En esta ocasión, en el ilustre Club de los Pretenciosos, nos "invadió" una necesidad irrefrenable de chismear largo y tendido sobre nuestro siempre atento vecino del norte, que últimamente anda metiendo la nariz en todos lados como si fuera su pasatiempo favorito.
Arrancamos con que ahora resulta que Santa Claus es, según los gringos, un dictador con gnomos esclavizados produciendo juguetes a destajo, sin pagar un solo centavo de impuestos al cruzar su la frontera. Obviamente, ante semejante amenaza geopolítica, había que ir a darle “su dosis de democracia”, empezando por la adquisición “pacífica” —y para nada invasora— de Groenlandia.
Luego pasamos a la nueva ocurrencia de que México “necesita ayuda” (que nadie pidió), porque al parecer estamos mandando demasiados “dulces” al otro lado del Río Bravo. Y ya saben: cuando en Washington se habla de "dulces", la solución favorita siempre es bombardear algo, porque nada dice “salud pública” como un misil bien colocado.
También nos metimos en las revueltas de Irán contra la teocracia que lleva décadas instalada. Sí, hay descontento real, pero el aroma a agencias de seguridad gringas e israelíes rondando por ahí es tan fuerte que ni con incienso se disimula. Y para rematar, nos fuimos al drama del Real Madrid: pierden un partido y vámonos, que el director técnico sale volando. El mismo que había ganado hasta la rifa de la empresa, pero por un mal resultado que me lo corren, ya saben tradiciones futboleras.
Así que pásenle, sírvanse un vinito con nosotros, corten un buen jamón serrano, y acompáñennos a comentar cómo el mundo decidió ponerse todavía más loco que cuando empezó el año.