¿Se ha sentido alguna vez frustrado porque, pese a sus esfuerzos por cambiar y mantenerse fiel a Jesucristo, cometió errores? Nos ha ocurrido a todos. Particularmente cuando consideramos que la salvación es por obras. Sin embargo, cuando reconocemos la gracia y misericordia de Dios, el panorama cambia. Él nos ama, pese a los equívocos. Eso no justifica seguir pecando, en absoluto, pero sí nos permite levantarnos si hemos fallado y, tomados de la mano del Padre, reemprender el camino de nuevo.