Aunque de seguro así lo planificó su equipo, quizás nunca la coalición dominante, liderada por Nicolás Maduro, se imaginó que justo a tres meses para la elección parlamentaria del #6D la jugada sería tan clara a su favor, gracias a que la oposición se encarga de hacerle la vida más fácil, como si de la promesa de un producto de limpieza se tratara. Por ahora, solo el coronavirus y la extradición de Alex Saab parecen amenazar la tardes serenas del inquilino de Miraflores, viendo la televisión al lado de Cilia Flores.
Juan Guaidó, María Corina Machado y Henrique Capriles Radonski, de una forma u otra, sin aparente intención, por omisión, ausencia de estrategia, abandono del trabajo con las bases y falta de construcción del tejido social, ayudan a Maduro en el tránsito por la crisis.
Parece increíble que después de 20 años de chavismo-madurismo, que ha demostrado una férrea disciplina interna, con mucha literatura sobre la transición y expertos en el país que quieren ser leídos escuchados, los líderes de tres vertientes de la oposición no entiendan que solo la unidad amarga el café y empichaca el jugo al madurismo.