"Las inferiores las empezó en la escuela de fútbol de Newell's y, de ahí, pasó a la Massía, en el Barcelona"
"Lo empecé a entrenar a los 12 años"
"Lo que ustedes ven hoy, en Leo, en el Mundial, sáquenle la barba, los tatuajes, la cuenta bancaria: era exactamente igual a lo que era a los 12 años. La forma de jugar, de mostrarse, la sencillez. Era muy buena persona, muy buen deportista"
"Leo jamás contestó una patada, una agresión"
"Jorge y Celia han hecho algo maravilloso con su educación"
"Lo único que me puedo adjudicar es haberle enseñado a soñar. Muchas veces hablábamos de nunca dejar en el sueño, que eso los ayudara al sacrificio"
"Si el pibe está bien encarado, entiende que la vida es sacrificio, superación. Si tiene las condiciones, llegás a una primera división"
"Entrenábamos dos días en cancha de baby-fútbol, y dos días en cancha de once. Nos habían adaptado la última cancha para que estuviese iluminada de un lado"
"En verano, los peores rivales eran los mosquitos. Los padres me pedían largar y Messi se me acercaba y me decía: 'sigamos, Quique, sigamos'. Ese es Leo: no juega por la plata, o por los trofeos. Juega porque le gusta jugar"
"No lo he vuelto a ver, para en un country cerca de mi casa, tendría que pasar alguna vez. Sí he hablado con el papá, o con la mamá"
"Dentro del grupo, era pícaro"
"Una vez vamos a jugar el torneo de Aldosivi, donde querían jugar todos los pibes, en cancha de once. Él se quiebra la mano, tenía para 45 días y viajar con 15, recién. Me decían que no podía viajar porque ocupaba un lugar. Pero, si no viajaba él, no viajaban los compañeros, que lo tenían como su líder".
"Leo viajó con un bolsito. Le pedí a una madre que me averigüe qué había en el bolsito: tenía los botines, las canilleras, la camiseta, porque decía: 'sé que, si Quique me necesita, me saca el yeso y me pone'. Eso lo pinta de cuerpo entero"