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Impedir una campaña de vacunación, que no es obligatoria, cuando el Poder Ejecutivo se basa en un asesoramiento científico incuestionable, es un episodio grave.
Se abre otro período de discursos y reclamos. Las rendiciones de cuentas, que en viejos tiempos alguna vez logramos que fueran solo eso, un examen de cuentas, suelen transformarse en reediciones del presupuesto general. Se quiere tocar todo, volver a discutir lo ya discutido.
En este mundo de incertidumbre, con una región incendiada, nuestro país está, sin duda, lo mejor posible.
Entre privatistas e inmovilistas conservadores (que se dicen progresistas pero rechazan todo cambio), el histórico reformismo que el Batllismo incorporó a la matriz nacional, es el que nuevamente nos da la respuesta. Ni un extremo ni otro. El Estado al servicio del ciudadano, no éste al servicio del Estado.
La conferencia de prensa del Frente Amplio con esas denuncias lanzadas al barrer es el acto final de un largo extravío. Derogar la LUC solo recibirá el festejo del mundo del delito. Hay que saberlo. Y actuar responsablemente en consecuencia.
El Frente Amplio está degradando las causas más sagradas. Todo lo deforma. Los excesos en la marcha feminista abonan la causa contraria. La Institución de Derechos Humanos, aunque le duela oírlo, está ayudando a los delincuentes. Son los que festejarían la derogación de la ley.
El Uruguay tiene mucho para cuidar. El gobierno goza de un apoyo popular que se sustenta en su gestión de la pandemia, en el clima de libertad que ha preservado, en el apoyo social brindado a los más desvalidos y en la recuperación del empleo. No es tiempo para aventuras ni volantazos en la conducción del país.
En los últimos tiempos, organizaciones del PIT CNT o del Frente Amplio, se han dedicado a explotar la confusión del electorado, usando la figura de Don José Batlle y Ordóñez.
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