Una mañana frente al mirador, Raúl rompe el silencio con una confesión serena pero devastadora. Habla de su cansancio, de cómo todo se volvió gris, y de su decisión de no querer pasar de los treinta. Yo, en mi torpeza, intento recordarle todo lo bueno que tenía… sin darme cuenta de que solo le señalaba lo que ya no podía disfrutar.