Durante gran parte del siglo XX, fumar un cigarro de tabaco era un
hábito socialmente aceptado, una parte esencial de la vida cotidiana, una
práctica acostumbrada en situaciones de estrés y celebración. Por
décadas fue símbolo de placer, poder, sexualidad e individualidad. Sin
embargo, al comienzo del siglo XXI cambiaron las ideas asociadas al
cigarro: de práctica viril, y ejemplificación de la libertad, a hábito sucio,
relacionado con la enfermedad y la muerte. Si hace 40 años el fumador
era visto como una persona independiente, que se portaba con seguridad
y autoconfianza ahora es considerado un ser débil, irracional y adicto.
Éste ha sido un cambio cultural importante. ¿Cómo se dio? Echemos un vistazo a la historia de las drogas para obtener respuestas.