El Conde Drácula es un personaje diabólico. Un ser de ultratumba que duerme en un ataud durante el día y que se alimenta de sangre humana. Un ser que habita en la oscuridad, que se vale de su porte distinguido y apuesto para seducir a sus víctimas. Un ser que puede adoptar la forma de los animales más diversos: lobos, murciélagos... Un ser temible al que sólo la luz solar, una bala de plata o una estaca clavada en su pecho pueden vencer.
Con estas bases (presentadas por el escritor en los dos primeros párrafos del relato), en principio no muy propicias para la risa, Woody Allen reinterpreta el personaje del Conde Drácula en clave de humor.