El matrimonio es un paso maravilloso en nuestra vida. Por supuesto, cuando lo hacemos en consonancia con la voluntad de Dios. No obstante, cuando nos dejamos arrastrar por las emociones, puede que los resultados no sean gratificantes. En ese orden de ideas, cuando nos enamoramos, lo aconsejable es clamar a Dios por orientación antes de tomar la decisión de ir al altar. Que sea el Padre celestial quien nos guíe.