Junto a nuestro filósofo de cabecera, Marco Mallamaci, doctor en filosofía, investigador y columnista de "Cratos en el Laberinto", la columna de filosofía y biopolítica en El aprendiz de sabio, conversamos acerca del pensamiento de Paul Virilio en torno a la filosofía digital y la revolución técnico-política.
Toda revolución política es un drama; pero la revolución técnica actualmente en marcha es, sin dudas, mucho más que un drama; es una tragedia. Como decía Esopo sobre el lenguaje; Internet es al mismo tiempo lo mejor y lo peor que le puede suceder a una sociedad. Es el avance de la comunicación ilimitada y al mismo tiempo una calamidad; es el encuentro con un iceberg dentro del océano de la navegación virtual.
La cibernética de la red de redes es un tecnosistema de comunicación estratégica que trae consigo el riesgo de una reacción global en cadena.
Entonces, después de 40 años de formas de disuasión alrededor del avance de la bomba atómica; la bomba informacional que ya ha explotado requiere lo antes posible de nuevas formas de disuasión.
Los signos prueban que la revolución de la información es al mismo tiempo la revolución de la desinformación virtual.
Los tele-actores de la comunicación cibernética, interactúan en forma sincrónica acompasados a un tempo que domina por sobre la importancia histórica del tiempo local de las sociedades; esto funciona como el avance de una temporalidad global que ya no pertenece a la historia de las naciones.
Paul Virilio era un francés teórico cultural, urbanista, y estético filósofo. Es mejor conocido por sus escritos sobre tecnología como se ha desarrollado en relación a la velocidad y el poder, con diversas referencias a la arquitectura, las artes, la ciudad y lo militar.
Según dos biógrafos, Virilio era un "historiador de la guerra, la tecnología y la fotografía, un filósofo de la arquitectura, la estrategia militar y el cine, y un comentarista provocador políticamente comprometido sobre la historia, el terrorismo, los medios de comunicación y las relaciones entre humanos y máquinas"
Virilio creía que la tecnología no puede existir sin la posibilidad de accidentes. Por ejemplo, Virilio argumentó que la invención de la locomotora también contenía la invención de descarrilamiento. Vio el accidente como un crecimiento bastante negativo de positivismo social y progreso científico. Creía que el crecimiento de la tecnología, a saber televisión, nos separa directamente de los eventos del espacio real y del tiempo real. En él sugirió que perdamos la sabiduría y la vista de nuestro horizonte inmediato y recurramos al horizonte indirecto de nuestro entorno simulado. Desde este ángulo, el Accidente se puede representar mentalmente como una especie de "meteorito fractal" cuyo impacto se prepara en la oscuridad propicia, un paisaje de eventos que ocultan futuras colisiones. Aristóteles afirmó que "no hay ciencia del accidente", pero Virilio no estuvo de acuerdo, señalando la creciente credibilidad de simuladores diseñado para escapar del accidente, que según él es una industria que nace del matrimonio impío de la ciencia posterior a la Segunda Guerra Mundial y la complejo militar-industrial.
La primera disuasión, la disuasión nuclear, está siendo reemplazada actualmente por la segunda disuasión: un tipo de disuasión basada en lo que llamó "la bomba de información" asociada con el nuevo armamento de las tecnologías de la información y las comunicaciones. Así, en un futuro muy próximo, y recalco este importante punto, ya no será la guerra la continuación de la política por otros medios, será lo que he denominado 'el accidente integral' que es la continuación de la política por otros medios.
El término Aldea Global hace referencia a las consecuencias socioculturales de la comunicación inmediata y mundial de todo tipo de información. A partir de aquello que posibilitan y estimulan los medios electrónicos de comunicación. Sugiere que, en especial, ver y oír permanentemente personas y hechos —como si se estuviera en el momento y lugar donde ocurren— revive las condiciones de vida de una pequeña aldea: percibimos como cotidianos hechos y personas que tal vez sean muy distantes en el espacio o incluso el tiempo, y olvidamos que esa información es parcial y fue elegida entre una infinidad de contenidos.