A lo largo de la vida, mantenemos relaciones estimulantes que nos incitan a
dar lo mejor de nosotros mismos, pero también mantenemos relaciones que nos
desgastan y que pueden terminar por destrozarnos. Mediante un proceso de
acoso moral, o de maltrato psicológico, un individuo puede conseguir hacer
pedazos a otro. El ensañamiento puede conducir incluso a un verdadero
asesinato psíquico. Todos hemos sido testigos de ataques perversos en uno u
otro nivel, ya sea en la pareja, en la familia, en la empresa, o en la vida política y
social. Sin embargo, parece como si nuestra sociedad no percibiera esa forma de
violencia indirecta. Con el pretexto de la tolerancia, nos volvemos indulgentes.