Durante siglos, bordar, coser, tejer fue considerado un arte menor.
Una labor doméstica, femenina, invisible.
Algo que no merecía museo ni relato.
Hoy, esas puntadas hablan.Y lo hacen alto.
En este episodio de El Disparadero nos detenemos en el arte hecho por mujeres, en el textil como lenguaje artístico y político, en la memoria que se borda despacio y se resiste a desaparecer. Un arte nacido muchas veces en espacios compartidos: talleres, casas, comunidades donde crear juntas fue también una forma de sobrevivir.
Porque el arte no siempre se hizo en soledad. Aunque la creación exija silencio, recogimiento y tiempo propio, durante siglos las mujeres crearon en compañía: cosiendo, tejiendo, bordando, compartiendo historias mientras las manos trabajaban. Lo colectivo como espacio de aprendizaje, de apoyo y también de resistencia.
Desde la exposición Si no, el invierno, con María Gimeno, Ana Nance y Gözde Yu, atravesamos inviernos distintos: el de la violencia bordada puntada a puntada, el de la espera y el silencio impuesto, el de la memoria frágil que se recompone con hilo, barro y fotografía.
Este episodio cruza genealogías: de Louise Bourgeois a Teresa Lanceta, del taller textil de la Bauhaus a los estudios compartidos de hoy, del gesto íntimo al cuerpo político. Lo doméstico deja de ser menor y se revela como territorio de creación radical.
Aquí el arte se hace a solas… pero nunca del todo.