Cada explotación de bosques, contaminación de tierras y ríos con veneno, venta de parques públicos, el agua propia de la lluvia contaminada con glifosato e incluso las quemas de vegetación son ejemplos de la perpetuación de intereses económicos que arrasan con el ecosistema. No tenemos otro planeta. No necesitamos más edificios, no necesitamos más cabañas para vacacionar, no necesitamos alimentos más estéticos y rápidos para producir, no necesitamos nada de eso, porque todo eso, justamente, hará que no tengamos nada. No va a haber plata que alcance cuando hayamos roto todo. Necesitamos cambiar los modos que tenemos de relacionarnos con el medioambiente. Es ahora. De lo contrario, no sólo estamos matando a lo que nos rodea, sino a nosotrxs mismxs.