El hecho del suicidio cuántico, no trata sobre la muerte, sino sobre la continuidad forzada de la existencia. Nos sugiere que la muerte no es un evento que alguien pueda experimentar jamás, ya que la conciencia siempre se deslizará hacia la rama adyacente donde la vida continúa. Es una visión que transforma el cosmos en un laberinto de espejos donde todas las salidas están cerradas para el que mira, condenándonos (o bendiciéndonos) a una observación eterna de un universo que, contra toda probabilidad estadística, siempre nos permite seguir vivos un segundo más.
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