perdido la forma de descubrir el sentido, y esta forma es la conciencia. ( 14 )
    La meditación es CRECER
    Envejecer no es algo valioso: todo animal pasa por eso, sin necesidad de usar la inteligencia. El crecimiento es una experiencia totalmente diferente. El envejecimiento es horizontal. El crecimiento es vertical: te lleva a las alturas, y te conduce a las profundida­des. Y habrá de sorprenderte saber que el tiempo es horizontal, lo cual suena bastante extraño. Pasa un mo­mento, luego viene otro momento, otro y otro más... sucediéndose en una línea, en una línea horizontal. El tiem­po es horizontal, tal como lo es la mente. A una idea le sigue otra, y a ésta, otra, y otra, pero en una línea, una hilera, una procesión o un embotellamiento, pero siempre en forma horizontal.
    La meditación es vertical: va más allá de la mente y más allá del tiempo. Y, tal vez, finalmente llegues a la con­clusión de que el tiempo y la mente son equivalentes, son dos nombres del mismo fenómeno: la sucesión de ideas, de momentos. La meditación significa detener tanto el tiempo co­mo la mente, y empezar de repente a elevarse a la eternidad. La eternidad no forma parte del tiempo, y tampoco es un pensamiento; es una experien­cia. ( 15 )
    La meditación es NO ESCAPISTA
    El hombre que vive en el futuro vi­ve una vida falsificada. No vive ver­daderamente; sólo aparenta vivir. Es­pera vivir, lo desea, pero nunca lo ha­ce. Y el mañana nunca llega; siempre es hoy. Lo que viene es siempre aquí y ahora, y el hombre no sabe vivir el "aquí y ahora": sólo sabe escaparle. La forma de escapar al "aquí y ahora" se llama deseo, tanha (que es la pala­bra del Buda que hace referencia a una huida del presente, a un escape de lo real hacia lo irreal).
    El hombre que desea es un escapis­ta.
    Ahora, y esto es muy extraño, se piensa que los meditadores son escapistas. Esto es un completo contrasen­tido. Los meditadores son los únicos no escapistas: todos los demás sí lo son. La meditación implica dejar de lado el deseo, abandonar los pensa­mientos, deshacerse de la mente. La meditación significa relajarse en el momento, en el presente. La medita­ción es lo único en el mundo que no es escapista, a pesar de que se crea que es lo más escapista que hay. Quienes condenan la meditación a menudo lo hacen utilizando el argu­mento de que implica un escape, es­capar de la vida. Sólo dicen cosas sin sentido; no comprenden lo que dicen.
    La meditación no implica escapar de la vida. Es escapar hacia la vida. La mente lleva a escapar de la vida; el deseo es escapar de la vida. ( 16 )
    La meditación es un DON
    Estar en silencio es el arte más simple del mundo. No es una acción, sino una no acción. ¿Cómo puede re­sultar dificultoso?
    ¡Te estoy mostrando el camino de la iluminación a través de la pereza! No hay que hacer nada para alcanzar la, pues está en tu naturaleza. Ya la tienes; sólo que estás tan ocupado con otras actividades que no puedes perci­bir tu propia naturaleza.
    En las profundidades de tu interior es como afuera: la belleza, el silencio, el éxtasis, la dicha. Pero, por favor, a veces ten clemencia contigo: siéntate y no emprendas actividad alguna, ni física ni mental. Relájate, mas no al modo norteamericano... Puesto que he visto tantos libros norteamericanos titulados Cómo relajarse, en los que el título mismo indica que el autor no sabe nada acerca de la relajación: no hay "cómo".
    Sí, está bien: Cómo reparar un au­tomóvil: tienes que hacer algo. Pero no hay acciones como tales en lo con­cerniente a la relajación. Simplemen­te, no hagas nada. Sé que te resultará algo difícil al comienzo. No se debe a que sea dificultoso relajarse, sino a que te has vuelto adicto a la necesidad de hacer algo. Llevará un tiempo su­perar esa adicción.
    Sólo sé y contempla. Ser es no ha­cer y contemplar es también no hacer. Te sientas en silencio sin realizar acti­vidad alguna, siendo testigo de todo lo que suceda. Las ideas darán vueltas en tu mente. Puedes sentir cierta ten­sión en algunas partes del cuerpo; te puede doler la cabeza. Sólo sé testigo de lo que pase, no te identifiques con eso. Observa, sé como un observador que desde la montaña contempla lo que sucede en el valle. Es un don, no un arte.
    La meditación no es una ciencia, no es un arte. Es un don; no más que eso. Todo lo que necesitas es un poco de paciencia.
    Los viejos hábitos habrán de per­durar; las ideas seguirán precipitándo­se. Y tu mente siempre está como si fuera la hora pico, con el tránsito apretado. Tu cuerpo no está acostum­brado a sentarse en silencio: te move­rás y te darás vuelta. No hay de qué preocuparse. Simplemente, observa que el cuerpo se está moviendo y se está dando vuelta, que la mente está convulsionada, llena de ideas (consis­tentes, inconsistentes, fútiles), fanta­sías, sueños. Quédate en el centro, ob­servando.
    Todas las religiones del mundo le han enseñado a la gente a hacer algo: detener el proceso de pensamiento, forzar el cuerpo a asumir una postura inmóvil. En esto consiste el yoga: en una larga práctica para forzar al cuer­po a una postura inmóvil. Pero un cuerpo forzado no está inmóvil. Y las oraciones, las concentraciones, las contemplaciones de todas las religio­nes hacen lo mismo con la mente: la fuerzan, no permiten que los pensa­mientos fluyan. Sí, tienes la capaci­dad de hacerlo. Y, si insistes, puedes detener el proceso de pensamiento. Pero esto no es lo real, es absoluta­mente fingido.
    Cuando la inmovilidad viene por sí misma, cuando el silencio se instala sin que hagas esfuerzo alguno, cuan­do contemplas los pensamientos y lle­ga un momento en que empiezan a desaparecer las ideas y comienzan a producirse silencios, es hermoso. Los pensamientos se detienen por sí solos si no te identificas, si continúas en la posición del testigo y no dices: "Éste es mi pensamiento."
    No dices: "Esto está bien; esto está mal", "Esto debería estar allí' y "Es­to no tendría que estar ahí". Si lo hi­cieras, ya no serías un observador: tendrías prejuicios, ciertas actitudes. Un observador no tiene prejuicios, no emite juicios de valor; sólo refleja lo que ve, como un espejo.
    Cuando pones algo frente a un es­pejo, éste simplemente refleja lo que está delante. No juzga que el hombre es feo, o que es hermoso, ni dice:
    "¡Ay! ¡Qué bonita nariz tienes!" El espejo no tiene nada que decir. Su na­turaleza es reflejar, y refleja. Ésta es la razón por la cual hablo de medita­ción: tú sólo reflejas todo lo que suce­de por dentro o por fuera.
    Yo te lo garantizo... Puedo garanti­zarlo porque me ha pasado a mí y le ha pasado a mucha de mi gente. Sólo mira con paciencia; tal vez pasen unos pocos días, quizás hasta unos pocos meses, o tal vez unos pocos años. No hay forma de anticiparlo, puesto que cada individuo tiene un ritmo diferente.
    Debes haber visto a la gente que junta antiguas estampillas de correo. Cada uno tiene una colección diferen­te; la cantidad puede ser diversa, por lo tanto el tiempo que le lleve a cada uno será diferente; pero trata de seguir como testigo hasta tanto puedas ha­cerlo. Y esta meditación no necesita un tiempo especial. Puedes limpiar el piso y permanecer en silencio obser­vándote a ti mismo limpiando el piso.
    Puedo mover la mano sin concien­cia de ello, sin observarla, o bien pue­do moverla con plena conciencia. Y hay una diferencia cualitativa. Cuan­do la mueves en forma inconsciente, es mecánico. Cuando la mueves en forma consciente, hay gracia. Incluso en la mano, que forma parte de tu cuerpo, sentirás silencio, indiferencia.
    ¿Y qué decir de la mente? Con tu permanente observación, lentamente comienza a reducirse más y más la precipitación de ideas. Comienzan a aparecer momentos de silencio; apa­rece un pensamiento y después hay si­lencio antes de que aparezca otro pen­samiento.
    Estas lagunas te brindarán la pri­mera vislumbre de meditación y el primer placer de estar llegando a puerto. ( 17 )
    La meditación es CLARIDAD
    Una vez que comprendes qué es la meditación, las cosas se aclaran mu­cho. Si no, puedes seguir andando a tientas en la oscuridad. La meditación es un estado de claridad, no un estado de la mente. La mente implica confu­sión; nunca es clara: no puede serlo. Los pensamientos crean nubes a tu al­rededor; nubes sutiles. Éstas generan una neblina, y se pierde la claridad. Cuando las ideas desaparecen, cuan­do no hay más nubes a tu alrededor, cuando te centras sólo en tu ser, se produce la claridad. Entonces, puedes ver mucho más lejos; puedes ver has­ta los confines mismos de la existen­cia. Entonces, tu mirada se torna penetrante, y llega hasta el centro mis­mo del ser.
    La meditación es claridad, absolu­ta claridad, de la visión. No puedes pensar en eso. Debes dejar de pen­sar.( 18 )
    La meditación es VACÍO
    Durante siglos se ha estado en con­tra del vacío. El vacío es maravilloso. Gente tonta ha estado diciéndote: "La mente en blanco es obra del Diablo." ¡La mente en blanco es obra de Dios! La mente ocupada constituye una obra del Diablo.
    Pero es necesario estar verdadera­mente vacío. Ser holgazán no signifi­ca estar vacío; no hacer nada no signi­fica estar vacío: miles de ideas vocife­ran en tu interior. Puedes ser holgazán desde lo que se ve de afuera, pero en tu interior puede haber mucho traba­jo.
    Pueden alzarse muchas paredes, pueden estarse preparando nuevas prisiones para que, cuando te hartes de las viejas, puedas acceder a las nuevas. En cualquier momento, pue­den quebrarse las viejas cadenas; por eso, puedes estar creando cadenas nuevas por si se rompen las viejas. Entonces, te sentirás muy vacío.
    De vez en cuando sucede natural­mente, porque es tu misma naturaleza ser libre. Entonces, de vez en cuando, a pesar de ti... mirando un atardecer, de repente olvidas todos tus deseos. Olvidas toda ansia, todos tus anhelos de placer.
    El atardecer es tan hermoso, tan so­brecogedor, que olvidas el pasado y el futuro: sólo queda el presente. Eres uno con el momento, no hay un ob­servador y un observado. El observa­dor se transforma en el objeto obser­vado. Tú no estás separado del atarde­cer.
    Te une un puente a él. En esta co­munión accedes a un claro, y en vir­tud de él te sientes alegre. Pero nueva­mente vuelves a caer en el agujero ne­gro, por la simple razón de que, para salir al claro, necesitas el coraje de quedarte bajo el cielo vacío.
    Esto es lo que llamo sannyas. Denomino a este coraje sannyas: no escapar, sino llegar al claro, con­templando el cielo sin nubes, oyendo los cantos de los pájaros sin distorsio­nes. Y, entonces, una y otra vez te vas adaptando al vacío y al placer de estar vacío.
    Lenta, lentamente, ves que el vacío es algo más que el vacío. Implica una plenitud, una plenitud de algo de lo que nunca has tenido conciencia, una plenitud de algo que nunca has sabo­reado.
    Es decir que al principio parece vacío, y al final está lleno, totalmente lleno, abrumadoramente lleno. Está lleno de paz, está lleno de silencio, es­tá lleno de luz. ( 19 )
    La meditación es INTELIGENCIA
    Mantén una mirada profunda den­tro de tu mente: fíjate cuáles son sus motivaciones. Cuando haces algo, busca de inmediato la motivación pues, si ésta se te escapa, la mente se­guirá engañándote y diciéndote que la motivación es otra. Por ejemplo: lle­gas a casa enojado y golpeas a tu hijo. Tu mente dirá: "Es por su bien, para enseñarle a comportarse." Esto es una racionalización. Busca más profunda­mente... Estabas enojado y buscabas a alguien con quien pudieras enfurecer­te. No podías pelearte con el jefe de la oficina, pues él es demasiado fuerte para enfrentarlo: sería un riesgo, ade­más de un peligro desde el punto de vista económico. Necesitabas a al­guien indefenso. Ahora, como este ni­ño está totalmente indefenso, depende de ti; no puede reaccionar, no puede hacer nada, no puede pagarte con la misma moneda. No podrías encontrar una víctima más perfecta.
    Reflexiona: ¿estás enojado con el niño? Si lo estás, quiere decir que la mente te está embaucando.
    La mente te engaña permanente­mente, las veinticuatro horas del día, y tú contribuyes a ello. Entonces, al final, te sientes miserable y te ganas el infierno. Busca en todo momento la motivación correcta. Si puedes encon­trarla, la mente tendrá cada vez me­nos posibilidades de engañarte. Y, cuanto más te alejes de la impostura, tanto más capaz serás de moverte más allá de la mente, y de transformarte en maestro.
    Me he enterado...
    Un científico le decía a un amigo: -No entiendo por qué insistías en que tu mujer usara un cinturón de cas­tidad mientras fuimos a la conven­ción. Después de todo, entre nosotros, como viejos camaradas, con la cara y la figura de Emma, ¿quién querría...? -Lo sé, lo sé -respondió el otro-. Pero, cuando vuelvo a casa, siempre puedo decir que he perdido la llave.
    Reflexiona, busca la motivación in­consciente. La mente sigue intimidán­dote y dominándote, porque no eres capaz de ver sus verdaderas motiva­ciones. Una vez que una persona pue­de descubrir las verdaderas motiva­ciones, la meditación está muy cer­ca... porque entonces la mente deja de ejercer dominio sobre ella.
    La mente es un mecanismo, carece de inteligencia. La mente es una com­putadora biológica, ¿cómo podría ser inteligente? Tiene cierta habilidad, pero no tiene inteligencia; tiene una utilidad funcional, pero carece de conciencia. Es un robot; funciona bien, pero no debes escucharla dema­siado, pues entonces perderás tu inte­ligencia interior. Entonces, es como si le estuvieras pidiendo a una máquina que te guiara, que te conduciera. Se lo estarías pidiendo a una máquina que no tiene en sí nada original: no puede tenerlo. Ni una sola idea de la mente es original; siempre es una repetición. Observa: siempre que la mente afirma algo, fíjate que te hace entrar en una rutina. Intenta hacer algo nuevo, y de esa manera disminuirá el poder de do­minación de la mente sobre ti.
    Quienes de alguna manera son creativos siempre pueden transfor­marse sin dificultad en meditadores, mientras que quienes carecen de crea­tividad en sus vidas lo encuentran muy difícil. Si tienes una vida repeti­tiva, la mente tiene demasiado control sobre ti: no puedes alejarte de ella, por temor. Haz algo nuevo cada día. No prestes atención a la antigua ruti­na. De hecho, si la mente afirma algo, respóndele: "Esto es lo que hemos he­cho siempre; ahora, hagamos algo di­ferente." Aunque sean pequeños cam­bios... en el modo en que siempre te has comportado con tu esposa, sólo pequeños cambios; en la forma en que siempre caminas, sólo pequeños cam­bios; en el modo en que siempre ha­blas, pequeños cambios. Y verás que la mente va perdiendo su poder de do­minarte, a la par que tú te vas liberan­do. ( 20 )
    La meditación es PURIFICACIÓN
    Cualquier cosa que hagas, realízala con profunda conciencia; así, incluso las cosas pequeñas se tornan sagra­das. Entonces, limpiar o cocinar se vuelven cosas sagradas; se hace culto de ellas. La cuestión no es la actividad que estás realizando, sino cómo la es­tás haciendo. Puedes limpiar el piso como si fueras un robot, un objeto mecánico. Tienes que limpiarlo, en­tonces lo haces. Pero así te pierdes al­go hermoso, y malgastas esos mo­mentos sólo en limpiar el piso. Lim­piar el piso podría haber sido una gran experiencia, y la has dejado pasar. El piso está limpio, pero algo que podría haber sucedido dentro de ti no se produjo. Si hubieras estado consciente, la purificación no hubiera afectado sólo al piso, sino también a ti mismo. Lim­pia el piso pleno de conciencia, ilumi­nado de conciencia. Trabaja, o siénta­te, o camina, pero hay algo que debe ser el hilo conductor, con cierta conti­nuidad: ilumina de conciencia cada vez más momentos de tu vida. Deja que la vela de la conciencia se encien­da en cada momento, en cada acto. La iluminación no es sino el efecto acu­mulativo. El efecto acumulativo (to­dos los momentos juntos, pequeñas velas juntas) da por resultado una gran fuente de luz. ( 21 )
    La meditación es un FLORECIMIENTO
    Recuerda que la meditación te dará más y más inteligencia, infinita y ra­diante inteligencia. La meditación te volverá más vivo y más sensible; tu vida se enriquecerá. Observa a los as­céticos: sus vidas se han vuelto como si no fueran vidas. Ellos no son medi­tadores. Pueden ser masoquistas, que se torturan a sí mismos y gozan del sufrimiento... La mente es muy astu­ta: sigue haciendo cosas y racionali­zándolas. Por lo común, tu actitud es violenta hacia los demás, pero la mente es muy hábil: puede aprender la no violencia, predicar la no violen­cia, pero volverse violenta hacia sí misma. Y la violencia que ejerces contra ti mismo en general se respeta, pues la gente tiene la idea de que ser ascético significa ser religioso. Éstas son meras tonterías. Dios no es ascé­tico; de no ser así, no existirían las flores, ni árboles verdes: sólo habría desiertos. Dios no es ascético; de no ser así, no existirían nula música ni la danza de la vida: sólo habría cemen­terios y más cementerios. Dios no es ascético, sino que disfruta de la vida. Dios es más epicúreo de lo que pue­des imaginar. Si piensas en Dios, piensa en términos epicúreos. Dios es una búsqueda permanente de más y más felicidad, placer, éxtasis. Recuér­dalo.
    Pero la mente es muy astuta. Puede racionalizar la parálisis como medita­ción; puede racionalizar el desinterés como trascendencia; puede racionali­zar la muerte como renuncia. Mantén la conciencia. Siempre recuerda que, si te mueves en la dirección correcta, seguirás floreciendo. ( 22 )
    La meditación es TOMAR CONCIENCIA
    Y recuerda: cada situación debe transformarse en una oportunidad pa­ra la meditación. ¿Qué es la medita­ción? Ser consciente de lo que estás haciendo, ser consciente de lo que te está pasando.
    Alguien te insulta: adquiere con­ciencia de qué te sucede cuando reci­bes el insulto. Medita acerca de ello; esto modifica toda la estructura de la situación. Cuando alguien te insulta, te concentras en la persona: "¿Por qué me insulta? ¿Quién se cree que es? ¿Cómo podría vengarme?" Si el otro es muy poderoso, te rindes, comien­zas a mover ligeramente la cola. Si no es muy poderoso y lo ves débil, te abalanzas sobre él. Pero en todo esto te olvidas por completo de ti mismo. El otro se transforma en el foco de tu atención. Esto implica perder una oportunidad para la meditación. Cuando alguien te insulte, medita. Como dijo Gurdjieff: "Cuando mi pa­dre estaba agonizando, yo tenía sólo nueve años. Me pidió que me acerca­ra a su lecho y me murmuró al oído: -`Hijo, no te dejo mucho, al menos no en cosas terrenales. Pero tengo al­go para contarte, algo que a mí me di­jo mi padre en su lecho de muerte. Me ha ayudado muchísimo; siempre ha sido mi tesoro. Aún no estás muy ma­duro; tal vez no entiendas lo que digo, pero consérvalo, recuérdalo. Alguna vez crecerás y entonces podrás com­prender. Ésta es la clave que abre las puertas de grandes tesoros.
    Por supuesto que Gurdjieff no po­día entenderlo en ese momento, pero fue esto lo que habría de modificar to­da su vida. Y su padre dijo algo muy simple. Dijo: "Cuando alguien te in­sulte, hijo mío, dile que meditarás acerca de ello durante veinticuatro horas y después volverás para respon­derle."
    Gurdjieff no podía creer que esto fuera una clave tan importante. No podía creer que eso fuera algo tan va­lioso que debiera recordarlo. Y pode­mos ser indulgentes con un pequeño de nueve años. Pero, como eso fue al­go dicho por su agonizante padre, que tanto lo había amado y que, apenas lo dijo, dio su último aliento, quedó gra­bado en él. No podía olvidarlo. Cada vez que se acordaba de su padre, re­cordaba su frase.
    Sin comprenderla realmente, co­menzó a practicarla. Si alguien lo in­sultaba, decía:
    "Señor, tengo que meditar respecto de ello durante veinticuatro horas. Es lo que me ha dicho mi padre, que ya no está aquí. Y yo no puedo desobe­decer a un anciano muerto. Me quería muchísimo, y yo lo quería muchísimo a él; ahora, no hay manera de desobe­decerlo. Uno puede desobedecer a su padre mientras está vivo pero, cuando ha muerto, ¿cómo podría no hacerle caso? Así que, por favor, discúlpeme. Volveré en veinticuatro horas y le res­ponderé."
    Decía: "Meditar durante veinticua­tro horas me ha aportado las más cla­ras visiones de mí mismo. A veces, he descubierto que el insulto era correc­to, que eso es lo que soy. Entonces, buscaba a la persona y le decía: 'Se­ñor, gracias, tenía usted razón. No fue un insulto, sino sólo un comentario sobre algo real. Me llamó estúpido, y lo soy.'
    O a veces me ha pasado que medi­tar durante veinticuatro horas me lle­vaba a darme cuenta de que se trataba de una absoluta mentira. Pero, cuando algo es mentira, ¿por qué ofenderse? Entonces, nunca iba a decirle a esa persona que había mentido. Una men­tira es una mentira, ¿por qué moles­tarse por ella?"
    La contemplación y la meditación, poco a poco, lo volvieron más atento a sus propias reacciones que a las de los demás. ( 23 )
    La meditación es DIVERSIÓN
    Millones de personas se privan de hacer meditación porque se le ha atri­buido a la meditación una connota­ción errónea.
    Se la ve como algo serio y depri­mente, se considera que contiene algo de religiosidad, se cree que es sólo para quienes están muertos, o casi muertos, para quienes son serios, me­lancólicos, tienen caras largas, han perdido el carácter festivo, la diver­sión, la naturaleza lúdica y las ganas de celebrar.
    Éstas son las características de la meditación. Una persona verdadera­mente meditativa es de naturaleza lú­dica: para ella, la vida es diversión, una leela, un juego.
    Y lo disfruta en gran forma. Esta persona no es seria; está relajada. ( 24 )
    La meditación es COMPRENSIÓN
    Tendrás que entender una de las cosas más importantes acerca de la meditación: que no hay técnica algu­na que nos conduzca a ella.
    En lo concerniente a la meditación, no hay diferencia entre las llamadas antiguas técnicas y las nuevas técni­cas de retroalimentación biológica. La meditación no es un producto ob­tenido a través de la mente. Se produ­ce más allá de la mente. No hay técni­ca alguna que pueda ir más allá de la mente.
    Pero habrá de producirse un ma­lentendido en los círculos científicos, y sobre cierta base. La base de todo el malentendido es la siguiente: cuando el ser de una persona se encuentra en estado de meditación, genera ciertas ondas en su mente. Estas ondas pue­den ser provocadas desde afuera por medios técnicos. Pero esas ondas no darán lugar a la meditación. Allí radi­ca el malentendido.
    La meditación genera esas ondas; es la mente que refleja el mundo inte­rior.
    Lo que sucede en el interior de ca­da uno no es observable. Pero lo que ocurre en la mente sí lo es. Ahora hay sensibles instrumentos... que nos per­miten evaluar qué clase de ondas se producen cuando una persona está dormida, qué clase de ondas se produ­cen cuando una persona está soñando, qué clase de ondas se producen cuan­do una persona está en estado de me­ditación.
    Pero, creando estas ondas, uno no puede generar la situación: estas on­das no son más que síntomas, indica­dores.
    Está muy bien: puedes analizarlas. Pero recuerda que no existen atajos para acceder a la meditación, y que ningún recurso mecánico demuestra ser útil para ello. De hecho, la medi­tación no requiere de técnica alguna, ni científica ni de otra clase.
    La meditación es sólo compren­sión.
    No se trata de sentarse en silencio. No se trata de cantar un mantra. Se trata de comprender los sutiles meca­nismos de la mente. A medida que de­sentrañas esos mecanismos mentales, vas adquiriendo una gran conciencia que no proviene de la mente. Este co­nocimiento va surgiendo en tu ser, en tu alma, en tu conciencia.
    La mente no es más que un meca­nismo pero, cuando ese conocimiento aparece, seguro que habrá de generar a su alrededor un cierto patrón de energía. La mente nota ese patrón de energía. La mente tiene un mecanis­mo muy sutil.
    Y tú estás estudiándolo desde afue­ra; por lo tanto, cuanto mucho, puedes analizar la mente. Al ver que siempre que alguien está en silencio, sereno y en paz, siempre, inevitablemente, aparece cierto patrón de ondas en su mente, el razonamiento científico afirmará: si podemos crear este patrón de ondas en la mente a través de cier­tas técnicas de retroalimentación bio­lógica, entonces el ser interior alcan­zará grandes niveles de conocimiento. Esto no va a suceder.
    Estas ondas de la mente no consti­tuyen la causa de la meditación; al contrario, son su efecto. Pero no po­demos ir del efecto hacia la causa. Es posible crear ciertos patrones en la mente a través de la retroalimentación biológica, y estos patrones de ondas pueden provocar una sensación de paz, de silencio y de serenidad en la persona. Como ella misma ignora lo que es la meditación y no tiene mane­ra de comparar, puede ser llevada a creer que eso es la meditación. Pero no lo es. Porque, en el momento en que se detiene el mecanismo de re­troalimentación biológica, las ondas desaparecen, al igual que el silencio, la paz y la serenidad.
    Y puedes continuar practicando con esos instrumentos científicos du­rante años: no cambiará tu carácter, no cambiará tu moralidad, no cambia­rá tu individualidad. Seguirás exacta­mente igual.
    La meditación es transformadora. Te lleva a niveles más altos de con­ciencia y modifica todo tu estilo de vida. Transforma tus reacciones en respuestas hasta tal punto que resulta increíble que la misma persona que hubiera reaccionado con furia en una situación, ahora actúe con profunda compasión y con actitud amorosa en la misma situación.
    La meditación es un estado del ser, al que se accede a través de la com­prensión.
    Requiere de inteligencia; no de téc­nicas. ( 25 )
    La meditación es ENCANTO
    La meditación es simplemente sen­tirse encantado de la propia presencia. La meditación es el encanto de la pro­pia existencia. Es muy simple: un es­tado de conciencia en completa rela­jación, en el cual no haces nada. Cuando llega el momento de actuar, te pones tenso. De inmediato llega la ansiedad. ¿Cómo hacer? ¿Cómo lo­grarlo? ¿Cómo no rendirse? Ya has avanzado hacia el futuro. La medita­ción consiste simplemente en existir, sin hacer nada: ni acciones, ni pensa­mientos, ni emociones. Simplemente existes, y sólo te sientes encantado.
    ¿De dónde proviene este encanto cuando no estás realizando actividad alguna? No viene de ninguna parte, o bien procede de todas partes. No hay razones para él, pues la existencia es­tá hecha de un material llamado júbi­lo. Éste no requiere de causa, de razón alguna. Si estás triste, tienes un moti­vo para estarlo. Si estás feliz, simple­mente lo estás: no hay razones para ello. Tu mente tratará de encontrar una razón, porque no puede creer en lo inmotivado, por no poder contro­larlo. Con lo inmotivado, la mente se torna simplemente impotente. Por eso, la mente sigue hallando una u otra razón. Pero quiero decirte que, cuando estás feliz, no hay razón algu­na para ello. Cuando estás triste, tie­nes algún motivo para estarlo. Esto se debe a que la felicidad no es sino el material del cual estás hecho. Es tu propio ser, tu esencia más íntima. El júbilo es tu esencia más íntima.
    Mira los árboles, los pájaros, las nubes, las estrellas... Y, si tienes ojos para ello, serás capaz de ver que la existencia toda está llena de alegría. Todo es simplemente dicha. Los árbo­les son felices sin razón alguna; no van a ser primeros ministros ni presi­dentes, no se volverán ricos ni recibi­rán nunca un resumen bancario. Con­templa las flores: no hay motivos. Es simplemente increíble lo alegres que son las flores.
    La existencia toda está hecha del material llamado alegría. ( 26 )
    La meditación es RELAJACIÓN
    La meditación es una pausa, un descanso total, una completa deten­ción de toda actividad: física, mental, emocional. Cuando te tomas un des­canso tan profundo, nada se agita en tu interior. Cuando abandonas toda acción en sí, como si estuvieras me­dio dormido a pesar de estar despier­to, llegas a saber quién eres. De re­pente, se abre la ventana. No se la puede abrir con esfuerzo, pues el es­fuerzo genera tensión, y ésta es la causa de todas nuestras desdichas. Por esta razón, es muy importante comprender esto: la meditación no es un esfuerzo.
    Uno debe tener una actitud lúdica respecto de la meditación, aprender a disfrutarla como algo divertido. Uno no debe tomarla de manera seria y formal. Si lo hace, está perdido. Uno debe llegar a la meditación en forma muy placentera. Y tiene que ser cons­ciente de que está cayendo en un des­canso más y más profundo. No se tra­ta de concentración; por el contrario, se trata de relajación. Cuando estás completamente relajado, por primera vez comienzas a sentir tu propia reali­dad; te enfrentas a tu propio ser. Mientras estás en actividad, estás tan ocupado que no puedes verte a ti mis­mo. La actividad crea mucho humo a tu alrededor, levanta mucho polvo a tu alrededor. Por eso es necesario aban­donar toda actividad, al menos duran­te unas horas por día.
    Esto es así sólo al comienzo. Una vez que has aprendido el arte del des­canso, puedes estar en actividad y en reposo al mismo tiempo, porque en­tonces sabes que el descanso es algo tan íntimo que nada que provenga de afuera puede perturbarlo. La activi­dad continúa en la periferia, mientras que, en el centro, tú sigues en reposo. Entonces, sólo al comienzo hay que abandonar toda actividad durante al­gunas horas. Cuando uno ha incorpo­rado el arte, ya no hay problema: uno puede permanecer en estado de medi­tación durante las veinticuatro horas del día y continuar al mismo tiempo con todas las actividades de su vida cotidiana.
    Pero recuerda: la palabra clave es descanso, relajación. Nunca vayas en contra del descanso y la relajación. Acomoda tu vida de tal manera que dejes de lado toda actividad inútil (pues el noventa por ciento de las actividades son vanas: no tienen otro fin que matar el tiempo y mantenerse ocupado). Haz únicamente lo esencial y dedica cada vez más tus energías a tu viaje interior. Entonces, se produce aquel milagro en el momento en que puedes estar al mismo tiempo en re­poso y en actividad. Es la reunión de lo sagrado con lo mundano, la reu­nión del materialismo con el espiri­tualismo. ( 27 )
    La meditación es FRIALDAD
    Si recurres a los monjes católicos, jainistas o budistas, los notarás muy nerviosos. Tal vez no estén tan ner­viosos en sus monasterios pero, si los sacas al mundo, los notarás muy, muy nerviosos, porque a cada paso se to­pan con una tentación. Un hombre de meditación llega a un punto en que ya no tiene tentaciones. Trata de enten­derlo. La tentación nunca proviene de afuera; es el deseo reprimido, la ener­gía reprimida, la ira reprimida, la se­xualidad reprimida, la avidez reprimi­da, lo que da origen a la tentación. La tentación surge de tu interior; no tiene nada que ver con cosas exteriores. No es que aparezca un diablo y te tiente; es tu propia mente reprimida que se vuelve maligna y ansía vengarse. Pa­ra controlar a esta mente, uno debe mantenerse tan frío e indiferente que la energía vital no pueda recorrer las extremidades ni el cuerpo. Si se per­mite la circulación de la energía, esas represiones aflorarán a la superficie. Por eso la gente aprende cómo mante­nerse insensible, cómo tocar a los otros y a pesar de ello no tocarlos, có­mo ver a la gente y al mismo tiempo no verla. La gente vive con clichés: "Hola, ¿cómo estás?" Nadie quiere decir nada con estas frases. Tienen la única finalidad de evitar el verdadero encuentro entre dos personas. Nadie mira al otro a los ojos, le toma las ma­nos ni trata de sentir la energía del otro. La gente no se permite abrirse al otro. Muy asustada, la gente apenas se controla de alguna manera... Fríos y muertos, con camisa de fuerza.
    Un hombre de meditación aprende a estar lleno de energía, a un nivel má­ximo, óptimo. Vive en la cima; hace de la cima su morada. Con seguridad, tiene su calidez, pero no es fervoroso; sólo muestra señales de vida. No es de temperamento caliente; es frío, pues no se deja llevar por sus deseos. Es tan feliz que ya no busca la felici­dad. Se siente tan cómodo, tan como en casa, que no va hacia ningún lado; no anda a las corridas ni persigue na­da... Es insensible y frío. ( 28 )
    La meditación es UNIDAD
    El sexo resulta tan atractivo porque permite que dos seres, durante un ins­tante, se transformen en uno. Pero, en ese momento, no tienes conciencia. Buscas lo inconsciente porque aspiras a la unidad. Pero, cuanto más lo bus­ques, tanto más pendiente estarás. En­tonces, no sentirás el éxtasis del sexo, pues el éxtasis surge de lo inconscien­te. Puedes dejar de lado la conciencia en un momento de pasión. La con­ciencia se pierde. Durante un breve instante, estás en un abismo, pero sin conciencia de ello. Pero, cuanto más lo buscas, tanto más se pierde. Final­mente, llega un momento en que, en situaciones sexuales, el momento de falta de conciencia ya no se produce. Se pierde el abismo, el éxtasis. Enton­ces, el acto sexual se transforma en al­go estúpido. Es sólo una liberación mecánica, sin que haya en él nada de espiritual.
    Únicamente conocemos la unidad inconsciente; nunca hemos tenido ac­ceso a la unidad consciente. La medi­tación es unidad consciente; es decir, es el otro polo de la sexualidad. El se­xo está en un polo: el de la unidad in­consciente; la meditación está en el otro: el de la unidad consciente. La sexualidad está en lo más bajo de la escala de la unidad, mientras que la ­meditación está en lo más alto, en la cima de la escala de la unidad. La di­ferencia radica en el grado de con­ciencia.
    La mentalidad occidental piensa actualmente en la meditación porque el sexo ha perdido su atractivo. Cada vez que una sociedad se vuelve per­misiva respecto del sexo, aparece la meditación, porque el sexo sin inhibi­ciones elimina la magia y el romanti­cismo de la sexualidad, anula su as­pecto espiritual. Ahí hay mucho sexo, con lo cual uno no puede seguir sin tener conciencia de ello. Una socie­dad reprimida sexualmente puede se­guir siendo erótica, pero una sociedad liberada, desinhibida, no puede con­servar para siempre su erotismo. Tie­ne que ser trascendida. Por lo tanto, si una sociedad es sexual, ha de seguirla la meditación. Para mí, una sociedad liberada en el terreno sexual es el pri­mer paso hacia la exploración y la búsqueda. ( 29 )
    La meditación es RECREACIÓN
    No estoy en contra del sexo, y no estoy diciendo que lo abandones. Es­toy pidiendo que lo entiendas, que medites acerca de este tema, y que no te quedes sólo haciendo el amor de manera inconsciente. Y eso hará de tu meditación la más grande de todas. Está más consciente, alerta, pendien­te, y observa lo que sucede realmente. Este momento de éxtasis, ¿se produce por medio del sexo o porque no hay más sexo durante un rato y el deseo ha desaparecido? Durante unas horas después de hacer el amor, no piensas en el sexo. De ahí la paz, la calma, la tranquilidad. Nuevamente surgirá el deseo y volverán las perturbaciones; nuevamente se producirá un distur­bio: el lago se agitará y hará olas.
    Si uno medita acerca de su propia sexualidad, uno comienza a compren­der grandes secretos de la vida que allí se ocultan. La clave está en el se­xo. La sexualidad no sólo es la clave para la reproducción, sino también para volver a recrearse a uno mismo. No es sólo reproducción; es verdade­ra recreación.
    La palabra "recreación" ha perdido su significado original. Ahora, "re­creación" alude a disfrutar unas vaca­ciones, a gozar jugando por ahí. Pero, de hecho, cada vez que juegas o estás de vacaciones, en ti se crea algo nue­vo. Es verdaderamente re-creación; es algo más que placer. Algo que en el trabajo y en el mundo cotidiano mue­re, aquí renace. Y el sexo se ha trans­formado en el acto más recreativo de la vida de la gente. Constituye su ac­to re-creativo. Pero, en un plano supe­rior, es realmente recreativo, y no só­lo placer. Guarda en sí grandes secre­tos, y el primero de ellos es (si medi­tas, lo descubrirás) que el placer se produce porque el sexo desaparece. Y, cuando estás viviendo ese momento de placer, también el tiempo desapa­rece (si meditas), la mente también desaparece. Y éstas son las caracterís­ticas de la meditación.
    Mi opinión es que la primera vis­lumbre de meditación debe de haber aparecido en el mundo por medio del sexo; no hay otra posibilidad. La me­ditación debe de haber cobrado vida a través de la sexualidad, pues el sexo es el fenómeno más meditativo (si lo comprendes, si llegas a lo profundo de él, si no lo usas como si fuera una droga). Entonces, poco a poco, a me­dida que crece la comprensión del fenómeno, tanto más desaparece el de­seo, hasta que llega un día de gran li­beración, en el cual el sexo deja de obsesionarte. Entonces, uno está tran­quilo, callado, completamente uno mismo. Ha desaparecido la necesidad del otro. Si quiere, uno igual puede hacer el amor, pero no es necesario.
    Entonces, será una especie de acto compartido. ( 30 )
    La meditación es DESCANSO
    Cuando digo "Abandona el yo y la mente", no quiero decir que ya no puedas utilizar la mente. De hecho, cuando no te quedas pegado a la men­te, puedes usarla mucho mejor, de manera mucho más eficiente, porque la energía que usabas para adherirte a ella queda disponible. Y, cuando no estás continuamente en el terreno de la mente, las veinticuatro horas del día centrado en ella, también le das a la mente un tiempo de descanso.
    ¿Sabes? Hasta los metales necesi­tan descansar; hasta los metales se fa­tigan. Entonces, ¿qué decir de este su­til mecanismo de la mente? Es el me­canismo más sutil del mundo. En un cráneo tan pequeño, tienes una bio­computadora tan compleja que no existe aún ninguna computadora crea­da por el hombre que sea capaz de competir con la mente. Los científi­cos dicen que el cerebro de un solo hombre podría albergar todas las bi­bliotecas del mundo y aún quedaría algo más de espacio.
    Y estás usándola permanentemen­te. ¡Para nada, innecesariamente! Te has olvidado de cómo apagarla. Que­da encendida durante setenta u ochen­ta años, funcionando y funcionando, y se fatiga. Por eso la gente pierde in­teligencia: por la sencilla razón de que están muy cansados. Si la mente pudiera descansar un poco, si pudie­ras dejarla tranquila durante unas ho­ras por día, si de vez en cuando le die­ras un descanso a tu mente, ella reju­venecería, se volvería más inteligente, más eficiente, más capacitada.
    Entonces, no digo que no utilices tu mente, sino que no seas usado por ella. Justamente en este momento, la mente es el amo y tú el esclavo.
    La meditación te hace amo y trans­forma a la mente en esclava. Y recuer­da: la mente como amo es peligrosa, porque, después de todo, no deja de ser una máquina. Pero la mente como esclava es extremadamente útil y im­portante. Una máquina debe funcio­nar como tal, no como amo. Nuestras prioridades están todas del revés: es tu conciencia la que debería ocupar el
    1 hr 31 min
  • *EL LIBRO DEL HOMBRE* - OSHO audiolibro
    Este libro contiene una selección de respuestas a preguntas que se formulan habitualmente hombres de las más diversas edades y procedencias. Osho define al hombre a través de diferentes estereotipos: desde el adán, el esclavo, el hijo, el homosexual, el marido, el político, el sacerdote, etc., a través de veintinueve capítulos, aportando nuevas ideas para convertir toda la carga negativa que normalmente ha conllevado el ser hombre en aspectos positivos. Toda la sabiduría de Osho, además de sus anécdotas, chistes y técnicas de meditación, sirven en este libro para que los hombres se descubran a sí mismos y también para que las mujeres entiendan las cualidades positivas que puede contener la masculinidad. Un libro que, junto a El libro de la mujer y El libro del niño, supone una aportación imprescindible para el conocimiento del ser humano a las puertas de un nuevo milenio. Osho (1931-1990) ha sido descrito por el Sunday Times de Londres como uno «de los 1.000 artífices del siglo XX» y por el Sunday MidDay (India) como una de las diez personas (junto con Gandhi, Nehru y Buda) que ha cambiado el destino de la India. Osho dijo que su trabajo ayudaba a crear las condiciones para el nacimiento de un nuevo tipo de ser humano, que describe como «Zorba el Buda», capaz de disfrutar de los placeres de Zorba el griego y de la silenciosa serenidad de Buda. En una sociedad donde tantas visiones religiosas e ideológicas tradicionales parecen irremediablemente pasadas de moda, la singularidad de Osho consiste en que no nos ofrece soluciones, sino herramientas para que las personas las encuentren por sí mismas.
    .
    OSHO
    EL LIBRO DEL
    HOMBRE
    El adán, el esclavo, el hijo, el homosexual, el marido, el político, el sacerdote
    Primera edición: febrero 2000 Título original: The Book of Men
    Primera parte
    Adán
    ADÁN FUE el primer hombre, pero no porque fuese el primero probablemente, antes que él hubo muchos otros; por tanto, la historia no los puede recordar, no tienen ego-, sino porque fue el primero en decir «no». Y a mi parecer, ¿cómo va a ser Adán el primer hombre? Seguramente hubo millones de hombres antes que él, pero ninguno de ellos dijo «no». No podían convertirse en hombres, no podían convertirse en egos. 1
    Adán dijo «no». Sufrió por decirlo, por supuesto; fue expulsado del jardín de la felicidad.
    Adán es un hombre y todos los hombres son como Adán. La infancia es el Jardín del Edén. Los niños son tan felices como los animales, tan felices como los hombres primitivos, tan felices como los árboles. ¿Habéis observado a un niño correr entre los árboles o en la playa? Todavía no es humano. Sus ojos siguen siendo transparentes pero es inconsciente. Tendrá que salir del Jardín del Edén. Este es el significado de la expulsión de Adán del Jardín del Edén, ya no forma parte de la felicidad inconsciente. Al comer la fruta del árbol de la sabiduría se ha vuelto consciente. Se ha convertido en un hombre.
    No es que Adán fuese expulsado una vez, sino que cada Adán deberá ser expulsado de nuevo. Cada niño deberá ser expulsado del jardín de los dioses; forma parte del aprendizaje. Es el dolor del aprendizaje. Hay que perderlo para volverlo a encontrar, para encontrarlo conscientemente. Esta es la carga del hombre y su destino, su tormento y su libertad, el problema y a la vez la grandeza del hombre. 3
    ¿Por qué nunca estoy satisfecho con lo que soy y con lo que la
    existencia me ha otorgado? Siempre estoy buscando algo mejor
    para hacer, ser otra persona; cuando alguien tiene más que yo,
    quiero tener más que él. Como dice el refrán, «la hierba siempre
    LA HISTORIA CONTINÚA ABAJO
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    Esta breve escena es un one-shot que escribí para un concurso, lo que quiere decir que, al menos de momento, no tengo intención de extender la historia (ya son varias personas las que me lo han pedido). Aun así, os doy mil y una veces las gracias por todos vuestros comentarios, votos y leídos. De verdad, no sabéis lo feliz que me hacéis.
    Christine es una joven aristócrata que debe enfrentarse a sus padres para poder seguir sus sueños (nada propios para una joven de alta cuna como ella), y que, al mismo tiempo, sufrirá un encontronazo con un joven que no la dejará indiferente por mucho tiempo.
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    "El arte es una respuesta a la vida. Ser artista es emprender una manera riesgosa de vivir, es adoptar una de las mayores formas de libertad, es no hacer concesiones. En cuanto a la pintura es una forma de amor, de transmitir los años en arte".
    -Antonio Berni (Fue un pintor, grabador y muralista argentino. 1905 - 1981).
    Fecha de inicio: 29/Mayo/2015
    Fecha de término: 12/Febrero/2017
    Portada hecha por: @MorenoSara
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    Este apartado se hizo para ayudar a los usuarios de Wattpad. Aquí vas a encontrar varias preguntas que los usuarios hacen frecuentemente en nuestro perfil. Por favor leeanlas y observen los enlaces en cada página del sitio de Soporte de Wattpad. Estas páginas también están traducidas en Español.
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    Imagina que el mundo fuera en blanco y negro. Ahora imagina que aparece el color.
    está más verde del otro lado de la valla». ¿A qué se debe esto?
    Esto se debe a que te han confundido. Has sido dirigido hacia un lugar distinto al que la naturaleza había pensado para ti. No estás yendo hacia tu propio potencial. Estás intentando ser lo que los demás quieren que seas, pero esto no te puede satisfacer. Cuando no es satisfactorio, la lógica dice: «Quizá no sea suficiente; toma un poco más.» Entonces, sigues buscando; empiezas a mirar a tu alrededor. Todo el mundo aparece con una máscara sonriente, feliz, porque todo el mundo está engañando a los demás. Tú también te presentas con una máscara; los demás creen que eres más feliz. Y tú te crees que ellos son más felices. 3
    La hierba parece más verde al otro lado de la valla..., pero desde ambos lados. A los que viven al otro lado de la valla les parece más verde tu hierba. Realmente parece más verde y más fuerte, mejor. Este es el equívoco que provoca la distancia. Cuando te aproximas, empiezas a comprobar que no es así. Pero las personas guardan las distancias entre ellos. Incluso los amigos, hasta los amantes se mantienen a cierta distancia; demasiada proximidad podría resultar peligrosa, podrían entrever tu realidad.
    Te han engañado desde el principio, de modo que, hagas lo que hagas, seguirás siendo desdichado. La naturaleza no entiende de dinero, si no, el dinero crecería en los árboles. La naturaleza no entiende de dinero; el dinero no es más que una invención del hombre, útil pero peligrosa. Cuando ves a alguien que tiene mucho dinero piensas que quizá el dinero da la felicidad: «Fíjate en esa persona, parece muy feliz», por eso corre detrás del dinero. Hay alguien que tiene mejor salud, corre tras la salud. Si alguien hace cualquier cosa y parece muy contento, síguele. 1
    Pero siempre son los demás, y la sociedad lo ha organizado de tal forma para que nunca te fijes en tu propio potencial. La desgracia es que no estás siendo tú mismo. Sé tú mismo y dejará de haber desdicha, competencia y preocupación porque los demás tengan más que tú. 1
    Si quieres que la hierba sea más verde no hace falta que mires al otro lado de la valla; puedes conseguir que la hierba sea más verde de este lado de la valla. Conseguirlo es muy sencillo. Pero estás mirando en todas las direcciones y todos los prados tienen buen aspecto, menos el tuyo.
    El hombre debe basarse en su propio potencial, sea cual sea, y nadie debería darle órdenes, guiarle. Deberían de ayudarle, vaya donde vaya o se convierta en lo que se convierta. Y entonces el mundo estará tan contento que no te lo podrás creer.
    Nunca he sentido descontento, ni siquiera en mi infancia, por la sencilla razón de que nunca he permitido que nadie me distrajera de lo que estaba haciendo o intentando ser. Eso me ha ayudado inmensamente. Ha sido difícil, las dificultades se han ido incrementando y ahora el mundo entero está en mi contra. Pero no me molesta. Soy completamente feliz, estoy contento. No puedo imaginarme que hubiese sido de otra manera. En cualquier otra situación habría sido desgraciado...
    El mundo está contra la individualidad. Está en contra de tu ser natural, de que seas simplemente.
    Quiere que seas un robot, y como has aceptado serlo ahora tienes dificultades. No eres un robot. La intención de la naturaleza no era convertirte en un robot. Y por eso, como tu destino no era ése, estás permanentemente buscando: «¿Qué me falta? 1
    Quizá unos muebles mejores, unas cortinas mejores, una casa mejor, una esposa mejor, un trabajo mejor...» Lo intentas durante toda tu vida, corriendo de un sitio a otro. Pero la sociedad te ha confundido desde el primer momento.
    Mi esfuerzo consiste en que volváis a vuestro ser, y de repente os daréis cuenta de que ha desaparecido todo el descontento. No hay necesidad de ser más, ya eres suficiente. Todo el mundo es suficiente.
    LA HISTORIA CONTINÚA ABAJO
    ¿,Por qué me resulta tan difícil quererme?
    Los niños nacen con un enorme amor hacia sí mismos. Es la sociedad la que destruye ese amor, es la religión la que destruye ese amor, porque si el niño se sigue amando a sí mismo, entonces, ¿quién amará a Jesucristo? ¿Quién amará al presidente? ¿Quién amará a sus padres? El amor de un niño hacia sí mismo ha de ser desviado. Hay que condicionarle de manera que su amor se dirija siempre hacia un objeto externo. Esto hace al hombre muy pobre, porque cuando quieres a alguien externo a ti -ya sea Dios, el papa, tu padre, tu esposa, tu marido, tus hijos-, cualquiera que sea el objeto de tu amor, te vuelve dependiente de ese objeto. A tus propios ojos te conviertes en algo secundario, te conviertes en un mendigo. 1
    Al nacer eras un emperador totalmente satisfecho contigo mismo. Pero tu padre quiere que le quieras, tu madre quiere que la quieras. Todos a tu alrededor se quieren convertir en objeto de tu amor. A nadie le preocupa que si un hombre no puede amarse a sí mismo tampoco será capaz de amar a nadie. De modo que se crea una sociedad enloquecida, donde todo el mundo intenta querer a alguien, sin tener nada que dar. Y la otra persona tampoco tiene nada que dar. ¿Por qué están los amantes continuamente peleando, discutiendo, molestándose? Por la sencilla ratón de que no están consiguiendo lo que pensaban obtener. Ambos son mendigos, ambos están vacíos. 3
    A un niño debidamente educado se le debe permitir crecer en amor hacia sí mismo, de forma que esté tan lleno de amor que compartirlo se convierta en una necesidad. Está tan repleto de amor que quiere compartirlo con alguien. Entonces, el amor nunca te hará depender de nadie. Tú eres el que da, y el que da nunca es un mendigo. Y el otro también da. Y cuando se encuentran dos emperadores, dueños de sus propios corazones, se produce una inmensa alegría. Nadie depende de nadie; todo el mundo es independiente e individual, centrado en sí mismo, arraigado en sí mismo. Sus raíces van hasta el fondo de su propio ser, de donde brota el néctar llamado amor hacia la superficie y florece con miles de rosas. 2
    Este tipo de persona no ha sido posible hasta el momento por culpa de vuestros profetas, de vuestros mesías, de vuestras encarnaciones de Dios y todas las demás clases de idiotas. Os han destruido en beneficio de su gloria, de su propio ego. Os han machacado completamente.
    Tiene una lógica. 0 bien el mesías, el salvador, se convierte en el objeto de tu amor, y tú no eres más que una sombra siguiéndole ciegamente, o bien estás totalmente satisfecho, rebosando amor y floreciendo con miles de rosas, y en ese caso, ¿quién quiere ser salvado? Ya estás salvado. ¿A quién le interesa el paraíso? Ya estás en él.
    Cuando aprendas a amarte a ti mismo desaparecerán los sacerdotes, los políticos se quedarán sin seguidores; todos los intereses creados de la sociedad irán a la bancarrota. Se aprovechan de ti de una forma psicológica muy sutil y por eso prosperan. Pero aprender a amarse no es difícil, es natural. Si has conseguido hacer algo antinatural, como aprender a querer a los demás sin quererte a ti mismo, entonces lo otro es sencillo. Has hecho casi lo imposible. Sólo se trata de una cuestión de comprensión, una comprensión muy simple, que es: «Debo amarme a mí mismo; de lo contrario, me perderé el sentido de la vida. No creceré, sino que envejeceré. No tendré individualidad. No seré auténticamente humano, digno, íntegro.» 3
    Por otra parte, si no te amas a ti mismo no puedes amar a nadie más en el mundo. Muchos de los problemas psicológicos aparecen porque has sido alejado de ti mismo. Eres «indigno», no eres lo que deberías ser; debes rectificar tus actos. Te tienes que amoldar a una personalidad determinada. 1
    En Japón hay árboles de cuatrocientos años cuya altura no llega a los quince centímetros. Ellos lo consideran una forma de arte. ¡Esto es un asesinato, un verdadero asesinato! El árbol parece viejo pero sólo mide quince centímetros. Habría medido cincuenta metros, tratando de alcanzar las estrellas. ¿Qué le han hecho? ¿Qué estrategia han usado? La misma que se usa contra la humanidad, contra los seres humanos. Colocan el árbol en un tiesto casi plano. Entonces, a medida que crecen las raíces se las van cortando, porque el tiesto casi no tiene fondo. Van cortando las raíces, y si las raíces no profundizan, el árbol no puede crecer. Se hace viejo pero no crece. Esto es exactamente lo mismo que se ha hecho con los seres humanos. 2
    LA HISTORIA CONTINÚA ABAJO
    El amor hacia ti mismo es una necesidad básica para tu crecimiento. Por eso te enseño a ser egoísta, que es lo natural. Vuestras religiones os han enseñado a ser altruistas, a sacrificaros por cualquier estúpido ideal: por la bandera, que sólo es un pedazo de tela podrida. Os sacrificáis por la nación, que no es más que una fantasía, porque en ningún lugar aparece la tierra dividida en naciones. Dividir la tierra en el mapa es una argucia de los políticos. ¡Te estás sacrificando por unas líneas dibujadas en un mapa! Mueres por tu religión: cristianismo, hinduismo, budismo, islamismo. Lo han hecho de tal forma que consiguen atrapar al individuo. Si mueres por tu patria te llamarán mártir. Sólo estás cometiendo un suicidio, y además, por un motivo ridículo. Si mueres por tu religión irás al paraíso, disfrutarás de eternas bendiciones. Te están manipulando. Pero hay algo básico en esta manipulación que es: no te ames a ti mismo; ódiate, porque no eres digno de nada.
    Todo el mundo está lleno de odio hacia sí mismo. Y si te odias, ¿cómo crees que vas a encontrar a alguien que te quiera? Ni siquiera estás listo para quererte a ti mismo; es imposible que te quiera nadie. Has aceptado la idea de que no vales nada a menos que observes ciertas reglas, dogmas religiosos o ideas políticas. Al nacer no eras cristiano ni católico; no naciste comunista. Cada niño viene al mundo como una tábula rasa, totalmente en blanco. No hay nada escrito -ni la Biblia, ni el Corán, ni el Gita ni el Capital-, no, no hay nada escrito. No trae consigo un libro sagrado, viene con la inocencia más absoluta. Pero su inocencia se convierte en el mayor problema porque está rodeado de lobos disfrazados de políticos, de sacerdotes, de padres, de profesores. Todos se abalanzan sobre tu inocencia. Empezarán a escribir cosas sobre ti y más tarde creerás que son tu legado. Han destrozado tu legado. Ahora ya pueden esclavizarte, convertirte en lo que ellos quieran. Si quieren que asesines a gente inocente... 1
    Hay mafias religiosas, hay mafias políticas que se siguen aprovechando de ti. Tal vez sean enemigas la una de la otra, pero todas coinciden en un punto: no se debe permitir que el hombre se ame a sí mismo. Eso corta las raíces de su propio ser y entonces le convierte en un ser desvalido, desarraigado, un barco a la deriva; pueden hacer con él lo que quieran.
    Los habitantes de este país (Estados Unidos) han matado a gente inocente, a los pobres de Vietnam. ¿Qué tenía que ver ese asunto con ellos? Y no solamente en uno de los bandos. Mandaron a su propia gente, que aún no había disfrutado de la vida, para matar y ser matados en nombre de la democracia, en nombre de América. Pero, ¿por qué tenemos que sacrificarnos en el nombre de nadie? Los musulmanes y los cristianos han estado luchando, se han estado matando en el nombre de Dios. Ambos luchan y matan en el mismo nombre: Dios. ¡Qué mundo más extraño hemos creado!
    Pero la estrategia es muy sencilla: destruye el amor que por naturaleza tiene cada ser hacia sí mismo, y se volverá tan indigno a sus propios ojos que estará dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguir una medalla de oro, simplemente para sentirse un poco más valioso, para sentir que él también es alguien. ¿Veis todos los galones de colores que llevan vuestros generales? ¿Qué clase de estupidez es ésa? A medida que el general se va aniquilando, destruyendo, los galones van aumentando.
    Puedes llevar todos esos colores en la camisa, no creo que haya ninguna ley que te lo impida, pero te dará un aspecto sencillamente ridículo. ¿No tienen los generales un aspecto ridículo? Son respetados, son grandes héroes. Y, ¿qué han hecho? Asesinar a muchas personas de vuestro país, asesinar a muchas personas de otros países. Son recompensados por esos asesinatos. ¿Habéis visto alguna vez una sociedad que recompense a los amantes? No, los amantes siempre son censurados. No hay ninguna sociedad que respete a los amantes; el amor es el anatema de la sociedad. Por tanto, lo primero que tienen que hacer los poderes establecidos es alejarte del amor, y hasta el momento lo han conseguido.
    LA HISTORIA CONTINÚA ABAJO
    Millones de años..., y el hombre sigue siendo un esclavo, sigue sintiendo en su interior un profundo complejo de inferioridad, de falta de dignidad, porque no es capaz de cumplir lo que se le exige. En realidad, todo lo que se exige es tan antinatural que no hay forma de cumplirlo. Los mesías se engrandecen cada vez más a costa de tu falta de dignidad, porque dicen, porque prometen que son los salvadores; dicen que te van a salvar. Tú no te puedes salvar. Nunca te han permitido que aprendieses a nadar. Por tu cuenta sólo te podrás ahogar.
    Los políticos siguen dándote esperanzas de que pronto no habrá pobreza; sin embargo, la pobreza va en aumento. No está disminuyendo, sino que está aumentando. Cada día mueren miles de personas en Etiopía. Y te sorprenderás: en América hay medio millón de personas que padecen de sobrealimentación, obesidad; cada vez son más gordos. En Etiopía la gente padece de raquitismo, pasan hambre y mueren. En América la gente muere de sobrealimentación, en Etiopía mueren porque no tienen nada de comer. ¿Os parece razonable el mundo que hemos creado?
    Muy pronto la mitad de India estará abocada al mismo destino que Etiopía; y el gobierno de India está vendiendo trigo y exportándolo al resto del mundo. Sus propios habitantes van a morir y no en pequeñas cantidades. El 50 por 100 de India está en el límite, en cualquier momento se puede convertir en una Etiopía más grande. Pero los dirigentes políticos venden trigo a otros países porque quieren plantas nucleares, quieren energía atómica para poder competir en esta ridícula carrera que está teniendo lugar. Todo esto sucede en nombre del altruismo. Quiero que seas absolutamente egoísta. Quiérete, sé tú mismo. No dejes que te distraiga ninguna persona, ya sea religiosa, política, social o educativa. Tu responsabilidad primera no es hacia la religión ni hacia la nación, es hacia ti mismo. Y fíjate: si todo el mundo se ama y se cuida, su inteligencia llegará a la cima, su amor le desbordará. Para mí, la filosofía del egoísmo le hará realmente altruista porque tendrá tanto para compartir y para dar que dar será para él una alegría, compartir será una celebración. El altruismo sólo puede ser un derivado del amor hacia ti mismo.
    Como no te quieres, te sientes débil, porque el amor es tu alimento, es tu fuerza. Naturalmente, ¿cómo puedes sentirte responsable? Sigues cargándole a otro con tu responsabilidad. Dios, el destino, o Adán y Eva son los responsables. La responsable es la serpiente, porque sedujo a Eva para que desobedeciera a Dios. ¿Te das cuenta de la idiotez de cargarle toda la responsabilidad a alguien? Una serpiente..., probablemente hace millones de años. He intentado conversar con una serpiente, con una culebra..., pero no hablan. De hecho, ni siquiera oyen. He descubierto que las serpientes no tienen oídos; los oídos no forman parte de su fisiología. Si no pueden oír, ¿cómo van a hablar? ¿Cómo pudieron persuadir a Eva? Pero tenemos que echarle la culpa a alguien. Adán se la echa a Eva. Eva a la serpiente. La serpiente, si pudiese hablar, se la echaría a Dios.
    De esta forma, podemos seguir delegando nuestra responsabilidad sin comprender que no llegaremos a ser verdaderos individuos hasta que no nos hagamos responsables de nosotros mismos. Eludir la responsabilidad es destructivo para tu individualidad. Pero sólo puedes aceptarla si tienes un tremendo amor hacia ti mismo.
    Acepto mi responsabilidad y me alegro de hacerlo. Nunca le he cargado mi responsabilidad a nadie porque eso es perder la libertad, es esclavizarse, es estar a merced de los demás. Sea yo quien sea, soy única y absolutamente responsable. Eso me confiere mucha fuerza. Me da raíces, me centra. Pero el origen de mi responsabilidad es que me amo. Yo también he tenido que pasar por el mismo tipo de explotación de masas. Pero dejé claro, desde el principio, que si me empujaban me negaría a entrar en el cielo. Por voluntad propia estoy dispuesto a ir al infierno. Por lo menos, mantendré mi indepen-dencia, será mi elección. 1
    Mis padres, mis profesores y mis maestros se enfrentaban conmigo. Pero les dije: «Os aseguro que no puedo aceptar sobornos para convertirme en un esclavo. Prefiero sufrir durante toda la eternidad en los fuegos del infierno, pero seguiré siendo yo mismo. Al menos me quedará esa satisfacción: es mi elección, no me ha obligado nadie.»
    LA HISTORIA CONTINÚA ABAJO
    Si te llevan prisionero al paraíso, ¿crees que lo disfrutarás? Ir al paraíso detrás de Jesucristo, de Moisés, de Buda o de Krisna..., ¿qué clase de paraíso es éste, donde se espera que creas con fe ciega, donde no puedes hacer preguntas, no puedes cuestionar nada? Ese paraíso es peor que el infierno. Pero la gente ha sido alejada de su verdadera naturaleza. 1
    Quiero que vuelvas a casa. Respétate. Siente la alegría y el orgullo de saber que la existencia te necesita; de lo contrario, no estarías aquí. Celebra que la existencia no puede prescindir de ti. En primer lugar, ese es el motivo por el que estás aquí. La existencia te ha dado una oportunidad, una vida llena de tesoros inmensos que se esconden en tu interior: la belleza, el éxtasis, la libertad. 2
    ¡Pero no eres existencial! Eres cristiano, budista, hindú. Y sólo quiero que creas en una cosa: en la existencia. No hace falta que vayas a un templo. Si no puedes experimentar el cielo, las estrellas, el atardecer, el amanecer, las flores abriéndose, los pájaros cantando... ¡Toda la existencia es un sermón! No ha sido preparado por un sacerdote..., está en todas partes.
    Sólo tienes que confiar en ti mismo, que es otra forma de decir amarte a ti mismo. Y cuando confías en ti mismo y te amas, entonces, obviamente, te has responsabilizado de lo que eres, seas quien seas. Eso te da una experiencia del ser tan tremenda que nadie te podrá esclavizar de nuevo.
    ¿Puedes ver la belleza que hay en un individuo que es capaz de mantenerse erguido él solo? Y pase lo que pase -alegría o tristeza, vida o muerte-, el hombre que se ama es tan íntegro que no sólo será capaz de disfrutar de la vida, sino también de la muerte.
    Sócrates fue castigado por la sociedad. Es inevitable que las personas como Sócrates sean castigadas porque son individuos y no permiten que nadie les domine. Fue envenenado. Estaba tumbado en la cama mientras el hombre que tenía que darle el veneno lo estaba preparando. Atardecía, era la hora convenida. La corte había decidido la hora exacta, pero el hombre lo estaba retrasando. Sócrates le preguntó:
    -El tiempo pasa, el sol se está poniendo, ¿por qué te estás retrasando?
    Este hombre no podía creer que alguien que estaba a punto de morir fuese tan escrupuloso con la hora de su muerte. En realidad, debería estar agradecido por el retraso. Él adoraba a Sócrates. Le había oído hablar en la corte y había visto la belleza que había en él: él solo tenía más inteligencia que todo Atenas. Quería retrasarlo un poco para que Sócrates pudiera vivir un poco más, pero Sócrates no se lo permitió. Le dijo:
    -No seas vago. Trae el veneno.
    Mientras se lo estaba dando, le preguntó:
    -¿Por qué estás tan emocionado? Te veo tan radiante, veo tanta curiosidad en tus ojos.
    ¿No te das cuenta? ¡Vas a morir!
    Sócrates dijo:
    -Eso es lo que quiero conocer. La vida ya la conozco. Ha sido hermosa; con todas las ansiedades y las angustias pero, a pesar de todo, ha sido un placer. Simplemente respirar es una gran alegría. He vivido, he amado; he hecho todo lo que he querido, he dicho todo lo que he querido. Ahora quiero saborear la muerte, y cuanto antes mejor.
    Sólo hay dos posibilidades: que mi alma siga viviendo bajo otras formas, como dicen los místicos orientales; eso es muy emocionante, viajar con el alma libre del lastre del cuerpo. El cuerpo es una celda, tiene sus limitaciones. 0 quizá tengan razón los materialistas, y cuando muere tu cuerpo, muere todo. Después ya no queda nadie. Eso también es muy emocionante: ¡no ser! Sé lo que significa ser y ha llegado el momento de saber lo que significa no ser. Y cuando ya no soy, ¿qué problema hay? ¿Por qué me tendría que preocupar? Yo no estaré allí para preocuparme; de modo que ¿para qué perder el tiempo ahora? 2
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    Así es el hombre que se ama a sí mismo. Escogió incluso la responsabilidad de su muerte, porque el tribunal no tenía nada contra él; solamente era el prejuicio del público, el prejuicio de la gente mediocre que no podía entender la chispa de la inteligencia de Sócrates. Pero eran la mayoría, y decidieron darle muerte.
    No pudieron rebatir ni un solo argumento de Sócrates. Creo que ni siquiera entendían lo que les estaba diciendo, eran incapaces de responder. Y él destruyó todos sus argumentos. A pesar de todo, se trataba de una democracia; los ciudadanos decidieron que era peligroso y había que envenenarle.
    ¿Cuál era su delito? Su delito fue que «hace rebelde a nuestra juventud, los vuelve escépticos, se vuelven raros. Crea una brecha entre los mayores y los jóvenes. Ya no nos escuchan, discuten por todo, y es por culpa de este hombre».
    Pero los jueces eran mejores que la gente corriente. Le dijeron a Sócrates:
    -Te damos varias alternativas. Si te marchas de Atenas y prometes no volver nunca más, te podrás salvar de la muerte. Pero si quieres quedarte en Atenas, tendrás que dejar de hablar, entrarás en silencio. En ese caso, también podremos convencer a la gente de que te dejen vivir. Si no, la tercera alternativa es que mañana, al ponerse el sol, te tendrás que tomar el veneno. ¿Qué hizo Sócrates? Dijo:
    -Estoy dispuesto a tomarme el veneno mañana u hoy, cuando este preparado, pero no puedo dejar de decir la verdad. Si estoy vivo, seguiré diciéndola hasta mi último aliento. No me puedo ir de Atenas sólo para salvarme, porque si no, me sentiré como un cobarde que se asustó de la muerte, que se escapó de la muerte, que ni siquiera pudo tomar la responsabilidad de su muerte. He vivido según mi propio pensamiento, sentimiento, ser; quiero morirme así también. Y no te sientas culpable. Nadie es responsable de mi muerte, soy yo el responsable. Sabía que iba a suceder, porque hablar de la verdad en una sociedad que se basa en la mentira, la decepción y la ilusión es tentar a la muerte. No culpéis a esta pobre gente que ha decidido darme muerte. Si hay alguien responsable, ése soy yo. Y quiero que sepáis que he vivido siendo responsable de mí mismo y que voy a morir siendo responsable de mí mismo. Mientras vivía, he sido un individuo. A la hora de la muerte, soy un individuo. Nadie decide por mí. Tomo mis propias decisiones.
    Esto es dignidad. Esto es integridad. Todo ser humano debería ser así. Si la tierra estuviese llena de gente como ésta podríamos hacer que fuese tan hermosa, tan extática, tan abundante en todo...
    Pero no hay individuos, de modo que te tienes que responsabilizar de ti mismo. Sólo serás capaz de hacerlo cuando empieces a amar todo lo que tú eres: la existencia te ha querido así. Si la existencia hubiese querido otro Jesucristo, lo habría creado. Ser cristiano, musulmán o hinduista es horrible.
    Sé tú mismo, nada más que tú mismo, simplemente tú mismo. Y recuerda que estás arriesgando mucho cuando declaras que eres tú mismo. No perteneces a ningún grupo, a ningún rebaño. Todos son rebaños: los hinduistas, los musulmanes, los cristianos, los comunistas. Te estás declarando un individuo, sabiendo perfectamente que es peligroso. Tal vez la multitud nunca te lo perdone. Pero es tan bonito arriesgarse, caminar por el filo de la navaja, donde cada paso que das es peligroso. Cuanto más peligrosamente vives, más vives. Y es posible vivir en un instante toda la eternidad, si estás preparado para vivir con totalidad, arriesgando absolutamente todo. 1
    No quiero que seas un hombre de negocios, quiero que seas un jugador. Y cuando estés apostando, juégatelo todo. No te guardes nada para después. Entonces, pase lo que pase, te traerá grandes bendiciones. Aunque te conviertas en un mendigo, tu ser será mucho más majestuoso que el de un emperador.
    La humanidad no puede caer más bajo. Pero ha caído; ha olvidado la risa que tienen todos los niños al nacer; ha perdido el camino hacia el bienestar y la integridad.
    LA HISTORIA CONTINÚA ABAJO
    6 hr 32 min
  • ESCAPAR DE TI MISMO - *OSHO* RESUMEN DEL LIBRO *audiolibro
    Excelente mensaje… el fragmento del audio está más completo… disfruta y nútrete de esta reflexión.
    “En lugar de escapar, adéntrate, aproxímate a ti mismo para ver mejor. Nadie mas puede ver tu realidad interior, solo tú puedes ver ese esplendor y esa magnificencia.
    Porque nadie mas puede ver tu belleza interior, te condenan. Solo tu, puedes reafirmar tu dicha, solo tu puedes reafirmar, en ultima instancia, tu iluminación.
    ¿Por qué corro siempre tanto? ¿Hay algo que no quiero ver?
    No eres tú, casi todos corren con toda rapidez que pueden para huir de sí mismos, y el problema, es que no puedes huir de ti mismo. Adonde quiera que vallas, serás tú mismo.
    Es el miedo a conocerse a sí mismo, es el mayor miedo del mundo.
    Y porque todos te han condenado por las cosas mas insignificantes, por lo mínimos errores que son totalmente humanos, por lo que tienes miedo de tí mismo. Sabes que eres indigno.
    Esa idea a calado profundamente en tu inconsciente, que no vales, que no eres digno..
    y naturalmente lo más fácil, es huir de tí mismo.
    Todos lo hacen, a su manera, unos corren en busca de dinero, otros corren en busca de poder, otros de respetabilidad, otros de virtud, de santidad…
    Pero si te fijas bien, no corren en busca de nada, sino que estan huyendo de algo.
    Es una simple excusa correr como locos en busca de dinero, se engañan a si mismos y al resto del mundo.
    La realidad es que el dinero les proporciona una buena excusa para correr en su busca, y oculta el hecho de que estan huyendo de sí mismos.
    Por eso, cuando acumulan dinero, les llega un momento de desesperación y angustia terribles, ¿que ha ocurrido? ese era su objetivo, lo han cumplido, deberían ser los hombres más felices del mundo. Pero las personas que triunfan no son las más felices, si no las más desgraciadas ¿a que se debe su angustia?
    A que han fracasado todos sus esfuerzos, ya no tienen nada que buscar y de repente se encuentran consigo mismos. Al llegar a la cima del éxito no encuentran a nadie, solo a sí mismos.
    Curiosamente, es la misma persona de la que han estado huyendo.
    No puedes huir de tí mismo.
    Por el contrario, tienes que aproximarte más, profundizar en tu ser.
    Y olvidar ese tono de censura que te han transmitido en el transcurso de tu vida, padres, marido,esposa, vecinos, profesores, amigos, enemigos… todos señalan algo malo en tí, no te valoran desde ningún lado.
    La humanidad ha creado una situación muy extraña en la que nadie se siente a gusto, en la que nadie puede relajarse, porque en cuanto te relajas te enfrentas contigo mismo. La relajación se convierte poco menos que en un espejo, y no quieres ver tu cara por lo mucho que te afectan las opiniones negativas de los demás.
    Cuanto más te alejes de tí mismo, mas oscura será tu vida, más desdichada, más cargada de ansiedad, más la condenarás y más la rechazarás. Y cuanto más te alejes, más difícil se te hará encontrar el camino de vuelta.
    Llevas muchas vidas alejándote de tí mismo,
    pero si avanzas por un camino adecuado, de meditación, no has llegado demasiado lejos.
    La meditación es el atajo entre donde estás y donde deberías estar, y la meditación es un método tan sencillo, que cualquiera niño pequeño puede entrar en su paraíso.
    Estas dormido, y llevas dormido muchas vidas, es hora de despertar. Has desperdiciado demasiado tiempo, demasiada energía y demasiadas oportunidades, pero aún hay tiempo, y cuando despiertes acabará la noche y comenzará el amanecer..”
    16 min
  • *EL LIBRO DEL SEXO * Del sexo ala superconciencia - *OSHO* audiolibro
    Osho nos da su visión del sexo, enormemente crítica respecto a lo que enseñan muchas religiones.
    «Soy el comienzo de una consciencia totalmente nueva.» Estas palabras de Osho ponen de manifiesto hasta qué punto él concibe su filosofía como una ruptura con las distintas tradiciones del pensamiento occidental y oriental.
    Es el mismo espíritu con el que aborda la sexualidad; en primer lugar, presentándola no como un obstáculo para la elevación espiritual e incluso la iluminación, sino, al contrario, como un regalo, expresión de unas energías biológicas y puerta del autoconocimiento. En segundo lugar, como realización del amor, elemento central de la existencia. El sexo es uno de los aspectos constitutivos del nuevo tipo de santo, Zorba el Buda, fusión inseparable de lo terreno y lo sublime.
    5 hr 55 min
  • *CONCIENCIA * La clave para vivir en equlibrio - *OSHO* audiolibro
    Cuanto más consciente se vuelve uno, más se recuerda a sí mismo, con más cautela actúa, más alerta está, más heridas empiezan a desaparecer, hay menos brotes de ira, menos odio, menos celos y menos sentimientos posesivos. Un día, uno simplemente descubre que todo eso se ha vuelto irrelevante, ha pasado a ser historia antigua, ya no se trata de cuestiones vivas sino de cuestiones muertas. Cuanto más consciente se vuelve uno, más y más heridas se curan y más se afianza la salud y la integridad.
    En esto consiste el milagro de adquirir conciencia: en que todo lo que es erróneo empieza a desvanecerse y todo lo que es correcto empieza a suceder.
    Individualmente, y como sociedad, la cuestión primordial es decidir si preferimos estar dormidos o despiertos, inconscientes o conscientes. Este libro presenta un mapa del despertar de la mano de la sabiduría de Osho.
    5 hr 12 min

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