ECOS DEL CONOCIMIENTO: AUDIOLIBROS ACOSCERCULTURA

ECOS DEL CONOCIMIENTO: AUDIOLIBROS ACOSCERCULTURA

By ACOSCER HORIZONTE UNIVERSALReligion & Spirituality
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ECOS DEL CONOCIMIENTO: AUDIOLIBROS ACOSCERCULTURA episodes

  • La creatividad según Osho – Liberando las fuerzas internas
    Osho es un personaje muy singular, que cree en la existencia de lo divino pero no en los dioses ni en las religiones. Contradictorio y chistoso, dice cosas que me emocionan por su alta sensibilidad. Es un místico criticado por mucha gente y también guía de muchísimos más. He leido su libro sobre la creatividad, que se lee rápido pues es ameno y original, y voy a presentar aquí un resumen a partir del índice y una recopilación de textos llamativos e interesantes.
    Osho presenta 5 obstáculos principales contra la creatividad, entendida como la creación de algo nuevo. Estos obstáculos son: Egocentrismo, Perfeccionismo, Intelecto, Creencia, Juego de la Fama.
    Por otro lado dice que hay 4 llaves o claves para ser más creativo: 1- Vuelve a Ser un niño, 2- Dispuesto a aprender, 3-Encuentra el nirvana en lo cotidiano y 4-Sé un soñador.
    Al final del libro habla de la creatividad suprema como sentido de la vida.
    El libro está en Pleneta Agostini, Biblioteca del bienestar emocional y se llama “La creatividad , Liberando las fuerzas internas.” Cabe destacar que él mismo afirma hablar y opinar sin deseo ninguno de adoctrinar, pues las palabras, palabras son y los pensamientos son cambiantes. El libro que presento está redactado a partir de las charlas que daba.
    Comparto con él su idea de que los pensamientos no son necesarios y lo que lo que necesitamos es silenciar nuestra mente para poder comprender mejor y sentir lo que existe en nosotros y a nuestro alrrededor. Cuenta del zen que para convertirse en un gran artista primero se debe aprender durante 12 años a pintar y después, durante otros 12 años más tienes que olvidar todo sobre la pintura haciendo otra vida. Y entonces un dia serás capáz de pintar. La técnica se ha convertido en parte de ti y ahora puedes ser espontáneo. Lo que permanecía en el fondo de tu ser, aflora libre.
    FRAGMENTOS DE TEXTO DESTACADOS
    “La creatividad significa que estás en total relajación. No quiere decir inactividad, quiere decir relajación; porque partiendo de la relajación nacerá mucha acción. Pero no la harás tu, serás solo un vehículo. Comenzará a surgir una canción a través de ti; tu no eres el creador, viene del más allá.” … “la superación sólo se produce cuando algo del más allá entra en contacto contigo.”
    “ ¿Cuál es la diferencia entre un creador y un productor? Un productor conoce la forma correcta de hacer una cosa, el modo más económico de hacer una cosa; con el menor esfuerzo puede obtener más resultados. Es un productor. Un creador hace el tonto. No sabe cuál es la forma correcta de hacer una cosa, de modo que sigue buscando e investigando muchas veces en diferentes direcciones . Muchas veces en la dirección equivocada; pero por donde va, aprende. Se va enriqueciendo. Hace algo que nadie ha hecho nunca.”
    “Recuerda, una persona creativa siempre está probando caminos incorrectos. Nunca serás creativo si para hacer algo siempre sigues el camino correcto, porque el camino correcto significa el camino descubierto por otros.”
    “Sólo aquellos que están dispuestos a arriesgar su prestigio, su orgullo, su respetabilidad, una y otra vez, y pueden adentrarse en algo que nadie piensa que valga la pena meterse… Siempre se piensa que los creadores están locos.”
    “El verdadero artista nunca piensa en la perfección. No tiene una idea de perfección, simplemente se permite a sí mismo rendirse, dejarse ir y si ocurre algo, que ocurra. El auténtico artista piensa en la totalidad, pero nunca en la perfección. Quiere hacerlo todo con totalidad, eso es todo. Cuando baila quiere desparecer en el baile.”
    “La auténtica creatividad no nace del recuerdo sino de la conciencia. Tendrás que volverte más consciente. Cuanto más consciente eres más grande es la red que tienes, y por supuesto más peces quedarán atrapados.”
    “La mayor creatividad se da en personas que están formadas en otra disciplina… Siempre que una persona va de una disciplina a otra, aporta el sabor de su disciplina aunque esa disciplina no pueda ser puesta en práctica.” “Mi sugerencia es que la gente debería ir moviendose de una disciplina a otra. Cuando te acostumbras a una disciplina, cuando te encuentras atrapado con la técnica, salta a otra disciplina. Verás como te vuelves cada vez más creativo.”
    “Todo el mundo entiende el pasado, todo el mundo ha sido educado para entenderlo. Traer algo nuevo al mundo significa que nadie será capáz de apreciarlo; es tan nuevo que no hay ningún criterio con el que pueda ser evaluado.”
    “El verdadero arte es aquel que te ayuda a estar en silencio, calmado, dichoso, te da ganas de celebrar, te hace bailar. Si alguien participa contigo o no, carece de importancia. … Si te quedas absorto en él, si haciéndolo te sientes inundado de alegría y paz, ese es el verdadero arte.”
    “Elogia a un hombre que ha creado una canción, al que toca bien la flauta, a un gran amante, al que ha cultivado rosas hermosas. Alaba a un hombre porque, a través de él, el mundo está cada vez más lleno de gracia. Y entonces encontrarás el sentido
    “El sentido llega a través de la participación. ¡Participa en la vida! Participa tan profundamente, tan totalmente como puedas. Arriesga todo por la participación. Si quieres saber qué es el baile, no vayas a ver a un bailarín, aprende a bailar, sé un bailarín. Si quieres conocer cualquier cosa ¡participa!”
    “No dejes que tu vida se convierta en un ritual muerto. Deja que haya momentos inexplicables. Deja que haya cosas misteriosas, que no puedas justificar con ninguna razón. Haz algunas cosas por las que la gente crea que estás un poco loco. “
    Nota final: Por favor, que nadie me cuente nada de la vida de Osho. No me interesa en absoluto su vida, solo me interesan sus opiniones, y con respeto, las atiendo, aunque se repita diciendo “lo auténtico y lo verdadero…”. Creo que fue un gran creador y místico, inspirador y rompedor.
    10 min
  • YO SOY LA PUERTA *OSHO* audiolibro
    En este siglo de grandes aventuras, en el que el pan coti­diano alterna con explosiones termonucleares y viajes inter­planetarios; en este mundo de aparente progreso en donde to­dos corremos apresuradamente sin saber a punto fijo hacia dónde -quizá hacia la locura-; en medio de esta barahúnda: la voz pausada del Oriente nos llega para detenernos, alertar­nos. Aquel que sabe oír conocerá en esa voz el llamado hacia la verdadera aventura -la única posible para los buscadores de la verdad-, aquella que, nos conduce hacia el encuentro de nosotros mismos: tierra virgen, universo "olvidado, el paraíso perdido de nuestros primeros padres" o el sat chit anand de los Vedas.
    "Osho es esa voz. Mejor dicho, es la voz del Cosmos que se hace oír a través de él. Todos los días apa­rece ante un grupo de discípulos venidos de todos los confines y deja que fluya la Sabiduría [así, en mayúscu1as. Gracias a la cinta magnetofónica retenemos su voz. Sus libros son la trascripción fiel de esas grabaciones. El nunca ha escrito na­da, sin embargo .sus libros suman ya centenares.
    Cuando por mi fortuna me encontré en aquel grupo en Pu­na, India, una mañana de febrero de 1975, quedé literalmente fascinada, Osho me dio la impresión de ser un hombre luminoso, más que eso, transparente, a través del cual 'fluía una catarata arrebatadora de palabras, con un po­der de llegar a lo hondo no sólo del tema, sino al fondo mismo de sus oyentes, removiendo y despertando inmisericorde la con­ciencia. Nadie después de escucharle puede seguir siendo el mismo. Bastaría su presencia, pero sus palabras quedan, y así llegan hasta aquellos que nunca estuvieron allí.
    Cada día, desde algunos años, la presencia se repite. ¿Dónde se origina ese río inagotable? Como él mismo dice, no en la reducida mente de un individuo, sería imposible, sino que precisamente por haberse desvanecido como persona, como ego, puede la Existencia misma revelarse a través suyo. Su nombre, Bhagwan, significa Divinidad. Cuando alguien logra trascender su personalidad individual, se convierte en uno con el Todo; se reintegra a la Unidad, al Uno, y pasa a ser vehículo de esa Unidad: Rajneesh es pues, la expresión de la Sabiduría. La Sabiduría no es cúmulo de información, aunque él es re­ceptáculo de toda información. Es la voz misma de la vida. Y la vida es siempre nueva, no hay modo de catalogarla y prevenir sus respuestas.
    Sólo un Iluminado como Osho puede dar una respuesta vital a cada momento, en cada situación, pues se halla en contacto con la fuente del conocimiento. Por eso afirma: "Yo soy la Puerta. No soy nadie. Y sólo aquél que no es nadie puede ser la puerta. Puerta significa el vacío. Nada más que el espacio que sirve para pasar. Pasa a través de mí, no conmigo, y sabe. Sólo desde fuera parece que soy. Pero cuanto más hondo penetres en mí, menos me hallarás. Y al final, na­die" .
    En otros momentos menciona: ". . . Una persona Ilumina­da, que está despierta, se siente responsable de todo el embro­llo que habéis creado. Un Buda se siente responsable de tus crímenes, de tus pecados. Se siente involucrado en ellos. Sien­te compasión. Sabe que tú no sabes. El es plenamente cons­ciente".
    ". . .Por ejemplo, la tercera guerra mundial está por ve­nir. Aquél que está despierto, Iluminado, conoce plenamente lo que va a suceder. Se acerca más cada día, pronto estará sobre nosotros. Pero tú estás dormido, profundamente. El no duerme, él no sueña; está absolutamente consciente como un radar. El conoce el futuro y se siente culpable, tiene que hacer algo. . ."
    ". . .Un Buda 'se sentirá responsable de nuestros críme­nes. Toda la historia de Jesús está basada en esa responsabili­dad. . ."
    Advierte que: "La última parte de este siglo será definiti­va, pues decidirá el destino de la entera humanidad por los si­glos venideros. . . El tiempo es corto y el momento crucial".
    Su compasión se desborda cuando dice: ". . .No pierdas tiempo y empieza. No calcules, empieza. No dudes, empieza. No mires atrás, empieza. . ." ". . .Las puertas del templo es­tán abiertas de par en par, sólo en miles de años esta oportu­nidad viene a la tierra. Sabe que no permanecerán siempre abiertas. La oportunidad puede fácilmente perderse. Por eso mi llamada insistente: ven y entra".
    Su mensaje es fascinante, y también necesario. Es urgente para el hombre de este siglo saber que hay otra opción en la vida. Que es posible detener la rueda de las frustraciones a la que nos sentimos uncidos. Que existe la felicidad y que está a nuestro alcance. Que sólo necesitamos ser conscientes. Des­pertar. Vivir en verdad, aquí y ahora.
    Este libro es la recopilación de ocho pláticas que Osho dio como respuesta a las preguntas de una discípula de Nueva York. Ma Ananda Pratíma, en su calidad" de representante del NEO-SANNYAS INTERNATIONAL. Estas sesiones se efectuaron en Bombay, India, en ocho diferentes días del año1971.
    MA PREM SUGUITA
    CAPÍTULO I
    YO SOY CONCIENCIA, YO SOY LIBERTAD
    (Entrevista, 14 de Abril de 1971)
    Pido perdón por formular preguntas tan personales, y si lo hago es porque creo que arde en los demás la misma curiosidad que inflama mi corazón. Pregunto pues, en nombre de todos:
    1. ¿Quién eres tú, Bhagwan?
    2. ¿Por qué haz venido al mundo?
    3. ¿Cuál es tu misión aquí y cómo vas a realizarla?
    Bhagwan Sri Rajneesh:
    No importa si estas preguntas son personales o no, porque para mí la persona no existe. No me puedes hacer preguntas personales porque no hay persona a quien referirse. No es incorrecto el que se formulen; lo que sí lo es, es imaginar que la persona existe. La personalidad es no – existente, una no entidad. De hecho no hay persona en verdad, solamente Una, Dios, poseedor de personalidad porque únicamente él es el centro. Nosotros carecemos de centro; el centro no existe, pero nosotros nos imaginamos serlo. Nuestro centro es hipotético, ilusorio; y sentimos que sin él la vida no es posible. Esta pretendido centro es el ego, el yo.
    Tú puedes pensar que esta pregunta es personal, pero lanzada a mí, se dirige a una no – entidad. En cuanto concierne a mí, yo no siento ser una persona cuanto más uno se interioriza, menos es. Y al llegar a la máxima intimidad de sí mismo, el ser se ha desvanecido.
    Preguntas después: “¿Quién soy yo?”. He de responderte: “Yo no soy”. Siempre invito a los discípulos a que se interroguen: “¿Quién soy?” para que, al hacerlo lleguen a un momento tan intenso que el sujeto no exista: sólo quede la pregunta. Llegará ese momento con tanta intensidad y hondura que se revelará lo absurdo de la pregunta. Te das entonces cuenta que no hay uno que pueda preguntarse: “¿Quién soy yo?” o al que podamos preguntarle: “¿Quién eres tú?”. No se formula la pregunta para obtener una respuesta, sino para trascenderla.
    Nadie hay en el interior; de hecho, no hay interior. Si el interior no existe, el exterior tampoco; si no estás adentro, tampoco estás afuera: he ahí la totalidad del mundo. La existencia es una totalidad no dividido en la dicotomía de “yo” y “tu”. Para mí, pues, concede sentido la pregunta: “¿Quién eres tú?” La pregunta apropiada sería: “¿Qué es?” Es decir: ¿Qué? No quién, porque el “que” puede ser el todo, referirse a la totalidad, a lo que existe.
    La pregunta “¿Qué es?” es existencial, y no hay en ella dicotomía; no divide. En cambio el ¿Quién?, separa desde el mismo comienzo; implica dualidad, multiplicidad: sólo hay Ser, no seres. Cuando digo solamente Ser, quiero significar Existencia – Ser, porque no podemos existir aparte de otros. Si no hay el otro, carece de sentido decir que uno existe.
    Así, pues, sino hay realmente un ser sino el Ser, no hay Dios, sino Divinidad, pues incluso la palabra ser corresponde a limitación. La misma palabra “Dios” implica finitud; no puede ser infinito. En cambio Ser o Divinidad sí es infinito, abarca todo lo que existe; lo incluye todo; nada queda excluido. Cuando me preguntas, pues ¿Quién eres tú?, lo interpreto como: “¿Qué es?, lo único que para mí tiene significado.
    Has penetrado a través mío, una cuestión fundamental. “¿Qué es?, no el “yo”, sino el propio Ser, la propia Existencia. Si uno profundiza una sola gota de agua, encontrará el océano. Solamente en la superficie es gota, y por ser la propia existencia, la esencia última de una gota de agua es la misma que la del océano: es oceánica. Es por ignorancia que uno se siente gota de agua: es el océano. Tú te has referido a la gota, que para mí significa el océano. Y, al responderte, no lo hago sólo por mí, sino también por ti: en mi respuesta incluyo todo lo que existe.
    ¿Qué existe? ¡Hay tantos niveles! Si uno sólo se da cuenta de la superficie, entonces la materia existe; es la superficie de la Existencia. La ciencia antes se movía solamente en la superficie, y la materia era lo único real: no había más. Ahora ha dado un paso adelante y afirma que no existe la materia, sino la energía: energía es la segunda capa, más profunda que la materia. Si uno profundiza en la materia, entonces no hay materia sino energía. Pero tampoco es bastante, porque más allá de la energía existe la Conciencia. Así, pues, si me preguntas: “¿Quién eres tú?”, te respondo “yo soy Conciencia”, respuesta que lo incluye todo – todo es conciencia - , yo represento a todos. Tú, tal vez, ignoras que eres conciencia, mas yo respondo también por ti: Conciencia existe, y el sustentarlo, tiene para mí un particular y muy definido significado: que nunca será no existente. Si algo puede caer en la no existencia es que nunca ha existido. Su realidad era fenomenológica, aparentaba existir solamente.
    Todo lo que cambia es fenoménico; no es realmente existencial. Y el cambio opera en la superficie. Lo íntimo, la esencia última, es inalterable; está siempre en el presente. No podemos decir que era o que será. Dondequiera que es, es.
    Solamente el presente es. No hay pasado ni futuro porque el pasado y futuro sólo existe en virtud del cambio. Cuando algo “es”, entonces no tiene pasado ni futuro; únicamente presente. Por supuesto que el sentido de “presente” es diferente, muy diferente; no es algo entre pasado y futuro; sino un puro momento entre dos inexistencialidades: el pasado que se ha ido, y el futuro que no ha llegado aún. Entre estas dos inexistencialidades: el pasado que se ha ido, y el futuro que no ha llegado aún. Entre estas dos inexistencialidades, parece que existe un momento presente. Pero esto es imposible: entre dos inexistencialidades no puede haber existencia, es tan solo una apariencia.
    Cuando digo que la Conciencia existe, no aludo a algo del pasado futuro, sino algo eterno. No puedo decir sin fin, porque esta palabra fin encierra el concepto de tiempo: existir siempre en el presente, implica que es intemporal. Existencia, pues, corresponde a intemporalidad; estar más allá del tiempo y, simultáneamente, más allá del espacio, pues todo lo que está en el espacio, ha de convertirse en inexistencial. Tiempo y espacio no son dos cosas, sino una sola. El tiempo es sólo una dimensión del espacio; el movimiento en el espacio es tiempo; tiempo inmóvil es espacio. La existencia es intemporal e inespacial.
    Esto quizás permita comprender que yo soy alguien intemporal e inespacial, porque mi “yo” lo incluye todo. Tú estás también incluido. Nada está excluido. Entonces será más fácil responder a tu pregunta.
    Todo lo cambiante tiene un propósito; algo que debe hacerse: y el propósito cumplido, camina hacia la inexistencia. Pero todo lo que es realmente existencial no tiene propósito; no hay propósito que debe cumplirse. Y si hay un propósito y ha de cumplirse, entonces pierde la Existencia su significado. Sólo lo temporal tiene propósito. Es para algo; tiene alguna finalidad. Esto es lo que quiere decir propósito, algo que ha de realizarse y cuando se ha cumplido se desvanece. Pero “yo” seré necesario siempre, y cuando digo “yo” todo está incluido. No hay propósito en esto.
    La existencia carece de propósito; por esto se llama “lila”, drama. La Existencia no tiene propósito qué cumplir; no va a ninguna parte, no tiene fin. Sin embargo, perdura, sigue siendo. Así es que la vida debe ser un juego, sólo un fluir de energía. Todo esto puede estar relacionado conmigo, que no soy nada en absoluto, y aún así hablo de hacer cosas.
    Una vez que tú hayas sabido que eres parte de la Conciencia Cósmica, también te darás cuenta de que careces de propósito. Existes sólo como en un drama; por supuesto drama cósmico, multidimensional. Tú actúas y, sin embargo, no hay hacedor ni propósito. Dos cosas que no existen; en realidad es un juego.
    Téngase en cuenta que un hacedor no puede existir sin un propósito, ni un propósito sin hacedor. Son dos polaridades del ego que se siente incómodo, si no hay un propósito. El ego se satisface a través de propósitos. Algo debe hacerse, y triunfar; debe llegarse a alguna parte. El yo está para algo; y se propone hacerlo. La existencia, por otra parte, no tiene propósito, y hasta que tú conozcas lo que está más allá del ego, no sabes nada de nada.
    Así, para mí, todo es un juego. Ni yo lo tengo, ni hay aquí ningún propósito. Sin embargo, sigo actuando”¿Por qué sigue el proceso?” Sigue, porque no hay un propósito en detenerlo, y no hay nadie que lo detenga: su naturaleza es continuar. Uno se convierte en el intermediario; de otra manera no podría serlo. Activamente tú no puedes ser un intermediario, un medio; tan sólo la pasividad te convierte en medio. Y pasividad significa que tú no estás ya. De otra manera, tú eres verbalmente pasivo. El ego es siempre activo. En el momento es que tú eres pasivo el ego no lo es: pasividad significa ausencia de ego.
    Yo soy totalmente pasivo. Lo que sucede, sucede. Nunca preguntó: “¿Por qué?”, porque no hay nadie a quien preguntarle. Y aún si encontraras al mismo Dios. El simplemente se reiría. Ni él podría responderte. No podría debido al concepto de causalidad. El concepto “por qué” tiene sentido sólo en una dualidad. Si tú tienes un principio y un fin, la causalidad tiene sentido. En cambio si tú entiendes el fluir en su integridad, como sin fin ni principio, entonces unas cosas vienen de otras. Tal como las olas del océano, cada ola tiene otra ola detrás y cada ola tiene otra frente a sí. Todo el océano es un oleaje: las olas son eternas. Pero nadie pregunta, excepto los seres humanos, los únicos que viven en ansiedad.
    Cuando la mente humana se halla ansiosa, pregunta, y entonces provee las respuestas. Mas como las preguntas no tienen sentido, las respuestas, tampoco. Pero fabricamos las preguntas, y no podemos estar tranquilos si no buscamos las respuestas. Y así seguimos encontrando respuestas a las preguntas creadas. Si llegas a darte cuenta de la crasa tontería de formular preguntas y responderlas, tú podrás notar que has estado sosteniendo un monólogo contigo mismo. NO es sino la mente humana que pregunta y ella misma responde.
    Esto es un escamoteo de la misma mente: no hay diferencia entre quien pregunta y quien responde.
    La mente humana pregunta y la mente humana responde. Y hemos creado tal embrollo de preguntas y respuestas, que nada podemos saber en claro; se quedan las preguntas donde siempre han estado. Si tú puedes ver esta entera procesión de preguntas y respuestas; este sin sentido estéril esfuerzo que no nos lleva a parte alguna; si te haces de repente conciente de este absurdo, vas a reírte; y en el momento en que estalle tu risa, trasciendes completamente la mente humana. No hay pregunta ni respuesta; entonces amas. No hay propósito ni causa, entonces basta el vivir en sí mismo.
    Tú preguntas y yo te respondo; pero yo no puedo hacerte ninguna pregunta. En lo que a mi se refiere no hay ninguna pregunta. Estoy viviendo como las olas del océano, o como las hojas del árbol, o como las nubes del cielo, sin pregunta alguna. Y en el momento en que fui conciente del absoluto absurdo de preguntas, algo se perdió completamente, totalmente. Fue una resurrección. Renací, renací en una dimensión cósmica, no como un “yo”, sino como la Conciencia Cósmica misma. En esta dimensión cósmica, toda cosa es un juego. Tan pronto como entiendes esto, no solamente lo entiendes, sino que lo vives, la vida se transforma en juego y tú te sientes del todo muy a gusto. No hay tensión. Estás relajado. No hay ego.
    El ego no puede relajarse, vive en tensión; se alimenta de tensiones. Cuando no hay ego, no hay tensión; y tú, lo incluyes todo. No tienes pasado ni futuro porque tú eres eternidad. Cualquier cosa que suceda es un suceso; no es que tú lo hayas hecho ni que algo sea hecho por ti: son nociones ilusorias. Hasta las personas religiosas piensan en estos términos: hay que hacer algo, y el ego se ha asentado, es más piadoso y más peligroso. Cuando el ego está allí, ambos, sujeto y objeto, están también allí: el objeto ha cambiado pero el proceso sigue siendo el mismo.
    Cuando yo me refiero a mí, no hay nadie a quien referirse, es sólo un artificio del lenguaje para que tú puedas entender; de hecho no hay uno a quien pueda llamar tú o yo. Pero entonces el lenguaje es algo imposible. Por esto la Verdad no puede expresarse en palabras. La Verdad no puede tomar forma lingüística alguna, porque el lenguaje lo crearon quienes no son verdaderos, existenciales. El ego mítico ha creado el lenguaje y no puede nunca trascenderlo. Así pues, aunque sepas que no hay nadie a quien referirse como “yo”, tenemos que usar esto en el lenguaje. Pero te recuerdo que nadie existe.
    Nada hace este yo. Todo sucede por sí mismo. Nosotros mismos sucedemos, somos sucesos. La Existencia entera es un suceso, no un hecho; el viejo concepto de Dios como creador no tiene sentido para mí. Yo no diré, pues Dios, el Creador porque la expresión refleja nuestra concepción egoísta de crear, hacer. A semejanza de hacer humano, así Dios hizo el mundo. Nos hemos proyectado en el plano cósmico: hay una creación y un creador; existe la dicotomía.
    Para mí, Dios es eso que sucede – no el Creador – sino lo que sigue sucediendo. Dios significa eso que continúa eternamente; cualquier cosa que sucede es Dios. Tú y todos los demás somos sucesos, y Dios es este eterno suceder. No hay creador ni creación, egoísta dicotomía que es nuestra proyección en el plano cósmico. En cuanto sabes que en ti no hay dicotomía de hacer y hacedor, entonces te das cuenta que no hay actor ni acto: sólo sucesos. Y cuando se produce la revelación del eterno suceder, desaparece el peso de encima, la tensión. Suceso fue tu nacimiento y otro suceso será tu muerte. Tu estar aquí es un suceso; tu no estar aquí será otro: en verdad tú no estás en ninguna parte.
    ¿Por qué todo esto? ¿De donde procede este ego que piensa “yo soy” “yo hago”? De la memoria, la máquina acumuladora de datos: naces, te conviertes en niño, joven, envejeces…En el intervalo muchas cosas suceden: amor, odio…Y la memoria sigue acumulando. Cuando contemplas el pasado, la íntegra reunión de datos en la memoria, se convierte en “yo”, “Yo amé”…”Sería mejor decir que en alguna parte sucedió el amor; el “yo” no fue el autor. La memoria de que “yo ame” ha sucedido precisamente como nacer, morir. Si una persona pudiera recordar esto por veinticuatro horas: que las cosas pasan y que no hay autor, nunca más ella sería la misma. Pero esto es muy difícil de recordar ni por un momento.
    Te será muy difícil recordar que los acontecimientos se suceden y que tú no eres el autor. Por ejemplo yo estoy hablando. Si yo digo: “que estoy hablando” y pretendo sustentar que “yo hablo”, he confundido el fenómeno. No sé cual será la próxima frase; pero ella llega. He ahí, un suceso, con el cual no puedo relacionarme: algo sucede a través mío. Yo no soy en absoluto el autor. He ahí el sentido de por qué los Vedas conocían este hacho, el hecho de que algo sucede. Ellos no son los autores, algo les llega; ellos son solamente los intermediarios, los medios, los vehículos…y aún el ser este vehículo es un suceso. No es su obra el haberse convertido en vehículos, de otra manera la misma falacia existiría en otro nivel.
    Si profundizas cualquiera de tus actos, hallarás en ellos acontecimientos. No hay acto porque no hay actor. ¿Cómo puede uno preguntar “por qué”? ¿Quién puede responder? Nadie, la casa está vacía, el dueño no existe. Deja que sucedan las cosas, la casa misma sin dueño es capaz de sucesos. Trata de entender esto más claramente. Buda repetía constantemente: “cuando caminamos no hay caminante sino el caminar”; ¿Cómo puede entenderse esto? Si yo no soy, ¿Cómo puedo caminar? Pero camina y encuentra donde estás; encontrarás solamente el caminar. No podemos entender cómo alguien puede hablar y decir que hay sólo palabras, pero de hecho, no ha habido poetas, sólo la poesía ha sucedido. No ha habido pintores, sólo pintura. Pero el vehículo se convierte en el dueño.
    La memoria crea la falacia. Mas para mí la falacia no existe. La memoria no puede atraparme, ha perdido su poder sobre mí. Las cosas suceden, pero no hay autor, y seguirán sucediendo, sucediendo… Yo no seré el gobernante, el amor. Cuando entiendas esto, te convertirás en el amo en un sentido muy diferente. Si tú no eres, entonces no puedes esclavizarte negativamente.
    Ahora tu libertad es total. Nadie puede hacerte su esclavo. No hay posibilidad alguna de esclavitud. Parece una situación paradójica, pero es un hecho. Ese que trata de ser el amo está siempre en peligro de convertirse en esclavo; en cambio aquel que se trasciende a sí mismo, hállese ahora más allá de cualquier esclavitud: es libre, tan libre como el cielo. Mejor dicho, es la libertad misma, pues cuando uno es libre, el agente existe. El es libertad. Así que si te place, te diré: “soy la libertad”. NO puedo decirte esto razonablemente, pues si hubiera razón, uno no sería libre, estaría ligado a ella.
    “Yo soy absoluta libertad”, en el sentido de que nada debe hacerse; estoy en espera. Las cosas sucederán y yo las aceptaré. Y si no suceden, entonces aceptaré el no suceder. Y sigo esperando. Esta espera lo convierte a uno en un vehículo de las fuerzas divinas de la Existencia. Mucho se hace a través tuyo cuando el actor no existe, y nada a través de ti, cuando si está. Cuando hay hacedor tú estas, y estás haciendo algo que es imposible, puesto que el hacedor es imposible. Por lo tanto, como que el hecho no es posible, estás realizando un esfuerzo absurdo, y sólo frustración será el resultado. Cuando tú no eres, siempre hay triunfo. No hay fracaso tampoco porque eres, siempre hay triunfo. No hay fracaso tampoco si nunca has tratado de ser nada. Lo que pasa, en fracaso o triunfo, es un suceso, y cuando ambos acontecen, te vuelves indiferente. Cualquier cosa te es igual.
    Así que puedo concluir que cuando digo “yo”, todos están incluidos. “Yo soy Conciencia y Soy Libertad”. Uso dos palabras: conciencia y libertad, sólo para que el misterio esté más a tu alcance; una y otra tienen el mismo significado. Conciencia es libertad; libertad es conciencia. Menos libertad, más materia. Mayor libertad, mayor conciencia. Cuando decimos que esta mesa es materia, queremos decir que no es libre de moverse. Cuando decimos que tú eres un ser conciente, es que tú eres libre hasta cierto punto. En cambio, si te conviertes en la Conciencia misma, si profundizas esto y penetras hasta tu fuente, entonces sabes que no eres un ser conciente, sino la Conciencia misma. La Conciencia no es una cualidad agregada a ti: tú eres conciencia; tú eres totalmente libre.
    Encamínate, entonces, a donde quieras: o te vuelves más libre o más conciente: una parte arrastrará automáticamente a la otra. Sé más libre y serás más conciente. Sé más conciente y serás más libre. No puede ser de otro modo porque conciencia crea libertad. Y cuando tú eres totalmente consciente, eres totalmente libre, no hay causa ni propósito para ti. Existes, y cada cosa es un suceso, y un suceso es “lila”.
    4. Bhagwan, ¿Eres tú un ser autorrealizado?
    5. Cómo explicas tu relación con la existencia y con la gente?
    La palabra que empleas: “autorrealización”, no es correcta, porque realización implica trascendencia del ser. Es por lo tanto, una palabra contradictoria. Si tú lo realizas te das cuenta de que no hay ser; si no lo realizas, entonces hay ser. Mientras el conocimiento del ser es una no – realización, realización es el conocimiento del no ser. Así que no puede decir que soy autorrealizado, puedo solamente decir que ahora no hay ser. Había un ser, pero ese fue descartado. Cuando entras en el templo de la autorrealización, ya no lo encuentras; se ha desvanecido. Es una sombra que te sigue hasta la puerta, y no solamente va en pos de ti, sino que se te agarra, pero sólo hasta el dintel. No puede entrar en el templo, y si lo quieres salvar tendrás que permanecer afuera. El ser es la última cosa que uno tiene que descartar, y puede uno liberarse de todo, pero liberarse del “ser” parece muy difícil porque implica esfuerzo por alcanzar la autorrealización. El autorrealizarse es un esfuerzo del ser por el ser, y en el momento en que te des cuanta que “tú” dejarás de ser tú, no lo intentarás.
    Todos los grandes predicadores han usado palabras falaces. “Autorrealización” es una palabra falaz. Y se recurre a ella porque no entenderías si te dijeran “realización del no ser”. Te parecería absurdo. Pero esa es la realidad: tomar conciencia del no ser. Sólo Buda usa anatta, no ser. He ahí por qué Buda fue expulsado de la India. Él fue simplemente desarraigado, y el budismo no pudo echar raíces hasta que no empezó a usar la palabra “autorrealización”. Se introdujo el budismo en China y Japón y se empezó a usar “autorrealización”. Pero Buda decía: “realización del no ser”, como yo lo hago, por ser la única realización.
    En el momento en que no hay ser, te vuelves cósmico. Esto no es darse cuenta de algo, sino un gran juego. Conocer al ser es no solamente el máximo juego, sino el último juego. NO es el ser algo que deba protegerse, sino destruirse, porque es una barrera hacia tu última potencialidad, hacia tu última realización.
    No puedo decir, pues, que soy “autorrealizado”, sino que he “realizado el no – ser”, la única realización posible. NO hay otra. El énfasis de aquellos que se llaman autorrealizados, está en el ser, no en la realización. Mi énfasis está en la realización; por esto niego enfáticamente al “ser”.
    ¿Cómo explico mi relación con la existencia y la otra gente? La relación existe entre dos seres. Yo no estoy relacionado, no estoy en relación con. La relación existe siempre entre dos. Parece paradójico, pero en una relación tú permaneces no relacionado. Con quienquiera que te relaciones tú permaneces no relacionado, porque la relación existe entre dos. Dos estarán allí. Es, pues, sólo una fachada para ocultar la realidad. A veces, te engañas creyéndote relacionado, pero después regresas a ti mismo y ya no hay relación. Por ejemplo, cuando estamos enamorados parece que estamos relacionados, creamos una falacia de relación, pero de hecho tan sólo nos engañamos. Los dos permanecen dos, no importa cuán cerca se hallen. Aún en la comunión sexual continuarán dos: la unidad puede solamente existir entre dos no – seres.
    Así, en lo que concierne a mí, no estoy relacionado con la Realidad Cósmica, y no por eso estoy asilado. Quiero decir que ninguno puede existir en estado de relación. Por lo que respecta a la Realidad Cósmica, yo soy Uno, y la Realidad Cósmica es una conmigo. Por mi parte, yo soy uno, pero en lo que concierne a la gente no lo soy. Los individuos sienten estar relacionados. Algunos como amigos, otros como enemigos; otros como hermanos o discípulos. Ellos están relacionados conmigo, pero yo no lo esota con ellos. ¡Y acontece que tengo que hacerles perder esa idea de relación! Pero no debe haber esfuerzo de su parte. Esto solamente será la realización del no ser.
    Cuando la gente llegue a darse cuenta que no hay uno que pueda ser discípulo o guía; que no hay quien pueda estar relacionado con nadie, se desvanece el ser y queda el desnudo el vacío. ¡Sin ropas que estorben! Si estás totalmente desnudo, sabiendo que no hay ser, tú no eres sino espacio, cielo interior, vacío: te has convertido en Uno; estás realmente relacionado, sin relación: cuando se realiza la Unidad, el ser no existe.
    Me preguntas cómo estoy relacionado con el Cosmos y con la gente. Para mí no soy dos cosas: Cosmos y gente. Lo cósmico se manifiesta en múltiples formas; una de ellas es la gente. Lo cósmico es como sol, estrellas, tierra, árboles, animales, gente. Sólo difiere la frecuencia. La Divinidad es la misma. Así que, para mí, lo cósmico y la gente no son dos cosas.
    Todo lo que he dicho hasta aquí no son ideas; es un hecho. Pero si pienso – y tengo que pensar si me pongo en tu lugar- entonces tú estás relacionado conmigo porque “tú eres”, y hasta que “tú no seas” mantendrás esta relación. Esto crea una situación muy difícil. En cada momento adviene una difícil situación.
    Tú te crees relacionado conmigo; sientes que me perteneces, y empiezas a esperar que yo te pertenezca: por esta expectación te vas a sentir frustrado, pero puede tomar más tiempo. Con alguien que es “no - ser” esto será instantáneo. Cada momento será frustrante porque no habrá nadie que cumpla lo que esperas. ¿Nadie! Yo soy muy irresponsable porque no hay quien pueda responderte. Hay respuestas, pero no responsabilidad, pues cada respuesta es atómica; no puede ser una secuencia; ni puedes esperar nada del momento que sigue. Ni yo lo sé. La respuesta será atómica, cada una completa en sí misma, de ningún modo ligada al pasado o al futuro.
    El ego es una serie de acontecimientos, sucesos y memorias: es así porque se existe en serie; y tratas de tomarme, de alienarme como en una serie; pero no es posible. Así que todos estarán, ahora o más tarde, enojados conmigo, porque mi respuesta será atómica, no seriada. La respuesta en serie se convierte en una responsabilidad, y tú entras a depender. Pero yo estoy fuera de toda dependencia, incluso de mí mismo. No sé lo que va a suceder. Estoy completamente abierto y acepto cualquier cosa que suceda. Y nunca pienso en términos de relación: no puedo, porque yo vivo en términos de unidad.
    Aunque estés cerca de mí, yo no estoy relacionado contigo. Soy uno contigo, y tú interpretas esa Unidad como amor. Pero esta Unidad no es ni amor ni odio, porque todo lo que se conoce como amor puede cambiarse en odio: la unidad nunca cambia. Puedes estar cerca, lejos; ser mi enemigo, amigo…No hay diferencia. En lo que respecta a mí, puedes irte o quedarte. ¡Es igual!
    La relación es condicional; la unidad es incondicional. La relación hállese siempre condicionada; cambia con la condición y la relación cambia asimismo. Todo está siempre sobre un volcán, y las relaciones se hallan siempre en estado de movilidad, de cambio, desvaneciéndose. Así pues, toda relación produce temor porque siempre está en peligro de desaparecer y cuanto más intenso es el temor, más fuerte es la garra. Y cuanto uno más se aferra, más aumenta el miedo. Pero la unidad es diametralmente opuesta; es incondicionada, existe incondicionada, sin expectación; sin esperad de resultado. No está supeditada al pasado ni orientada hacia el futuro; es una momentánea, atómica existencia, sin relación con el pasado o el futuro.
    Yo siento la unidad con el cosmos y también con la gente. Mas mi sentimiento hacia el cosmos es el mismo que el cosmos irradia hacia mí. El sentimiento del cosmos es la unidad. Hubo un tiempo que no lo sentía así, pero ahora sé que el cosmos siempre ha tenido el mismo sentimiento hacia mí. La unidad está siempre en fluencia – siempre ha estado fluyendo - : el cosmos ha estado siempre en espera eterna. Ahora tengo ese sentimiento hacia el cosmos, al igual que hacia la gente. En el momento que alguien siente esta unidad conmigo, se convierte en cósmico. Ya no es ente individual, sino cósmico. Y tan pronto como tú sientas esta unidad – aunque sea sólo con una persona – has conocido el sabor del éxtasis. Puedes entonces lanzarte al todo. He ahí lo que está sucediendo alrededor mío. Yo no digo que hago algo. Simplemente esto sucede a mi alrededor.
    Yo no te acercaré a mí para que gustes de la unidad. Y si tú alcanzas a lograrlo por un momento siguiera, entonces nunca volverás a ser el mismo. Lento, ignorado, impredecible es este esfuerzo. Nadie puede decirte cuando llegue el momento. Tu mente está sintonizada, a veces tanto, que puedes sentir la unidad. He ahí el por qué yo insisto en la meditación, ya que es sintonización de la mente a tan alto grado que puedes desde allí lanzarte a la unidad. Meditación es para mí ponerse a tono con la unidad, abrir la mente al infinito. Esto puede suceder cuando la meditación te sobrepasa, de otro modo no es posible. Si está por debajo de ti, tu actúas; eres el controlador. Nada puede suceder entonces porque tú eres la enfermedad. Así yo te encamino hacia una meditación en la que, más allá de cierto límite, tú ya no estés. La meditación te arrebatará y poco a poco tú serás empujado. Por supuesto que tú empezarás la meditación, no puede ser de otro modo; tendrás que empezarla, pero no la terminarás, y entre el comienzo y el fin algo va a suceder. Serás poseído por la meditación; te sentirás arrojado y la meditación entrará. Entonces quedarás sintonizado con el infinito, con el cosmos: serás uno.
    Lo que importa es la unidad, no la relación. El mundo vive en relación. Relación es sansar, el mundo y debido a ella tenemos que nacer una y otra vez. Cuando se conoce la unidad, no hay nacimiento, no hay muerte. Sólo tú eres y en ti todos están incluidos. Te has convertido en el cosmos. El individuo deberá desaparecer para que la unidad sea; el ego debe desvanecerse antes de que la divinidad se realice.
    El yo es la fuente de toda relación. El mundo tiene relaciones, Dios no. La divinidad no es una relación; no es un estado de ser; lo que significa que tú no puedes ser uno con ella. Por eso un Bhakta, el devoto, no puede nunca alcanzar el cosmos, porque se mueve en términos de relación: Dios, el padre; Dios, el amante; Dios el amado. Piensa en términos del “ser” y el “otro”. Y así no trasciende el ego, a veces muy sutil, porque el devoto está luchando siempre por rendirse. El camino de la devoción es el camino de la rendición, pero hacia alguien, y mientras trates de rendirte a otro, el otro está allí. El otro no puede existir si tú no existes; sigues existiendo en la sombra. Te olvidas de ti mismo, pero el olvido no es rendición. Recuerdas tanto a la divinidad, que te olvidas de ti mismo, pero continúas existiendo en el fondo, en la sombra. De otro modo Dios no puede existir como el otro.
    Así que, el camino de la devoción tal y como existe, no puede llevarte a lo trascendental, a lo cósmico, al Uno. No es cuestión de rendirse por alguien, simplemente rendir el ser, no a los pies de nadie, sino rendirse. Si no hay ser entonces desaparece el Uno.
    Puede el ser seguir creando semillas, creando engaños. Y el más grande y cierto engaño es el del devoto, y Dios, engaño religioso. Cualquier engaño de tipo religioso es de temer, porque tú no puedes ni siquiera negarlo. Aún el hecho de negarlo te provocará culpa. Te sentirás culpable de negar el ser a la divinidad, más para la divinidad ese atributo es la proyección de tu ser. Al momento que tu ser se desvanece, no hay tampoco ser en lo que concierne a Dios: la existencia entera ha dejado de ser. Y cuando toda la existencia se ha convertido en no – ser, tú eres uno con ella.
    La trascendencia del ser es el camino; su no – existencia es la verdadera devoción, la rendición auténtica.
    Así, el problema es siempre el ser. Incluso si pensamos en la liberación, moksha, pensamos en la liberación del ser, no en liberarnos del ser. Creemos que entonces seremos libres. Pero no puedes serlo, porque moksha no es la libertad del ser, sino liberarnos de él. Así, yo existo en estado de no ser, en fluencia; en un proceso sin ser. Ni yo soy un ser, ni nadie lo es: nadie es un ser.
    Por ejemplo, hay olas en el océano, y cada ola se cree separada de él. Parece estarlo, puede engañarse, hay tantas alrededor y cada ola parece diferente. Mi ola es más alta que la tuya, o más pequeña. ¿Cómo pueden ser iguales? Las olas no pueden ver las olas del mar, sólo conocen la superficie. Tú ola está muriéndose y la mía está surgiendo. Tu ola ha alcanzado la costa y la mía está lejana de ella: ¿Cómo afirmar que somos iguales? Pero, lo pensemos o no, somos lo mismo.
    Esta ola que se cree yo, no es un ego, no es un ser. La ola ha creído que el océano es la ola, a pesar de ser sólo el fenómeno superficial. La superficie es apariencia, movimiento. Hasta tu ola no es diferente. Yo he conocido lo que a todo lo reúne. Puedes llamarlo autorrealización. Yo no lo haré. Yo lo llamaré realización del no ser porque ésta es la esencia de toda realización. Creo que entiendes lo que quiero decir.
    Cualquier cosa que haya dicho quizá no sea lo que quiero decir, y cualquier cosa que quiero decir quizá no sea lo que haya dicho. No confundas, pues, mis palabras, con su significado; penetra su hondura. Detente siempre en lo que no ha sido dicho sino indicado. Hay cosas que no pueden ser dichas sino indicadas: {esta es la característica de lo profundo y eterno. Puede ser sólo mostrado, nunca dicho. Así que no pienses en mis palabras; arrójalas siempre como inservibles; pero ahonda su significado en el silencio elocuente, este silencio que está siempre allí, tras el vocablo.
    Siempre las palabras están muertas; el significado siempre vive. Podemos estar abiertos a ellas, pero no a través de la comprensión intelectual. No es que el intelecto a veces malinterprete. No es que el intelecto a veces se equivoque, son que siempre se equivoca: el intelecto es el error.
    Mira, pues, con simpatía cualquier cosa que yo haya dicho, no trates de entenderla. Déjala que penetre en ti. Sé vulnerable, abierto a ella, que profundamente llegue a tu corazón. No levantes barreras intelectuales, y, con todo lo que eres, tú comprenderás. Tal vez no lo entiendas, peor si comprenderás. No basta el convencimiento, la comprensión es necesaria. Algunas veces entiendes o crees haber entendido, y así creas una barrera a la comprensión. El intelecto entiende, el ser sabe. El intelecto es sólo parte. Es tu ser, en su totalidad, lo que es real.
    Entonces sabes; sabes con tu sangre, con tus huesos, con los latidos de tu corazón. En cambio si tú entiendes, lo haces sólo con el mecanismo de la mente que no es profunda; mecanismo utilitario necesario para sobrevivir, para vivir en relación, pero que se convierte en barrera para la unidad y para la muerte y resurrección espiritual. Es un mecanismo natural para la sobrevivencia, pero no puede revelar la verdad última. No está en su esencia el conocer los misterios ocultos, y los misterios están ocultos.
    No pienses, pues, en lo que he estado diciendo. Vete a tu casa y duerme saturado de ello. Sólo déjalo entrar; no te resistas a que penetre; ábrete. Cualquier suspicacia está en contra del conocimiento, y sólo cuando él haya llegado a lo más profundo de tu ser, será realmente comprendido. He ahí el significado de sharaddaha, fe. NO corresponde a creencias, que tiene valor intelectual. Uno puede creer y no creer intelectualmente; ambas posturas son intelectuales. Fe no es creencia; no es intelectual en absoluto. Es la total participación mística: es ser uno con los misterios ocultos. Es un salto.
    Por lo tanto, yo no estoy interesado para nada en filosofía; pero si en el salto existencial. Y lo que afirmo es tan sólo para guiarte hacia el silencio. No quiero encerrar lo que expreso en palabras, sino es para indicar lo inefable. Acógelo con simpatía, porque sólo la simpatía es abertura. Deja que se derrame dentro de ti, y si la semilla llega al fondo, florecerá. Cuando llegue la floración sabrás aquello que ha sido dicho, pero no puedo decirse. Sabrás eso que fue dicho y que también permaneció callado.
    CAPÍTULO II
    NEO – SANNYAS INTERNACIONAL: respuesta a la crisis mundial
    (Entrevista del 16 de Abril de 1971)
    Bhagwan, hay mucha gente que se pregunta por qué otorgas sannyas en gran escala, casi a todos lo que vienen a verte.
    1. ¿Cuál es tu concepto de sannyas?
    2. ¿Qué obligación implica?
    3. ¿Cuáles son las reglas del movimiento “neo – sannyas internacional” y cómo tus sannyasins esparcirán por el mundo las técnicas espirituales?
    Para mí, sannyas no es una cosa muy seria. La vida misma no es muy seria y el que así la toma está muerto. La vida es sólo un espontáneo flujo de energía, y para mí sannyas es vivir la vida espontáneamente. Vivirla como un juego y no como un trabajo. La mente llamada “seria” – que es una mente enferma – de hecho convierte el juego en trabajo. Los sannyasins deben hacer lo contrario: convertir el trabajo en juego. Si tú puedes tomar la vida nada más que como un sueño, como un acto teatral, eres sannyasins. Renuncia, quien considera la vida como un drama soñado.
    Renunciar no es apartarse del mundo sino cambiar de actitud. Y esta actitud sí es algo muy serio. He ahí por qué yo puedo iniciar a cualquiera en sannyas. Para mí, la iniciación misma es un juego. Yo no pido condiciones especiales, porque ellas se requieren cuando algo muy serio e importante ha de llevarse a cabo. Cualquiera, pues, con solamente existir, está calificado para participar en el juego. Puede jugar, incluso in ameritarlo, porque todo es un juego. Por eso yo no pido requisitos ni tampoco exijo obligaciones. En el momento de convertirse en sannyasin, eres totalmente libre.
    Esto significa que tú has tomado una decisión, y que ésta es tu última decisión. Ahora ya no puedes tomar ninguna otra. Esta, tu última decisión, es: vivir en indecisión, vivir en libertad.
    Quien vive decidiendo nunca puede ser libre, está siempre ligado al pasado porque su decisión fue tomada entonces; no puede tomar decisiones para el futuro porque el futuro le es desconocido y cualquier decisión estaría supeditada al pasado. Al momento de iniciarte en sannyas, te has iniciado en un futuro sin mapas, sin planes: ya no estás amarrado al pasado. Estás libre para vivir, es decir, libre para actuar, jugar, y ser lo que sea. Esto es inseguridad.
    Renunciar al nombre, a la propiedad, no es verdadera inseguridad; esto es muy superficial. Pues la mente continúa igual – la mente que había pensado en términos de posesiones como seguridad. Pero la propiedad no ofrece seguridad alguna; te morirás con todas tus seguridades. Ni el hogar es seguro, te morirás en él. Así la falsa noción de que la propiedad, el hogar, los amigos y la familia nos ofrecen seguridad, prevalece todavía en la mente que piensa “he renunciado, ahora estoy en inseguridad”.
    Sólo la mente, sólo la persona que vive desligada del pasado, vive en inseguridad. Inseguridad significa desvincularse del ayer, y esto tiene muchos significados porque todo lo que tú sabes, procede de ese ayer. Incluso tu mente de él arranca. Por lo tanto, aquel que renuncia al conocimiento está realmente renunciando a algo. Tú, tú mismo procedes del pasado porque no es sino un cúmulo de experiencias. Así, quien renuncia a sí mismo, está renunciando a algo: todos tus deseos y tus esperanzas, todo confirma el pasado. Quien a él renuncia, renuncia a sus deseos, esperanzas, expectaciones…
    Ahora no eres sino un vacío, una nada, nadie: Sannyas significa arrojar toda pretensión de ser alguien; carecer de identidad, ser nadie. Esta es la última decisión de tu mente, con ella se cierra el pasado. Anulada, inexiste la identidad; perdida la continuidad, tú eres nuevo: renaces.
    Y cualquiera que esté vivo está capacitado; capacidad que le permite darse cuenta que vivir es una inseguridad. Y para mí, si uno tiene que vivir, tiene que hacerlo en inseguridad. Todo arreglo para tener seguridad es una renuncia a vivir. Cuanto más seguro, menos vives. Cuanto más anulado estés, más seguro, y viceversa. Por ejemplo, un hombre muerto no puede morir otra vez; está a prueba de la muerte. Tampoco puede estar enfermo; está así mismo a prueba de enfermedades. Un muerto está tan seguro, que los vivos pueden parecerle tontos, los vivos viven en inseguridad. Si tú estás realmente vivo, estás inseguro; cuanto más inseguro seas, entonces te sentirás más vivo.
    Así, un sannyasin es para mí la persona que decide vivir a lo máximo, a lo óptimo. Es como una flama encendida por ambos extremos. No hay voto que te obligue. No estás supeditado a disciplina alguna. Si quieres llamar inseguridad a una disciplina, es otra cosa. Por supuesto que hay una disciplina interna, no hay por qué ser anárquico. ¿Acaso he dicho alguna vez que una persona deba serlo? ¡No!
    La anarquía está siempre vinculada al orden, al sistema. Si tú renuncias al orden, no puedes estar en desorden. No se trata de negar al orden sino de renunciar a él. Y la renuncia significa ¡estar en orden! Es tan sólo un acto teatral, para beneficio de los demás. No lo tomes en serio. Caminas hacia la izquierda o hacia la derecha por consideración hacia los demás; en función del tráfico: pero nada serio hay en esto. El sannyasin no debe ser desordenado, pero en lo que a él concierne, a lo que a su conciencia interna afecte, no habrá orden; lo que no implica desorden porque el desorden es siempre parte del orden. Cuando hay orden, hay posibilidad de desorden; cuando no hay orden, no hay desorden, sino espontaneidad. Vives de momento a momento, actúas de momento a momento, y cada momento es total en sí mismo. Tú no lo decides; no tomas decisiones para actuar: viene el momento hacia ti y obras. No hay predeterminación; no hay plan preconcebido.
    El momento viene a ti; tú surges ante el momento; deja que lo que debe ser. Siente la nueva disciplina que en ti nace; una disciplina de momento a momento. Esto es una dimensión muy distinta y así será mejor entenderlo claramente. Cuando decides de antemano qué hacer, es que no te crees bastante consciente para actuar en el momento dado, espontáneamente. No tienes confianza en ti, por eso decides previamente. Si llegado el momento no sabes cómo actuar: ¿Cómo es posible decidir antes? Por el contrario, tendrás más experiencia en el momento que siga; ahora tienes menos. Si yo decido hay para mañana; si yo no puedo creer en el mí de mañana, ¿Cómo creer en el mí de hoy? Decidir de antemano carece de sentido; solamente es destructivo.
    Yo decido hoy, y actúo mañana, cuando todo puede haber cambiado: la situación es nueva y la decisión es vieja. Yo soy nuevo, el momento es nuevo, pero la decisión es vieja. Si no actúo de acuerdo, hay sentimiento de culpa, y lo crean quienes conducen a decidir de antemano. Si no actúo, me siento culpable, y si actúo, entonces no puedo hacerlo adecuadamente de ahí necesariamente se origina la frustración.
    Cuando digo que no estás obligado a decisión alguna, serás libre. Deja que a ti venga cada acto, cada momento, y que tu ser total decida. Entonces se toma la decisión cuando surge el hecho; nunca permitas que te preceda. Has de saber que toda decisión previa es intelectual, tu ser no puede latir en ella porque el momento no ha llegado.
    Si amo a alguien y decido que al encontrarlo voy actuar de cierto modo, decir ciertas cosas y otras no, esto es intelectual, mental. No puede ser total porque el momento no ha llegado, la totalidad del ser no ha sido llamada, ¿Cómo podría ser un acto total?
    Si ya he tomado la decisión cuando el momento llega no podrá actuar la totalidad del ser, porque ya existirá la decisión; sólo imitaré, seguiré, copiaré, y seré un hombre falso. No seré real porque no seré total; tendré ya la copia al carbón para actuar y actuaré de acuerdo con ella. Otra vez, un acto mental, no íntegro. Y tanto si triunfas, como si fallas, en ambos casos habrás fracasado porque tu ser total no pudo intervenir, y no sentiste el amor.
    Deja que llegue el momento; deja que te desafíe para que todo tu ser actúe, y se realice el acto pleno. Entonces todo tu ser entra en acción; totalmente estás en ella. Lo mejor posible surgirá de esta totalidad, no de las decisiones. Sannnyas significa de esta totalidad, no de las decisiones. Sannyas significa pues, vivir momento a momento, sin ataduras con el pasado.
    Si te doy un mala[1] y una túnica es sólo para que recuerdes: no tienes que decidir. Tú no eres el antiguo. Cuando esta convicción será tan profunda que no necesites recordar, arroja la túnica y el mala. Pero no hagas de esto una decisión; no lo conviertas en una obligación hacia mí. Cuando se te ocurra, arrójalos, pero no antes de que seas tan consciente de esto que, incluso en sueños, sientas que eres un sannyasin. Cuando hasta en tus sueños esta túnica azafranada exista, tírala; entonces no tiene ya significado. Si incluso inconscientemente recuerdas, si no olvidas en ninguna situación, ya no tienes necesidad de ella. Esto es sólo un artificio para ayudarte; ayudarte hacia la libertad, hacia la totalidad de tu ser, hacia la acción total. Y seguiré otorgando sannyas a quien sea, a quien venga a mí, aunque sea por un minuto, pues como he dicho, nada sé de lo que ocurrirá mañana. Así que no puedo esperar. Cuando estés conmigo, lo que tenga que hacerse se hará en el preciso momento. No puedo posponerlo porque no hay futuro para mí. Este sannyas no es el antiguo sannyas, sino un nuevo concepto, o tan viejo que del todo se ha olvidado. Llámalo como quieras. Es el más nuevo y el más viejo simultáneamente porque siempre que ha existido realmente ha sido así. Pero siempre hay imitadores y no puedo negarlos. Existen, y todo lo convierten en disciplina, pues sólo la disciplina puede imitarse. No así la libertad. De hecho, sannyas nunca puede imitarse, pero los imitadores, ¿Qué pueden hacer? Todo lo sistematiza; siempre crean sistemas. Fuera del sannyas no destruyen mucho, pues la vida tal como se vive es una imitación. Toda tu educación se ha hecho a través de la imitación. Así el lenguaje, la moralidad, la sociedad, la cultura…Todos está saturado de imitación.
    La imitación se impone en todas partes menos en sannyas, donde mucho se destruye. En otro lugar, no cabe hacerlo porque imitar es la norma. No puede ser libre en el lenguaje, en la estructura social…debes imitar. Los imitadores triunfan dondequiera. Solamente en sannyas la dimensión de libertad es algo que induce a los imitadores a ser más destructivos porque son precisamente lo contrario. Así, Jesús es imitado; tienes la imitación de Cristo. Cuando sannyas es imitado, no queda nade de él. Así, cuando digo que no hay compromiso, quiero decir que no hay imitación.
    Eres totalmente libre. Te lanzo a la inmensidad: eso es la iniciación. No es limitarte, es darte un cielo abierto, y empujarlos; no puede haber caminos en el cielo. Tienes que volar solo, tienes que depender de ti mismo. Tu existencia será tu sola compañía; tu sola compañía.
    La vida es como el cielo. No es como los caminos de la tierra que puedes recorrerlos. Tienes que quedarte solo. La iniciación significa que ahora te lanzo a la soledad. Estás solo totalmente, no dependes de nadie, ni siquiera de mí. Esto requiere valor. Imitar es fácil, ser seguidor lo es también; lo mismo que depender de alguien. Pero estar totalmente solo, sin mapas, sin disciplina, sin sistemas, implica de gran valentía, valentía que no puede ser resultado de imitación, sino de conquista y desarrollo a través de la vida.
    Errarás, fracasarás, porque así es el proceso, pero errando aprenderás, y fracasando llegarás a lo correcto. No hay otro modo. Tienes que pasar por lo arduo; caminar solo, volar solo: uno tiene que pasar por esta austeridad. El actual sannyas tiene también otro sentido diferente, porque el antiguo, el sannyas que prevalece, es más una renuncia social y menos renuncia espiritual. Incluso la estructura social es más filosófica y menos espiritual. Así que tú puedes recibirlo dondequiera estés. No requiere cambios superficiales; demanda sólo una mente transformada, un compromiso interior profundo y espiritual. Como yo lo veo, es que, a mayor compromiso fisiológico, menos posibilidad de hondura; una vez comprometido fisiológicamente, nunca podrás liberarte de ello. No podrás, porque haya imposibilidades intrínsecas: si alguien trata de rechazar sus deseos, lucha por algo imposible, porque los deseos son naturales: tu cuerpo no puede existir sin ellos. Tú continuas aferrado a tu cuerpo y subsisten tus deseos, quizás, menos intensos, pero subsisten, e incluso con mayor poder cuanto más débil esté el cuerpo. Tú puedes seguir debilitándolo, pero a menos que mueres, el cuerpo tendrá deseos.
    No se trata solo de deseos, sino de necesidades, necesidades que deben satisfacerse, y cuanto mejor se satisfagan, menos te molestarán, menos te exigirán. Así que, luchando contra tus necesidades fisiológicas, desperdiciarás tu vida entera. La totalidad del proceso – el antiguo sannyas – es negativo: una lucha contra algo, y esto fortifica al ego. Toda lucha lo vigoriza. Si matas un deseo, puedes volverte más egoísta. Si niegas a tu cuerpo algo que él necesita, aumentará tu egoísmo. Cualquier lucha siempre satisface el ego, lo alimenta.
    Para mí, sannyas es algo positivo, no negativo. No es negar tus necesidades corporales, tus necesidades; es desarrollarse, crecer interiormente. No es una lucha contra algo, sino invertir todas tus energías para que algo crezca: es tu Ser quien debe crecer y madurar. Cuanto más crezcas, menos egoísta serás, porque el ego es la barrera. Y cuando tu entero ser haya crecido, sabrás cuál es la necesidad y cuál el deseo. De otra manera te es imposible: nunca puedes distinguir entre necesidad y deseo.
    El deseo es siempre locura, la necesidad es cordura. Si niegas tus necesidades eres suicida, y también lo serás si incrementas tus deseos. Ambos caminos son suicidas, pero en distinto sentido. Si los deseos aumentan demasiado, enloquecerás; será imposible de soportar la tensión. Pero también serán insoportables si pretendes ahogar tus ncesidades: he ahí dos tipos de mente suicida: una que va negando sus necesidades y otra que va transformando sus necesidades en deseos. La distinción nunca puede lograrse desde afuera. Nadie puede decidir qué es necesidad y qué es deseo. Tu sola conciencia será la medida, pues para lo que algunos es necesidad, para otros puede ser deseo: no pueden darse respuestas prefabricadas.
    Sólo esto puedes afirmar; aquello sin lo cual no puedes existir, es definición de necesidad, mas tu propia conciencia decidirá en último término, y no para siempre, porque lo que hoy puede ser necesidad mañana será deseo. Pero tan pronto como hay un estado positivamente conciente en ti – vigila tu mente, sus mañas y astucias – tan, pronto como seas conciente de tu ego, de sus métodos de autoafirmación, conocerás la diferencia.
    Así, pues, yo no soy negativo. Neo sannyas es absolutamente positivo; es para que algo crezca en ti. Trato de indicarte una actitud positiva, no negativa. Nada tienes que negar, aunque por supuesto, muchas cosas serán negadas, pero no por ti, sino automáticamente. Cuando más te interiorices, más reducirás exteriormente; cuanto menos seas interiormente, más deberás substituirte externamente: así que te desperdicias. No luches contra tu desperdicio externo; lucha con la semilla que eres tú, que puede crecer a tal altura, que la tontería del exterior automáticamente se derrumbe. Cuando conoces la riqueza interior, nada hay comparable con ella en el mundo externo. Cuando sientas el deleite interno, soso te parecerá el gozo externo. Entonces, todo lo que se llama felicidad es tonto, estúpido y simplemente se desploma cuando percibes el éxtasis interior: todo lo conocido no era más que un engaño. Pero hasta entonces, no antes; hasta conocer la felicidad interna no puedes decir eso, y si lo afirmas, superior será el engaño.
    Una actitud positiva, pues, hacia sannyas significa una situación en todo diferente: puedes quedarte donde estás; seguir haciendo lo mismo. Ningún cambie es inmediatamente requerido. Por supuesto que habrá cambios, pero éstos vendrán y, cuando vengan, déjalos venir, pero tú nada intentes, no hagas esfuerzos, no los fuerces para que vengan. Yo veo mayor posibilidad por un sannyas – positivo, (renuncia positiva), en la realidad que se acerca.
    Con el concepto negativo de ir en contra de ti mismo, todo se hacia posible antes, por varias razones: Una era el cómo la sociedad estaba estructurada. Las sociedades agrícolas podían permitir a ciertas personas vivir completamente sin trabajar; pero cuanto más industrializada esté la sociedad, menor será la posibilidad de agrupación familiar. Cuanto más la individualidad se fortalezca, menos posible será aquella agrupación. La estructura económica más libre permitía a las familias vivir reunidas, pero cuanto más planificadas sea, menos permitirá la existencia de esa agrupación. Los sadhus[2] y monjes parecen ser explotadores, ya no inspiran respeto. No deben existir. Como lo veo, ahora todo ser humano debe contribuir a la sociedad en que vive. No debe continuar la explotación. Las personas religiosas no deben, pues, ser explotadoras porque entonces no podemos esperar que los demás lo hagan.
    Para mí, el sannyasin no debe ser explotador, sino ganarse la vida, producir, no sólo consumir. Un concepto productivo también armoniza con lo positivo. El antiguo concepto del monje improductivo correspondía a una actitud negativa. La actitud positiva implica mayores consecuencias. Por ejemplo, el antiguo concepto de sannyas es negativo: niega la familia, el sexo, el amor…Niega todo lo que contribuye a la sociedad, a la felicidad social, a tu propia felicidad. Lo niega. Yo no lo negaré.
    Esto no significa que yo lo permita. Cuando digo que no lo negaré, significa que vendrá un momento en que una persona trascienda, absolutamente, el sexo. Esto es otra cosa; esto no es un requerimiento, sino una consecuencia; no es necesario antes del sannyas. Esto viene después, y si no viene no lo considero culpa. El concepto antiguo es muy cruel, sádico y masoquista: negó el sexo porque parece dar vislumbres de felicidad. Así, muchas religiones permitían el sexo sin placer, sólo para reproducción; sólo así no lo estimaban pecado. No era el sexo realmente el pecado, sino el ser feliz gracias a él. Para mí, nada de lo que ha sido dado a los humanos, debe negarse; nada rehusarse. Que primero surja el florecimiento interno, y, entonces, verás cuántos canales cambiarán su curso. Enorme es la diferencia.
    Si niegas el sexo, tienes asimismo que negar el amor: aquellos sannyasins que lo niegan carecen de amor; hablan de él pero no lo sienten. Hablan del amor universal porque esto es más fácil que amar a un solo individuo. En el amor universal nada se compromete y el que piensa en términos de negación, habla de lo abstracto para rechazar y destruir los sentimientos individuales.
    La religión que niega al sexo tiene que negar el amor, porque en el sexo existe la posibilidad de que el amor surja. El sexo no ha de negarse, sino transformarse por crecimiento positivo, y si el sexo se transforma no hay necesidad de negar el amor. Tú puedes amar, y a menos que estés henchido de amor, la energía que te satura y que no usas a través del canal sexual, no se encauza y se tornará destructiva. Así, para mí, el desenvolvimiento del amor es la única posibilidad de trascender el sexo.
    El amor ha de crecer; abarcar el universo, pero no puede empezar desde ahí; el comienzo es siempre lo cercano; no lo que está lejos. Uno debe empezar siendo amoroso. Y a medida que el amor se profundiza, va siendo menos sexual, y más amor va a desplegarse.
    Nada negaré, porque lo que en última instancia se busca es el gozo supremo. Todo el mundo busca la felicidad, y no debe rechazarse. Por supuesto que cuando tú sientas la explosión del gozo comprenderás que era mentira lo que habías imaginado como felicidad. Pero no puedes prescindir de ella en este momento: que llegue primero el júbilo, eso que significa crecimiento positivo; que llegue a ti algo superior y entonces lo inferior quedará rechazado; y tu ego no se fortalecerá entonces, porque ya será algo inútil, si valor. Aquellos que proclaman su renuncia dicen: “He dejado esto y lo otro”, parece que nada mayor alcanzaron y, así su renuncia no tiene sentido, continua en su memoria, es parte de su mente. Por supuesto que han renunciado; ¿a qué? ¿cómo renunciar a los que no posees? Si continúas, pues, pensando en términos de renuncia te mantienes en actitud negativa.
    Posees; pero tan pronto llegas a un fenómeno mayor, aun júbilo mayor, a una felicidad mayor, ya no renuncias a las cosas; simplemente se desvanecen; caen como las hojas del árbol. El árbol continúa desconocido, ninguna herida se ha producido. Para mí todo sucede en su momento, el momento de su maduración. Uno tiene que madurar. De lo contrario, vagará y se destruirá innecesariamente. La oportunidad llega por si misma, y la renuncia es crecimiento positivo: eso es lo que significa sannyas. No hay negatividad; no hay represión; acepto al ser humano como es.
    Si condenas la semilla ¿Cómo puedes proclamar el árbol? Yo acepto al ser humano como es, totalmente, sin negación alguna. Lo que no digo, sin embargo, es que esto sea el final: es sólo el principio. El ser humano es una semilla que puede convertirse en árbol frondoso y así crecer hasta lo divino. Todo hombre puede ser un Dios. Pero ahora tal como es, únicamente es semilla, semilla que hay que proteger, amar, darle la oportunidad de desenvolverse. Sannyas implica que has llegado a ser consciente de que tú eres una semilla, un potencial que estás en el despertar y has decidido crecer. Ese crecimiento se logra a través de la libertad, de la inseguridad. Ves la semilla, está bien segura, no así el árbol. La semilla está encerrada completamente. En el momento en que muere, y empieza a crecer, su potencial empieza a activarse. Hay peligros, ahí está la inseguridad toda; la posibilidad de ser destruido. Algo muy delicado está luchando contra el universo entero. Pero ahora, es sólo semilla resguardad. Ser sannyasin significa tomar la decisión de crecer, tu última decisión. Ahora sí tienes que luchar y enfrentarte a peligros momento a momento. Decidirse a crecer es una auténtica renuncia, renuncia a la seguridad de que tenía la semilla, pero a gran costo, el de la muerte, pues la semilla sólo potencialmente vive, así los humanos, hasta no decidirse a crecer a dar un salto hacia lo desconocido, son como semillas, y están muertos, encerrados.
    Ser sannyasin es tomar la decisión de crecer, de entrar en el peligro y en la indecisión. Esto parece paradójico, pero no lo es. Uno tiene que empezar por algo, e incluso vivir en inseguridad, es decidirse hacia algo. Neo sannyas puede llegar al mismo corazón del mundo; llegar a todos porque nada especial se necesita: sólo comprender. Me gustaría también aclarar que este movimiento no está ligado a ninguna religión. Es nuestro mundo, todo tipo de sannyas ha sido parte de una religión o de una sexta particular. Pero esto es también parte de una medida de seguridad; renuncias pero sigues perteneciendo a algo; sigues siendo hindú, musulmán, sikh: sigues siendo. Realmente, sannyas significa ser religioso por no hallarse vinculado a religión alguna. Otra vez, es un gran salto hacia lo desconocido; una sexta tiene sistemas; la religión no las tiene. Aquellas tienen escrituras, éstas solamente Existencia; sannyas es existencial.
    Esto no implica que niegue a Mahoma, a Cristo, de ninguna manera; implica por el contrario, dar a los cristianos el verdadero Cristianismo, a los hindúes el verdadero Hinduismo, pues cuanto más se profundizas las religiones, más pierden su sectarismo y se llega a lo medular de la religión. Así, cuando te digo que, como sannyasin tú perteneces a la religión, no pretendo que reniegues del cristianismo, judaísmo, hinduismo, peor sí de aquella parte que se ha convertido en fardo, en tradición muerta, para que descubras la corriente de vida detrás de lo muerto: escrituras, sacerdotes, iglesias. Allí está, pero cada uno debe descubrirla. No puede trasferirse el descubrimiento, no puede trasmitirse. Todo lo que te sea dado será muerto: nadie puede darte la corriente de vida, has de excavarla en las profundidades de ti mismo. No te doy una religión, sino el impulso para que la encuentres: nada trasmito.
    Una parábola. Buda viene un día con una flor en la mano; ha de pronunciar un sermón, pero permanece silencioso: la flor en la mano, su mirada en ella y él silencioso. Aquellos que fueran a oírle empiezan a dudar de lo que está haciendo. El tiempo pasa. Nunca antes esto hacía sucedido ¿Qué hace? ¿Hablará o no? Entonces alguien le pregunta “¿Has olvidado que hemos venido a oírte?”. Buda responde: “He comunicado algo que las palabras no pueden expresar: “¿Lo habéis oído?”Nadie había oído nada. Pe
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  • El niño y el árbol - CUENTO SOBRE EL AMOR Y EL EGO *OSHO*
    Había una vez un enorme árbol de manzana, y había un pequeño niño que lo amaba y solía ir a jugar alrededor de él todos los días. Se subía hasta la cima del árbol, comía sus manzanas y luego tomaba una larga siesta bajo su sombra. Al niño le encantaba el árbol y al árbol le encantaba y disfrutaba jugar con él.
    El tiempo pasó, el pequeño niño creció y llegó un día en que ya no jugó más alrededor del árbol como solía hacerlo todos los días.
    Luego, un soleado día, el muchacho volvió encontró que el árbol parecía triste.
    - “Ven, juega conmigo”, le pidió el árbol al muchacho.
    - “Ya no soy un niño pequeño, he crecido, y ya no juego alrededor de los árboles”, respondió el muchacho.
    - “Quiero juguetes bonitos, ¿puedes darme dinero para comprarlos?”
    - “Lo siento, no tengo dinero, pero puedes tomar todas las manzanas de mis ramas y venderlas. Así conseguirás dinero”, dijo el árbol.
    El muchacho estaba feliz y ansioso. Rápidamente sacó todas las manzanas del árbol y corrió al mercado.
    El muchacho nunca más regresó luego de tomar las manzanas, y el árbol se puso muy triste.
    Un día, el muchacho regresó y el árbol estaba muy feliz y emocionado.
    - “Ven, juega conmigo”, dijo el árbol.
    - “No tengo tiempo para jugar. Tengo que trabajar para mi familia. Necesitamos una casa. ¿Me puedes ayudar a conseguir una?
    - “Lo siento, no tengo una casa. Pero puedes cortar mis ramas para construir una casa para tu familia”.
    Entonces, el muchacho cortó todas las ramas del árbol y se fue satisfecho y feliz.
    El árbol estaba contento de verlo feliz; sin embargo, el muchacho no regresó nunca. Otra vez el árbol estaba solo y triste.
    Un caluroso día de verano, el muchacho regresó y el árbol estaba feliz con su presencia.
    - “¿Quieres venir a jugar conmigo?”, dijo el árbol.
    - Estoy triste con mi vida y me estoy haciendo muy viejo.
    "¿Porqué no vienes a jugar conmigo?", dijo el árbol. Quiero ir a navegar para relajar mi mente. ¿Puedes darme un bote para navegar en él?”
    - Usa mi tronco para construir un bote. Puedes navegar lejos y estar relajado y feliz”. Así que cortó el tronco del árbol para hacer un bote y se fue al mar a navegar, y no regresó al árbol por mucho tiempo.
    Finalmente, el muchacho regresó después de que habían pasado muchos años.
    - “Lo siento mi amigo, pero no tengo nada más para darte. No quedan más manzanas en mis ramas”, dijo el árbol.
    - “Yo no tengo ningún diente para morder”, respondió el muchacho, ahora anciano.
    - “Ya no tengo tronco para que subas por él y juegues”, exclamó el árbol.
    - “Ahora soy demasiado viejo para esas cosas”, dijo el anciano.
    - “Realmente no puedo darte nada… todo lo que me queda son mis raíces casi muertas”, dijo el árbol con lágrimas de tristeza.
    - “Realmente no necesito mucho ahora, solo un lugar para dormir y descansar. Estoy cansado después de todos estos años”, dijo el anciano.
    - “¡Bien! Las raíces de un árbol viejo son el mejor lugar para descansar. Ven, ven aquí y siéntate conmigo y descansa”. El anciano se sentó y el árbol se puso feliz, sonrió y lloró de alegría.
    Esta es la historia de la situación de todos hoy en día. El árbol es el ejemplo de nuestros padres. Cuando éramos pequeños amábamos mugar con nuestra mamá y papá. Cuando crecemos, los dejamos; solo volvemos a verlos cuando necesitamos algo o cuando nos encontramos en problemas. Sin importar las circunstancias, la mayoría de los padres siempre están ahí y nos dan todo lo que pueden para hacernos felices y que nos sintamos cómodos.
    Tal vez piensas que el muchacho fue cruel con el árbol, pero esa es la realidad de cómo tratamos a nuestros padres.
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    11 min
  • Aprender a silenciar la mente - *OSHO* AUDIOLIBRO
    Así como la ciencia y la tecnología que han transformado nuestra vida externa ha sido en gran medida un fenómeno occidental, Oriente ha proporcionado la fuente principal de la ciencia que puede transformar nuestra vida interior.
    La meditación, como la luz eléctrica, es un fenómeno universal; la primera nos ayuda a iluminar el mundo interior, la segunda el mundo exterior. Pero en el proceso de convertirse en un fenómeno universal han surgido muchas ideas erróneas acerca de la meditación: que es ?religiosa?, que consiste en sentarse en posturas difíciles, o en cantar algún mantra de sonido esotérico?
    Sin embargo, tal y como se explica en este libro, la meditación es algo sencillo, corriente, que puede ser un componente natural de la forma de vida contemporánea. Y cada vez más, un componente esencial. La meditación es en esencia el arte de ser consciente, consciente de lo que ocurre dentro y fuera de uno mismo.
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  • CORAJE: LA ALEGRÍA DE VIVIR PELIGROSAMENTE - *OSHO* AUDIOLIBRO
    INTRODUCCIÓN
    No lo llames incertidumbre, llámalo prodigio.
    No lo llames inseguridad, llámalo libertad.
    No estoy aquí para darte un dogma. Un dogma te da seguridad. No estoy aquí para hacerte una promesa para el futuro, cualquier promesa para el futuro te da seguridad. Simplemente estoy aquí para que estés despierto y seas consciente, es decir, para que estés aquí y ahora con toda la inseguridad que tiene la vida, con toda la incertidumbre que tiene la vida, con todo el peligro que tiene la vida.
    Sé que has venido aquí buscando certidumbres, credos, algún “ismo”, algún sitio al que pertenecer, alguien en quien confiar. Vienes aquí a consecuencia de tu miedo. Estás buscando una especie de hermosa prisión para poder vivir sin conciencia.
    Me gustaría darte más inseguridad, más incertidumbre, porque la vida es así, Dios es así. La única forma de responder cuando hay más inseguridad y peligro es con conciencia.
    Hay dos posibilidades. O cierras los ojos y te vuelves dogmático: católico, hinduista o musulmán… entonces, te conviertes en un avestruz. Eso no cambia tu vida, simplemente te tapa los ojos. Te vuelve estúpido, te vuelves poco inteligente. Con tu poca inteligencia te sientes seguro; todos los idiotas se sienten seguros. De hecho, sólo los idiotas se sienten seguros. Un hombre realmente vivo siempre se sentirá inseguro. ¿Qué seguridad puede tener?
    La vida no es un proceso mecánico, no puede ser segura. Es un misterio impredecible. Nadie sabe qué va pasar en el momento siguiente. Ni siquiera Dios, que supones que está por ahí en el Séptimo Cielo, ni siquiera él -—si es que está por ahí—, ¡ni siquiera él sabe lo que va a pasar! … Porque si supiera lo que va a pasar la vida sería falsa, todo estaría escrito de antemano, y todo estaría determinado de antemano. Si el futuro no está determinado, ¿cómo puede saber lo que va a ocurrir a continuación? Si Dios supiese lo que iba a ocurrir en el momento siguiente, la vida sólo sería un proceso mecánico, inerte. No habría libertad, ¿y cómo puede existir la vida sin libertad? No habría ninguna posibilidad de crecer, ni de no crecer. Si todo está predestinado de antemano, no habrá gloria ni grandeza. Entonces sólo seréis robots.
    No, no hay nada seguro. Este es mi mensaje. No puede haber nada seguro porque una vida segura es peor que la muerte. No hay nada seguro. La vida está llena de incertidumbres, llena de sorpresas, ¡esa es su belleza! Nunca llegas a un punto en el que puedas decir. “Ahora, estoy seguro”. Cuando dices que estás seguro estás proclamando tu muerte; te has suicidado.
    La vida continúa con mil y una incertidumbres. Eso es libertad. No lo llames inseguridad.
    Puedo entender porqué la mente llama “inseguridad” a la libertad… ¿Has estado alguna vez en la cárcel durante unos meses o unos años? Si un prisionero está unos cuantos años en la cárcel, cuando llega el día de su libertad, empieza a sentirse inseguro acerca del futuro. En la cárcel todo estaba garantizado; todo era una rutina sin vida. Le servían la comida, la daban protección; no tenía miedo de pasar hambre al día siguiente y que no hubiera comida; nada de eso, todo estaba garantizado. Ahora, de repente, después de tantos años, cuando llega el carcelero y le dice, “Ahora serás puesto en libertad”, empieza a temblar. Al salir de los muros de la prisión volverá a tener incertidumbres; tendrá que volver a buscar y rebuscar; tendrá que volver a vivir en libertad.
    La libertad da miedo. La gente habla de la libertad, pero tiene miedo. Y un ser humano no será un ser humano mientras siga teniendo miedo a la libertad. Os doy libertad, no os doy seguridad. Os doy comprensión, no os doy conocimiento. El conocimiento te dará seguridad. Si te doy una fórmula, una fórmula determinada: que hay un Dios, un Espíritu Santo y su único hijo, Jesús; que hay un Cielo y un Infierno, que estas acciones están bien y esas están mal; si cometes un pecado irás al Infierno, si haces lo que llamo buenas acciones irás al Cielo —¡y se acabó!— entonces, estarás seguro. Por eso hay tantas personas que han decidido ser cristianos, musulmanes o jainistas, porque no quieren ser libres, quieren una fórmula fija.
    De repente, se estaba muriendo un hombre tras un accidente de coche. Nadie sabía que era judío, de modo que llamaron a un sacerdote católico. El sacerdote se reclinó junto al hombre —el hombre se estaba muriendo, eran los últimos estertores de la muerte— y el sacerdote dijo: —¿Crees en la Santa Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo?
    El hombre abrió los ojos y dijo: —Estoy aquí a punto de morirme… y ¡él está jugando a los acertijos!
    Cuando la muerte llama a tu puerta, todas tus convicciones no serán más que absurdos acertijos. No te aferres a ninguna convicción. La vida es incierta, la misma naturaleza de la vida es la incertidumbre. Y la persona inteligente siempre está insegura.
    La propia disposición de mantenerse en la incertidumbre es valentía. Esta disposición de estar en la incertidumbre es confianza. Una persona inteligente es aquella que permanece alerta en cualquier situación, que responde a las situaciones con todo su corazón. No es que sepa lo que va a ocurrir; no es que sepa, “si haces esto sucederá aquello”. La vida no es una ciencia; no es una cadena de causa y efecto. Cuando calientas agua hasta los 100º, se evapora, eso está garantizado. Pero en la vida real, no hay nada tan seguro como eso.
    Cada individuo es una libertad, una libertad desconocida. Es imposible predecirlo, imposible imaginárselo. Hay que vivir estando despiertos y con comprensión.
    Vienes a verme en busca de conocimiento, quieres fórmulas fijas para poder aferrarte a ellas. Yo no te las doy. En realidad, si tienes alguna, ¡te la quito! Poco a poco, voy destruyendo tus convicciones y, poco a poco, te voy volviendo cada vez más indeciso; poco a poco te voy volviendo más inseguro. Eso lo único que hay que hacer. ¡Esto es lo único que tiene que hacer un Maestro! Dejarte completamente libre. Totalmente libre, con todas las posibilidades abiertas, sin nada fijo… tendrás que estar despierto, no puedes hacer nada más.
    Esto es lo que llamo comprensión. Si comprendes, la inseguridad es una parte intrínseca a la vida, y está bien que sea así, porque transforma la vida en libertad, la convierte en una sorpresa constante. Nunca se sabe lo que va a suceder. Te mantiene permanentemente maravillado. No lo llames incertidumbre, llámalo prodigio. No lo llames inseguridad, llámalo libertad.
    ¿Qué es el coraje?
    En principio no hay mucha diferencia entre una persona cobarde
    y una valiente. La única diferencia es que el cobarde escucha
    sus miedos y se deja llevar por ellos, mientras que la
    persona valiente los aparta y continúa su camino. La persona
    valiente se adentra en lo desconocido a pesar de todos los miedos.
    VALENTÍA es adentrarse en lo desconocido a pesar de todos los miedos. La valentía no es falta de miedo. La falta de miedo surge cuando cada vez te vuelves más valiente. La falta de miedo es la experiencia absoluta de la valentía; es la fragancia de la valentía cuando ésta es absoluta. Pero, en principio, no hay tanta diferencia entre una persona cobarde y una valiente. La única diferencia es que el cobarde presta atención a sus miedos y se deja llevar por ellos, mientras que la persona valiente los aparta y sigue su camino. La persona valiente se adentra en lo desconocido a pesar de todos sus miedos. Conoce el miedo, sabe que está ahí.
    Cuando te adentras en un mar desconocido, como hizo Colón, tienes miedo, un miedo terrible, porque nunca sabes lo que puede suceder. Abandonas la orilla de la seguridad. En cierto sentido, estabas perfectamente, pero te faltaba una cosa: la aventura. Te emociona adentrarte en lo desconocido. El corazón empieza a latir de nuevo, estás vivo de nuevo, totalmente vivo. Todas las células de tu ser están vivas porque has aceptado el desafío de lo desconocido.
    Aceptar el desafío de lo desconocido, a pesar de todos los miedos, es valentía. Los miedos están ahí pero, si sigues aceptando el reto, poco a poco, esos miedos irán desapareciendo. La experiencia de felicidad que nos produce lo desconocido, el gran éxtasis que empieza a suceder con lo desconocido, te vuelve más fuerte, te da integridad, agudiza tu inteligencia. Por primera vez, empiezas a sentir que la vida no es sólo aburrimiento, sino aventura. Después, poco a poco irán desapareciendo los miedos y siempre estarás buscando alguna aventura.
    Pero, básicamente, la valentía es arriesgar lo conocido por lo desconocido, lo familiar por lo no familiar, lo cómodo por lo incómodo, una ardua peregrinación a un destino desconocido. Uno nunca sabe si será capaz de conseguirlo o no. Es apostar, y sólo los jugadores saben lo que es la vida.
    EL TAO DEL CORAJE
    La vida no escucha tus razonamientos; va por su propio camino sin detenerse. Tú tienes que escuchar a la vida, la vida no va a escuchar tus razonamientos, no le interesan tus disquisiciones.
    Cuándo vas por la vida, ¿qué te encuentras? Se acerca una gran tormenta, y los árboles grandes se caen. Deberían sobrevivir, según Charles Darwin, porque son los más aptos, los más fuertes, los más poderosos. Fíjate en un viejo árbol de ocho metros de altura y trescientos años. La misma presencia del árbol da fuerza, da sensación de fuerza y poder. Hay millones de raíces que se han extendido por la tierra, profundizando para que el árbol esté de pie con todo su poder. El árbol, por supuesto, lucha, no quiere claudicar, no quiere rendirse... pero cae durante la tormenta, muere, ya no está vivo y toda la fuerza que tenía se ha ido. La tormenta ha sido demasiado, la tormenta siempre es demasiado, porque viene de la totalidad y el árbol sólo es individual.
    También hay plantas pequeñas y hierba corriente; cuando llega la tormenta la hierba cede, por eso la tormenta no puede hacerle daño. Como mucho la limpiará bien, nada más; arrastrará toda la tierra que se haya ido acumulando sobre la hierba. La tormenta le da una buena ducha, y cuando se acaba, las pequeñas plantas y las hierbas están de nuevo bailando felices. La hierba casi no tiene raíces, hasta un niño la puede arrancar, pero ha vencido a la tormenta. ¿Qué ha ocurrido?
    La hierba ha seguido el camino del Tao, el camino de Lao Tzu, y el árbol ha seguido el camino de Charles Darwin El gran árbol era muy racional: intentó resistirse, intentó demostrar su fuerza. Si intentas demostrar tu fuerza, serás derrotado. Todos los Hitlers, Napoleones y Alejandros son árboles grandes, fuertes. Serán derrotados. Los Lao Tzus son pequeñas plantas: nadie las puede derrotar porque siempre están dispuestas a ceder. ¿Cómo vas a derrotar a alguien si está dispuesto a ceder, si dice: «Ya me has derrotado», si dice: «Señor, disfrute de su victoria, no hace falta que se moleste, ya me ha vencido»? Incluso un Alejandro se sentiría inútil delante de un Lao Tzu no podría hacer nada. Esto es exactamente lo que sucedió...
    En la época de Alejandro había un sannyasin, un místico que se llamaba Dandamis; en esa época Alejandro estaba en India. Cuando se iba a marchar a India, los amigos le dijeron que a la vuelta debía traerles un sannyasin, ya que esa rara flor sólo florecía en India. —Trae un sannyasin —le dijeron—. Vas a traer muchas cosas pero no te olvides de traemos un sannyasin, queremos conocer el fenómeno del sannyas, qué es, qué es exactamente un sannyasin.
    Estaba tan entregado a las guerras y las luchas que estuvo a punto de olvidarse; pero al regresar, justo en la frontera de India, de repente se acordó. Cuando estaba a punto de abandonar el último pueblo, le pidió a sus soldados que fuesen al pueblo y preguntasen si había algún sannyasin por los alrededores. Dio la casualidad de que allí, al lado del río, estaba Dandamis, y la gente dijo: —Has preguntado en el momento oportuno, has llegado en el momento oportuno. Hay muchos sannyasins, pero siempre es raro encontrar un verdadero sannyasin, y ahora está aquí. Puedes recibir darshan*, puedes visitarle.
    Alejandro se rió y dijo: —No he venido aquí para recibir darshan, irán mis soldados a buscarle. Me lo llevaré a la capital de mi país.
    —No va a ser tan fácil —dijeron los aldeanos.
    Alejandro no podía creerlo, ¿qué dificultad podía haber? Había conquistado a emperadores y grandes reyes, ¿qué dificultad podía tener con un pobre mendigo, un sannyasin? Los soldados fueron a encontrarse con el tal Dandamis que estaba desnudo en la orilla DELrío. —Alejandro Magno te invita a acompañarle a su país —le dijeron—. Tendrás todas las comodidades y te proporcionará todo lo que necesites. Serás huésped del rey.
    El faquir desnudo se rió y dijo: —Decidle a vuestro amo que quien se llama a sí mismo magno no puede ser magno. Y nadie me puede llevar a ningún sitio... un sannyasin se mueve como las nubes, con libertad absoluta. No soy esclavo de nadie.
    —Debes haber oído hablar de Alejandro Magno, es un hombre peligroso. Si le dices que no, no te hará caso, simplemente te cortará la cabeza —le dijeron.
    El sannyasin dijo: —Es mejor que le digáis a vuestro maestro que venga, quizá pueda entender lo que estoy diciendo.
    Alejandro tuvo que ir, porque los soldados volvieron y le dijeron: —Es un hombre extraño, luminoso, emana algo del más allá. Está desnudo, pero en su presencia no lo notas, sólo te das cuenta después. Es tan poderoso que en su presencia te olvidas de todo el mundo. Es magnético, y está rodeado de un enorme silencio; es como si los alrededores gozasen con su presencia. Vale la pena verle, pero parece que el pobre hombre va a tener problemas, porque dice que nadie le puede llevar a ningún sitio, que no es esclavo de nadie.
    Alejandro fue a verle con la espada desenvainada. Dandamis se rió y dijo: —Baja tu espada, aquí no te servirá de nada. Vuelve a envainar la espada; aquí no te servirá de nada porque sólo puedes herir mi cuerpo, y hace tiempo que lo abandoné. Tu espada no me puede herir, por tanto vuelve a guardarla; no seas infantil.
    Y se dice que ésta es la primera vez que Alejandro obedeció las órdenes de alguien, porque en presencia de este hombre no podía recordar quién era. Volvió a guardar la espada en su vaina y dijo:
    —Nunca he conocido a un hombre tan bello. —Cuando volvió a su campamento dijo—: Es difícil matar a un hombre que está dispuesto a morir, no tiene sentido hacerlo. Puedes matar a alguien que se resiste, entonces, tiene algún sentido; pero no puedes matar a alguien que te está diciendo: «Ésta es mi cabeza, córtamela.»
    Y Dandamis realmente dijo: —Ésta es mi cabeza, córtamela. Cuando caiga, verás cómo rueda por la arena, y yo también veré cómo cae en la arena, porque no soy el cuerpo. Soy un testigo.
    Alejandro tuvo que comunicárselo a sus amigos: —Podía haber traído algunos sannyasins, pero no eran sannyasins. Luego me encontré con un hombre que era realmente extraño; teníais razón en lo que decíais, es una rara flor, pero nadie le puede obligar porque no tiene miedo a la muerte. Si una persona no tiene miedo a la muerte, ¿cómo puedes obligarle a hacer algo?
    Tu miedo es lo que te esclaviza, es tu miedo. Si no tienes miedo ya no eres un esclavo; de hecho, tu miedo te obliga a esclavizar a los demás antes de que ellos te esclavicen a ti.
    La persona que no tiene miedo, no le tendrá miedo a nadie y nadie le temerá—. El miedo desaparece completamente.
    EL CAMINO DEL CORAZÓN
    La palabra «coraje» es muy interesante. Proviene de la raíz latina, cor, que quiere decir corazón. La palabra coraje proviene de la raíz cor —cor quiere decir corazón—, por tanto, ser valiente significa vivir con corazón. Los cobardes y sólo los cobardes viven con la cabeza; están atemorizados, se rodean de la seguridad de la razón. Atemorizados, cierran todas las ventanas y las puertas y se esconden detrás.
    El camino del corazón es el camino del coraje. Es vivir en la inseguridad, es vivir con amor, con confianza; es adentrarse en lo desconocido. Es renunciar al pasado y permitir el futuro. Coraje es adentrarse por caminos peligrosos. La vida es peligrosa, y sólo los, cobardes pueden evitar el peligro, pero entonces, ya estarán muertos. La persona que está viva, realmente viva, vital, siempre se aventurará a lo desconocido. Allí encontrará peligros, pero se arriesgará. El corazón siempre está dispuesto a arriesgarse, al corazón le gusta apostar. La cabeza es un hombre de negocios. La cabeza siempre hace cálculos, es astuta. El corazón no es calculador.
    La palabra inglesa courage es muy bonita, muy interesante. Vivir a través del corazón es descubrir el significado. El poeta vive a través del corazón y, poco a poco, empieza a sentir en su corazón los sonidos de lo desconocido. La cabeza no puede escucharlos, está demasiado lejos de lo desconocido. La cabeza está llena de lo conocido.
    ¿Qué es tu mente? Es todo lo que has conocido. Es el pasado, lo que ha muerto, lo que se ha ido. La mente no es más que pasado acumulado, memoria. El corazón es futuro; el corazón es esperanza, el corazón siempre está en algún lugar del futuro. La cabeza piensa en el pasado, el corazón sueña con el futuro.
    El futuro está por venir. El futuro todavía no existe. El futuro todavía tiene una posibilidad, llegará, ya está llegando. En cada momento, el futuro se convierte en presente y el presente se convierte en pasado. El pasado no tiene ninguna oportunidad, ya ha sido utilizado. Ya te has alejado de él, se ha extinguido, está muerto, es como una tumba. El futuro es como una semilla; está por venir, siempre está por venir, siempre llega y se encuentra con el presente. Siempre estás cambiando. El presente no es más que un cambio hacia el futuro. Es el paso que ya has dado; es ir hacia el futuro.
    TODO EL MUNDO QUIERE SER AUTÉNTICO, porque ser auténtico da mucha alegría y mucha felicidad, ¿por qué deberíamos ser falsos? Tienes que tener el valor de profundizar un poco más: ¿Por qué tienes miedo? ¿Qué te puede hacer el mundo? La gente se puede reír de ti; les sentará bien, la risa siempre es una medicina, es saludable. La gente puede pensar que estás loco... pero no te vuelves loco simplemente porque ellos piensen que estás loco.
    Si tu alegría, tus lágrimas y tu baile son auténticos, antes o después habrá gente que empezará a entenderte, quizá se sumen a tu caravana. Yo mismo empecé mi camino solo, después la gente empezó a llegar y ¡se convirtió en una caravana mundial! No he invitado a nadie, sólo he hecho lo que sentía que venía de mi corazón.
    Sólo respondo ante mi corazón y ante nadie más. Tú sólo debes responder ante tu persona. No vayas contra ti mismo, porque hacerlo es cometer un suicidio, es destruirte. Y, ¿qué puedes ganar? Aunque la gente te respete y piensen que eres una persona muy seria, respetable y honrada, eso no va a enriquecerte. Estas cosas no te van a proporcionar una mayor comprensión de la vida y de su enorme belleza.
    ¿Cuántos millones de personas han vivido sobre la Tierra antes que tú? Ni siquiera sabes sus nombres; no te afecta en absoluto si han vivido o no. Ha habido santos y ha habido pecadores, ha habido gente muy respetable y ha habido toda clase de excéntricos y locos, pero todos ellos han desaparecido, no ha quedado ni rastro de ellos sobre la Tierra.
    Sólo deberías preocuparte de cuidar y proteger las cualidades que podrás llevarte contigo cuando la muerte aniquile tu cuerpo y tu mente, porque estas cualidades serán tu única compañía. Son los únicos valores verdaderos, y sólo las personas que lo consiguen están vivas; el resto finge estar vivo.
    Una noche oscura la KGB llama a la puerta de Yussel FinkeIstein. Yussel abre la puerta. El hombre de la KGB ruge: —¿Vive aquí Yussel FinkeIstein?
    —No—responde Yussel en la puerta con su pijama raído.
    —¿No? Entonces, ¿cómo te llamas?
    —Yussel FinkeIstein.
    El hombre de la KGB le derriba de un golpe y dice: —¿No acabas de decir que no vivías aquí?
    Yussel le responde: —¿Y a esto le llamas vida?
    Vivir no siempre es vida. Fíjate en tu vida. ¿Podrías decir que es una bendición? ¿Podrías decir que es un regalo, un obsequio de la existencia? ¿Te gustaría que te tocara esta vida una y otra vez?
    NO HAGAS CASO DE LAS ESCRITURAS, haz caso a tu corazón. Ésa es la única escritura que yo recomiendo: escucha atentamente, muy conscientemente, y nunca te equivocarás. Escuchando a tu propio corazón nunca estarás dividido. Escuchando a tu propio corazón, empezarás a ir en la dirección correcta, sin tener que pensar en lo que está bien o está mal.
    La nueva humanidad tendrá una habilidad que consistirá en el secreto de escuchar al corazón conscientemente, vigilando, atentamente. Síguele adondequiera que te lleve. Sí, a veces te llevará a algún peligro, pero recuerda que esos peligros son necesarios para que madures. A veces te confundirá, pero esas confusiones son parte del crecimiento. Caerás muchas veces; vuelve a levantarte, porque cayéndote y levantándote es como vuelves a recobrar fuerzas. Así es como uno se equilibra.
    Pero no obedezcas las reglas que vienen impuestas desde el exterior. Las reglas impuestas nunca estarán bien, ¡porque las ha inventado alguien que quiere dominarte! Sí, en el mundo también ha habido grandes iluminados: un Buda, un Jesús o un Mahoma. No han dado reglas para el mundo, han dado su amor. Pero, antes o después, sus discípulos se reúnen y empiezan a marcar las normas de conducta. Cuando el maestro ya no está, cuando la luz se ha ido y están en la oscuridad, empiezan a buscar a tientas determinadas normas que obedecer, porque ahora ya no está la luz que les alumbraba. Ahora tienen que depender de las normas.
    Jesús hizo lo que le susurró el corazón, pero los cristianos no están haciendo lo que les susurra su corazón. Son imitadores y, en cuanto imitas, estás insultando a la humanidad, estás insultando a tu Dios.
    No seas un imitador, sé original siempre. No te conviertas en una copia. Eso es lo que pasa en todo el mundo, copias y más copias.
    Si eres original la vida realmente es un baile, y ser original es tu destino. Fíjate en lo diferente que es Krishna de Buda. Si Krishna hubiese imitado a Buda, habríamos perdido uno de los hombres más hermosos de esta Tierra. O si Buda hubiese imitado a Krishna sólo habría sido una imitación barata. ¡Imagínate a Buda tocando la flauta! Habría desvelado a todo el mundo, no era un flautista. Imagínate a Buda bailando; es ridículo, es absurdo.
    Y lo mismo pasa con Krishna Sentado debajo de un árbol sin una flauta sin corona ni plumas de pavo real, sin bellos atuendos, sentado debajo de un árbol con los ojos cerrados como si fuese un mendigo, sin gente bailando a su alrededor, sin baile, sin música... Krishna parecería pobre, estaría empobrecido. Un Buda es un Buda, un Krishna es un Krishna, y tú eres tú. Y tú no eres, de ninguna manera, menos que los demás. Respétate, respeta tu voz interior y obedécela.
    Ten en cuenta que no te estoy garantizando que esto te vaya a conducir siempre a lo correcto. Muchas veces te conducirá a lo equivocado, porque para llegar a la puerta correcta hay que llamar primero a muchas puertas equivocadas. Es así. Si te encuentras con la puerta correcta de golpe, no sabrás reconocer que era la correcta. Por tanto, recuerda que en el balance final los esfuerzos nunca sobran; todos los esfuerzos contribuyen al desarrollo final de tu crecimiento.
    No seas indeciso, no te preocupes demasiado de equivocarte. Éste es uno de los problemas: se ha enseñado a la gente a no equivocarse, y entonces se vuelven tan indecisos, tan cobardes y temerosos de hacer algo mal, que se quedan paralizados. No pueden moverse por si pasa algo malo. Se convierten en rocas, pierden la movilidad.
    Comete todas las equivocaciones que puedas, y recuerda sólo una cosa: no vuelvas a cometer el mismo error. Entonces, estarás creciendo. Parte de tu libertad consiste en equivocarte, incluso el ir en contra de Dios forma parte de tu dignidad. Así empezarás a tener una columna vertebral; por otro lado, hay millones de personas sin columna vertebral.
    Olvídate de todo lo que te han dicho: «Esto está bien y eso está mal.» La vida no es estática. Lo que hoy está bien puede estar mal mañana, lo que está mal en este momento puede estar bien en el momento siguiente. La vida no se puede encasillar, no se puede etiquetar tan fácilmente: «Esto está bien y aquello está mal.» La vida no es una farmacia donde cada botella tiene su etiqueta y sabes cuál es cuál. La vida es un misterio: en un momento determinado utilizas una cosa y está bien, y en otro momento, habrá pasado tanta agua por el Ganges, que ya no servirá y estará mal.
    ¿Cuál es mi definición de lo que está bien? Está bien aquello que está en armonía con la existencia, y lo que no está en armonía con la existencia está mal. Tendrás que estar muy despierto en todo momento, porque tienes que decidir espontáneamente. No puedes contar con respuestas premeditadas para lo que está bien y lo que está mal. Sólo los estúpidos cuentan con las respuestas premeditadas, porque de ese modo no necesitan tener inteligencia, no les hace falta. Ya saben lo que está bien y lo que está mal, pueden aprenderse la lista de memoria; no es muy larga.
    Los Diez Mandamientos —¡qué sencillo!— sabes lo que está bien y lo que está mal. Pero la vida cambia constantemente. Si volviese Moisés, no creo que volviera a daros los mismos diez mandamientos, no podría. ¿Cómo os va a dar los mismos mandamientos tres mil años más tarde? Tendría que inventar algo nuevo.
    Pero ésta es mi conclusión: siempre que hay unos mandamientos, la gente se encuentra con dificultades, porque en el momento que se divulgan ya se han quedado anticuados. La vida va muy rápido; es dinámica, no es estática. No es una charca estancada, es el Ganges, está fluyendo. Nunca es el mismo río en dos instantes consecutivos. Una cosa puede estar bien en un momento, y no estar bien en el momento siguiente.
    ¿Qué podemos hacer? La única posibilidad es que la gente sea tan consciente que pueda decidir cómo responder a la vida cambiante.
    Una historia zen:
    Había dos templos rivales. Los dos maestros —probablemente sólo se trataba de supuestos maestros; en realidad, debían ser sacerdotes estaban tan en contra el uno del otro que le dijeron a sus seguidores que no debían mirar nunca hacia el otro templo.
    Cada sacerdote tenía un niño a su servicio para traerle cosas o hacer los recados. El sacerdote del primer templo le dijo a su niño sirviente: —No hables nunca con el otro chico. Esa gente es peligrosa.
    Pero los niños son niños. Un día se encontraron en la carretera, y el niño del primer templo le preguntó al otro: ¿Adónde vas?
    El otro le dijo: —A donde me lleve el viento. —Probablemente, debía haber escuchado grandes cuestiones zen en el templo; —A donde me lleve el viento —dijo. Una gran declaración, Tao puro.
    Pero el primer niño estaba muy avergonzado y ofendido porque no había encontrado ninguna respuesta a esto. Estaba triste y enfadado, y también le remordía la conciencia... —Mi maestro me ha dicho que no debía hablar con esa gente. Esa gente es realmente peligrosa. Pero ¿qué clase de respuesta es ésa? Me ha humillado.
    Fue a su maestro y le dijo lo que había ocurrido: —Siento haber hablado con él. Tenías razón, son raros. ¿Qué clase de respuesta es ésa? Yo le pregunté: «¿Adónde vas?» —una pregunta sencilla, normal— y sabía que estaba yendo al mercado igual que yo. Pero me contestó: «A donde me lleve el viento.»
    El maestro le dijo: —Te había advertido, pero no me has hecho caso. Mira, mañana te vuelves a colocar en el mismo sitio. Cuando llegue él, le preguntas: «¿Adónde vas?», y él dirá: «A donde me lleve el viento.>~ Entonces, tú también tienes que ser un poco más filosófico y decirle: «¿Y si no tienes piernas?» —porque el alma es incorpórea y el viento no se puede llevar al alma a ningún sitio«entonces, ¿qué harás?»
    El niño quería estar absolutamente preparado; se pasó toda la noche repitiéndolo. A la mañana siguiente se marchó muy pronto hacia el lugar, se colocó en el mismo sitio, y a la misma hora volvió a aparecer el otro niño. Estaba muy contento, ahora te iba a enseñar qué es la verdadera filosofía. Así que le preguntó: —¿Adónde vas? —Y se quedó esperando...
    Pero el niño dijo: —Voy al mercado a comprar verduras.
    Y ahora, ¿de qué le servía la filosofía que había aprendido?
    La vida es así. No puedes prepararte, no puedes estar listo. Ésa es su belleza, ése es el misterio, que siempre te coge de sorpresa, siempre llega de sorpresa. Si tienes ojos, te darás cuenta de que cada momento es una sorpresa y no se puede aplicar una respuesta premeditada.
    EL CAMINO DE LA INTELIGENCIA
    La inteligencia es vivacidad, es espontaneidad. Es apertura, es vulnerabilidad. Es imparcialidad, es valor para actuar sin buscar resultados. Y ¿por qué digo que es valor? Es valor porque cuando actúas para lograr un resultado, el resultado te protege; el resultado te da confianza, te da seguridad. Lo conoces bien, sabes cómo conseguirlo, eres muy eficiente. Actuar sin un resultado es actuar inocentemente. No tienes ninguna seguridad, puedes equivocarte, puedes perderte.
    La persona que está lista para salir a explorar lo que se llama verdad, también tiene que estar lista para cometer muchos errores, equivocaciones, tiene que ser capaz de arriesgar. Puedes perderte, pero es la forma de llegar. Al perderte muchas veces, aprendes a no perderte. Al cometer muchos errores aprendes lo que es un error, y cómo no cometerlo. Sabiendo lo que es un error, te vas acercando más a la verdad. Es una exploración individual; no puedes depender de las conclusiones de los demás.
    TÚ HAS NACIDO COMO NO—MENTE. Permite que esto cale dentro tu corazón todo lo posible, porque de este modo, se abrirá una puerta. Si has nacido como no—mente, significa que la mente es producto de la sociedad. No es natural, es cultivada. Te lo han ido amontonando encima. En el fondo sigues siendo libre, puedes salirte de ahí. No puedes salirte de la naturaleza, pero siempre que lo decidas puedes salirte de lo artificial.
    La existencia precede al pensamiento. De modo que la existencia no es un estado mental, es un estado ulterior. La manera de conocer lo fundamental es ser, no pensar. Ciencia quiere decir pensar, filosofía quiere decir pensar, teología quiere decir pensar. Religiosidad no quiere decir pensar. La perspectiva religiosa es una perspectiva de no—pensamiento. Es más íntima, te acerca más a la realidad. Hace que caiga todo lo que te obstaculiza, te desbloquea; empiezas a fluir en la vida. No piensas que estás separado, mirando. No crees que eres un observador, al margen, distante. Te encuentras, te mezclas y te fundes con la realidad.
    Pero hay otra forma de saber. No se puede llamar «conocimiento». Es más parecida al amor y menos parecida al conocimiento. Es tan íntima que la palabra «conocimiento» no es suficiente para expresarla. Es más adecuada la palabra «amor», más expresiva.
    En la historia de la conciencia humana, lo primero que evolucionó fue la magia. La magia era una combinación de ciencia y religión. La magia tenía algo de la mente y algo de la no—mente. De la magia surgió la filosofía. Después, de la filosofía nació la ciencia. La magia era a la vez no—mente y mente. La filosofía sólo era mente. Y después, la mente más la experimentación se convirtieron en ciencia. La religiosidad es un estado de no—mente.
    La religiosidad y la ciencia son dos perspectivas de la realidad. La ciencia aborda la realidad a través de lo secundario; la religiosidad va directamente. La ciencia tiene una perspectiva indirecta; la ciencia tiene una perspectiva inmediata. La ciencia da vueltas y vueltas; la religiosidad simplemente penetra el corazón de la realidad.
    Algunas cosas más... El pensamiento sólo puede pensar acerca de lo conocido... mascar lo que ya está mascado. El pensamiento nunca puede ser original. ¿Cómo puedes pensar acerca de lo desconocido? Cualquier cosa que consigas pensar pertenecerá a lo conocido. Sólo puedes pensar porque sabes. El pensamiento, como mucho, puede crear nuevas combinaciones. Puedes imaginarte un caballo que vuela, hecho de oro, pero nada de esto es nuevo. Sabes que hay pájaros que vuelan, sabes que existe el oro, sabes que hay caballos; combinas las tres cosas juntas. El pensamiento, como mucho, puede imaginarse nuevas combinaciones, pero no puede conocer lo desconocido. Lo desconocido está más allá. El pensamiento va en círculos, vuelve a conocer lo conocido una y otra vez. Vuelve a mascar lo mascado. El pensamiento nunca es original.
    Encontrarse con la realidad originalmente, de raíz, encontrarse con la realidad sin intermediarios —encontrarse con la realidad como si fueses el primer hombre que ha existido— es liberador. La misma novedad de esto te libera.
    LA VERDAD ES UNA EXPERIENCIA, NO UNA CREENCIA. La verdad nunca se conoce estudiándola; hay que encontrar la verdad, hay que hacerle frente. Quien estudia el amor es como quien estudia el Himalaya viendo un mapa de las montañas. ¡El mapa no es la montaña! Si te obsesionas demasiado con el mapa, no verás la montaña. Si te obsesionas demasiado con el mapa, puedes tener la montaña delante de ti, pero seguirás sin ser capaz de verla.
    Y es así. La montaña está delante de ti, pero tus ojos están llenos de mapas, mapas de la montaña, mapas de esa misma montaña hechos por diversos exploradores. Unos han escalado la montaña por la cara Norte, otros por el Este. Han hecho distintos mapas: el Corán, la Biblia, el Gita... diferentes mapas de la misma verdad. Pero tú estás tan lleno de mapas, tan agobiado por su peso que no puedes moverte ni un centímetro. No puedes ver que la montaña está delante de ti, las cumbres de nieve inmaculada brillando como el oro bajo el sol de la mañana. No tienes ojos para verlo.
    El ojo que tiene prejuicios está ciego, el corazón lleno de conclusiones está muerto. Demasiadas suposiciones a priori y tu inteligencia empezará a perder rapidez, belleza, intensidad. Se enturbia. muy frío, frío, absolutamente indiferente. Y la indiferencia mata el misterio.
    Si realmente quieres tener la experiencia de lo misterioso, tendrás que abrir una nueva puerta en tu ser. No estoy diciendo que dejes de ser científico, sólo estoy diciendo que la ciencia puede convertirse en una actividad periférica para ti. Cuando estás en el laboratorio sé un científico, pero cuando salgas del laboratorio, olvídate de la ciencia. Escucha los pájaros, ¡y no de una forma científica! Mira las flores, y no de una forma científica, porque cuando miras una rosa de una forma científica, estás mirando otra cosa completamente distinta. No es la misma rosa que experimenta el poeta.
    La experiencia no depende del objeto, la experiencia depende del experimentador, de la capacidad de experimentación.
    OBSERVANDO UNA FLOR, CONVIÉRTETE EN ELLA; baila a su alrededor, canta una canción. El aire es fresco y tonificante, el sol da calor y la flor está en su mejor momento. La flor está bailando con el viento, regocijándose, cantando una canción, cantando aleluya. ¡Participa con ella! Abandona la indiferencia, la objetividad, el distanciamiento. Abandona todas tus actitudes científicas. Fluye un poco más, fúndete un poco más, mézclate un poco más. Deja que la flor le hable a tu corazón, deja que la flor se introduzca dentro de tu persona. Invítala, ¡es un huésped! Entonces, podrás percibir el misterio.
    Es el primer paso hacia lo misterioso y el último paso es éste: si puedes participar un momento, tendrás la llave, el secreto. Participa en todo lo que estás haciendo. Al andar, no lo hagas mecánicamente, no te quedes observándolo, sé eso. Al bailar, no lo hagas técnicamente, la técnica es irrelevante. Puedes ser técnicamente.
    La inteligencia obtusa es lo que se denomina intelecto. Los así llamados intelectuales no son realmente inteligentes, sólo son intelectuales. El intelecto es un cadáver. Puedes decorarlo, puedes decorarlo con grandes perlas, diamantes, esmeraldas, pero un cadáver sigue siendo un cadáver.
    Estar vivo es una cuestión completamente distinta.
    LA CIENCIA ES SER EXACTO, ser absolutamente exacto sobre los hechos. Si eres muy exacto sobre los hechos no podrás sentir el misterio, cuanto más exacto eres, más se evapora el misterio. El misterio necesita una cierta vaguedad; el misterio necesita algo no determinado, sin demarcar. La ciencia es objetiva; el misterio no es objetivo, es existencial.
    Un hecho sólo es una parte de la existencia, una pequeña parte; la ciencia trata de las partes porque es más sencillo tratar de las partes. Son más pequeñas, puedes analizarlas; no te superan porque puedes tenerlas en las manos. Puedes diseccionarlas, puedes etiquetarlas, puedes estar absolutamente seguro de sus características, cantidades, posibilidades, pero en ese mismo proceso estás matando el misterio. La ciencia es el asesinato del misterio.
    Si quieres experimentar lo misterioso tendrás que entrar por otra puerta, desde otra dimensión completamente distinta. La dimensión de la mente es la dimensión de la ciencia, y la dimensión de la meditación es la dimensión de lo milagroso, lo misterioso.
    La meditación hace que todo sea indefinido. La meditación te lleva a lo desconocido, lo inexplorado. La meditación te lleva, poco a poco, a un tipo de disolución donde el observador y lo observado se vuelven uno. Pero eso no es posible para la ciencia. El observador debe ser el observador, y lo observado debe ser lo observado, y tiene que haber una distinción clara en cada momento. No debes olvidarte de ti mismo ni un instante; no debes interesarte, disolverte, sumergirte, ser pasional o amoroso con el objeto de tu investigación. Tienes que permanecer imparcial, tienes que ser correcto y, sin embargo, perderte la alegría de hacerlo. Disuélvete en la danza, conviértete en la danza, olvídate del bailarín.
    Cuando empieza a haber una unidad tan profunda en muchos aspectos de tu vida, cuando los que están a tu alrededor empiezan a tener grandiosas experiencias de desaparición, de ausencia de ego, de inexistencia... cuando la flor está ahí pero tú no estás, cuando el arco iris está ahí pero tú no estás... cuando las nubes están vagando por el cielo en el interior y el exterior, y tú no estás... cuando hay un silencio absoluto en lo que a ti respecta; cuando dentro de ti no hay nadie, sólo puro silencio, silencio inmaculado, imperturbable, sin alterarse por el razonamiento, el pensamiento, la emoción, el sentimiento..., este es el momento de meditación.
    La mente ha desaparecido, y cuando desaparece la mente aparece el misterio.
    EL CAMINO DE LA CONFIANZA
    La confianza es la mayor inteligencia. ¿Por qué no confían las personas? Porque no confían en su inteligencia. Tienen miedo, tienen miedo de ser engañados. Tienen miedo; por eso dudan. La duda surge del miedo. La duda surge de una especie de inseguridad en tu propia inteligencia. No estás tan seguro como para confiar y actuar desde la confianza. La confianza precisa de una gran inteligencia, coraje, integridad. Para poder entrar, necesita que haya un gran corazón. Si no eres demasiado inteligente, te proteges con la duda.
    Si eres inteligente estás preparado para penetrar en lo desconocido, porque sabes que, aunque desaparezca todo el mundo conocido y estés en lo desconocido, serás capaz de instalarte ahí. Confías en tu inteligencia. La duda está en guardia; la inteligencia se mantiene abierta porque sabe que «pase lo que pase, será capaz de aceptar el desafío, será capaz de responder de una forma adecuada». La mente mediocre no tiene esa confianza en sí misma. El conocimiento es mediocre.
    Estar en un estado de no—saber es inteligencia, es atención, y no es acumulativo. Todo lo que sucede en cada momento, desaparece y no deja rastro, no deja un rastro existencial. Vuelves a encontrarte en estado puro, vuelves a ser inocente, vuelves a ser un niño.
    No intentes comprender la vida. ¡Vívela! No intentes comprender el amor. Instálate en el amor. Entonces sabrás, y ese saber surgirá de tu experiencia. Ese saber no destruirá el misterio: cuanto más sepas, más sabrás que queda mucho por saber.
    La vida no es un problema. Si la consideras un problema estás dando un paso equivocado. La vida es un misterio que tienes que vivir, amar, experimentar.
    En realidad, la mente que busca explicaciones es una mente miedosa. Debido a este miedo, quiere buscar explicaciones a todo. No puede hacer nada si no se lo han explicado antes. Gracias a las explicaciones, siente que es un terreno familiar, conoce la zona, y ahora se puede mover con el mapa, la guía y el programa. No está dispuesta a adentrarse en un terreno desconocido, inexplorado, sin tener un mapa, sin tener una guía. Pero la vida es así, y no puede haber un mapa porque la vida va cambiando. Todos los momentos son ahora. No hay nada viejo bajo el sol, y créeme, todo es nuevo. Hay un tremendo dinamismo, un movimiento absoluto. Sólo el cambio es permanente, lo único que no cambia es el cambio.
    El resto siempre cambia, por eso no puedes tener un mapa; cuando consigas tener el mapa listo ya estará anticuado. Cuando esté disponible el mapa ya será inútil, la vida habrá cambiado de trayectoria. La vida habrá empezado a jugar otro juego. En la vida no puedes arreglártelas con un mapa, porque no es mensurable; en la vida no puedes arreglártelas consultando una guía, porque las guías sólo existen cuando las cosas están estancadas. La vida no está estancada, es dinámica, es un proceso. No puedes hacer un mapa de la vida. No es mensurable, es un misterio inconmensurable. No busques explicaciones.
    Y esto es lo que llamo madurez mental: cuando alguien llega a un punto en el que mira la vida sin hacer preguntas, y se sumerge en ella con coraje y sin miedo.
    EL MUNDO ESTÁ LLENO DE PERSONAS PSEUDO—RELIGIOSAS, iglesias, templos, gurudwaras*, mezquitas, está lleno de personas religiosas. Y ¿no te das cuenta que el mundo es absolutamente irreligioso? ¿El mundo es irreligioso con tantas personas religiosas? ¿Qué milagro es éste? Todo el mundo es religioso, sin embargo, la suma total es irreligiosidad. La religión es falsa. La gente ha «cultivado» la confianza. La confianza se ha convertido en una creencia y no en una experiencia. Se les ha enseñado a creer, no se les ha enseñado a saber; en esto se ha equivocado la humanidad.
    No creas nunca. Si no puedes confiar es mejor que dudes, porque a través de la duda, antes o después, podrá surgir la posibilidad de la confianza. No puedes vivir eternamente con la duda. La duda es una enfermedad; es una dolencia. Si dudas nunca estarás satisfecho; si dudas siempre tendrás miedo, si dudas siempre estarás angustiado, dividido e indeciso. Si dudas estarás viviendo una pesadilla. De modo que algún día empezarás a intentar salir de ella. Por eso digo que es mejor ser un ateo antes que ser un teísta, un pseudoteísta.
    Te han enseñado a creer desde la infancia, han condicionado la mente de todo el mundo para creer: creer en Dios, creer en el alma, creer en esto y aquello. La creencia te ha calado hasta los huesos y la sangre, sin embargo, sigue siendo una creencia, no has sabido. Y, no te liberarás a menos que sepas. El conocimiento libera, sólo el conocimiento. Todas las creencias son prestadas; te han sido dadas por otros, no son tus flores. ¿Cómo es posible que algo prestado te conduzca a la realidad, la realidad absoluta? Olvídate de todo lo que has tomado de los demás. Es mejor ser un mendigo que ser rico, no rico a costa de tu ahorro, sino a costa de lo que has robado; rico a costa de lo que te han prestado, rico a costa de la tradición, rico a costa de la herencia. No, es mejor ser un mendigo pero estar por tu cuenta. Esa pobreza tiene riqueza en su interior porque es auténtica, y la riqueza de tu creencia es muy pobre. Las creencias nunca pueden calar demasiado hondo; permanecen a flor de piel. Si rascas un poco, aparecerá la incredulidad.
    Crees en Dios; si, de repente, quiebra tu empresa, aparecerá la incredulidad. Dirás: «No creo, no puedo creer en Dios.» Si crees en Dios y se muere tu amada, surgirá la incredulidad. Crees en Dios ¿y basta que se muera tu amada para destruir tu creencia? No tiene demasiado valor. La confianza no se puede destruir nunca, una vez que está ahí, no habrá nada que la pueda destruir. No la puede destruir nada, absolutamente nada.
    Recuerda que hay una gran diferencia entre confianza y creencia. La confianza es personal; la creencia es social. Tienes que desarrollar la confianza; seas lo que seas, puedes seguir creyendo, y pueden imponerte creencias. Abandona las creencias. Tendrás miedo, porque cuando abandonas las creencias, surge la duda. Cada creencia obliga a la duda a esconderse en alguna parte, reprime las dudas. No te preocupes por eso, deja que surjan dudas. Todo el mundo tiene que pasar por la noche oscura antes de que llegue el amanecer. Todo el mundo tiene que pasar por la duda. El camino es largo, la noche es oscura. Pero, cuando llega el día después de un largo viaje y una noche oscura, entonces, sabrás que ha valido la pena. La confianza no se puede «cultivar», no intentes cultivarla nunca; esto es lo que toda la humanidad ha estado haciendo. La confianza cultivada se convierte en creencia. Descubre la confianza dentro de ti mismo, no la cultives. Profundiza más en tu ser, ve hasta el centro de tu ser y descúbrela.
    PARA INVESTIGAR ES PRECISO QUE HAYA CONFIANZA porque vas a adentrarte en lo desconocido. Es preciso que haya una enorme confianza y coraje, porque vas a alejarte de lo convencional y lo tradicional, vas a alejarte de la multitud. Vas a sumergirte en mar abierto sin saber si existe la otra orilla.
    No podría mandarte a hacer esta investigación sin prepararte para confiar. Parecerá contradictorio, pero ¿qué puedo hacer? La vida es así. Sólo una persona que tenga una gran confianza será capaz de tener grandes dudas, de investigar algo así.
    Una persona que tiene poca confianza dudará poco. La persona que no tiene confianza sólo finge que duda. No puede investigar en profundidad. La profundidad llega con la confianza, y hay que tomar algún riesgo.
    Antes de mandarte al mar desconocido, tengo que prepararte para ese enorme viaje en el que tienes que ir solo, pero puedo acompañarte hasta el barco. Antes, tendrás que conocer la belleza de la confianza, el éxtasis del camino del corazón, para que cuando estés en el mar abierto de la realidad tengas bastante coraje para continuar. Pase lo que pase, tendrás confianza en ti mismo.
    Imagínatelo: ¿cómo puedes confiar en nada o en nadie si no confías en ti mismo? Es imposible. Si dudas de ti, ¿cómo vas a confiar? Tú eres el que tiene que confiar, pero si no confías en ti, ¿cómo vas a confiar en la confianza' Es absolutamente necesario que el corazón se abra antes de que el Intelecto se transforme en inteligencia. Ésta es la diferencia entre intelecto e inteligencia.
    La inteligencia es el intelecto en armonía con tu corazón.
    El corazón sabe cómo confiar.
    El intelecto sabe cómo buscar e indagar.
    Hay un antiguo cuento oriental:
    Dos mendigos vivían a las afueras de un pueblo. Uno era ciego y el otro no tenía piernas. Un día ardió el bosque que estaba cerca del pueblo donde vivían los dos mendigos. Por supuesto, competían entre ellos —tenían la misma profesión, mendigaban de la misma gente— y estaban constantemente enfadados el uno con el otro. No eran amigos, eran enemigos.
    Dos personas que tienen la misma profesión no pueden ser amigas. Es muy complicado porque es una cuestión de competencia, de clientes, puedes quitarle el cliente al otro. Los mendigos clasifican a sus clientes: «Recuerda que este hombre es mío; no le molestes.» Tú no sabes a qué mendigo perteneces, quién es el mendigo que te posee, pero en la calle hay un mendigo al que tú perteneces. Probablemente, ha luchado y ha ganado la batalla, y ahora tú eres su posesión...
    Cerca de la universidad solía haber un mendigo; un día me lo encontré en la calle. Siempre estaba ahí, cerca de la universidad, porque los jóvenes son más generosos; las personas más mayores se van volviendo miserables, miedosas. La muerte se aproxima y, aparentemente, el dinero es lo único que les puede ayudar. Si tienen dinero, los demás les podrán ayudar; si no tienen dinero, ni sus hijos ni sus hijas se preocuparán por ellos. Pero los jóvenes pueden derrochar. Son jóvenes, pueden ahorrar—, la vida está ahí, tienen toda la vida por delante.
    Era un mendigo rico gracias a los universitarios... En India, un estudiante sólo llega a la universidad si pertenece a una familia rica, si no, es un esfuerzo demasiado grande. Algunos pobres también llegan a la universidad, pero es difícil, es duro. Yo también pertenecía a una familia pobre. Por las noches trabajaba de editor en un periódico, y durante el día iba a la universidad. Durante años, no pude dormir más de tres o cuatro horas; lo hacía cuando encontraba un momento a lo largo del día o por la noche.
    Este mendigo era muy fuerte. Ningún otro mendigo podía entrar en la calle de la universidad, estaba prohibida incluso la entrada. Todo el mundo sabía a quién pertenecía la universidad: ¡a ese mendigo! Un día, de repente, vi a un hombre joven; el viejo ya no estaba allí. —¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde está el viejo? —le pregunté.
    —Es mi suegro —me contestó—. Me ha regalado la universidad.
    La universidad no sabía que había cambiado su dueño, que tenía un nuevo dueño. El hombre joven dijo: —Me he casado con su hija.
    En India, cuando te casas con la hija de alguien recibes una dote. No basta con casarte con ella, tu suegro, si es muy rico, te tiene que dar un coche, una casita. Si no es tan rico te tendrá que dar, por lo menos, una moto, y si no, una bicicleta, pero te tiene que dar algo: un equipo de radio, un transistor, un televisor... y algo de dinero. Si es realmente rico, entonces te dará la oportunidad de viajar al extranjero, estudiar y convertirte en una persona más instruida, un médico, un ingeniero... él correrá con los gastos.
    La hija de este mendigo se había casado, y la dote que había recibido el joven era toda la universidad. —A partir de hoy, esta calle y esta universidad me pertenecen —dijo— Y mi suegro me ha dicho quiénes son mis clientes.
    Me encontré con el viejo en la calle y le dije: —¡Magnífico! Has hecho bien en darle una dote.
    —Sí —dijo él—. Sólo tenía una hija y quería hacer algo por mi yerno. Le he dado el mejor sitio para mendigar. Ahora estoy aquí de nuevo, intentando arreglar mi monopolio en la calle. Es un trabajo duro porque hay muchos mendigos, y son veteranos que ya tienen sus clientes. Pero no pasa nada, lo conseguiré; echaré a unos cuantos mendigos de aquí. —Y lo hizo.
    De modo que cuando ardió el bosque, los dos mendigos se pararon a pensar un momento. Eran enemigos, ni siquiera se hablaban, pero se trataba de una emergencia. El ciego le dijo al que no tenía piernas: —La única manera que tenemos de escapar, es que tú te sientes encima de mis hombros; usa mis piernas y yo usaré tus ojos. Es la única manera de salvarnos.
    Lo entendió inmediatamente. No hubo ningún problema. El hombre que no tenía piernas no podía' escaparse, no podía atravesar el bosque... estaba ardiendo. Se podía haber desplazado un poco, pero habría sido inútil. Había que encontrar una salida rápido. El ciego también estaba seguro de que no podría salir. No sabía dónde estaba el fuego, dónde estaba la carretera, dónde se estaban quemando los árboles y dónde no. Era ciego... se perdería. Pero los dos eran inteligentes; se olvidaron de su enemistad, se hicieron amigos y salvaron la vida.
    Es una fábula oriental. Trata de tu intelecto y tu corazón. No tiene nada que ver con los mendigos, tiene que ver contigo. No tiene nada que ver con el bosque en llamas, tiene que ver contigo... porque tú estás en llamas.
    Tú estás quemándote, sufriendo, triste y angustiado en todo momento. Sólo tu intelecto está ciego. Tiene piernas, puede correr, puede ir rápido, pero como está ciego no puede escoger la dirección adecuada. Inevitablemente, se tropezará constantemente, se caerá, se hará daño y sentirá que la vida no tiene sentido. Por eso; los intelectuales de todo el mundo dicen: «La vida no tiene sentido.»
    El motivo por el que la vida les parece un sinsentido es que el intelecto ciego está intentando ver la luz, pero es imposible.
    Dentro de ti hay un corazón que ve, que siente, pero que no tiene piernas; no puede correr. Se queda ahí donde está, latiendo, esperando... algún día el intelecto lo entenderá y será capaz de usar los ojos del corazón.
    Cuando digo la palabra confianza me refiero a los ojos del corazón.
    Cuando digo la palabra duda me refiero a las piernas de vuestro intelecto.
    Ambas pueden salir juntas del fuego sin ningún problema. Pero recuerda, el intelecto tiene que aceptar llevar al corazón sobre sus hombros. Tiene que hacerlo. El corazón no tiene piernas, sólo ojos, y el intelecto tiene que escuchar al corazón y obedecer sus indicaciones.
    En manos del corazón, el intelecto se vuelve inteligente. Es una transformación, una transformación absoluta de energía. Ahora la persona no se vuelve intelectual, simplemente se vuelve sabia.
    La sabiduría nace del encuentro del corazón y el intelecto. Y cuando has aprendido el arte de sincronizar los latidos de tu corazón con el funcionamiento de tu intelecto, tendrás el secreto en tus manos, la llave maestra que abre todos los misterios.
    EL CAMINO DE LA INOCENCIA
    La cuestión fundamental no es el coraje, la cuestión fundamental es que lo conocido es lo muerto, y lo desconocido es lo vivo. Agarrarse a lo conocido es como agarrarse a un cadáver. No necesitas tener valor para dejar de agarrarte, en realidad, necesitas tener valor para seguir agarrado. Fíjate simplemente... ¿Qué te ha dado lo que es familiar para ti, lo que has vivido? ¿Hasta dónde has llegado? ¿No sigues estando vacío? ¿No sientes un gran descontento, una frustración profunda y sin sentido? De alguna forma lo consigues, sigues escondiendo la verdad e inventas mentiras para seguir estando comprometido, implicado.
    Ésta es la cuestión: ver con claridad que todo lo que conoces pertenece al pasado, ya no existe; está en el cementerio. ¿Quieres estar en la tumba o estar vivo? Y esta pregunta no surge sólo hoy, sino que mañana y pasado mañana seguirá apareciendo. Seguirá estando hasta tu último aliento.
    Todo lo que conoces, todo lo que acumulas —información, conocimientos, experiencia— se termina en cuanto lo investigas. Acarrear palabras vacías, acarrear ese peso muerto, es oprimir tu vida; es una carga en tu vida que te impide adentrarte en un ser vivo, lleno de júbilo, que te espera en cada instante.
    El hombre de comprensión muere al pasado en cada instante y vuelve a nacer al futuro. Su presente siempre está transformándose, es un renacimiento, una resurrección. No es cuestión de valentía en absoluto, esto es lo primero que hay que entender. Es cuestión de claridad, de tener claro qué es qué.
    En segundo lugar, siempre que realmente se trata de una cuestión de valentía, nadie te la puede dar. No es algo que te puedan regalar. Es algo con lo que naces, pero no lo has dejado crecer, no has dejado que se asiente.
    LA INOCENCIA ES CORAJE Y CLARIDAD, AMBAS COSAS. Si eres inocente no necesitas tener coraje. Tampoco necesitas tener claridad, porque no hay nada tan claro y tan transparente como la inocencia. La cuestión es cómo proteger nuestra propia inocencia.
    La inocencia no es algo que tengas que alcanzar. No es algo que tengas que aprender. No es un talento: pintura, música, poesía, escultura. No es ninguna de estas cosas. Es más parecido a la respiración, es algo con lo que naces.
    La inocencia es la naturaleza de todo el mundo. Todo el mundo es inocente al nacer.
    ¿Cómo puedes nacer y no ser inocente? El nacimiento significa que entras en el mundo como una tabula rasa, no hay nada escrito. Sólo tienes futuro, no tienes pasado. Ése es el significado de inocencia. Primero intenta comprender todos los significados de inocencia.
    El primero es: no hay pasado, sólo hay futuro.
    El pasado te corrompe porque provoca memorias, experiencias, expectativas. Las cuales, combinadas entre sí, te vuelven listo pero no claro. Te vuelven astuto, pero no inteligente. Pueden ayudarte a triunfar en el mundo, pero en el fondo de tu ser, serás un fracasado. Todo el éxito en el mundo no se puede comparar con el fracaso que tendrás que enfrentar finalmente, porque al final sólo te quedas con tu ser interno. Se pierde todo: tu gloria, tu poder, tu nombre, tu fama... empiezan a desaparecer como si fuesen sombras.
    Al final sólo te queda lo que tenías al principio. Sólo te puedes llevar de este mundo lo que trajiste.
    En India, la sabiduría popular dice que el mundo es como la sala de espera de una estación; no es tu casa. No te vas a quedar en la sala de espera para siempre. Ninguna de las cosas que hay en la sala de espera te pertenecen: los muebles, los cuadros de las paredes... Los usas —miras los cuadros, te sientas en la silla, descansas en la cama— pero nada te pertenece. Sólo te quedas unos minutos, o como mucho, unas horas, y después te irás.
    Sí, te volvieras a llevar lo que has traído a la sala de espera, es tuyo ¿Qué has traído al mundo? El mundo es sin duda una sala de espera. Tal vez la espera no sea en segundos, en minutos, en horas, en días, quizá sea en años; pero ¿qué diferencia hay entre estar esperando siete horas o setenta años?
    Quizá, al cabo de setenta años, te olvides de que estabas en una sala de espera. Podrías empezar a pensar que eres el dueño, que has construido esa casa. Y pondrás una placa con tu nombre en la sala de espera.
    Hay personas —yo lo he visto, porque he viajado mucho— que escriben su nombre en el lavabo o en la sala de espera. La gente graba su nombre en los muebles de la sala de espera. Puede parecer una tontería, pero es como lo que hace la gente en la vida.
    Hay una historia muy significativa en las antiguas escrituras jainistas. En India se cree que si alguien se convirtiese en el emperador del mundo recibiría el nombre de chakravartin. La palabra chakra significa rueda. En la antigua India había una forma de evitar luchas y violencia innecesarias: una carroza, una carroza de oro muy valiosa, con hermosos y fuertes caballos iba de un reino a otro, y si el otro reino no podía impedirle el paso, quería decir que ese reino había aceptado la superioridad del dueño de esta carroza. No había necesidad de luchar.
    La carroza se movía de este modo, y cuando la gente le obstruía el paso había una guerra. Si no era detenida, esto demostraba la superioridad del rey sin necesidad de que hubiera una guerra: el rey se convertía en chakravartin, aquel cuya rueda ha dado vueltas y vueltas sin que nadie la detenga. Éste es el deseo de todos los reyes: convertirse en chakravartin.
    Evidentemente, hay que tener más poder que Alejandro Magno. Mandar solamente tu carroza... eso requiere un enorme poder. Tener la certeza absoluta de que si se le obstruye el paso a la carroza habrá una matanza masiva. Esto significa que ya habían reconocido al rey; cuando éste quiere conquistar a alguien no hay ninguna forma de impedírselo.
    Pero es una forma simbólica, es más civilizado. No es necesario atacar, no es necesario matar, sólo se envía un mensaje simbólico. La carroza irá hacia allí con la bandera del rey, y si el otro rey cree que no tiene sentido resistirse —la lucha sólo supondría una derrota y una violencia innecesaria—, le da la bienvenida a la carroza, y en su ciudad le lanzan flores.
    Esto es mucho más civilizado que lo que hacen países como la Unión Soviética y EE.UU. Mandar una bella carroza, pero eso significa que debes estar muy seguro de tu fuerza; y no sólo tú, sino todos los demás. Sólo entonces podrá valer un símbolo como éste. De modo que todos los reyes deseaban convertirse en un chakravartin algún día.
    La historia es que un hombre se convirtió en un chakravartin y esto sólo sucede una vez cada miles de años. Ni siquiera Alejandro Magno conquistó el mundo; quedaron muchas zonas por conquistar. Y se murió muy joven, sólo tenía treinta y tres años: no era tiempo suficiente para conquistar el mundo. ¡Y ni siquiera se conocía el mundo entero! Se desconocía la mitad del mundo, y ni siquiera había logrado conquistar la mitad que se conocía. Este hombre, del que os voy a contar la historia, se convirtió en chakravartin.
    Se dice que cuando muere un chakravartin —porque sólo aparece un chakravartin cada miles de años, es un ser excepcional— al morir le reciben en el Cielo con alabanzas y le llevan a un sitio especial.
    En la mitología jainista en el Cielo hay unas montañas paralelas al Himalaya. El Himalaya sólo está hecho de piedras, tierra y hielo.
    El paralelo del Himalaya en el Cielo recibe el nombre de Sumeru. Sumeru es la montaña suprema; no hay nada más alto que eso, nada mejor que eso. Es oro macizo; en vez de piedras hay diamantes, rubíes y esmeraldas.
    Cuando un chakravartin muere es conducido al monte Sumeru para grabar su nombre en él. Es una rara oportunidad, sólo sucede una vez cada miles de años. Este hombre, por supuesto, estaba enormemente emocionado porque iba a escribir su nombre en el monte Sumeru. Es el catálogo supremo de todos los grandes que han existido, y también es el catálogo de los que serán. Este emperador iba a pertenecer a un linaje de superhombres.
    El guardián le dio los instrumentos para grabar su nombre. Quería llevarse consigo a algunos de sus hombres; éstos se habían suicidado porque su emperador se estaba muriendo, y no podían imaginar vivir sin él. Su mujer, su primer ministro, su comandante en jefe y todas las grandes personalidades que le rodeaban se habían suicidado, por eso iban con él.
    El emperador quería que el guardián dejase entrar a todos para que vieran cómo grababa su nombre, ¿cuál es el placer de ir solo y grabar tu nombre si no hay nadie que lo vea? La verdadera alegría es que lo vea todo el mundo.
    El guardián le dijo: —Escucha mi consejo, he heredado esta profesión. Mi padre era guardián, su padre era guardián, hemos sido los guardianes del monte Sumeru desde hace siglos. Escucha mi consejo, no dejes que vayan contigo, si no, te arrepentirás.
    El emperador no entendía, pero no podía ir contra su consejo, ¿qué interés iba a tener ese hombre en impedírselo?
    El guardián dijo: —Si quieres que lo vean, vete, graba tu nombre y después vienes a buscarlos y, si quieres, se lo enseñas. No tengo ninguna objeción en que te los lleves, pero si decides hacerlo después ya no podrás cambiar de opinión... ya estarán contigo. Vete solo. —Era un consejo muy sensato.
    El emperador dijo: —Está bien. Iré solo, grabaré mi nombre y volveré a buscarlos.
    El guardián dijo: —Estoy completamente de acuerdo.
    El emperador fue y vio el monte Sumeru brillando bajo miles de soles —porque el cielo no puede ser tan pobre como para tener sólo un sol— hay miles de soles, y una montaña dorada mucho más grande que el Himalaya... ¡y el Himalaya tiene casi tres mil kilómetros de longitud! No pudo abrir los ojos durante unos instantes porque le deslumbraba la luz. Después empezó a buscar un sitio, el sitio adecuado, pero se sorprendió porque no había sitio, la montaña estaba llena de nombres grabados.
    No lo podía creer. Por primera vez se dio cuenta de lo que era. Hasta ahora había creído que era un superhombre de los que sólo nacen cada miles de años. Pero el tiempo ha existido desde la eternidad; incluso miles de años no tienen importancia, y ha habido muchos chakravartins. No había espacio en la montaña más grande de todo el universo para escribir su pequeño nombre.
    Regresó, ahora comprendió que el guardián tenía razón cuando le dijo que no llevara a su mujer, a su comandante en jefe, a su primer ministro y otros amigos íntimos. Era mejor que no vieran esta situación. Seguirían pensando que su emperador era un ser excepcional.
    Fue al guardián y le dijo: —No había espacio.
    El guardián le contestó: —Eso es lo que te quería decir. Lo que tienes que hacer es borrar algunos nombres y después escribir el tuyo. Es lo que se ha hecho siempre, toda mi vida he visto hacerlo, mi padre solía decir que se hacía. El padre de mi padre... nadie ha visto el Sumeru vacío, con espacio vacío.
    »Siempre que llega un chakravartin tiene que borrar varios nombres para escribir el suyo. De modo que aquí no están todos los chakravartins. Se han borrado nombres muchas veces y se han vuelto a grabar otros. Haz tu trabajo y si se lo quieres enseñar a tus amigos, puedes traerlos.
    El emperador le dijo:—No, no quiero enseñárselo y ni siquiera quiero escribir mi nombre. ¿Qué sentido tiene? Algún día llegará alguien y lo borrará.
    »Toda mi vida es un sinsentido absoluto. Ésta era mi única esperanza: que el monte Sumeru, la montaña dorada del cielo, tuviera mi nombre. He vivido para esto, era mi único interés en la vida; estaba dispuesto a matar a todo el mundo para conseguirlo. Ahora cualquier persona puede borrar mi nombre y escribir el suyo. ¿Qué sentido tiene escribirlo? No voy a hacerlo. —El guardián se rió—. ¿Por qué te ríes?—dijo el emperador.
    —Es curioso —respondió el guardián—, pero es lo mismo que había oído contar a mis abuelos: al ver toda la historia los chakravartins se van sin escribir nada. No es una novedad, cualquiera que tenga un poco de inteligencia haría lo mismo.
    ¿Qué puedes obtener en este mundo? ¿Qué puedes llevarte contigo? ¿Tu nombre, tu prestigio, tu respetabilidad? ¿Tu dinero, tu poder... qué? ¿Tu erudición? No puedes llevarte nada. Tendrás que dejar
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  • ALEGRIA: LA FELICIDAD QUE SURGE DEL INTERIOR - *OSHO* AUDIOLIBRO
    QUÉ ES LA FELICIDAD?
    La felicidad no tiene nada que ver con el triunfo; la felicidad no tiene nada que ver con la ambición; la felicidad no tiene nada que ver con el dinero, ni el poder ni el prestigio. La felicidad está relacionada con tu consciencia, no con tu carácter.
    Depende de ti
    ¿QUÉ ES LA FELICIDAD? Depende de ti, de tu estado de consciencia o inconsciencia, de si estás dormido o despierto. Murphy tiene una famosa frase. Dice que existen dos tipos de personas: las que siempre dividen a la humanidad en dos tipos y las que no dividen en absoluto a la humanidad. Yo formo parte del primer tipo: la humanidad puede dividirse en dos tipos, los que duermen y los que están despiertos y, por supuesto, un pequeño grupo entre medias.
    La felicidad dependerá de dónde estés en tu consciencia. Si estás dormido, el placer es la felicidad. El placer significa la sensación, intentar alcanzar por mediación del cuerpo algo que no se puede alcanzar por mediación del cuerpo, obligar al cuerpo a alcanzar algo de lo que no es capaz. Las personas intentan, por todos los medios posibles, alcanzar la felicidad por mediación del cuerpo.
    El cuerpo solo puede proporcionar placeres pasajeros, y cada placer se equilibra con el dolor, en el mismo grado, en la misma medida. A cada placer le sigue lo opuesto, porque el cuerpo existe en el mundo de la dualidad, igual que la noche sigue al día y la vida sigue a la muerte y la muerte sigue a la vida, en un círculo vicioso. Al placer lo seguirá el dolor, y al dolor lo seguirá el placer. Pero nunca estarás tranquilo. Cuando te encuentres en un estado de placer tendrás miedo de perderlo, y ese miedo lo emponzoñará. Y, naturalmente, cuando estés perdido en medio del dolor, sufrirás y harás todos los esfuerzos posibles para salir de él, y volverás a caer en lo mismo.
    Buda lo llama la rueda del nacimiento y de la muerte. Nosotros nos movemos con esa rueda, aferrados a ella... y la rue-da continúa moviéndose. A veces se presenta el placer y otras veces se presenta el dolor, pero estamos aplastados entre esas dos rocas.
    Pero la persona adormilada no conoce nada más. Solo conoce unas cuantas sensaciones del cuerpo: la comida, el sexo... Ese es su mundo. Si reprime el sexo se hace adicta a la comida; si reprime la comida se hace adicta al sexo. La energía se mueve como un péndulo. Y lo que se llama placer es, como mucho, simple alivio de un estado de tensión.
    La energía sexual se recoge, se acumula; te pones tenso y deseas relajar esa tensión. Para quien está dormido, el sexo no es sino un alivio, como un buen estornudo. No produce más que cierto alivio: había tensión, y ha desaparecido. Pero vol-verá a acumularse. La comida solo te proporciona cierto gusto en la lengua; no es mucho por lo que vivir. Pero muchas personas viven únicamente para comer; pocas personas comen para vivir.
    La historia de Colón es muy conocida. Fue un largo viaje. No vieron sino agua durante tres meses. Un día, Colón miró al horizonte y vio árboles. Si pensáis en lo contento que se puso al ver árboles, imaginaos cómo se puso su perro.
    Ese es el mundo del placer. Al perro se le puede perdonar, pero a ti no.
    En su primera cita, un chico, pensando en alguna forma de divertirse, le preguntó a la chica si quería ir a jugar a los bolos. Ella contestó que no le gustaban los bolos. Después el chico propuso que fueran a ver una película, pero ella contestó que no le gustaba el cine. Mientras intentaba pensar en otra cosa le ofreció un cigarrillo, que la chica rechazó. Después le preguntó si quería ir a bailar y tomar copas a la nueva discoteca. Ella volvió a rechazar la propuesta, diciendo que no le gustaban esas
    cosas.
    Desesperado, le preguntó si quería ir a su apartamento a pasar la noche haciendo el amor. Para su sorpresa, la chica accedió de buena gana, lo besó apasionadamente y dijo: «¿Lo ves? No hacen falta esas cosas para divertirse».
    Lo que llamamos «felicidad» depende de la persona. Para la persona dormida, las sensaciones placenteras son la felicidad. La persona dormida vive cambiando de un placer a otro. Se precipita de una sensación a otra. Vive para las pequeñas emociones; lleva una vida muy superficial. No tiene profundidad, no tiene calidad. Vive en el mundo de la cantidad.
    También hay personas que están entre medias, ni dormidas ni despiertas, que viven en un limbo, un poquito dormidas y un poquito despiertas. A veces se puede tener esa experiencia a primera hora de la mañana: todavía adormilado, pero sin que puedas decir que estás dormido porque oyes los ruidos de la casa, a tu pareja preparando el café, el ruido de la cafetera o de los niños preparándose para el colegio. Oyes todo eso, pero aún no estás despierto. Esos ruidos te llegan vagamente, débiles, como si hubiera una gran distancia entre tú y lo que ocurre a tu alrededor. Tienes la sensación de que forma parte de un sueño. No forma parte de un sueño, pero tú te encuentras en un estado intermedio.
    Lo mismo ocurre cuando empiezas a meditar. Quien no medita duerme, sueña; quien medita empieza a alejarse del sueño y a dirigirse al despertar, en un estado transitorio. Entonces la felicidad tiene un sentido completamente distinto: tiene más de calidad y menos de cantidad; es algo más psicológico, menos fisiológico. Quien medita disfruta más de la música, disfruta más de la poesía, disfruta creando algo. Esas personas disfrutan de la naturaleza, de su belleza. Disfrutan del silencio, disfrutan de lo que nunca habían disfrutado antes, y eso es mucho más duradero. Incluso si se para la música, algo persiste.
    Y no es un alivio. La diferencia entre el placer y esta clase de felicidad consiste en que no es un alivio, sino un enriquecimiento. Te sientes más pleno, empiezas a desbordarte. Al escuchar buena música, algo estalla en tu ser, surge una armonía en ti: te haces música. O, al bailar, de pronto te olvidas de tu cuerpo; tu cuerpo es ingrávido. La gravedad pierde su poder sobre ti. De repente te encuentras en otro espacio: el ego no es tan sólido, el bailarín se funde y se fusiona con la danza.
    Esto es mucho más elevado, mucho más profundo que el placer que se obtiene de la comida o del sexo. Esto es algo profundo, pero no lo supremo. Lo supremo solo ocurre cuando estás plenamente despierto, cuando eres un Buda, cuando ha desaparecido todo el sueño, cuando todo tu ser está lleno de luz, cuando no hay oscuridad en tu interior. Toda la oscuridad ha desaparecido y, junto con la oscuridad, el ego. Han desaparecido todas las tensiones, las angustias, las ansias. Te encuentras en un estado de absoluta satisfacción. Vives en el presente; se acabaron el pasado y el futuro. Estás por completo aquí. Este momento lo es todo. Ahora es el único tiempo y aquí es el único espacio. Y de repente el cielo desciende sobre ti. Eso es la dicha. Eso es la verdadera felicidad.
    Busca la dicha; es tu derecho inalienable. No sigas perdido en la jungla de los placeres; elévate un poco. Ve en busca de la felicidad y después de la dicha. El placer es animal; la felicidad es humana; la dicha, divina. El placer te ata, es una esclavitud, te encadena. La felicidad te afloja un poco la cuerda, te da un poco de libertad, pero solo un poco. La dicha es la libertad absoluta. Empiezas a avanzar hacia arriba; te da alas. Dejas de formar parte de la grosera tierra; pasas a formar parte del cielo. Te conviertes en luz, en alegría.
    El placer depende de los demás. La felicidad no depende de otros, pero de todos modos es algo distinto de ti. La dicha no depende de nada, ni es nada distinto de ti; es tu ser mismo, es tu naturaleza misma.
    Buda Gautama dice: «Existe el placer y existe la dicha. Renuncia a lo primero para poseer lo segundo».
    Medita sobre esto lo más profundamente posible, porque contiene una de las verdades más fundamentales. Hay que comprender estas cuatro palabras, reflexionar sobre ellas. La primera es placer, la segunda, felicidad, la tercera, alegría, y la cuarta es dicha.
    El placer es algo físico, fisiológico. El placer es lo superficial de la vida, la excitación. Puede ser sexual o de otros sentidos; puede convertirse en obsesión con la comida, pero está arraigado en el cuerpo. El cuerpo es tu periferia, tu circunferencia, no tu centro. Y vivir en la circunferencia significa vivir a merced de toda clase de cosas que suceden a tu alrededor. Quien busque el placer quedará a merced de la casualidad. Ocurre como con las olas del mar: están a merced de los vientos. Cuando soplan vientos fuertes, aparecen las olas; cuando desaparecen los vientos, desaparecen las olas. No tienen una existencia independiente, son dependientes, y todo lo que depende de algo exterior supone esclavitud.
    El placer depende del otro. Si amas a una mujer, si ese es tu placer, esa mujer se convierte en tu dueña. Si amas a un hombre, si ese es tu placer y te sientes desgraciada y desesperada sin él, has creado tu propia esclavitud. Has creado una prisión; ya no eres libre. Si vas en pos del dinero y del poder, dependerás del dinero y del poder. Quien se dedica a acumular dinero, si su placer consiste en tener cada día más dinero, será cada día desgraciado, porque cuanto más tiene, más quiere, y cuanto más tiene, más miedo tiene de perderlo.
    Es una espada de doble filo: querer más es el primer filo de la espada. Cuanto más exiges, cuanto más deseas, cuanto más sientes que te falta algo, más vacío y hueco te sientes. Y el otro filo de la espada es que cuanto más tienes, más temes que te lo quiten. Te lo pueden robar. El banco puede ir a la bancarrota, puede cambiar la situación política del país, hacerse comunista... Hay mil cosas de las que depende tu dinero. Tu dinero no te hace amo, sino esclavo.
    El placer es algo periférico; por consiguiente, te hará depender de las circunstancias externas. Y es simple excitación. Si la comida es un placer, ¿de qué se disfruta realmente? Solo del gusto... y eso unos momentos, cuando la comida llega a las papilas gustativas y notas una sensación que interpretas como placer. Es una interpretación tuya. Hoy puede parecerte un placer y mañana no. Si sigues comiendo la misma cantidad todos los días, las papilas gustativas dejarán de responder a la comida, y dentro de poco estarás harto.
    Así es como nos hartamos de las cosas: un día corres tras un hombre o una mujer y al día siguiente intentas encontrar excusas para librarte de esa persona. Es la misma persona; nada ha cambiado. ¿Qué ha pasado entretanto? Te has aburrido del otro, porque el placer consistía en explorar lo nuevo. Resulta que el otro ya no es nuevo; ya te has familiarizado con su territorio. Te has familiarizado con el cuerpo del otro, con las curvas de su cuerpo, con la sensación que te produce su cuerpo.
    Y la mente ansía algo nuevo.
    La mente siempre ansía algo nuevo. Así es como la mente te mantiene siempre atado a algo futuro. Te mantiene en un es-tado de espera, pero nunca te lleva los productos, porque no puede. Solo puede crear nuevas esperanzas, nuevos deseos.
    Las hojas crecen en los árboles del mismo modo que los deseos y las esperanzas crecen en la mente. Querías una casa nueva y ya la tienes; ¿dónde está el placer? La disfrutaste unos momentos, cuando conseguiste tu objetivo. Una vez conseguido a la mente deja de interesarle y ya ha empezado a tender nuevas telarañas de deseo. Ya ha empezado a pensar en otras casas, más grandes. Y eso es lo que pasa con todo.
    El placer te crea un estado de deseo permanente, de inquietud, una agitación continua. Hay múltiples deseos, todos y cada uno de ellos insaciables, que reclaman toda tu atención. Te conviertes en víctima de una multitud de deseos enloquecedores —enloquecedores porque no se pueden cumplir—, que te
    llevan de acá para allá. Tú mismo te conviertes en una contradicción. Un deseo te lleva hacia la izquierda, otro hacia la derecha, y alimentas ambos deseos al mismo tiempo. Y entonces te sientes dividido, escindido, desgarrado. Te sientes hecho pedazos. Nadie sino tú es responsable; es la estupidez del deseo de placer lo que crea esta situación.
    Y es un fenómeno complejo. No eres tú el único que busca el placer; millones de personas buscan los mismos placeres. Por eso existe una gran lucha, la competición, la violencia, la guerra. Todos son enemigos entre sí, porque todos tienen el mismo objetivo y no todos pueden conseguirlo. De ahí que la lucha sea tremenda, porque hay que arriesgarlo todo, y por nada, ya que, cuando ganas, no ganas nada. Malgastas tu vida entera en esa lucha. Una vida que podría haber sido una fiesta se convierte en una lucha prolongada, inútil.
    Cuando vas buscando el placer no puedes amar, porque la persona que va buscando el placer utiliza al otro como medio. Y utilizar al otro como medio es una de las acciones más inmorales, porque cada ser es un fin en sí mismo, y no un medio. Pero cuando buscas el placer tienes que utilizar al otro como medio. Te haces astuto, porque la lucha es tremenda. Si no eres astuto te engañarán, y antes de que los demás te engañen, tú tienes que engañarlos a ellos.
    Ya advertía Maquiavelo a los buscadores del placer que la mejor forma de defensa es el ataque. No hay que esperar a que el otro ataque; podría ser demasiado tarde. Antes de eso, atácalo tú. Esa es la mejor forma de defensa. Y es un consejo que se sigue, tanto si se conoce a Maquiavelo como si no.
    Es muy extraño. La gente conoce a Jesucristo, a Buda, a Mahoma, a Krisna, pero nadie los sigue. La gente no sabe gran cosa de Maquiavelo, pero a él sí lo siguen, como si tuviera mucha importancia para ellos. No hace falta que lo leáis; simplemente lo seguís. Vuestra sociedad está basada en los principios maquiavélicos; en eso consiste el juego político. Antes de que alguien te quite algo, quítaselo tú. Tienes que estar siempre en guardia. Naturalmente, si estás siempre en guardia, te sentirás tenso, angustiado, preocupado. Todo el mundo está en tu contra y tú estás en contra de todo el mundo.
    De modo que el placer no es ni puede ser la meta de la vida.
    La segunda palabra que hay que comprender es la felicidad. El placer es algo fisiológico; la felicidad es algo psicológico. La felicidad es un poco mejor, algo un poco más refinado, un poco más elevado... pero no muy distinto del placer. Podría decirse que el placer es una clase más baja de felicidad y que la felicidad es una clase más elevada de placer: las dos caras de la misma moneda. El placer es un poco primitivo, animal; la felicidad es un poco más refinada, un poco más humana, pero es el mismo juego que se juega en el mundo de la mente. No te preocupas tanto de las sensaciones fisiológicas como de las sensaciones psicológicas, pero no existe diferencia en lo fundamental.
    La tercera es la alegría: la alegría es algo espiritual. Es algo distinto, completamente distinto del placer y de la felicidad. No tiene nada que ver con lo externo, con el otro; es un fenómeno interno. La alegría no depende de las circunstancias; es algo tuyo. No es una excitación producida por las cosas; se trata de un estado de paz, de silencio, un estado meditativo. Es espiritual.
    Pero Buda tampoco habla de la alegría, porque existe otra cosa que va más allá de la alegría. Él lo llama dicha. La dicha es algo absoluto. No es algo fisiológico, ni psicológico ni espiritual. No sabe de divisiones; es indivisible. Es absoluta en un sentido y trascendente en otro. Buda solo emplea dos palabras en esta frase. La primera es el placer, que incluye la felicidad. La segunda es la dicha, que incluye la alegría.
    La dicha significa alcanzar el núcleo más profundo de tu ser. Se encuentra en las profundidades últimas de tu ser, donde ni siquiera el ego existe, donde reina el silencio: tú has desaparecido. En la alegría existes un poco, pero en la dicha dejas de existir. Se ha disuelto el ego; es un estado de no ser.
    Buda lo llama nirvana. El nirvana significa dejar de ser, ser un vacío infinito como el cielo. Y en el momento en que eres el infinito, te inundas de estrellas e inicias una vida completamente nueva. Renaces.
    El placer es algo momentáneo, algo que pertenece a la esfera del tiempo, es algo «de momento». La dicha es intemporal, atemporal. El placer comienza y termina; la dicha ni va ni viene: está ya en el núcleo más profundo de tu ser. El placer hay que arrancárselo a otro: o eres mendigo o eres ladrón. La dicha te hace el amo.
    La dicha no es algo que te inventas, sino algo que descubres. La dicha es tu naturaleza más íntima. Estaba allí desde el principio, pero tú no te habías fijado. No te has dado cuenta porque no miras hacia dentro.
    Esa es la única desgracia del ser humano, que solo mira hacia fuera, siempre en busca y en pos de algo. Y no se puede encontrar en el exterior porque no está allí.
    Una tarde, Rabiya —una famosa mística sufí— estaba buscando algo en la calle, junto a su pequeña choza. Se estaba poniendo el sol y la oscuridad descendía poco a poco. La gente fue congregándose, y le preguntaron:
    —¿Qué haces? ¿Qué se te ha perdido? ¿Qué estás buscando?
    Ella contestó:
    —Se me ha perdido la aguja.
    La gente dijo:
    —Se está poniendo el sol y va a resultar muy difícil encontrar la aguja, pero vamos a ayudarte. ¿Dónde se te ha caído exactamente? Porque la calle es grande y la aguja pequeña. Si sabemos exactamente dónde se ha caído resultará más fácil encontrarla.
    Rabiya contestó:
    —Más vale que no me preguntéis eso, porque en realidad no se ha caído en la calle, sino en mi casa.
    La gente se echó a reír y dijo:
    —¡Ya sabíamos que estabas un poco loca! Si la aguja se ha caído en tu casa, ¿por qué la estamos buscando en la calle?
    Rabiya replicó:
    —Por una razón tan sencilla como lógica: en la casa no hay luz y en la calle aún queda un poco de luz.
    La gente volvió a reírse y se dispersaron. Rabiya los llamó y dijo:
    —¡Escuchadme! Eso es lo que hacéis vosotros. Yo me limitaba a seguir vuestro ejemplo. Os empeñáis en buscar la dicha en el mundo exterior sin plantear la pregunta fundamental: «¿Dónde la has perdido?». Y yo os digo que la habéis perdido dentro. La buscáis fuera por la sencilla y lógica razón de que vuestros sentidos están abiertos hacia el exterior: hay un poco más de luz. Vuestros ojos miran hacia fuera, vuestros oídos escuchan hacia fuera, vuestras manos se tienden hacia fuera; por eso estáis buscando fuera. Por lo demás os aseguro que no la habéis perdido ahí, y lo digo por experiencia propia. Yo también he buscado fuera durante muchas, muchas vidas, y el día que miré dentro me llevé una sorpresa. No hacía falta buscar y registrar; siempre había estado dentro.
    La dicha es tu núcleo más íntimo. El placer se lo tienes que pedir a otros, y naturalmente te haces dependiente. La dicha te hace el amo. La dicha no es algo que te ocurre; ya está ahí.
    Buda dice: «Existe el placer y existe la dicha. Renuncia a lo primero para poseer lo segundo». Deja de mirar hacia fuera. Mira hacia dentro, vuélvete hacia tu interior. Empieza a buscar y registrar en tu interior, en tu subjetividad. La dicha no es un objeto que se pueda encontrar en ninguna otra parte; es tu consciencia.
    En Oriente siempre hemos definido la verdad suprema como Sat-Chit-Anand. Sat significa ‘verdad’, chit significa ‘consciencia’, y anand, ‘dicha’. Son tres aspectos de la misma realidad. Es la auténtica Trinidad, no Dios Padre, Dios Hijo, Jesucristo, y el Espíritu Santo; esa no es la verdadera Trinidad. La verdadera Trinidad es la verdad, la consciencia y la dicha. Y no son fenómenos distintos, sino una sola energía que se expresa de tres maneras, una energía con tres aspectos. De ahí que en Oriente digamos que Dios es trimurti, que tiene tres rostros. Esos son los verdaderos rostros, no Brama, Visnú y Mahesh, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; esos nombres son para principiantes.
    Verdad, consciencia, dicha: esas son las verdades absolutas. En primer lugar llega la verdad. En cuanto entras en ella, tomas conciencia de tu realidad eterna: el sat, la verdad. Al profundizar en tu realidad, en tu verdad, te darás cuenta de la consciencia, de una increíble consciencia. Todo es luz, nada es oscuridad. Todo es consciencia, nada inconsciencia. Eres simplemente una llama de la consciencia, sin siquiera una sombra de inconsciencia por ninguna parte. Y cuando profundizas aún más, el núcleo definitivo es la dicha, anand.
    Buda dice: «Renuncia a todo lo que hasta ahora has considerado importante, significativo». Sacrifícalo todo para ese absoluto porque es lo único que te satisfará, que te llenará, que llevará la primavera a tu ser... y estallarás en miles de flores.
    El placer te hará ir a la deriva. El placer te hará más astuto, pero no te proporcionará sabiduría. Te hará cada día más esclavo; no te proporcionará el reino de tu ser. Te hará cada día más calculador, te hará una persona más aprovechada. Te hará cada día más político, más diplomático. Empezarás a utilizar a las personas como medios. Eso es lo que hace la gente.
    El marido le dice a la esposa: «Te quiero», pero en realidad simplemente la está utilizando. La esposa dice que quiere al marido, pero simplemente lo está utilizando. El marido puede estar utilizándola como objeto sexual y la esposa utilizándolo como seguridad económica. El placer hace a todos astutos, taimados. Y ser astuto supone perderse la dicha de ser inocente, perderse la dicha de ser niño.
    En Lockheed necesitaban una pieza para un avión nuevo y enviaron un comunicado a todo el mundo para ver quién presentaba la mejor oferta. De Polonia les llegó una oferta de tres mil dólares. Inglaterra se ofrecía a construir la pieza por seis mil dólares. Israel pedía nueve mil. Richardson, el ingeniero encargado de la construcción del nuevo avión, pensó que lo mejor era ir a cada uno de los países para averiguar el porqué de la disparidad de precios. El fabricante de Polonia le dijo: «Mil para los materiales, mil para la mano de obra, y mil para los gastos indirectos y unos pequeños beneficios».
    En Inglaterra, Richardson revisó la pieza y descubrió que era casi tan buena como la fabricada en Polonia. Preguntó: «¿Por qué piden seis mil dólares?». El inglés se lo explicó: «Dos mil para los materiales, otros dos mil para la mano de obra y otros dos mil para los gastos y un pequeño beneficio».
    En Israel, el representante de Lockheed tuvo que llegar hasta un callejón en el que había una pequeña tienda, donde vio a un viejecillo, el que había presentado la oferta de nueve mil dólares.
    —¿Por qué pide tanto? —le preguntó.
    —A ver —dijo el viejo judío—. Tres mil para usted, tres mil para mí y tres mil para los gilipollas de Polonia.
    El dinero, el poder, el prestigio: todo eso contribuye a hacerte astuto. Busca el placer y perderás la inocencia, y perder la inocencia significa perderlo todo. Esto dice Jesucristo: sé como un niño, y solo así entrarás en el Reino de Dios. Y tiene razón. Pero quien anda en busca del placer no puede ser inocente como un niño. Tienes que ser muy listo, muy astuto, con mucha política; solo así puedes vencer en la competición a muerte que hay en todas partes. Todo el mundo está a la greña con todo el mundo, no vives entre amigos. El mundo no puede ser amable a menos que dejemos esa idea de la competitividad.
    Pero desde el principio inculcamos al niño el veneno de la competitividad. Cuando acabe la universidad estará totalmente envenenado. Lo hemos hipnotizado con la idea de que tiene que luchar contra los demás, de que la vida es la supervivencia de los más aptos. Así la vida no puede ser una fiesta.
    Si eres feliz a costa de la felicidad de otro... Y así es como puedes ser feliz; no hay otra manera. Si conoces a una mujer hermosa y consigues poseerla, se la habrás arrebatado a otro. Intentamos que las cosas parezcan lo más bonitas posible, pero eso es solo en la superficie. Los que han perdido en el juego se enfadarán, se pondrán furiosos. Esperarán una oportunidad para vengarse, y esa oportunidad se les presentará tarde o temprano.
    Lo que posees en este mundo lo posees a costa de alguien, a costa del placer de otro. No hay otra manera. Si de verdad no deseas enemistarte con nadie en el mundo, debes abandonar la idea de la posesión. Utiliza lo que tengas a tu lado en el momento, pero no seas posesivo. No intentes reclamar que es tuyo. No hay nada que sea tuyo; todo pertenece a la existencia.
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  • Aprender a amar
    HAY COSAS QUE SOLO OCURREN, que no pueden hacerse. Hacer es el camino de las cosas ordinarias, de las cosas triviales. Puedes hacer algo para ganar dinero, puedes hacer algo para ser poderoso, puedes hacer algo para tener prestigio, pero no puedes hacer nada en lo referente al amor, a la gratitud, al silencio. Es importante entender que “hacer” significa el mundo, y no hacer significa aquello que está más allá del mundo; donde las cosas ocurren, donde solo la marea te puede conducir a la orilla. Si nadas, no lo conseguirás. Si haces algo, lo desharás, porque toda acción es mundana.
    Muy pocas personas llegan a conocer el secreto del no hacer y permitir que las cosas ocurran. Si quieres grandes cosas, cosas que están más allá del pequeño alcance de las manos humanas, de la mente humana, de las habilidades humanas, tendrás que aprender el arte de no hacer. Yo lo denomino meditación. Es un problema, porque en cuanto le pones un nombre la gente empieza a preguntar cómo “hacerlo”. Pero no puedes porque la misma palabra “meditación” crea la idea de hacer. Son personas que han hecho un doctorado, que han hecho mil cosas, cuando oyen la palabra “meditación” dicen: “Pues dinos cómo se hace”.
    Sin embargo, la meditación alude fundamentalmente al principio del no hacer, relajarse, dejarse llevar por la marea; limitarse a ser una hoja mecida por la brisa, o una nube que se mueve con el viento. Nunca le preguntes a una nube: “¿Adónde vas?”. Ni siquiera ella misma lo sabe; no tiene dirección, no tiene destino. Estaba yendo al sur, pero si el viento cambia, irá hacia el norte. La nube no le dice al viento: “Esto no tiene ni pies ni cabeza. Estábamos yendo hacia el sur y ahora vamos hacia el norte. ¿Qué sentido tiene?”. No, simplemente empieza a moverse hacia el norte tan fácilmente como se estaba moviendo hacia el sur.
    A ella le da igual norte, sur, este u oeste. Simplemente se mueve con el viento, sin ningún deseo, sin ningún objetivo, sin tener que llegar a ningún lugar; simplemente disfruta del viaje. La meditación te convierte en una nube; una nube de la conciencia. No hay ningún objetivo. No le preguntes nunca a un meditador: “¿Por qué meditas?”. Esa pregunta no tiene ninguna importancia. La meditación es en sí misma tanto el objetivo como el camino. Lao Tsé es una de las figuras más importantes en el terreno del no hacer.
    Si se escribiera bien la historia, debería haber dos tipos de historia. La historia de los hacedores, que incluye a Gengis Kan, Tamerlán, Nadir Shah, Alejandro Magno, Napoleón Bonaparte, Iván el Terrible, lósiv Stalin, Adolf Hitler, Benito Mussolini; todas estas personas pertenecen al mundo de la acción. Y debería haber otra historia; una historia más amplia, una historia real, de la conciencia humana, de la evolución humana. Esa es la historia de Lao Tsé, Chuang Tsé, Lieh Tsé, Gautama Buda, Mahavira, Bodhidharma; un tipo de personas totalmente diferentes.
    Lao Tsé halló la iluminación sentado bajo un árbol. Una hoja empezó a caer; era otoño y no tenía prisa; la hoja empezó a descender en zig-zag mecida por el viento, lentamente. Él contempló la caída de la hoja. La hoja se posó en la tierra, y mientras contemplaba cómo caía la hoja y cómo se asentaba en el suelo, algo se asentó en él. Desde ese momento se convirtió en un no hacedor. Los vientos vienen por sí solos, y la existencia se ocupa de todo.
    Lao Tsé extrajo sus enseñanzas del curso del agua: fluye con el agua allá donde vaya, no nades. Pero la mente siempre quiere hacer algo, porque de ese modo el mérito le corresponde al ego. Si dejas que la marea te lleve, el mérito lo tiene la marea, no tú. Si nadas, existe la posibilidad de que tu ego se vuelva más grande: “¡Conseguí cruzar el canal de la Mancha!”. Sin embargo, la existencia te da el nacimiento, te da la vida, te da el amor; te da todo aquello que es invalorable, todo aquello que no puedes comprar con dinero. Solo aquellos que están dispuestos a atribuir todo el mérito de sus vidas a la existencia descubren la belleza y la bendición del no hacer.
    No es cuestión de hacer. Es cuestión de que el ego esté ausente, de dejar que las cosas ocurran. “Deja que las cosas fluyan”; en estas palabras se resume toda la experiencia. En la vida estás intentando hacerlo todo. Por favor, deja algunas cosas para el no hacer, ya que esas son las únicas cosas valiosas. Hay personas que están intentando amar porque desde el principio la madre no hace más que decirle al niño: “Tienes que amarme porque soy tu madre”. Está convirtiendo el amor en un principio lógico: “porque soy tu madre”.
    No está permitiendo que el amor surja por sí solo, está forzándolo. El padre dice: “Ámame, soy tu padre”. Y el niño se siente tan impotente que lo único que puede hacer es fingir. ¿Qué otra cosa puede hacer? Sonríe, da un beso, pero sabe que todo es fingido: en realidad no lo siente, todo es falso. No está surgiendo de él sino que lo hace porque tú eres su padre, tú eres su madre, tú eres eso, tú eres aquello. Están destruyendo una de las experiencias más maravillosas de la vida. Las mujeres dicen a sus maridos: “Tienes que amarme, soy tu mujer”.
    Es muy raro. Los maridos dicen: “Tienes que amarme. Soy tu marido. Tengo derecho”. El amor no se puede exigir. Si se cruza en tu camino, da gracias; si no, espera. Ni siquiera debes quejarte durante la espera, porque no tienes derecho a él. El amor no es un derecho de nadie, ninguna constitución puede darte el derecho a la experiencia del amor. Pero están destruyéndolo todo; las mujeres están sonriendo y los hombres están abrazando. Uno de los escritores estadounidenses más famosos, Dale Carnegie, dice que todos los maridos deberían decir a sus mujeres al menos tres veces al día: “Te quiero, cariño”.
    Pero ¿está loco? Sin embargo, lo dice en serio, y funciona; mucha gente, millones de personas, son seguidores practicantes de Dale Carnegie. “Cuando llegues a casa, lleva helado, flores, rosas, para demostrarle tu amor a tu mujer”, como si hubiera que demostrar el amor, como si hubiera que probarlo materialmente, pragmáticamente, lingüísticamente, como si hubiera que verbalizarlo una y otra vez para que nadie lo olvide. Si durante unos días no le dices a tu mujer “te quiero” contará cuántos días han pasado, y empezará a sospechar que se lo estás diciendo a otra, porque estás reduciendo su cuota.
    El amor es cuantificable. “Si ya no trae helado quiere decir que ese helado debe de estar yendo a parar a otro lugar”, y eso es intolerable. Hemos creado una sociedad que solo cree en los “actos”, mientras que la parte espiritual de nuestro ser permanece muerta de hambre, porque necesita algo que no se hace sino que ocurre. No se trata de que consigas decir “te amo” sino que de repente te encuentras a ti mismo diciendo que amas. Tú mismo te sorprendes de lo que estás diciendo. No es algo que primero hayas ensayado mentalmente y luego hayas dicho; no, es algo espontáneo.
    De hecho, los verdaderos momentos de amor no se expresan. Cuando realmente estás enamorado, esa misma sensación crea a tu alrededor una especie de aura que dice todo aquello que tú no puedes decir, que nunca se puede decir. Sin embargo, nosotros lo controlamos todo, lo convertimos todo en “hacer” y el resultado final es que poco a poco la hipocresía se convierte en nuestra principal característica. Nos olvidamos completamente de que es hipocresía. Y en la mente, en el ser de la persona que es hipócrita, cualquier cosa del ámbito del no hacer es imposible. Puedes seguir haciendo cada vez más cosas; te convertirás en un robot.
    Así que cada vez que de repente tengas una experiencia en la que algo ocurra, acéptala como un don de la existencia y convierte ese momento en el heraldo de un nuevo estilo de vida. Deja que de veinticuatro horas, haya algunos momentos en los que no estés haciendo nada, únicamente estés permitiendo que la existencia haga algo en ti. Verás cómo empiezan a abrirse ventanas en ti, ventanas que te conectarán con lo universal, con lo inmortal. Creo que gran parte de mi “acción” consiste en evitar el aburrimiento.
    ¿Podrías hablar de la naturaleza de las experiencias que denominamos aburrimiento e inquietud? El aburrimiento y la inquietud están profundamente relacionados. Siempre que estás aburrido estás inquieto. La inquietud es una consecuencia del aburrimiento. Intenta comprender el mecanismo. Siempre que estás aburrido quieres alejarte de esa situación. Si alguien está contando algo y tú te estás aburriendo, empiezas a ponerte nervioso. Es una indicación sutil de que quieres alejarte de ese lugar, de esa persona, de esa conversación estúpida. Tu cuerpo empieza a moverse.
    Evidentemente, lo reprimes por educación, pero el cuerpo ya se está moviendo porque es más auténtico que la mente; el cuerpo es más honesto y sincero que la mente. La mente está intentando ser educada, sonreír. Dices: “¡Qué interesante!”, pero por dentro estás pensando: “Qué aburrimiento Ya he oído esa historia un montón de veces y ahora vuelves a contarla otra vez”. Me contaron una anécdota sobre la mujer de Albert Einstein. Los amigos de Albert Einstein solían ir a visitarlo y, por supuesto, él siempre les contaba anécdotas y chistes, y ellos se reían.
    Pero uno de sus amigos sintió curiosidad porque se dio cuenta de que cada vez que iba a casa de Einstein, y este empezaba a contar historias, su mujer se ponía a hacer punto o cualquier otra cosa. Así que le preguntó: “¿Por qué hace punto cada vez que su marido empieza a contar una historia?”. Ella contestó: “Si no hiciera algo, me resultaría tremendamente difícil soportarlo, porque ya he oído esas historias y esos chistes miles de veces. Usted solo viene de visita de vez en cuando, pero yo siempre estoy aquí.
    Cada vez que viene alguien, cuenta los mismos chistes y las mismas historias. Si no hiciera nada práctico, me pondría tan nerviosa que resultaría maleducada. Así que tengo que calmar mi nerviosismo haciendo algún tipo de trabajo. De ese modo oculto mi inquietud en mi trabajo”. Siempre que estés aburrido te sentirás inquieto. La inquietud es una señal del cuerpo; el cuerpo te está diciendo: “Sal de aquí. Vete donde sea pero no permanezcas aquí”. Sin embargo, la mente continúa sonriendo, los ojos continúan brillando y tú sigues diciendo que estás escuchando y que nunca has oído una historia tan interesante.
    La mente es educada; el cuerpo sigue siendo salvaje. La mente es humana, el cuerpo sigue siendo animal. La mente es falsa; el cuerpo es sincero. La mente conoce las normas y las reglas, cómo comportarse y cómo no comportarse. Así que aunque te encuentres a una persona muy aburrida, le dirás: “¡Qué alegría verte!”. Pero en lo más profundo, si pudieras, ¡lo asesinarías! Tienes ganas de matarlo. Así que te inquietas, te pones nervioso. Si escuchas a tu cuerpo y sales corriendo, desaparecerá la inquietud. ¡Inténtalo! Cuando alguien te esté aburriendo, simplemente empieza a saltar y a correr.
    Observa qué ocurre; tu inquietud desaparece, porque lo único que intenta hacerte saber la inquietud es que la energía no quiere estar ahí. La energía ya se está marchando; la energía va ha abandonado ese lugar. Ahora estás siguiendo los pasos de la energía, así que desaparece la inquietud. Lo fundamental es entender el aburrimiento, no la inquietud. El aburrimiento es un fenómeno muy significativo. Solo el hombre se aburre, no hay ningún otro animal que se aburra. No puedes aburrir a un búfalo, es imposible. El hombre es el único que se aburre, porque es consciente. La causa de que se aburra es la conciencia. Cuanto más sensible eres, cuanto más alerta estás, más consciente eres, más te aburrirás, y en más situaciones.
    La mente mediocre no se aburre tan fácilmente. Lo soporta; acepta todo lo que ocurre como bueno. No está alerta. Cuanto más alerta estés, cuanto más fresco estés, más sentirás que determinada situación es solo una repetición, te resulta intolerable, te parece estancada. Cuanto más sensible eres, más fácilmente te aburres. El aburrimiento es una señal de sensibilidad. Los árboles no se aburren, los animales no se aburren, las piedras no se aburren porque no son lo suficientemente sensibles. Esta es una de las cosas más importantes que debes entender sobre tu aburrimiento: ocurre porque eres sensible.
    Sin embargo, los budas tampoco se aburren. No puedes aburrir a un buda. Los animales no se aburren y los budas no se aburren, así que el aburrimiento es un fenómeno intermedio entre el animal y el buda. Para aburrirse hace falta un poco más de inteligencia y de sensibilidad de la que tienen los animales. Y para superar el aburrimiento tienes que volverte totalmente sensible. Entonces, vuelve a desaparecer el aburrimiento. Pero entre estos dos estados hay aburrimiento. Si te asemejas a un animal, desaparece el aburrimiento. Así que observarás que las personas que viven una vida muy animal se aburren menos.
    Comer, beber, casarse; no se aburren, pero tampoco son muy sensibles. Viven al mínimo, solo con la conciencia necesaria para la rutina de la vida cotidiana. Descubrirás que los intelectuales, las personas que piensan mucho, se aburren más porque piensan, y al pensar se dan cuenta de que hay algo repetitivo. Tu vida está llena de repeticiones. Cada mañana te levantas prácticamente igual a como llevas haciéndolo toda la vida. Desayunas casi de la misma manera. Después, vas a la oficina; la misma oficina, la misma gente, el mismo trabajo. Después vuelves a casa; la misma mujer, el mismo marido, la misma pareja. Es normal que te aburras.
    Te resulta muy difícil ver aquí alguna novedad; todo parece viejo, polvoriento. Una vez escuché la siguiente anécdota: Un día, mientras estaba en su casa, la amante de un banquero oyó el timbre. Abrió la puerta, pero al darse cuenta de que quien llamaba era la mujer del banquero, intentó cerrar rápidamente. La mujer se apoyó en la puerta y dijo:
    Déjame pasar. No tengo intención de organizar ninguna escena, solo quiero que hablemos tranquilamente. La amante, muy nerviosa, la dejó pasar y le preguntó con recelo:
    ¿Qué quieres? Ella contestó:
    Nada importante. Solo quería que me respondieras a una pregunta. Entre nosotras, ¿qué le ves a ese estúpido?
    El mismo marido, al cabo de tantos días, se convierte en un estúpido; ver a la misma mujer, todos los días, hace que prácticamente olvides su aspecto. Si te dicen que cierres los ojos y que recuerdes el rostro de tu mujer, te resultará imposible recordarlo. Te vendrán muchas otras mujeres a la mente, todo el barrio, pero no tu mujer. La relación se ha convertido en una repetición continua. Haces el amor, abrazas a tu mujer, la besas, pero ahora todos estos gestos son vacíos. Hace mucho que desapareció el esplendor y el brillo.
    El matrimonio se acaba prácticamente al mismo tiempo que termina la luna de miel; después finges. Pero detrás de esa falsedad, se acumula un profundo aburrimiento. Ves a la gente andando por la calle y ves que están completamente aburridos. Todo el mundo está aburrido, aburrido como una ostra. Contempla sus rostros: no tienen un aura de dicha. Contempla sus ojos: están apagados, sin ningún destello de felicidad interior. Van de la oficina a casa, de casa a la oficina y, poco a poco, su vida se convierte en una rutina mecánica, en una constante repetición. Y llega un día en el que mueren.
    La mayoría de la gente muere sin haber estado viva. Se dice que Bertrand Russell confesó: “Si vuelvo la vista atrás, solo puedo encontrar unos cuantos momentos en mi vida en los que estuve realmente vivo, ardiendo”. ¿Puedes recordar cuántos momentos de tu vida han sido realmente ardientes? Es algo que ocurre muy pocas veces. Soñamos con esos momentos, imaginamos esos momentos, esperamos esos momentos, pero casi nunca ocurren. Incluso aunque ocurran, tarde o temprano también se volverán repetitivos. Cuando te enamoras de una mujer o de un hombre te parece como si hubiera ocurrido un milagro, pero poco a poco el milagro desaparece y todo se convierte en una rutina.
    El aburrimiento es la consciencia de la repetición. Los animales no pueden aburrirse porque no pueden recordar el pasado. No pueden recordarlo, así que no pueden sentir la repetición. El búfalo sigue comiendo la misma hierba todos los días con la misma alegría. Tú no puedes. ¿Cómo podrías comer la misma hierba todos los días con la misma alegría? Acabas hartándote. De ahí que la gente intente cambiar. Cambian de casa, compran un coche nuevo, se divorcian del antiguo marido, tienen una aventura. Pero de nuevo, tarde o temprano, ese elemento nuevo se volverá repetitivo. Cambiar de lugar, cambiar de pareja, cambiar de casa, no servirá de nada.
    Cuando una sociedad se vuelve muy aburrida, la gente empieza a cambiar de una ciudad a otra, de un trabajo a otro, de una mujer a otra, pero tarde o temprano se dan cuenta de que es una tontería. Sucederá lo mismo con todas las mujeres, con todos los hombres, con todas las casas, con todos los coches. Entonces, ¿qué se puede hacer? Ser más consciente. No se trata de cambiar de situación. Transforma tu ser, sé más consciente. Si te vuelves más consciente serás capaz de ver que cada momento es nuevo. Pero para eso, hace falta mucha energía, una gran energía de conciencia.
    Recuerda, la mujer no es la misma. Vives una ilusión. Vuelve a casa y contempla de nuevo a tu mujer; no es la misma. Nadie puede ser el mismo; solo las apariencias nos engañan, los árboles no son los mismos que eran ayer. ¿Cómo van a serlo? Han crecido. Algunas hojas se han caído, y otras han salido. Contempla los árboles de tu calle. ¿Cuántas hojas nuevas han brotado? Todos los días caen hojas viejas y brotan hojas nuevas. Pero tú no eres lo suficientemente consciente.
    Hay dos maneras de escapar del aburrimiento: o bien no seas consciente para que no puedas sentir la repetición, o bien sé tan consciente que en cada repetición puedas ver algo nuevo. Cambiar las cosas externas no te servirá de nada. Es como si en tu casa cambiaras continuamente los muebles de sitio. Puedes ponerlos de una manera u otra, pero hagas lo que hagas, serán los mismos muebles. Hay muchas personas que piensan continuamente cómo ordenar las cosas, dónde ponerlas, cómo colocarlas, dónde no ponerlas, y van cambiando las cosas de acuerdo con sus ideas. Pero es la misma habitación y son los mismos muebles.
    ¿Hasta cuándo podrás engañarte de esta manera? Poco a poco todo se asienta, desaparece la novedad. No tienes un tipo de conciencia que pueda ir descubriendo lo nuevo una y otra vez. Para la mente aburrida todo es viejo; para una mente completamente viva, no hay nada viejo bajo el sol, no puede haberlo. Todo fluye. Cada persona está fluyendo, es como un río. Las personas no son cosas muertas, ¿cómo van a ser lo mismo? ¿Acaso tú eres el mismo? Desde que te has levantado esta mañana y has salido hasta que has vuelto a casa, han ocurrido un montón de cosas. Algunos pensamientos han desaparecido de tu mente, otros han entrado.
    Puede que hayas logrado una nueva percepción de las cosas. Es imposible que vuelvas a casa siendo igual a como has salido. El río está fluyendo constantemente; parece el mismo, pero no lo es. El viejo Heráclito dijo que no puedes bañarte dos veces en el mismo río porque el río, nunca es el mismo. Por un lado tú no eres el mismo, y por otro lado todo está cambiando., así que hay que vivir con la máxima conciencia. Vive, o bien como un buda, o bien como un búfalo, entonces no te aburrirás. Tú eliges. No he visto nunca a nadie que constantemente sea el mismo. Siempre me sorprende la novedad que muestras cada día.
    Aunque puede que no seas consciente de ella. Sigue siendo capaz de sorprenderte. Permíteme que te cuente una anécdota: Un hombre entra en un bar sumido en sus pensamientos, y después de pedir una cerveza le pregunta a la camarera:
    Perdone, ¿cuánto es? La camarera le contesta a voz en grito:
    ¡Cómo se atreve a hacerme esa proposición! El hombre se queda paralizado del susto y al darse cuenta de que todo el mundo le está mirando, se siente incomodísimo y dice entre dientes:
    Señorita, solo le estaba preguntando que cuánto valía. La mujer le contesta chillando aún más fuerte:
    ¡Como diga una palabra más llamo a la policía! El hombre coge su cerveza y se sienta a una mesa al fondo del bar, agazapado, conteniendo la respiración, y deseando salir del bar. Al cabo de medio minuto, la camarera se le acerca y en un tono muy sereno le dice:
    Disculpe, siento mucho haberle avergonzado, pero estudio psicología en la universidad y estoy haciendo la tesis sobre la reacción de los seres humanos a las afirmaciones repentinas y chocantes. El hombre se queda mirándola durante unos segundos, después se hecha hacia atrás y dice a voz en grito:
    ¿Y pasarías toda la noche conmigo haciéndome todo eso por solo dos euros? La chica se desmaya del susto.
    Es probable que no permitamos que nuestra conciencia se eleve más porque entonces la vida sería una sorpresa constante. Puede que no seas capaz de controlarla. Por eso has aceptado una mente aburrida, has invertido en ella. No es que seas aburrido porque sí; tienes tus razones: si estuvieras realmente vivo, todo sería sorprendente y chocante. Si eres aburrido, nada te sorprende, nada te choca. Cuanto más aburrido eres, más aburrida te parece la vida. Si te vuelves más consciente, la vida también se volverá más viva, más ajetreada, y tendrás dificultades.
    Siempre vives con falsas expectativas. Cada día llegas a casa y esperas cierto comportamiento de tu mujer. Date cuenta de que eres tú quien creas tu propia infelicidad. ¿Esperas un comportamiento concreto de tu pareja y pretendes que al mismo tiempo sea nueva? ¡Estás pidiendo algo imposible! Si realmente quieres que tu mujer, tu marido o tu pareja sea constantemente nuevo para ti, no esperes nada. Vuelve siempre a casa dispuesto a sorprenderte y a asombrarte; entonces, la otra persona será nueva.
    Sin embargo, en vez de eso, esperamos que la otra persona cumpla ciertas expectativas. Y nosotros no permitimos que la otra persona conozca nuestra frescura, plena y fluida. No hace más que ocultarnos, no nos exponemos porque tememos que la otra persona no sea capaz de entendernos. Tanto el marido como la mujer, esperan que el otro se comporte de determinada manera, y, por supuesto, cada uno de ellos representa bien su papel. No estamos viviendo la vida, estamos representando un papel. El marido vuelve a casa y se obliga a cumplir determinado papel. Cuando entra en casa ya no es una persona viva, no es más que un marido.
    Ser un marido conlleva determinado tipo de comportamiento. En casa, la mujer es una esposa, y el hombre es un marido. Así que cuando se unen, en realidad son cuatro personas: el marido y la esposa que no son auténticas personas sino personajes, máscaras, falsos patrones, comportamientos esperados, deberes, y las auténticas personas, que se ocultan tras la máscara. Esas auténticas personas están aburridas. Pero has invertido demasiado en tu personaje, en tu máscara. Si realmente quieres una vida que no sea aburrida, quítate la máscara, sé sincero. A veces te resultará difícil, ya lo sé, pero vale la pena. Sé sincero.
    Si te apetece hacer el amor con tu mujer, hazlo; de lo contrario di que no te apetece. Lo que está ocurriendo es que el marido continúa haciendo el amor con su mujer, pero pensando en una actriz. En su imaginación, no está haciendo el amor con su mujer, lo está haciendo con otra. Y lo mismo le sucede a la mujer. Así que las cosas se vuelven aburridas porque ya no están vivas. Se ha perdido la intensidad, la agudeza. Mientras un matrimonio estaba en la estación esperando el tren, el marido se pesó en una de esas máquinas en las que introduces el dinero y sale una tarjeta con el peso y en el dorso te dice tu horóscopo.
    En cuanto salió la tarjeta, la mujer se la quitó de las manos y comenzó a leerla:
    A ver. Dice que eres firme y resolutivo, que tienes una personalidad resuelta, que eres emprendedor para los hombres y atractivo para las mujeres. Le dio la vuelta al papel, y después de mirarlo durante unos segundos dijo:
    También se han equivocado en el peso.
    Ninguna mujer puede soportar que su marido se sienta atraído por otras mujeres. Ahí está el meollo, el quid. Si no se interesa por otras mujeres, ¿cómo puede esperar que se interese por ella? Solo si se interesa por otras mujeres se sentirá atraído por ella, porque ella también es una mujer. Pero la mujer quiere que se sienta atraído por ella y por nadie más. Es pedir algo absurdo. Es como si estuvieras diciendo: “Te permito que respires en mi presencia pero en la de nadie más. ¿Cómo te atreves a respirar en otra parte?”. Respira solo cuando tu mujer esté delante, respira cuando tu marido esté delante, pero solo entonces.
    Evidentemente, si hicieras eso morirías, y por tanto tampoco podrías respirar delante de tu pareja. El amor tiene que ser una forma de vida. Tienes que amar. Solo entonces podrás amar a tu mujer o a tu marido. Pero la mujer dice: “No, no deberías mirar a nadie más con ojos amorosos”. Por supuesto, lograrás controlarte porque si no tendrías muchos problemas, pero poco a poco desaparece el brillo de tus ojos. Si no puedes mirar a nadie más con amor, poco a poco tampoco podrás mirar a tu mujer con amor. Pierdes la capacidad de hacerlo. Y lo mismo le ha ocurrido a ella. Lo mismo le ha ocurrido a toda la humanidad.
    De modo que la vida es un aburrimiento; todo el mundo está esperando la muerte. Hay gente que está constantemente pensando en el suicidio. Marcel ha dicho que el único problema metafísico al que se enfrenta la humanidad es el suicidio. Y así es, porque la gente está muy aburrida. Es asombroso que no haya más personas que se suiciden, que sigan viviendo. La vida no parece darles nada, parece haber perdido todo el sentido, pero aun así la gente sigue arrastrándose, esperando que algún día ocurra un milagro y todo se enderece. Sin embargo, eso no ocurre nunca. Eres tú quien tiene que enderezarlo; nadie puede hacerlo por ti.
    No va a venir ningún Mesías, no esperes que venga ninguno. Tú tienes que ser una luz para ti mismo. Vive de forma más auténtica. Quítate las máscaras; son un peso en tu corazón. Elimina toda falsedad. Exponte. Evidentemente, será difícil, pero merece la pena, porque solo después de la dificultad crecerás y madurarás. Y entonces ya nada estará sujetando la vida. Cada momento te muestra su novedad, es un milagro constante que tiene lugar a tu alrededor; lo único que ocurre es que tú te estás ocultando tras hábitos muertos.
    Conviértete en un buda si no quieres aburrirte. Vive cada momento tan alerta como puedas, porque solo si estás completamente alerta serás capaz de quitarte la máscara. Te has olvidado completamente de cómo es tu verdadero rostro. Incluso cuando estás solo en el baño frente al espejo, y no hay nadie más, incluso en ese momento eres incapaz de ver reflejado tu rostro original. Allí también sigues engañándote a ti mismo. La existencia está a la disposición de aquellos que están a la disposición de la existencia. Y yo te aseguro que cuando eso ocurre no hay aburrimiento. La vida es una dicha inagotable.
    ¿Te importaría hablar un poco más sobre lo que entiendes por intimidad? Particularmente, cuándo es positivo permanecer juntos en los momentos difíciles en un matrimonio o en una pareja y cuándo es negativo. El matrimonio es una forma de evitar la intimidad. Es un ardid para crear una relación formal. La intimidad es informal. Si el matrimonio surge de la intimidad es maravilloso pero si estás esperando que la intimidad surja del matrimonio esperas en vano. Por supuesto, ya sé que mucha gente, millones de personas, se han conformado con el matrimonio en detrimento de la intimidad; porque la intimidad conlleva un crecimiento y es dolorosa.
    El matrimonio es muy seguro. No hay ningún peligro. En él no hay crecimiento. Se está estancado. El matrimonio es un acuerdo sexual; la intimidad es una búsqueda de amor. El matrimonio es una especie de prostitución de carácter permanente. Casarse con un hombre o con una mujer es una prostitución permanente. Es un acuerdo económico, no psicológico, no del corazón. Así que ten presente esto: si el matrimonio surge de la intimidad, es maravilloso. Lo que significa que todas las personas deberían haber vivido juntas antes de casarse. La luna de miel no debería tener lugar después del matrimonio sino antes.
    Una pareja debería haber vivido las noches oscuras, los días maravillosos, los momentos tristes, los momentos alegres, juntos. Uno debería haber mirado profundamente en los ojos de su pareja, en el ser de la otra persona. ¿Cómo puedes decidir? Si tu intimidad te está ayudando a crecer y a ser más maduro, entonces es positiva, buena, saludable y sana. Si es destructiva y no te está permitiendo madurar, sino que por el contrario te está obligando a permanecer infantil, inmaduro, entonces es malsana. Toda relación que te mantenga en un estado infantil es destructiva. Sal de ella. Pero conserva una relación que te plantee retos para crecer, para vivir aventuras, para profundizar y elevarte en la vida.
    No estoy diciendo que en una relación o un matrimonio positivo no vaya a haber problemas; habrá más problemas que en el negativo. Una relación positiva tendrá más problemas porque cada día habrá nuevos retos. Pero cada vez que resuelvas un problema habrás ascendido un poco; cada vez que aceptes un reto, descubrirás que algo se ha integrado en tu ser. Una relación negativa no tiene problemas, a lo sumo tiene seudo problemas, supuestos problemas; no problemas reales. ¿No te has dado cuenta? Las parejas se pelean por tonterías. No son problemas auténticos, y discutir por ellos no te aportará nada, no te ayudará en tu crecimiento.
    Fíjate en las parejas, fíjate en ti mismo. Quizá eres un marido, una esposa; limítate a observar. Si estás peleándote por tonterías, por pequeñas cosas sin importancia, seguirás siendo inmaduro e infantil. Los problemas reales, los problemas auténticos, a los que realmente hay que enfrentarse, crean un gran torbellino en tu ser; provocan un ciclón en ti. Uno tiene que enfrentarse a ellos, no tiene que evitarlos nunca. Sin embargo, las cuestiones triviales son un escape para rehuir las verdaderas. El marido y la esposa se pelean por cosas muy pequeñas; qué película ir a ver, de qué color comprar el coche, qué modelo, de qué marca, a qué restaurante ir a cenar.
    ¡Por cosas tan tontas! Son detalles irrelevantes. Estás creando demasiados problemas por esas cosas y si te centras en ellas, tu relación no te ayudará ni te dará ninguna integridad, ningún centro. Yo considero que esa relación así es negativa. La relación positiva afrontará problemas auténticos. Por ejemplo, si estás enfadado o triste, también lo estarás delante de tu mujer, no fingirás una sonrisa. Por el contrario, dirás: “Estoy triste”. Hay que afrontarlo. Si mientras caminas por la calle con tu mujer, ves pasar a una mujer guapa y sientes un gran deseo y una gran ansiedad en tu corazón, le dirás a tu mujer que esa mujer ha despertado un gran deseo en ti, que ha removido tu corazón.
    No evitarás mirarla. No volverás la vista y harás como que no has visto a esa mujer. Aunque disimules, ¡tu mujer ya se ha dado cuenta! Para ella es imposible no darse cuenta porque inmediatamente tu energía, tu presencia, han cambiado. Esos son verdaderos problemas. Casarse con una mujer no significa que ya no estés interesado en ninguna otra mujer. Es más, el día que ya no estés interesado en ninguna otra mujer, tampoco estarás interesado en tu esposa. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué tiene tu esposa de especial? Si ya no estás interesado en ninguna mujer, tampoco estarás interesado en tu esposa. Estás enamorado de ella porque todavía estás enamorado de las mujeres. Tu esposa es una mujer.
    Y a veces conoces a alguna otra mujer que te cautiva. Se lo dirás y afrontarás el torbellino que cause. No es una tontería, ya que será algo que producirá celos, provocará una pelea, te arrebatará la paz y no podrás dormir por la noche. ¡Tu esposa te estará dando almohadazos! Ser sincero crea problemas reales. Ser auténtico crea problemas reales. Di lo que corresponda en cada ocasión. No pongas objeciones, no mires hacia otro lado. Mira de frente y sé sincero, y ayuda a tu pareja a ser sincera. Sí, en la auténtica intimidad hay problemas, más problemas que en un estado negativo.
    Si tienes verdadera intimidad con tu pareja, ¿por qué evitar que te interese otra persona? Tienes que decírselo. Eso forma parte del amor, parte de la intimidad. Te expones totalmente, no te reservas nada. Incluso, si sueñas con la otra persona por la noche, por la mañana puedes compartirlo con tu pareja. Una vez me contaron que una noche un director de cine empezó a hablar en sueños con su amante. Le estaba diciendo cosas muy bonitas, y su mujer se despertó. Se quedó mirando a su marido y escuchando atentamente todo lo que decía.
    Cuando estás casado, tienes miedo de tu mujer hasta en sueños, por lo que, de repente, él se despertó y se asustó. ¿Qué estaba diciendo? Presintió que su mujer le estaba mirando y con mucha sangre fría, sin abrir los ojos para que no se diera cuenta de que estaba despierto, dijo: “¡Corten! Siguiente escena”. ¡Como si estuviera dirigiendo una película! Si realmente amas a tu mujer, por la mañana le contarás tu sueño, le dirás que por la noche, en sueños, hiciste el amor con otra mujer. Tienes que compartirlo todo. Tienes que compartir todo tu corazón.
    La intimidad significa que no hay privacidad. Ahora no tienes nada privado; al menos con la persona con la que tienes intimidad, desaparece la privacidad. Estás desnudo, despojado; bueno, malo, seas lo que seas, abres tu corazón. Y a pesar del coste que tenga, a pesar de los problemas que debas superar por ello, será algo que te hará crecer.
    Además, también ayudas a que la otra persona abandone todas las inhibiciones, los antifaces, las máscaras. En una relación íntima, uno consigue ver el verdadero rostro de la otra persona y llega a mostrar su verdadero rostro: Si una relación te ayuda a encontrar tu verdadero rostro entonces es meditativa, es espiritual. Si tu relación simplemente hace que crees cada vez más máscaras e hipocresías, no es religiosa.
    Intenta entender esta definición. Si comprendes realmente esta definición, verás que, de cien matrimonios, noventa y nueve no son religiosos, porque lo único que hacen es crear más falsedad. La falsedad comienza desde el principio. Me contaron la siguiente anécdota: El sacerdote, tras dirigir una mirada inquisitiva a la pareja de novios que estaba ante él y a todos los congregados en la ceremonia, dijo:
    Si alguien conoce algún motivo por el que estas dos personas no deban unirse en santo matrimonio, que hable ahora o que calle para siempre. Entonces se oyó una voz clara y rotunda que decía:
    Yo tengo algo que decir.
    Tú cállate le amonestó. Tú eres el novio.
    ¡Ya desde el principio! Ni siquiera se habían casado todavía. Así es como empieza la vida de un matrimonio. La gente se queda callada. No dicen nada. No cuentan la verdad. Sueltan mentiras. Sonríen cuando no quieren sonreír, besan cuando no quieren besar. Evidentemente, cuando besas y no quieres hacerlo, el beso es venenoso. Evidentemente, cuando no quieres sonreír y sonríes, tu sonrisa es falsa, es diplomática. Sin embargo, en cierto modo te acostumbras a estas cosas; uno se conforma con la falsedad, con la falta de autenticidad de la vida. Y uno se consuela a sí mismo de mil maneras.
    Nosotros somos muy felices insistía el marido. Por supuesto, de vez en cuando ella me lanza algún que otro plato. Pero eso no cambia la situación en absoluto, ¡porque si acierta, ella está feliz, y si no acierta, soy yo quien está feliz! Poco a poco uno llega a ese tipo de acuerdos; ambos están felices. Una pareja de ancianos iba en un coche, cuando de repente el coche se desvió y cayó por un precipicio. Fue un accidente terrible.
    ¿Dónde estoy? balbuceó el marido cuando abrió los ojos. ¿En el cielo?
    No contestó la mujer, aturdida, todavía estoy a tu lado.
    Estos acuerdos son terribles. Aquello que denominas relación no es más que un juego de falsedad y de hipocresía. Así que recuerda: si estás creciendo y te estás convirtiendo en un individuo, si la vida es más intensa, si te estás volviendo más abierto, si ves más belleza en la existencia, si está surgiendo más poesía en tu corazón, si fluye más amor a través de ti, más compasión, si te estás volviendo más consciente, quiere decir que la relación es buena. Sigue con ella. En ese caso no es un matrimonio. Es intimidad.
    Pero si ocurre lo contrario: si está desapareciendo toda la poesía y la vida se está volviendo prosaica; si está desapareciendo todo el amor y la vida se está convirtiendo en una carga, en un peso muerto; si está desapareciendo toda la melodía y estás viviendo como si fuera un deber, es mejor que escapes de esa prisión; es mejor para ti y mejor para la persona con la que estás viviendo. Estoy hecha un lío. Tú no haces más que decirme, de un modo u otro, que estoy completamente chiflada por seguir con mi novio, pero a pesar de ello hay algo muy fuerte en mí que quiere permanecer en esta relación. Si me ayuda a ser realmente y sinceramente yo misma, no entiendo por qué debería estar sola.
    Me dolería mucho pensar que esta relación se estuviera interponiendo en ello. ¿Qué es lo que todavía no entiendo? La cuestión no es qué es lo que no estás entendiendo, sino que hay demasiadas cosas que estás interpretando a tu manera, y que no tienen nada que ver con lo que yo he dicho. Así que permíteme que te diga muy claramente que yo no estoy en contra de ninguna relación; ¡y mucho menos de la tuya con tu novio, que encajáis tan bien! Él está chalado y tú estás chiflada; yo jamás me opondría a esa relación. De lo contrario el chalado molestará a otra persona y la chiflada fastidiará a otra persona, por lo que habrá otras dos personas más con problemas.
    Por pura compasión quiero que estéis juntos, que os aferréis el uno al otro, pase lo que pase. ¿Qué más puede ocurrir? Él se ha vuelto chalado; más allá de eso, el camino se acaba. Tú estás chiflada. Salid juntos, ¡os hacéis compañía mutuamente! Sí, os peleáis pero también hay momentos en los que os amáis. Tú estás muy apegada a él, y él está apegado a ti. Siempre que un loco se enamora de otro, por muy infernal que sea la relación, permanecen juntos. Para ellos, ese infierno es su cielo. Yo no estoy en contra de vuestra relación.
    Lo que estoy diciendo es que tu novio debería dejar de estar chalado y convertirse en un ser humano, y que tú deberías dejar de estar chiflada y convertirte en un ser humano; relacionaros como seres humanos, amaros como seres humanos. Yo soy la última persona que me entremetería en la relación de otra persona. Si me meto con vosotros, lo hago únicamente para llevaros a un punto más elevado, para conducir vuestro amor a un lugar más interesante. Lo has entendido al revés, pero es comprensible.
    Estaba esperando que me hicieras esta pregunta. Podría haberla escrito yo mismo, porque intuía lo que iba a pasar por estas dos mentes extrañas. Y fuiste tú misma la que me dijiste que durante las semanas en las que tu novio estuvo en Goa, te sentiste muy contenta y tranquila. Cuando él te dijo que volvería al cabo de una semana, a pesar de que todavía faltaban unos días, volviste a entrenarte. Tenías que estar preparada para recibirlo, así que empezaste a ser infeliz. Durante esos siete días, mientras estabas esperando que volviera, perdiste de nuevo toda la alegría, toda la paz. Ahora que está aquí, habéis vuelto a las andadas, y eso es destructivo para ambos.
    No quiero separaros, pero me gustaría que te olvidaras de todas esas ideas de estar chiflada o estar chalado. Son ideas peligrosas, y si las mantienes durante demasiado tiempo, empiezan a convertirse en realidad. Creas la realidad a tu alrededor con tus ideas; es una proyección. Limitaos a renunciar a vuestro pasado como si fuerais extraños. Dile a tu novio: “Hola”, y no repitas en tu mente: “Es ese chalado”. Evita hacerlo. Los chalados no son malas personas, pero están chalados. Encajáis muy bien, pero debéis hacerlo de forma dichosa. Tendría que ser una gran bendición; deberíais ayudaros mutuamente en vuestro crecimiento.
    Deberíais dejar de pelearos. Tú tienes un buen corazón, y él también. Conozco a muchos locos que en su interior son buenos. Abandonad todas vuestras protecciones, vuestras personalidades, y no choquéis entre vosotros. Yo no estoy en contra de vuestra relación, pero la finalidad de una relación no es estar chocando entre vosotros. Luchar no es amar. De vez en cuando sois cariñosos, pero solo para poder seguir peleándoos. No hace ninguna falta que os peleéis. Y cuando sintáis que tenéis demasiada energía podéis practicar la Meditación Dinámica. ¿Por qué creéis que he inventado esas meditaciones para todo tipo de chalados?
    ¡Para que puedan disfrutar durante una hora estando locos, pero con la ilusión de que están haciendo meditación espiritual! Se trata simplemente de una forma de liberar la locura sin hacerlo sobre otra persona, para que con los demás puedan tener una relación, más tranquila, pacífica y amorosa. Yo no estoy en contra del amor, pero si el amor crea un infierno, no os aconsejaría que vivierais en esa infelicidad. Es mejor para vosotros; si no sois capaces de crear un espacio maravilloso entre ambos, puede que no estéis hechos el uno para el otro. Intentadlo y sed conscientes de que si siempre estáis de mal humor, con aspecto triste, os aconsejaré que os separéis.
    Tú simplemente estás loca. El está un paso más allá: está reloco (él me entiende). No hace falta que perdáis la esperanza. Intentadlo, pero esta vez aseguraos de que vuestra vida se vuelva pacífica y dichosa y si no, separaos en paz y con alegría. En el mundo todos somos extraños. De repente, nos encontramos en el camino por casualidad. Esto es bueno si nos ayuda a ser más auténticos, más sinceros, más cariñosos, más meditativos, a estar más alertas, más conscientes. Entonces nuestra relación de amor es un fenómeno espiritual.
    Pero si lo único que hacemos es destruirnos el uno al otro, ni siquiera es amistad; es pura enemistad. Así que tenéis que tomar una decisión. Sentaos juntos al aire libre, no en vuestra habitación, porque allí empezaréis a pelearos. Sentaos al aire libre, en un lugar donde pase gente, donde no podáis pelearos. Mantened una conversación distendida. Los amantes siempre se olvidan de cómo tener una conversación distendida; empiezan todos a hablar marathi.
    ¿Has oído alguna vez el marathi? Me resulta difícil creer que se pueda querer a alguien hablando en marathi; suena siempre como si estuvieras peleándote. Ocurre justo lo contrario con otra lengua india: el bengalí; no puedes pelearte en bengalí. Aunque te estés peleando, suena como si estuvieras teniendo una conversación maravillosa. Mantened una conversación extensa y decisiva, y seguid una regla muy sencilla: estamos juntos para ayudamos el uno al otro, no para destruirnos el uno al otro; para crearnos el uno al otro, no para matarnos el uno al otro.
    Entonces todo será perfecto. Por separado, no hay nada de malo en ti, ni nada de malo en el. Pero cuando os juntáis, ambos os convertís en guerreros. Cuando digo que vuestro amor debería consistir en dejar que las cosas fluyan, en no hacer, en ser libres, lo que quiero decir es que no debería ser forzado. No debería ser algo que dependiera de la ley, de las convenciones sociales. Quiero decir que la única atadura entre dos amantes es el amor, y nada más. Puede que ese amor dure mucho o que dure poco. Puede que ese amor dure toda la vida o que se acabe mañana. Eso es lo que quiero decir con dejar que fluya.
    Hay personas que quieren practicar el libertinaje. Para mí, dejar que las cosas fluyan no significa eso. Yo no estoy diciendo que deberías estar cambiando de pareja todos los días. Eso también sería forzado. Eso sería pasar del extremo del matrimonio, en el que no puedes cambiar de pareja, al otro extremo, en el que tienes que cambiar de pareja. Lo que digo es que permitáis que haya libertad. Si queréis estar juntos, muy bien. Y si un día queréis separaros, hacedlo con amor, agradeciéndoos el uno al otro los momentos maravillosos que os habéis proporcionado.
    La separación debería ser tan bella como vuestro encuentro. Debería ser incluso más bella porque habéis vivido mucho tiempo juntos, habéis arraigado el uno en el otro a pesar de que ahora hayáis decidido dejaros. Pero conservaréis vuestros recuerdos. Os habéis amado; da igual que ahora sintáis que os resulta difícil estar juntos; hubo un tiempo en el que queríais permanecer juntos toda la vida. Así que separaos sin ningún conflicto, sin pelearos. Fuisteis dos extraños que se conocieron, y ahora estáis volviendo a ser extraños pero con un gran tesoro que se creó entre vosotros. Al separaros, tenéis que sentiros agradecidos el uno con el otro.
    No obstante, si sigue habiendo amor, no pretendo que rompáis la relación. He dicho que no tenéis que hacer nada contra ella. Si dura toda la vida, hasta que estéis en la tumba, también está muy bien. Y si solo dura una noche y a la mañana siguiente sentís que no sois uno para el otro, pero, a pesar de ello, habéis pasado una noche maravillosa juntos, tenéis que estar agradecidos. Hay muchas personas que me han malinterpretado. Piensan que estoy diciendo a la gente: “Cambia de pareja lo más rápido y lo más frecuentemente que podáis”. Pero yo no estoy diciendo eso.
    Lo único que aconsejo es que permanezcáis juntos mientras lo que os una sea el amor. En cuanto empecéis a sentir que hay algo que se ha convertido en pasado, que ya no es presente... podéis seguir arrastrándoos, pero os estaréis engañando el uno al otro. Es horrible engañar al hombre al que has amado; es horrible engañar a la mujer a la que has amado. Es mejor ser honestos y reconocer: “Ha llegado el momento de separarnos porque ha desaparecido el amor y no somos capaces de retenerlo”.
    Hay cosas que vienen y van por sí solas. Cuando te enamoras de alguien, no fuiste tú, tú no lo decidiste. Fué algo que ocurrió de repente; no podías encontrar una razón por la que ocurrió. Lo único que puedes decir es: “Me descubrí enamorado”. Recuerda vuestro primer encuentro, y recuerda también como llegó el amor; pero del mismo modo, el amor se va. Un día, de repente, te levantas por la mañana sintiendo que el amor se ha ido. Tu marido está ahí, tú estás ahí, pero había entre vosotros un puente, un flujo constante de energía que ha desaparecido. Sois dos, pero tú estás solo y la otra persona está sola.
    Ese “juntos” ya no está ahí, y el misterio que os mantenía unidos no está en tus manos. No puedes forzarlo a que vuelva. Hay millones de parejas que están haciendo eso, esperando que vuelva, esperando que rezar ayude, que ir a la iglesia ayude, que recibir la bendición de alguien ayude, que algún terapeuta de pareja ayude; pero no hay nada que vaya a ayudarte. Incluso aunque pudieras retener a ese hombre, descubrirías que ya no es el mismo, y él descubriría que tú ya no eres la misma. Es mejor volver a ser extraños. ¿Qué tiene de malo? Antes, cuando erais extraños no había nada de malo.
    Cuando no conocías a esa mujer, cuando no conocías a ese hombre, todo iba bien. Ahora, ha vuelto a ocurrir; sois nuevamente extraños. ¡No es nada nuevo! Deberíais haber sido conscientes desde el principio de que ocurrió algo misterioso. No fue algo que tú hicieras. Evidentemente, puede desaparecer en cualquier momento y tú no puedes retenerlo. Todo depende del amor. Si dura mucho tiempo, bien. Si solo dura unos instantes, también está bien, porque el amor está bien. Da igual su duración. En solo unos minutos puedes vivir una intensidad amorosa mayor que la que has experimentado en años.
    Y esa intensidad te proporcionará algo de lo desconocido, que muchos años acabarían disolviendo. Así que la duración es irrelevante; en lo único que hay que pensar es en la profundidad. Cuando estés enamorado, sumérgete totalmente en el amor. Y cuando haya desaparecido el amor, dile adiós, termina totalmente con él. No dejes que esa idea siga rondando tu mente. Hay muchos desconocidos disponibles en el mundo. ¿Quién sabe? El amor te ha abandonado simplemente para que puedas encontrar a otra pareja mejor.
    Los caminos de la vida son extraños. Confía en la vida. Puede que encuentres a alguien que resulte ser un gran amor, y entonces te darás cuenta de que el amor anterior no era nada comparado con este. Pero recuerda: puede que llegue un día en el que también desaparezca este gran amor. Confía en la vida que te ha estado dando continuamente regalos sin que tú los pidieras. Sigue estando disponible. El mundo está lleno de gente maravillosa; no hay ninguna escasez. Y cada individuo tiene algo único que nadie más tiene. Cada individuo da a su amor un color, una poesía, una música propios, que nadie más puede dar.
    Confía en la vida; esta es mi idea fundamental: confiar en la vida porque nacemos de la vida, somos hijos de la vida. Confía en ella. La vida nunca ha destruido a nadie. Puede que hayas hecho el primer curso y que ahora hayas pasado al segundo, a un curso superior, a un amor más delicado, a un fenómeno más complejo, ¿quién sabe? Limítate a tener el corazón abierto; la vida nunca defrauda a nadie.
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    Acerca de Elmer Escobedo
    Sólo un ciego puede definir fácilmente qué es la luz. Cuando no sabes, eres atrevido. La ignorancia siempre es atrevida; el conocimiento duda. Y cuanto más sabes, más sientes que se disuelve el suelo bajo tus pies.
    52 min
  • APRENDER A AMARA FRAGMENTO DEL LIBRO * AUDIOLIBRO *
    El auténtico amor no es una búsqueda para combatir la soledad. El auténtico amor consiste el transformar el aislamiento en soledad, en ayudar a la otra persona. Si amas a una persona, la ayudas a estar sola. No intentas llenarla. No intentas completarla con tu presencia. La ayudas a estar sola, a estar tan llena de sí misma o de su propio ser que no te necesite.
    Cuando una persona es completamente libre, puede compartir, es el fruto de esa libertad. Entonces da mucho, pero no supone un negociación. Da mucho porque tiene mucho. Da porque disfruta dando.
    Los amantes están solos, y un verdadero amante nunca destruye tu soledad. Siempre será totalmente respetuoso con tu individualidad, con tu soledad. Es sagrada. No interferirá en ella, no intentará entrometerse en ese espacio.
    Sin embargo, normalmente, los amantes, los denominados "amantes", tienen mucho miedo a la soledad de la otra persona, a su independencia. Tienen miedo porque creen que si la otra persona es independiente, no les necesitará, se deshará de ellos. Así que la mujer no hace más que intentar controlarlo todo para que su marido o su novio siga siendo dependiente. Tiene que necesitarla siempre, para que ella siga siendo valiosa. Y el hombre no hace más que intentar lo mismo por todos los medios posibles, para que siga siendo valioso. El resultado es una transacción, no es amor, y hay luchas y peleas continuas. La lucha se establece porque todo el mundo necesita libertad.
    El amor permite la libertad; no solo la permite, sino que la refuerza. Y todo aquello que destruya la libertad no es amor. Será otra cosa. El amor y la libertad van juntos, son dos alas de un mismo pájaro. Siempre que veas que tu amor va en contra de tu libertad, debes saber que estás haciendo otra cosa en nombre del amor.
    Permite que este sea tu criterio a seguir: la libertad es el criterio; el amor te da libertad, te hace libre, te libera. Y una vez que eres totalmente libre, te sientes agradecido a la persona que te ha ayudado. Ese agradecimiento es casi religioso. Sientes que en la otra persona hay algo divino. Él te ha hecho libre, ella te ha hecho libre, y el amor no se ha convertido en posesión.
    Cuando el amor se deteriora se convierte en posesión, celos, lucha por el poder, política, dominación, manipulación; mil cosas, todas ellas horribles. Cuando el amor se eleva a las alturas, al cielo más puro, es libertad, libertad absoluta.
    Si estás enamorado con ese amor del cual estoy hablando, tu amor ayudará a la otra persona a estar integrada. Tu amor se convertirá en una fuerza cimentadora para la otra persona. A través de tu amor, la otra persona se convertirá en un todo, único e individual, porque tu amor le dará libertad. Bajo el paraguas de tu amor, bajo la protección de tu amor, la otra persona empezará a crecer.
    Todo crecimiento necesita amor, pero amor incondicional. Si el amor impone condiciones, el crecimiento no podrá ser total porque esas condiciones se interpondrán.
    Ama incondicionalmente, no pidas nada a cambio. Recibirás mucho sin necesidad de pedirlo -lo convertiras en otra cosa-, pero no seas un mendigo. En el amor sé un emperador. Solamente da y observa qué ocurre: recibirás mil veces más. Pero tienes que aprender el truco. De lo contrario seguirás siendo un avaro; darás un poco y esperarás recibir algo, y esa espera y esa expectación destruirán toda la belleza de tus actos.
    Cuando estás aguardando y esperando, la otra persona siente que eres un manipulador. Puede que lo diga o puede que no, pero siente que eres un manipulador. Y cuando uno siente que la otra persona está intentando manipularla, se rebela contra ello porque va contra la necesidad interior del alma, ya que cualquier exigencia que provenga del exterior te desintegra. Cualquier exigencia del exterior divide. Cualquier exigencia del exterior es un crimen contra ti, porque contamina tu libertad. Entonces ya no eres sagrado. Ya no eres el fin, estás siendo utilizado como un medio. Y el acto más inmoral del mundo consiste en utilizar a otra persona como un medio.
    Cada ser es un fin en sí mismo. El amor te trata como un fin en ti mismo. No tiene que arrastrarte ninguna expectación.
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  • *EL LIBRO DE LA MUJER *Sobre el poder de lo femenino * audiolibro
    Mujer
    Me da la sensación de que eres en verdad el primer hombre de este planeta que realmente comprende a las mujeres y las acepta. Por favor, comenta
    Os he dicho que a la mujer hay que amarla, no comprenderla. Eso es lo primero que hay que comprender. La vida es tan misteriosa que" nuestras manos no pueden alcanzar sus cimas, nuestros ojos no pueden observar su misterio más profundo. Comprender cualquier expresión de la existencia —los hombres o las mujeres o los árboles o los animales o los pájaros— es la función de la ciencia, no la de un místico. Yo no soy un científico. Para mí, la ciencia misma es un misterio, y ahora los científicos han empezado a darse cuenta de ello. Están abandonando su vieja actitud obstinada y supersticiosa de que un día sabrán todo lo que se puede saber.
    Con Albert Einstein, la historia entera de la ciencia ha tomado una ruta muy diferente, porque cuanto más penetró en el núcleo de la materia, más perplejo se fue quedando. Toda la lógica quedó atrás, toda la racionalidad quedó atrás. No puedes dar órdenes a la existencia, porque no sigue tu lógica. La lógica es un producto hu­mano. Llegó un punto en la vida de Albert Einstein en que recuer­da que estaba dudando si debía insistir en ser racional... pero eso sería estúpido. Sería humano, pero no inteligente. Incluso si insis­tes en la lógica, en la racionalidad, la existencia no va a cambiar de acuerdo con tu lógica; tu lógica tiene que cambiar de acuerdo conla existencia. Y cuanto más profundizas, la existencia se vuelve más y más misteriosa. Y llega un punto en que tienes que abandonar la lógica y la racionalidad y simplemente escuchar a la naturaleza. Yo lo llamo el entendimiento supremo, pero no en el sentido corrien­te de entendimiento. Lo sabes, lo sientes, pero no hay manera de decirlo.
    El hombre es un misterio, la mujer es un misterio, todo lo que existe es un misterio, y todos nuestros esfuerzos para comprender­lo van a fracasar.
    Recuerdo a un hombre que estaba comprando un regalo para su hijo en una tienda de juguetes por Navidad. Era un conoci­do matemático, así que, naturalmente, el dependiente le trajo un rompecabezas. El matemático trató de resolverlo... era un bello rompecabezas. Lo intentó y lo intentó y lo intentó, y empezó a sudar. La situación se estaba volviendo incómoda. Los clientes y los vendedores y el dependiente estaban mirando, y él no logra­ba resolver el rompecabezas. Finalmente, abandonó la idea y gri­tó al dependiente: «Soy matemático, y si ni siquiera yo puedo resolver el rompecabezas, ¿cómo cree que va a poder mi hijo pe­queño?»
    El dependiente dijo: «Usted no comprende. Está hecho de tal manera que nadie puede resolverlo, matemático o no matemá­tico.»
    El matemático dijo: «Pero, ¿por qué lo han hecho así?»
    El dependiente dijo: «Está hecho de esa forma para que el mu­chacho empiece a comprender desde el principio que la vida no se puede resolver, no se puede comprender.»
    Puedes vivirla, puedes regocijarte en ella, puedes hacerte uno con el misterio, pero la idea de comprender como observador no es posible en absoluto.
    Yo mismo no comprendo. El mayor misterio para mí soy yo mismo. Pero te puedo dar unas cuantas pistas:
    Un psiquiatra es un tipo que te hace muchas preguntas muy caras que tu esposa te hace gratis.
    La clave de la felicidad: puedes hablar de amor y de ternura y de pasión, pero el verdadero éxtasis es descubrir que no has perdi­do las llaves después de todo.
    Las mujeres comienzan resistiéndose a las tentativas del hom­bre y acaban bloqueando su retirada.
    Si quieres que una mujer cambie de idea, muéstrate de acuer­do con ella.
    Si quieres saber lo que realmente piensa una mujer, mírala; no la escuches.
    La señora se acercó al policía y le dijo: «Oiga, ese hombre de la esquina me está molestando.»
    «He estado observando todo el tiempo —dijo el poli— y ese hom­bre ni siquiera la ha mirado.»
    «Y, bueno —dijo la mujer—, ¿no es eso molesto?»
    Un joven romántico se volvió a la bella joven que había en su cama y le preguntó: «¿Soy el primer hombre con el que has hecho el amor?»
    Ella pensó un momento y luego dijo: «Es posible, tengo una memoria horrible para las caras.»
    Todo es misterioso: es mejor disfrutarlo en vez de tratar de comprenderlo. Al final, el hombre que sigue tratando de compren­der la vida resulta ser un tonto, y el hombre que disfruta la vida se vuelve sabio y sigue disfrutando la vida, porque se hace más y más consciente del misterio que nos rodea.
    El mayor entendimiento es saber que no se puede comprender nada, que todo es misterioso y milagroso. Para mí, ese es el inicio de la religión en tu vida. The Great Pilgrimage: From Here to Here, cap. 2. 1
    Por favor, ¿podrías explicar cuáles son las verdaderas diferencias entre los hombres y las mujeres?
    La mayoría de las diferencias entre los hombres y las mujeres se deben a miles de años de condicionamiento. No son fundamen­tales por naturaleza, pero hay unas pocas diferencias que les dan una belleza única, individualidad. Esas diferencias se pueden con­tar muy fácilmente.
    Una de ellas es que la mujer es capaz de producir vida; el hom­bre no lo es. En ese aspecto, él es inferior, y esa inferioridad ha ju­gado un gran papel en el dominio de las mujeres por el hombre. El complejo de inferioridad funciona de esta manera: pretende ser su­perior para engañarse a sí mismo y para engañar al mundo entero. Por eso, a lo largo de los siglos el hombre ha estado destruyendo la genialidad, el talento, las capacidades de la mujer, para, de esta forma, poder probar que él es superior, ante sí mismo y ante el mundo.
    A causa de que la mujer da a luz, durante nueve meses o más permanece absolutamente vulnerable, dependiente del hombre. Los hombres han explotado esto de una forma muy fea. Y esa es una diferencia fisiológica; da exactamente igual.
    La psicología de la mujer ha sido corrompida por el hombre diciéndole cosas que no son ciertas, convirtiéndola en una esclava del hombre, reduciéndola a la categoría de ciudadano secunda­rio del mundo. Y la razón de ello es que él es más poderoso muscularmente. Pero el poder muscular es parte de la animalidad. Si es eso lo que va a decidir la superioridad, entonces cualquier ani­mal es más musculoso que un hombre.
    Pero las verdaderas diferencias existen ciertamente, y tenemos que buscarlas detrás del montón de diferencias inventadas. Una dife­rencia que veo es que una mujer es más capaz de amor que un hom­bre. El amor del hombre es más o menos una necesidad física; el amor de la mujer, no. Es algo más grande y más elevado, es una ex­periencia espiritual. Por eso, la mujer es monógama y el hombre es polígamo. Al hombre le gustaría tener a todas las mujeres del mun­do, y aun no estaría contento con ello. Su insatisfacción es infinita.
    La mujer puede sentirse satisfecha con un amor, absolutamen­te satisfecha, porque no mira el cuerpo del hombre, mira sus cua­lidades más profundas. No se enamora de un hombre que tiene un hermoso cuerpo musculoso, se enamora de un hombre que tiene carisma —algo indefinible, pero inmensamente atractivo—, que es un misterio a explorar. No quiere que su hombre sea tan sólo un hombre, sino una aventura en el descubrimiento de la conciencia.
    El hombre es muy débil en lo concerniente a la sexualidad; sólo puede tener un orgasmo. La mujer es infinitamente superior; pue­de tener orgasmos múltiples. Y este ha sido uno de los asuntos más molestos. El orgasmo del hombre es local, confinado a los ge­nitales. El orgasmo de la mujer es total, no está confinado a los genitales. Todo su cuerpo es sexual, y puede tener una bella expe­riencia orgásmica mil veces mayor, más profunda, más enriquecedora, más nutritiva que la que puede tener un hombre.
    Pero la tragedia radica en que todo su cuerpo tiene que ser ex­citado, y el hombre no está interesado en ello, nunca ha estado in­teresado en ello. Ha utilizado a la mujer como una máquina sexual para aliviar sus propias tensiones sexuales. En cuestión de segun­dos ya ha terminado. Y para cuando ha terminado, la mujer ni si­quiera ha comenzado. En cuanto el hombre termina de hacer el amor, se da la vuelta y se duerme. El acto sexual le ayuda a dormir bien, más relajado, con todas las tensiones liberadas en la actividad sexual. Y toda mujer ha llorado y gemido cuando ha visto esto. Ella ni siquiera ha comenzado, no se ha movido. Ha sido utilizada, y eso es lo más feo que hay en la vida: cuando se te utiliza como una cosa, como un mecanismo, como un objeto. Ella no puede perdo­nar al hombre por utilizarla.
    Para hacer que también la mujer sea una compañera orgásmica, el hombre tiene que aprender juegos preliminares, tiene que aprender a no tener prisa por ir a la cama. Tiene que convertir ha­cer el amor en un arte. Pueden tener un lugar —un templo de amor— en donde se queme incienso, sin luces fuertes, sólo velas. Y él debería acercarse a la mujer cuando esté en un estado bello, ale­gre, para poder compartirlo con ella. Lo que sucede normalmente es que los hombres y las mujeres se pelean antes de hacer el amor. Eso envenena el amor. El amor es una especie de tratado de paz que dice que la lucha ha terminado, al menos por una noche. Es un soborno, es una trampa.
    Un hombre debería hacer el amor de la misma forma que pin­ta un pintor —cuando siente que un vivo deseo llena su corazón— o como un poeta compone poesía, o como un músico toca música. El cuerpo de la mujer debería ser tratado como un instrumento musical; lo es. Cuando el hombre se siente alegre, entonces el sexo no es simplemente una descarga de la tensión, una relajación, un método para dormir. Entonces hay juego preliminar. Él baila con la mujer, canta con la mujer, con la hermosa música que vibra en el templo del amor, con el incienso que les gusta. Debería ser algo sagrado, porque no hay nada sagrado en la vida corriente a no ser que hagáis sagrado el amor. Y eso será el comienzo de la apertura de la puerta a todo el fenómeno de la supraconciencia.
    El amor nunca debería ser forzado, nunca debería intentarse. No debería estar en la mente en absoluto. Estáis jugando, bailan­do, cantando, disfrutando... es parte de esta prolongada alegría. Si sucede, es bello. Cuando el amor sucede, tiene belleza. Cuando se hace que suceda, es feo.
    Y cuando haces el amor con el hombre encima de la mujer... se conoce esto como la postura del misionero. Oriente se dio cuenta de esa fealdad, ya que el hombre es más pesado, más alto y más musculoso; está aplastando a un ser delicado. En Oriente siempre se ha hecho de la manera opuesta: la mujer encima. Aplastada bajo el peso del hombre, la mujer no tiene movilidad. Sólo se mueve el hombre, de manera que llega al orgasmo en unos segundos, y la mujer simplemente llora. Ha sido parte de ello, pero no ha toma­do parte en ello. Ha sido utilizada.
    Cuando la mujer está encima, tiene más movilidad, el hombre tiene menos movilidad, y eso hará que los orgasmos de ambos se acerquen más. Y cuando ambos entran en la experiencia orgásmica al mismo tiempo, es algo del otro mundo. Es la primera visión del samadhi, es cuando ves por vez primera que el ser humano no es el cuerpo. Se olvida el cuerpo, se olvida el mundo. Tanto el hom­bre como la mujer entran en una nueva dimensión que nunca ha­bían explorado.
    La mujer tiene capacidad para tener orgasmos múltiples, por lo que el hombre tiene que ser lo más lento posible. Pero la realidad es que tiene tanta prisa en todo que destruye toda la relación. De­bería estar muy relajado, para que la mujer pueda tener orgasmos múltiples. El orgasmo del hombre debería llegar al final, cuando el orgasmo de la mujer ya ha alcanzado su cima. Es una simple cues­tión de entendimiento.
    Estas son diferencias naturales, no tienen nada que ver con el condicionamiento. Hay otras diferencias. Por ejemplo, una mujer está más centrada que un hombre... Es más serena, más silencio­sa, más paciente, es capaz de esperar. Quizá a causa de estas cua­lidades, la mujer tiene más resistencia a las enfermedades y vive más que el hombre. A causa de su serenidad, su delicadeza, puede traer una plenitud inmensa a la vida del hombre. Puede rodear la vida de un hombre de una atmósfera muy relajante, muy cálida. Pero el hombre tiene miedo, no quiere estar rodeado por la mujer, no quiere dejarle que cree su calidez cariñosa en torno a él. Tiene miedo, porque de esa forma se volverá dependiente. Así que, du­rante siglos, ha estado manteniéndola a distancia. Y tiene miedo porque en lo profundo de sí sabe que la mujer es más que él. Ella puede dar nacimiento a la vida. La naturaleza la ha elegido a ella para reproducir, no al hombre.
    La función del hombre en la reproducción es casi nula. Esta in­ferioridad ha creado el mayor problema, el hombre ha empezado a cortar las alas de la mujer. Ha empezado a reducirla y condenarla de todas las maneras, para al menos poder creer que él es superior. El hombre ha tratado a la mujer como si fuera ganado, incluso peor. En China, durante cientos de años, se consideraba que la mujer no tenía alma, de forma que el marido podía matarla y la ley no interfería. La mujer era posesión del marido. Si él quería destruir sus muebles, no era ilegal. Si quería destruir a su mujer, no era ile­gal. Este es el insulto supremo: que la mujer no tiene alma.
    El hombre ha privado a la mujer de educación, de independen­cia económica. La ha privado de movilidad social porque tiene miedo. Sabe que ella es superior, sabe que ella es bella, sabe que darle independencia creará peligro. Por eso, durante siglos la mu­jer no ha tenido independencia. La mujer musulmana tiene que llevar la cara tapada, para que nadie, excepto su marido, pueda ver la belleza de su rostro, la profundidad de sus ojos.
    En el hinduismo, la mujer tenía que morir cuando moría su marido. ¡Qué celos tan enormes! La has poseído durante toda tu vida, e incluso quieres poseerla después de la muerte. Tienes mie­do. Ella es hermosa, y cuando tú ya no estés, ¿quién sabe? Puede que encuentre otro marido, quizá mejor que tú. Así que el sistema del sati ha permanecido durante miles de años, el fenómeno más feo que uno pueda imaginar.
    El hombre es muy egoísta. Por eso lo llamo chovinista, machista. El hombre ha creado esta sociedad, y en esta sociedad no hay lugar para la mujer. ¡Y ella tiene tremendas cualidades propias! Por ejemplo, si el hombre tiene la posibilidad de la inteligencia, la mujer tiene la posibilidad del amor. Esto no significa que ella no pueda tener inteligencia; puede tenerla, simplemente hay que dar­le la posibilidad de que la desarrolle. Pero el amor es algo con lo que ha nacido, ella tiene más compasión, más dulzura, más com­prensión... El hombre y la mujer son dos cuerdas de una misma arpa, pero ambos sufren cuando están separados el uno del otro. Y como están sufriendo y no saben por qué, empiezan a vengarse el uno del otro.
    La mujer puede aportar una ayuda inmensa para crear una so­ciedad orgánica. Ella es diferente del hombre, pero a un nivel igual. Ella es tan igual a un hombre como cualquier otro hombre. Ella tiene talentos propios que son absolutamente necesarios. No es su­ficiente ganar dinero, no es suficiente llegar a tener éxito en el mundo; es más necesario un bello hogar, y la mujer tiene la capacidad de transformar cualquier casa en un hogar. Ella lo puede lle­nar de amor; ella tiene esa sensibilidad. Ella puede rejuvenecer al hombre, ayudarle a relajarse.
    En los Upanishads hay una bendición muy extraña dedicada a las nuevas parejas. Una nueva pareja acude al vidente de los Upa­nishads y éste les da su bendición. A la chica le dice específica­mente: «Espero que llegues a ser madre de diez niños y que, fi­nalmente, tu marido sea tu onceavo hijo. Y a no ser que te hagas la madre de tu marido, no habrás triunfado como esposa verdadera.» Es muy extraño, pero tiene una inmensa profundidad psicológica, porque esto es lo que descubre la psicología moderna, que todo hombre está buscando a su madre en la esposa, y toda mujer está buscando a su padre en el marido.
    Es por eso que todos los matrimonios fracasan: no es posible encontrar a tu madre. La mujer con la que te has casado no ha ve­nido a tu casa para ser tu madre, quiere ser tu esposa, una aman­te. Pero la bendición de los Upanishads, que tiene casi cinco o seis mil años de antigüedad, ofrece una visión similar a la de la psico­logía moderna. Una mujer, quienquiera que sea, es básicamente una madre. El padre es una institución inventada, no es natural... Pero la madre seguirá siendo indispensable. Se han probado cier­tos experimentos: han dado a los niños todo tipo de facilidades, me­dicación, toda la comida... toda perfección proveniente de diferen­tes ramas de la ciencia, pero, extrañamente, los niños siguen encogiéndose y mueren en tres meses. Entonces descubrieron que el cuerpo de la madre y su calidez son absolutamente necesarios para que crezca la vida. Esa calidez en este enorme universo frío es absolutamente necesaria al principio, de otra forma el niño se sen­tirá abandonado. Se encogerá y morirá...
    No hay necesidad de que el hombre se sienta inferior a la mu­jer. Toda esa idea surge porque pensáis en el hombre y en la mujer como dos especies distintas. Pertenecen a una misma humanidad, y ambos tienen cualidades complementarias. Ambos se necesitan mutuamente, y sólo cuando están juntos están enteros... La vida hay que tomársela con calma. Las diferencias no son contradicciones.Pueden ayudarse mutuamente y realzarse inmensamente. La mujer que te ama puede realzar tu creatividad, puede inspirarte a alcanzar cimas que nunca has soñado. Y ella no te pide nada. Sim­plemente quiere tu amor, que es su derecho básico.
    La mayoría de las cosas que hacen diferentes a los hombres y a las mujeres son condicionales. Las diferencias deberían mantener­se porque hacen a los hombres y a las mujeres atractivos mutua­mente, pero no deberían utilizarse como reprobaciones. Me gusta­ría que ambos se hicieran un todo orgánico, permaneciendo al mismo tiempo absolutamente libres, porque el amor nunca crea ataduras, da libertad. Entonces podremos crear un mundo mejor. A la mitad del mundo se le ha negado su contribución, y esa mitad, las mujeres, tiene una inmensa capacidad para contribuir al mun­do. Lo hubiera convertido en un bello Paraíso.
    La mujer debería buscar en su propia alma su propio potencial y desarrollarlo, y tendrá así un hermoso futuro. El hombre y la mu­jer no son ni iguales ni desiguales, son únicos. Y el encuentro de dos seres únicos trae algo milagroso a la existencia. The Sword and the Lotus, cap. 5.
    Capítulo 2
    La historia es la del hombre1 En el original: His Story. Juego de palabras intraducibie al castellano. El sustantivo History (historia, en el sentido de texto que recoge sucesos significati­vos del pasado de la colectividad) se descompone en el adjetivo posesivo masculi­no singular His y el sustantivo Story (historia, en el sentido de relato). (N. del T.)
    En El profeta, de Khalil Gibran, una mujer pide a Almustafa que hable sobre el dolor. ¿Podrías comentar este fragmento?
    Y una mujer habló, diciendo «Háblanos del dolor».
    Y Almustafa dijo:
    Tu dolor es la ruptura del caparazón
    que encierra tu entendimiento.
    Así como el hueso del fruto debe romperse
    para que su núcleo pueda exponerse al sol,
    así tú debes conocer el dolor.
    Y si pudieras mantener tu corazón maravillado
    ante los milagros diarios de tu vida,
    tu dolor no te parecería menos maravilloso que tu alegría.
    Y aceptarías las estaciones de tu corazón,
    así como siempre has aceptado las estaciones
    que pasan sobre tus campos.
    Y observarías con serenidad
    a través de los inviernos de tu sufrimiento.
    Gran parte de tu dolor es tu propia elección.
    Es una poción amarga
    con la que el médico que hay en ti cura tu ser enfermo.
    Por lo tanto, confía en el médico,
    y bebe su remedio con silencio y tranquilidad:
    porque su mano, aunque pesada y dura,
    está guiada por la mano tierna de lo invisible,
    y el cáliz que trae,
    aunque quema tus labios,
    ha sido hecho del barro
    que el Alfarero ha humedecido
    con Sus propias lágrimas sagradas.
    Parece muy difícil, incluso para un hombre del calibre de Khalil Gibran, olvidar una actitud machista profundamente arraigada. Digo esto porque las afirmaciones de Almustafa son correctas en cierta forma, pero, sin embargo, olvidan algo muy esencial.
    Almustafa olvida que la pregunta la ha hecho una mujer, y su respuesta es muy general, aplicable tanto al hombre como a la mu­jer. Pero la verdad es que el dolor y el sufrimiento que han padeci­do las mujeres del mundo es mil veces mayor que el que ha cono­cido el hombre. Por eso digo que Almustafa está respondiendo la pregunta, pero no a quien la formula. Y a no ser que se responda a quien pregunta, la respuesta es superficial, no importa lo profunda que pueda sonar... La respuesta parece académica, filosófica.
    No tiene en consideración lo que el hombre ha hecho a la mu­jer, y no es cuestión de un día, sino de miles de años. Almustafa ni siquiera lo menciona. Al contrario, continúa haciendo lo mismo que los sacerdotes y los políticos han estado haciendo siempre, ofreciendo frases de consuelo. Detrás de las bellas palabras no hay nada más que consuelos. Y los consuelos no pueden ser un susti­tuto de la verdad.
    Y una mujer habló...
    ¿No es extraño que de toda esa entera multitud ningún hom­bre pregunte acerca del dolor? ¿Es puramente accidental? No, ab­solutamente no. Es muy significativo que una mujer haya hecho la pregunta Háblanos del dolor, porque solamente la mujer sabe cuántas heridas ha estado llevando, cuánta esclavitud —física, men­tal y espiritual— ha estado sufriendo y continúa aún sufriendo.
    La mujer está sufriendo en el centro más profundo de su ser. Ningún hombre sabe lo profundo que puede entrar en ti el dolor y destruir tu dignidad, tu orgullo, tu humanidad misma.
    Almustafa dice: Tu dolor es la ruptura del caparazón que en­cierra tu entendimiento.
    Una afirmación muy pobre, tan superficial que a veces me aver­güenzo de Khalil Gibran. Cualquier idiota puede decirlo. No está a la altura de Khalil Gibran: Tu dolor es la ruptura del caparazón que encierra tu entendimiento. Es una afirmación muy simple y general.
    Así como el hueso del fruto debe romperse para que su núcleo pueda exponerse al sol, así tú debes conocer el dolor. Odio esta afirmación. Está apoyando la idea de que debes pasar por el dolor. Es un truismo, pero no una verdad. Es muy objetivo, una semilla tiene que pasar por un gran sufrimiento, porque a no ser que la se­milla muera en ese sufrimiento, el árbol nunca nacerá, y el gran fo­llaje y la belleza de las flores nunca llegarán a existir. Pero ¿quién recuerda a la semilla y su valor para morir para que pudiera nacer lo desconocido?
    También es verdad que si ...el caparazón que encierra tu entendimiento... atraviesa el sufrimiento, se rompe, da la libertad a tu entendimiento, habrá cierto dolor. Pero ¿qué es el caparazón? Así es como los poetas han evitado las crucifixiones; él debería haber explicado qué es el caparazón: todos tus conocimientos, todos tus condicionamientos, el proceso entero de tu formación, tu educa­ción, tu sociedad y civilización, todo ello constituye el caparazón que te mantiene a ti, y a tu entendimiento, aprisionados. Pero él no menciona una sola palabra respecto a lo que quiere decir con «ca­parazón».
    Gautama el Buda es un hombre; sus grandes discípulos —Mahakashyap, Sariputta, Moggalayan— son todos hombres. ¿No había ni una sola mujer que pudiese haber alcanzado el mismo nivel de conciencia? Pero el mismo Gautama Buda negaba la iniciación a las mujeres, como si no fueran una especie de la humanidad sino de algún estado subhumano. ¿Para qué molestarse por ellas? Pri­mero, que logren llegar a ser hombres.
    La afirmación de Gautama Buda es que el hombre es la encru­cijada desde la que puedes ir a cualquier parte: a la iluminación, a la libertad suprema. Pero a la mujer no la menciona en absoluto. Ella no es una encrucijada, sino tan sólo una calle oscura en la que ninguna corporación municipal ha puesto ni siquiera luces; no conduce a ninguna parte. El hombre es una autopista. Así que pri­mero deja que la mujer venga a la autopista, que llegue a ser un hombre, que nazca en el cuerpo de hombre, entonces habrá algu­na posibilidad de que se ilumine.
    Dice Almustafa ...así tú debes conocer el dolor. Pero ¿para qué? Si la mujer no se puede iluminar, ¿para qué tiene que pasar por el dolor? Ella no es oro, así que atravesar el fuego de esa forma no va a hacerla más pura.
    Y si pudieras mantener tu corazón maravillado ante los mila­gros diarios de tu vida, tu dolor no te parecería menos maravillo­so que tu alegría... Es verdad, pero a veces la verdad puede ser muy peligrosa, un arma de dos filos. Por un lado, protege, por el otro destruye. Es verdad que si mantienes el asombro en tus ojos te sor­prenderá saber que incluso el dolor tiene su propia dulzura, su pro­pio milagro, su propia alegría. No es menos maravilloso que la ale­gría misma. Pero lo extraño es que la mujer siempre es más como un niño, siempre está más llena de asombro que el hombre. El hombre siempre va en busca de conocimientos, y ¿qué son los co­nocimientos? Los conocimientos son simplemente un medio de li­brarse del asombro. La ciencia entera está tratando de resolver el misterio de la existencia, y la palabra «ciencia» significa conoci­mientos. Y es un hecho muy simple que cuanto más sabes, menos te asombras y te maravillas...
    Según vas haciéndote mayor, pierdes la sensibilidad para el asombro, te vas embotando más y más. Pero la razón de ello es que ahora lo sabes todo. No sabes nada, pero ahora tu mente está llena de conocimientos cogidos de aquí y de allá, y ni siquiera has pen­sado que debajo de todo eso no hay más que oscuridad e igno­rancia...
    Almustafa no menciona el hecho de que las mujeres siempre permanecen más como los niños que los hombres. Eso es una par­te de la belleza de las mujeres, su inocencia; no saben. El hombre no les ha permitido que sepan nada. Saben pequeñas cosas —acerca de mantener la casa y la cocina y cuidar a los hijos y al marido—, pero esas no son cosas que puedan impedir que... Esos no son gran­des conocimientos; pueden ser puestos de lado muy fácilmente.
    Por eso, cuando una mujer viene a escucharme, me oye más profundamente, más íntimamente, más amorosamente. Pero cuando un hombre viene a oírme por primera vez, pone mucha re­sistencia, está muy alerta, tiene miedo de que le pueda influir, de que le hiera si sus conocimientos no se ven respaldados. O, si es muy astuto, va interpretando todo lo que digo según sus propios conocimientos, y dirá: «Ya sé todo eso, no ha sido nada nuevo.» Esta es una medida para proteger su ego, para proteger el duro ca­parazón. Y a no ser que se rompa el caparazón y te encuentre asombrado como un niño, no hay ninguna posibilidad de que al­cances un estado que siempre hemos conocido como el alma, tu propio ser.
    Esta ha sido mi experiencia en todo el mundo, que la mujer es­cucha, y que puedes ver el brillo del asombro en sus ojos. No es algo superficial, sus raíces están en lo profundo de su corazón. Pero Khalil Gibran no menciona este hecho, a pesar de que la pre­gunta la ha hecho una mujer. De hecho, el hombre es tan cobarde que tiene miedo a hacer preguntas, porque tus preguntas prueban tu ignorancia.
    Todas las preguntas mejores en El profeta son formuladas por mujeres —sobre el amor, sobre el matrimonio, sobre los niños, so­bre el dolor—, auténticas, reales. No acerca de Dios, no acerca de ningún sistema filosófico, sino acerca de la vida misma. Puede que no parezcan grandes preguntas, pero en realidad son las preguntas más grandes, y la persona que puede resolverlas ha entrado en un nuevo mundo. Pero Almustafa responde como si la pregunta la hubiera hecho cualquiera, cualquier XYZ, no está respondiendo a quien pregunta. Y mi enfoque es siempre que la pregunta real es quién la pregunta...
    ¿Por qué ha surgido la pregunta en una mujer y no en un hom­bre? Porque la mujer ha sufrido la esclavitud, la mujer ha sufrido la humillación, la mujer ha sufrido la dependencia económica y, sobre todo, ha sufrido un estado constante de embarazo. Durante siglos ha vivido con dolor y dolor y dolor. El niño que crece en su interior no le permite comer; siempre está sintiendo vómitos. Cuando el niña ha llegado a los nueve meses, el nacimiento del hijo es casi la muerte de la mujer. Y cuando aún no se ha liberado de un embarazo, el marido está listo para embarazarla de nuevo. Parece que la única función de la mujer es la de ser una fábrica para producir multitudes.
    ¿Y cuál es la función del hombre? Él no participa en el dolor de la mujer. Durante nueve meses ella sufre, durante el naci­miento del niño ella sufre, y ¿qué hace el hombre? Por lo que respecta al hombre, él simplemente usa a la mujer como un ob­jeto para satisfacer sus deseos y su sexualidad. A él no le preocu­pa en absoluto cuáles serán las consecuencias para la mujer. Y él aún sigue diciendo: «Te amo.» Si realmente la hubiera amado, el mundo no estaría superpoblado. Su palabra «amor» es absoluta­mente vacía. Ha estado tratando a la mujer casi como si fuera ga­nado.
    Y aceptarías las estaciones de tu corazón, así como siempre has aceptado las estaciones que pasan sobre tus campos. Verdad, y, sin embargo, no absolutamente verdad. Es verdad si olvidas quién ha preguntado, pero no es verdad si te acuerdas de ella. Sim­plemente como afirmación filosófica, es cierta.
    Y aceptarías las estaciones de tu corazón... A veces hay placer, y a veces hay dolor, y a veces hay tan sólo indiferencia, ni dolor, ni placer. Él está diciendo: «Si aceptas las estaciones de tu corazón, como siempre has aceptado las estaciones que pasan sobre tus campos...»
    Superficialmente, es verdad. La aceptación de cualquier cosa te da cierta paz, cierta calma. No estás demasiado preocupado; sabes que también esto pasará. Pero por lo que respecta a la mujer, hay una diferencia. Ella está viviendo constantemente en una estación, dolor y dolor. Las estaciones no cambian de verano a invierno, o a la lluvia. La vida de la mujer es realmente dura.
    No es tan dura hoy en día, pero sólo en los países avanzados. El 80 por 100 de la población de la India vive en pueblos, en los que se pueden ver las verdaderas dificultades que sufre la mujer. Ha ve­nido sufriendo esas dificultades durante siglos, y la estación no cambia. Si tienes en cuenta este hecho, entonces esta afirmación se vuelve antirrevolucionaria, esta afirmación se vuelve una frase de consuelo: «Acepta la esclavitud a que te somete el hombre, acep­ta la tortura a que te somete el hombre...»
    La mujer ha vivido con tanto dolor... y, sin embargo, Almustafa olvida completamente quién está haciendo la pregunta. Es posi­ble aceptar el cambio de las estaciones, pero no diez mil años de es­clavitud. La estación no cambia...
    La mujer necesita rebelión, no aceptación.
    El hombre es el animal más lascivo de la tierra. Cada animal tiene una época en la que el macho se interesa por la hembra. A ve­ces esa época es de sólo unas semanas, a veces de un mes o dos, y luego, durante el resto del año se olvidan completamente del sexo, se olvidan completamente de la reproducción. Esa es la razón por la que no se encuentran en una situación de superpoblación. Sólo el hombre es sexual durante todo el año, y si es estadounidense es sexual por la noche y es sexual por la mañana. ¿Y estás pidiendo a la mujer que acepte el dolor?
    Yo no puedo pediros que aceptéis semejante dolor, un dolor que otros os imponen. Necesitáis una revolución.
    Y observarías con serenidad a través de los inviernos de tu su­frimiento.
    ¿Por qué? Cuando podemos cambiarlo, ¿por qué íbamos a ob­servar? Observa sólo lo que no se puede cambiar. Observa sólo lo que es natural, sé un testigo de ello. Pero esto es astucia poética. Bellas palabras: y observa con serenidad...
    Observa con serenidad todo lo que es natural, y rebélate contra todo sufrimiento impuesto por cualquiera. Sea hombre o mujer, sea tu padre o tu madre, sea el sacerdote o el profesor, sea el go­bierno o la sociedad, ¡rebélate!
    A no ser que tengas un espíritu rebelde, no estás vivo en el ver­dadero sentido de la palabra.
    Gran parte de tu dolor es tu propia elección. Eso es verdad. Toda tu tristeza, todo tu dolor... gran parte de ello no está im­puesto por los demás. Contra lo que te imponen los demás, rebé­late, pero lo que tú mismo has elegido, suéltalo. No hay necesi­dad de observar. Simplemente comprender que «Yo me lo he impuesto a mí mismo» es suficiente, deshazte de ello. ¡Deja que los demás observen cómo te deshaces de ello! Al verte deshacién­dote de ello, quizá también ellos comprenderán: «¿Por qué sufrir innecesariamente?, los vecinos están deshaciéndose de su sufri­miento.»
    Tus celos, tu ira, tu avaricia, todos traen dolor. Tus ambiciones, todas traen dolor. Y todo ello lo eliges tú mismo.
    Es una poción amarga con la que el médico que hay en ti cura tu ser enfermo.
    De nuevo vuelve con los consuelos. No está haciendo una dis­tinción clara. Hay dolores impuestos por otros, rebélate contra ellos. Y hay dolores que son naturales, obsérvalos, y obsérvalos con serenidad, porque son la medicina amarga que la naturaleza, el médico que hay en ti, usa para curar tu ser enfermo.
    Por lo tanto, confía en el médico, y bebe su remedio con si­lencio y tranquilidad.
    Pero recuerda que se trata del médico, no de tu marido, no del gobierno. Ellos te imponen dolor, no para curarte, sino para des­truirte, para aplastarte. Porque cuanto más destruida estás, más fá­cil resulta dominarte. Entonces no hay miedo de que te rebeles. Así que recuerda quién es el médico. La naturaleza cura, el tiempo cura, simplemente espera, observa. Pero ten mucha claridad res­pecto a lo que es natural y lo que es artificial.
    Porque su mano, aunque pesada y dura, está guiada por la mano tierna de lo invisible, y el cáliz que trae, aunque quema tus labios, ha sido hecho del barro que el Alfarero ha humedecido con Sus propias lágrimas sagradas.
    Todo lo que sea natural, contra lo que no hay rebelión posible... entonces no estés triste ni sufras; entonces acéptalo con gratitud. Es la mano invisible de lo divino que quiere curarte, que quiere lle­varte a un estado más alto de conciencia. Pero lo que no sea natu­ral... Ceder a cualquier tipo de esclavitud es destruir tu propia alma. Es mejor morir que vivir como un esclavo. (The messiah: Commentaries on Kalil Gibran`”The Profet”, vol 2 cap 4)
    He sentido dentro de mí una rabia fría, profundamente escondida y llena de deseos de venganza contra todos los hombres que alguna vez han forzado, violado, matado o herido a las mujeres. Es algo que parece que he llevado dentro durante vidas. Por favor, ayúdame a dejar al des­cubierto a esta vieja bruja y a hacerme amiga de ella
    Lo primero que hay que tener en claro es que fue el cristianis­mo el que condenó la palabra «bruja»; por lo demás, era una de las palabras más respetadas, tan respetadas como «místico», un hom­bre sabio. Significaba simplemente una mujer sabia, el paralelo de un hombre sabio.
    Pero en la Edad Media el cristianismo se vio enfrentado a un peligro. Había miles de mujeres que eran mucho más sabias que los obispos y los cardenales y el Papa. Conocían el arte de transfor­mar la vida de las personas.
    Toda su filosofía se basaba en el amor y la transformación de la energía sexual, y una mujer puede hacer esto mucho más fácil­mente que un hombre. Después de todo, es una madre y siempre es una madre. Incluso una niña muy pequeña tiene la cualidad de los sentimientos maternales.
    La cualidad de los sentimientos maternales no es algo relacio­nado con la edad, forma parte de ser mujer. Y la transformación necesita una atmósfera muy amorosa, una transferencia muy ma­ternal de energías. Para el cristianismo, era un competidor. El cristianismo no tenía nada que ofrecer que pudiese compararse a eso, pero el cristianismo estaba en el poder.
    Era un mundo del hombre hasta entonces; y decidieron des­truir a todas las brujas. Pero ¿cómo destruirlas? No era cuestión de matar a una mujer, sino a miles de mujeres. Así que se creó una corte especial para investigar, para descubrir quién era una bruja.
    Cualquier mujer de la que los cristianos decían que había teni­do influencia en la gente y a la que la gente respetaba, era captu­rada y torturada, tanto que tenía que confesar. No dejaban de tor­turarla hasta que confesaba que era una bruja. Y habían cambiado el significado de «bruja» según la mente cristiana, según la teolo­gía cristiana: una bruja es alguien que tiene una relación sexual con el diablo.
    Ya no se oye más de ningún diablo que tenga una relación con alguna mujer. O el diablo se ha hecho monje cristiano, célibe, o... ¿qué ha pasado con el diablo? ¿Quién era el que estaba teniendo re­laciones sexuales con miles de mujeres? Y estas mujeres eran en su mayoría mujeres mayores. No parece algo racional. Habiendo dis­ponibles mujeres jóvenes y bellas, ¿por qué iba el diablo a acudir a las mujeres mayores, viejas?
    Pero hacerse bruja era un adiestramiento muy largo, una dis­ciplina muy larga, una experiencia muy larga. De forma que para cuando una mujer era una bruja —una mujer sabia—, era ya vieja; lo había sacrificado todo para lograr esa sabiduría, esa alquimia.
    Forzaron a estas pobres mujeres a decir que estaban teniendo relaciones sexuales con el diablo. Muchas de ellas se resistieron mucho... pero la tortura era demasiado.
    Torturaron a estas pobres mujeres mayores de maneras muy feas, sólo para lograr una cosa: que confesaran. Las mujeres si­guieron tratando de decir que no tenían nada que ver con el dia­blo, que no había nada que confesar. Pero nadie las escuchaba; con­tinuaban torturándolas.
    Puedes hacer que cualquiera confiese cualquier cosa si sigues torturándolo. Llega un punto en que siente que es mejor confesar que sufrir innecesariamente la misma tortura cada día. Y hubiera continuado durante toda su vida. Una vez que una mujer confesa­ba que era una bruja y tenía una relación sexual con el diablo, de­jaban de torturarla y la llevaban a los tribunales —una corte espe­cial creada por el Papa— y ahora tenía que confesar ante la corte. Y una vez que confesaba ante la corte, la corte podía castigarla, por­que el suyo era el mayor crimen a los ojos del cristianismo.
    En realidad, incluso si la mujer hubiera tenido una relación se­xual con el diablo, eso no es asunto de nadie más, y no es un deli­to, porque no está haciendo daño a nadie. Y el diablo jamás ha pre­sentado una denuncia en ninguna comisaría: «Esa mujer es peligrosa.» ¿Con qué autoridad estaba quemando a esas mujeres el cristianismo?
    El único castigo era ser quemada viva, para que ninguna otra mujer se atreviese a ser una bruja de nuevo. Destruyeron a miles de mujeres e hicieron desaparecer completamente una parte muy significativa de la humanidad. Y la sabiduría que estas mujeres contenían, sus libros, sus métodos, sus técnicas de transformar al hombre, de transformar la energía del hombre...
    No pienses que bruja es una mala palabra. Es más respetable que Papa, porque yo no creo que un papa sea un hombre a quien podemos llamar sabio; no son más que loros. Es posible que esto pueda estar conectado con tu vida pasada, y que la herida haya sido tan profunda que aún una memoria en tu inconsciente te lo sigue recordando. Y eso crea el odio a los hombres, porque lo que te hi­cieron te lo hicieron hombres.
    Así que es una simple asociación, pero tienes que librarte de esa asociación. No te lo hicieron los hombres, te lo hicieron los cristianos. Y los cristianos han cometido tantos crímenes, y conti­núan cometiéndolos. Es increíble... Y siguen hablando de verdad, hablando de Dios... y diciendo mentiras... Y son personas religiosas que,tratan por todos los medios de engañar al mundo, de engañar a la mente humana, de polucionar con feas mentiras.
    Así que no estés contra los hombres en sí; estar contra las atro­cidades cristianas es suficiente...
    Durante dos mil años la cristiandad ha estado matando a la gente en nombre de la religión, en nombre de Cristo, en nombre de la nación, así que es perfectamente correcto condenarlos. Aun­que no todos los hombres son cristianos.
    Pero será conveniente que pases por un proceso hipnótico para averiguar qué pasó con más claridad. Quizá puedas recordar cuáles eran las técnicas de las brujas —cómo actuaban, cómo se las arre­glaban para cambiar a la gente—, porque a no ser que fueran un pe­ligro para el cristianismo, el cristianismo no las habría matado.
    Era un peligro real, porque el cristianismo no tenía nada que ofrecer que pudiera compararse. The transmission o fthe Lamp, cap. 2.
    Capítulo 3
    El movimiento de liberación de la mujer
    ¿Qué consideras la mayor necesidad de la mujer con­temporánea?
    A causa de que la mujer ha sido dominada, torturada y reducida a un cero a la izquierda, se ha vuelto fea. Cuando no se per­mite que tu naturaleza siga sus necesidades internas, se vuelve amarga, se envenena; se queda como lisiada, paralizada, se per­vierte. La mujer que podemos encontrar en el mundo no es tam­poco una mujer verdadera, porque la han corrompido durante si­glos. Y cuando se corrompe a la mujer, el hombre tampoco puede permanecer natural, porque, después de todo, el hombre nace de la mujer. Si ella no es natural, sus hijos no serán naturales. Si ella no es natural —ella va a cuidar al hijo o hija—, naturalmente esos niños serán afectados por su madre.
    La mujer necesita ciertamente una gran liberación, pero lo que está sucediendo en nombre de la liberación es estúpido. Es imita­ción, no es liberación.
    Aquí conmigo hay muchas mujeres que han estado en el mo­vimiento de liberación, y cuando llegan aquí por vez primera son muy agresivas. Y puedo comprender su agresividad: siglos y siglos de dominación las han vuelto violentas. Es una simple venganza. Han perdido la cordura, y el único responsable es el hombre. Pero poco a poco, lentamente, se van suavizando, adquieren gracia; su agresividad desaparece. Se vuelven, por primera vez, femeninas.
    La liberación real hará que la mujer sea auténticamente una mujer, no una imitación del hombre. Ahora mismo, eso es lo que está sucediendo: las mujeres están intentando ser iguales que los hombres. Si los hombres fuman cigarrillos, entonces la mujer tie­ne que fumar cigarrillos. Si ellos llevan pantalones, entonces la mujer tiene que llevar pantalones. Si ellos hacen ciertas cosas, en­tonces la mujer tiene que hacerlas. Ella se está volviendo simple­mente un hombre de segunda categoría.
    Esto no es liberación, esto es una esclavitud mucho más pro­funda, mucho más profunda porque la primera esclavitud se la im­pusieron los hombres. Esta segunda esclavitud es más profunda porque la han creado las mujeres mismas. Y cuando otra persona te impone una esclavitud, puedes rebelarte contra ella, pero si tú mismo te impones una esclavitud en nombre de la liberación, no hay nunca una posibilidad de rebelión.
    Me gustaría que la mujer se volviera realmente una mujer, por­que es mucho lo que depende de ella. Ella es mucho más impor­tante que el hombre, porque ella lleva en sus entrañas tanto a la mujer como al hombre. Ella da a luz a ambos, al niño y a la niña; ella nutre a ambos. Si ella está envenenada, entonces su leche está envenenada, entonces su manera de criar a los hijos está envene­nada.
    Si la mujer no es libre para ser realmente una mujer, el hom­bre nunca será libre para ser realmente un hombre tampoco. La libertad de la mujer es una condición indispensable para la liber­tad del hombre; es más fundamental que la libertad del hombre. Y si la mujer es una esclava —como lo ha sido durante siglos—, ella hará que también el hombre sea un esclavo de maneras muy sutiles; las maneras de la mujer son sutiles. Ella no luchará direc­tamente; su lucha será indirecta, será femenina. Ella llorará y ge­mirá. No te golpeará, se golpeará a sí misma, y al golpearse a sí misma, al llorar y gemir, incluso el más fuerte de los hombres acaba siendo dominado por su mujer. Una mujer muy delgada y débil puede dominar a un hombre muy fuerte... La mujer necesita una libertad total, para que también pueda dar libertad al hombre.
    Esto es algo fundamental que hay que recordar: si esclavizas a alguien, al final te verás reducido a la esclavitud; no puedes per­manecer libre. Si quieres permanecer libre, da libertad a los demás; ésa es la única manera de ser libre.
    ¿Estás en contra del movimiento de liberación de la
    mujer?
    El movimiento de liberación es feo, y ya sé que la responsabili­dad recae en los chovinistas masculinos, los machistas. Ellos han venido haciendo tanto daño a las mujeres a lo largo de los siglos que ahora la mujer quiere vengarse. Pero siempre que empiezas a tomar venganza te vuelves destructivo. Resulta inútil seguir dando atención a heridas pasadas. Resulta inútil vengarse a causa del pa­sado. Hay que aprender a perdonar y olvidar. Sí, lo pasado estuvo muy mal, esto está aceptado. Lo que se ha hecho a las mujeres a lo largo de los siglos ha sido absolutamente erróneo. El hombre ha reducido a las mujeres a la categoría de esclavas; más aún, las ha reducido a la categoría de cosas, de posesiones. Pero ¿para qué sir­ve tomar venganza? Entonces te conviertes en la perseguidora y el hombre en el perseguido. Entonces otro tipo de chovinismo comienza a tomar forma y cuerpo. Entonces surge la mujer chovi­nista, y esto no va a arreglar las cosas. Entonces la mujer empeza­rá a hacer daño a los hombres, y tarde o temprano éstos se venga­rán. ¿Dónde va a parar esto? Es un círculo vicioso.
    Y tengo la sensación de que en vez de que lo paren los hom­bres, es mucho más fácil que lo paren las mujeres, que sean ellas las que se salgan del círculo vicioso, porque ellas son más amoro­sas, más compasivas. El hombre es más agresivo, más violento. No tengo mucha esperanza en los hombres, pero espero mucho de las mujeres. Por eso no estoy a favor de la actitud y el enfoque agresi­vo del movimiento de liberación de la mujer... Los problemas de la vida pueden resolverse con amor, no se pueden resolver con un enfoque violento.
    El hombre y la mujer son mundos diferentes; por eso es difícil que se comprendan mutuamente. Y el pasado ha estado lleno de malentendidos, pero esto no tiene que continuar así necesaria­mente en el futuro. nosotros podemos aprender una lección del pasado, y la única lección es que el hombre y la mujer tienen que volverse más comprensivos uno respecto al otro y aceptar mejor sus diferencias. Estas diferencias son valiosas, no es necesario que generen ningún conflicto; de hecho, son las causas de la atracción entre ellos.
    Si todas las diferencias entre los hombres y las mujeres desa­parecieran, si ambos tuvieran el mismo tipo de psicología, también desaparecería el amor, porque ya no existiría la polaridad. El hom­bre y la mujer son como los polos negativo y positivo de la electri­cidad: se atraen entre sí magnéticamente. Son polos opuestos; por eso el conflicto es natural. Pero mediante la comprensión, me­diante la compasión, mediante el amor, mirando el mundo del otro y tratando de adoptar una actitud favorable hacia él, todos los pro­blemas se pueden resolver. No hay necesidad de crear más conflic­to, ya basta.
    El hombre necesita la liberación tanto como la mujer. Ambos necesitan la liberación, liberación respecto a la mente. Deberían cooperar mutuamente y ayudar al otro a que se libere de la mente. Ese será un verdadero movimiento de liberación.
    ¿Crees que sólo las mujeres son las responsables del movimiento de liberación?
    El movimiento de liberación que está sucediendo en el mundo es un fenómeno creado por el hombre, una creación masculina. Esto os sorprenderá, que sea, de nuevo, una conspiración masculi­na. Ahora el hombre quiere librarse de las mujeres. No quiere te­ner ninguna responsabilidad. Quiere disfrutar de las mujeres, pero sólo para divertirse. No quiere tomar todas las demás responsabili­dades que esto trae consigo.
    Ahora bien, se trata de una conspiración sutil. El hombre está tratando de persuadir a las mujeres de todo el mundo de que la mujer tiene que volverse independiente. Es un truco sutil. Y la mente masculina es astuta, y la mente masculina está ganando. Y ahora muchas mujeres han sido envenenadas con esta idea.
    ¿Lo sabéis? Las primeras personas que empezaron a hablar de la igualdad entre el hombre y la mujer fueron hombres, no muje­res. Las primeras personas que empezaron a hablar de ello, que de­berían tener la misma libertad, fueron hombres, no mujeres. La se­milla proviene de la mente masculina. Y siempre ha sido así. Cuando el hombre se da cuenta de lo que le conviene, se las arre­gla para que suceda. Su astucia es muy sutil. Y a veces se las arregla de tal manera que la mujer piensa que ella lo está hacien­do por sí misma.
    En el pasado también ha sido así. En el pasado el hombre ha persuadido a las mujeres de que ellas son seres puros, ángeles. El hombre es sucio, los chicos son traviesos, ¿y la mujer? Ella es divi­na. El hombre ha puesto a la mujer sobre un alto pedestal; ese fue su truco para controlar a la mujer. El hombre la ha adorado, y me­diante la adoración la ha controlado. Y, naturalmente, cuando la mujer estaba en el pedestal pensaba que era divina, ella no podía hacer esas cosas que hacen los hombres, no podía, porque iba con­tra el ego de la mujer. Ese elevado pedestal satisfacía mucho a su ego. Ella era la madre, era divina; ella tenía más cualidades divinas que el hombre. El hombre es feo, inmoral, y todo eso. Al hombre hay que perdonarle.
    De esta forma, el hombre ha seguido haciendo lo que quería a lo largo de los siglos. Y la mujer estaba en una posición elevada. Pero esto era un truco; convencía al ego de la mujer. Y una vez que tu ego está convencido, te han capturado. Ya no puedes cambiar de postura. Pedir la igualdad sería una especie de caída, tendrías que descender para ser igual. Era una estrategia, y la mujer cayó en ella. Permaneció pura, permaneció virgen hasta el matrimonio.
    En Occidente, el hombre ha persuadido a las mujeres: «Ahora tenéis que ser libres, tenéis que ser iguales.» Como ahora las cosas han cambiado, los tiempos han cambiado, al hombre le gustaría disfrutar de más mujeres que sólo de su esposa. Ahora él quiere una libertad absoluta. Y la única manera de tener una li­bertad absoluta es dar una libertad absoluta a la mujer. Y la ha convencido de nuevo. Y ahora las mujeres que protestan y las del movimiento de liberación van gritando con toda su alma por la li­bertad y la igualdad. Y no saben que están de nuevo bajo el mis­mo control: de nuevo, el hombre las está persuadiendo. Ahora el hombre quiere usarlas y tirarlas, sin que ello entrañe ninguna responsabilidad.
    Si examinas con profundidad todo el asunto, te sorprenderá. La mente masculina es una mente astuta. La mujer es más inocente; ella no puede ser tan estratégica, tan política. Ella siempre ha creí­do al hombre. Y te sorprenderá darte cuenta: ¡estas mujeres del movimiento de liberación de nuevo están creyéndole al hombre! Nada ha cambiado. Ahora, esto es lo que le conviene al hombre, que la mujer sea libre y no pida ningún tipo de compromiso. Él no quiere comprometerse, él quiere tener toda la libertad. Él no quie­re tomar la responsabilidad por tus hijos. Él no quiere vivir conti­go para siempre, quiere cambiar de mujer cada día.
    Pero ahora, de nuevo, el hombre está creando bellas palabras: hay que vivir sin compromisos; hay que vivir sin ataduras; no hay que ser posesivos, no hay que ser celosos. Ahora, una vez más, el hombre está creando bellas filosofías. Ya lo había hecho antes, y también entonces las mujeres fueron engañadas, y van a ser enga­ñadas de nuevo. Las mujeres confían. La confianza les resulta fácil; el amor les resulta más fácil que la lógica. Y están muy involucra­das con lo inmediato. El hombre piensa siempre en términos de es­trategia, táctica, qué sucederá, cómo sucederá, él piensa en el fu­turo, él planea el futuro...
    El ambiente ahora es que la mujer tiene que ser igual al hom­bre. A ella ya no tiene que interesarle el hogar, la familia, los hijos, la maternidad. Tiene que interesarse por la poesía, la literatura, la pintura, la ciencia, la tecnología, esto y aquello. Ahora se reúnen grupos de mujeres por todo el mundo para concienciarse. Y todas sus sesiones de concienciación consisten en una sola cosa: que tie­nen que destruir algo profundo en su femineidad. Sólo entonces pueden competir con los hombres.
    Ellas son suaves, naturalmente suaves. No pueden competir con los hombres. Si quieren competir con los hombres tendrán que volverse duras. Y así, cada vez que te encuentras con una mu­jer del movimiento de liberación puedes ver que su cara ha perdi­do suavidad. Es muy difícil llamar «nena» a una de estas mujeres, muy difícil. Y, además, ella se enfadará, no le gustará. ¿Por qué «nena»?, ella es igual a ti. Surge la dureza.
    Cualquier tipo de lucha produce dureza. Y puede que intentes que no te interese el hogar, porque si te interesas por el hogar no puedes competir en el mundo. Si te interesas por los niños no pue­des competir en el mundo; todo eso se convierte en una distrac­ción. Y si quieres competir en el mundo y probar que eres tan fuer­te como los hombres, de alguna forma tienes que volverte más como los hombres.
    Y esto será una pérdida. Esto es una pérdida, porque la úni­ca esperanza para la humanidad es la suavidad de la mujer, no la dureza del hombre. Hemos sufrido ya suficiente a causa de la du­reza del hombre. Lo que se necesita es que el hombre se haga más como la mujer, en vez de que la mujer se haga más como el hombre.
    Las mujeres están yendo en contra de sí mismas, intentando arreglárselas a toda costa. Pero eso no es natural. Lo natural es el útero de la mujer, ese útero anhela un bebé, ese útero anhela un hogar. El hogar es el útero visible que hay fuera de la mujer, es una proyección del útero interno.
    Cuando a la mujer ya no le interesa el hogar, ya no le intere­sa su útero. Pero el útero sigue ahí. Y los hombres y las mujeres no son iguales, porque al hombre le falta ese útero. ¿Cómo van a ser iguales? No digo que estén a niveles diferentes, pero sí digo que no son iguales. Son tan diferentes, ¿cómo van a ser iguales? Son polos opuestos. Son tan diferentes que no pueden ser com­parados en términos de igualdad o desigualdad. Una mujer es una mujer, un hombre es un hombre. Y deberían seguir siendo hombre y mujer. A la mujer debería seguir interesándole el ho­gar, porque cuando deje de interesarle el hogar le dejará de inte­resar el útero, el hijo. Y entonces naturalmente se volverá les­biana.
    Mi propio entendimiento es que el hombre tiene que volverse un poco más femenino. Ha ido demasiado lejos en lo de hacerse un hombre, ha perdido cualquier vestigio de humanidad. No lo sigas, no compitas con él, de otra forma entrarás en el mismo bache, en la misma rutina. Te volverás belicosa. Y las mujeres del movimien­to de liberación gritando y voceando y protestando por las calles son algo simplemente feo. Están mostrando los peores rasgos de la mente masculina.
    Me resulta imposible comprender tus generaliza­ciones sobre los tipos masculino y femenino. A veces reconoces los principios masculino y femenino sin re­lación con el sexo de la persona. Pero la mayor parte del tiempo hablas de que la mujer es más «primitiva» Que el hombre, y encuentras al «lobo» en el hombre. ¿Qué pasa con la mujer que se encuentra a sí misma siendo naturalmente la que toma la iniciativa, o que ve al gato, y no al lobo, en su hombre? Algunos hom­bres están realmente deseosos de ser pasivos. Puede que algunas mujeres necesiten reafirmarse a sí mis­mas para crecer. ¿Cómo va a ser simplemente una cuestión de que el movimiento de liberación está ha­ciendo a las mujeres «sofisticadas» y excesivamente racionales?
    Mi afirmación de que las mujeres son más primitivas que los hombres no es para condenarlas, es para condenar a los hombres. Al decir «primitiva» quiero decir más natural, más en armonía con la existencia. La civilización es una falsificación, civilización significa salirse de la naturaleza. Cuanto más civilizado se hace el hombre, más se cuelga de la cabeza. Pierde el contacto con su co­razón. El corazón aún es primitivo. Y es bueno que las universi­dades aún no hayan encontrado la forma de enseñar al corazón y civilizarlo. Esa es la única esperanza de que sobreviva la huma­nidad.
    ¡Abandonad esas ideas de ser hombres y mujeres! Somos todos seres humanos. Ser un hombre o una mujer es tan sólo algo muy superficial. No le prestes mucha atención, no es algo muy impor­tante; no le des mucha importancia.
    Y lo que digo a veces pueden parecer generalizaciones porque no puedo señalar cada vez todas las condiciones; de otra forma, lo que os digo estaría muy cargado de notas a pie de página. ¡Y yo odio los libros con notas a pie de página! Simplemente, no los leo. En cuanto veo notas a pie de página, tiro el libro, está escrito por al­guna lumbrera, algún erudito, algún tonto.
    Tú dices: «Me resulta imposible comprender tus generaliza­ciones sobre los tipos masculino y femenino...»
    Siempre hablo sobre tipos; el género no va incluido. Cuando digo «hombre» me refiero al tipo masculino, y cuando digo «mu­jer» me refiero al tipo femenino. Pero no puedo decir cada vez «tipo masculino», «tipo femenino». Y tienes razón en que hay mu­jeres que no son mujeres, que son lobos; y hay hombres que no son lobos, que son gatos. Pero entonces, todo lo que digo sobre el tipo masculino será aplicable a las mujeres que son lobos, y lo que digo sobre las mujeres será aplicable a los hombres que son gatos.
    No estoy hablando de la distinción biológica entre el hombre y la mujer, estoy hablando de la distinción psicológica. Sí, hay hom­bres mucho más femeninos que cualquier mujer, y hay mujeres mucho más masculinas que cualquier hombre. Pero esto no es algo bello; esto es feo, porque crea una dualidad dentro de ti. Si tie­nes cuerpo de hombre y mente de mujer, habrá un conflicto, una lucha social dentro de ti, una guerra civil en tu interior. Estarás continuamente en guerra, luchando, tenso.
    Si eres una mujer fisiológicamente y tienes la mente de un hombre, tu vida derrochará mucha energía en conflicto innecesa­rio. Es mucho mejor estar en armonía. Si eres hombre corporalmente, entonces mejor ser hombre mentalmente; si eres mujer corporalmente, mejor ser mujer mentalmente.
    Y el movimiento de liberación de la mujer está creando pro­blemas innecesarios. Está haciendo lobos a las mujeres, les está en­señando a luchar. El hombre es el enemigo, ¿cómo vas a amar al enemigo? ¿Cómo vas a relacionarte íntimamente con el enemigo? El hombre no es el enemigo.
    La mujer, para ser realmente una mujer, tiene que ser más y más femenina, tiene que alcanzar las cimas de la suavidad y la vul­nerabilidad. Y el hombre, para ser realmente un hombre, tiene que ahondar en su masculinidad lo más profundamente posible. Cuan­do un hombre auténtico entra en contacto con una mujer auténti­ca, son polos opuestos, extremos. Pero sólo los extremos se pueden enamorar, y sólo los extremos pueden disfrutar de intimidad. Sólo los extremos pueden atraerse mutuamente.
    Lo que está sucediendo ahora es una especie de unisexo: los hombres volviéndose más y más femeninos, las mujeres volviéndo­se más y más masculinas. Tarde o temprano, se perderán todas las diferencias. Será una sociedad muy sosa, será aburrido.
    Me gustaría que la mujer fuera lo más femenina posible, sólo entonces puede florecer. Y el hombre necesita ser lo más masculi­no posible, sólo entonces puede florecer. Cuando son polos opues­tos, surge entre ellos una gran atracción, un gran magnetismo. Y cuando se juntan, cuando se encuentran en la intimidad, aportan dos mundos diferentes, dos dimensiones diferentes, dos riquezas diferentes, y ese encuentro es un tremendo beneficio, una bendi­ción.
    ¿Cuál consideras el siguiente paso que las mujeres ne­cesitan dar?
    Quiero decir a las mujeres del mundo entero que vuestro mo­vimiento de liberación no ha hecho nada, porque está en manos de mujeres muy estúpidas. Son reaccionarias, no revolucionarias. De otra forma, lo más simple e importante, la primera prioridad, es que las mujeres deberían exigir un voto separado, para que las mu­jeres sólo puedan votar por mujeres, y los hombres sólo puedan vo­tar por hombres. Sólo un simple y único paso, y la mitad de todos los parlamentos del mundo estará ocupado por mujeres. Y las mu­jeres estarán naturalmente en el poder, porque el hombre, por na­turaleza, tiene tendencia a luchar. Él creará partidos, partidos po­líticos, ideologías religiosas, en torno a cosas pequeñas, menores, triviales.
    De forma que si las mujeres de un parlamento forman un solo voto, la otra mitad, la de los hombres, estará dividida al menos en ocho o diez partidos. El mundo entero puede llegar a manos de las mujeres. Y las mujeres no están interesadas en las guerras, las mu­jeres no están interesadas en las armas nucleares, las mujeres no están interesadas en el comunismo o el capitalismo.
    Todos estos «ismos» salen de la cabeza. A las mujeres les inte­resa estar alegres, las pequeñas cosas de la vida: una casa bonita, un jardín, una piscina.
    La vida puede ser un Paraíso, pero va a seguir siendo un in­fierno a no ser que se retire al hombre del poder de una vez por to­das. Y se le puede retirar muy fácilmente.
    Capítulo 4
    Sexualidad
    Me siento aprisionada por el miedo a la intimidad y a perder totalmente el control con Un hombre. Hay una mujer salvaje encerrada en mi interior. Cuando sale de vez en cuando, normalmente los hombres flipan, así que vuelve a la hibernación, no toma riesgos, y se sien­te totalmente frustrada. Por favor, ¿podrías hablar de este miedo a la intimidad?
    La humanidad, sobre todo las mujeres, sufre muchas enfermeda­des. Hasta ahora, todas las llamadas civilizaciones y culturas han estado psicológicamente enfermas. Ni siquiera se atrevieron nunca a reconocer su enfermedad; y el primer paso del tratamien­to es reconocer que estás enfermo. Especialmente la relación entre hombre y mujer no ha sido natural.
    Hay que recordar varios hechos. Primero, el hombre tiene capa­cidad para tener sólo un orgasmo; la mujer tiene capacidad para tener múltiples orgasmos. Esto ha creado un tremendo problema. No habría habido ningún problema si no se hubiera impuesto el matrimonio y la monogamia; no parece que fuera esta la intención de la naturaleza. El hombre se asusta de la rnujer por la sencilla razón de que si provoca un orgasmo en ella, entonces ella está lista para tener al menos media docena de orgasmos rnás, y él es incapaz de satisfacerla
    La salida que el hombre ha encontrado es: no des a la mujer ni
    siquiera un orgasmo. Prívala incluso de la idea de que puede tener um orgasmo.
    Segundo, el sexo del hombre es local, genital. Esto no es así en la mujer. Su sexualidad, su sensualidad se extiende por todo su cuerpo. Se necesita mucho tiempo para calentarla, e incluso antes de que ella se caliente, el hombre ya ha terminado. Él le da la es­palda y empieza a roncar. Durante miles de años, millones de mu­jeres por todo el mundo han vivido y se han muerto sin conocer el mayor regalo natural, el gozo orgásmico. Era una protección del ego del hombre. La mujer necesita un largo jugueteo previo para que todo su cuerpo empiece a vibrar con sensualidad, pero enton­ces surge el peligro: ¿qué hacer con su capacidad de tener orgas­mos múltiples?
    Mirándolo de manera científica, ninguno de los sexos debería ser tomado tan en serio, y se debería invitar a los amigos para dar a la mujer toda su gama de orgasmos, o se debería usar algún vibrador científico. Pero en ambos casos hay problemas. Si usas vi­bradores científicos, pueden dar todos los orgasmos que la mujer es capaz de tener; pero una vez que una mujer ha conocido esto... entonces el órgano del hombre parece tan pobre que puede que ella elija un instrumento científico, un vibrador, en vez de un novio. Si dejas que se te unan unos cuantos amigos, entonces es un escán­dalo social: te dedicas a las orgías.
    Así que la salida más sencilla que ha encontrado el hombre es que la mujer no debe siquiera moverse mientras él le está hacien­do el amor; ella debe permanecer casi como un cadáver. La eyaculación del hombre es rápida, dos, tres minutos como mucho; en ese tiempo la mujer no llega a darse cuenta de lo que se ha perdido.
    En lo que respecta a la reproducción biológica, el orgasmo no es necesario. Pero en lo que respecta al crecimiento espiritual, el orgasmo sí es necesario.
    En mi opinión, es la experiencia orgásmica del gozo lo que ha dado a la humanidad en los primeros días la idea de la meditación, de buscar algo mejor, más intenso, más vital. El orgasmo es la in­dicación de la naturaleza de que tienes dentro de ti una cantidad tremenda de gozo. Sencillamente te deja que lo pruebes, luego puedes iniciar tu búsqueda.
    El estado orgásmico, incluso el reconocimiento de ese estado,es algo muy reciente. Tan sólo en este siglo los psicólogos se die­ron cuenta de los problemas a los que se enfrenta la mujer. A tra
    7 hr 23 min
  • EMOCIONES : Libres del odio ,los celos y la ira - AUDIOLIBRO
    Las reacciones emocionales que nos dominan son una de las causas más comunes por las que caemos en estados de ánimo negativos y nos desbordan los problemas. Tanto en nuestra vida personal como en la profesional, estas circunstancias adversas, afectan a nuestras relaciones, influyen en nuestro bienestar y a veces incluso atacan la salud física. Con mucha frecuencia nos encontramos con la siguiente disyuntiva: si expresamos nuestras emociones, es fácil que lastimemos a otros. Si las reprimimos, nos arriesgamos a lastimarnos a nosotros mismos. Osho ofrece una tercera vía. En este libro nos enseña a entender las raíces de nuestras emociones, a aprender cómo se desarrollan y a encontrar la calma interior y la sabiduría incluso en situaciones difíciles.
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