8 Mayo
Hechos 15, 22-31: “El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido no imponerles más
cargas que las estrictamente necesarias”
Salmo 56: “Alabemos y cantemos al Señor. Aleluya”
San Juan 15, 12-17: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros”
El amor es más fácil de experimentar que de describir. Es la esencia del mensaje de
Jesús y todavía no lo hemos captado del todo. Nos perdemos en las caricaturas del amor
que nos ofrece el mundo. Recuerdo al mismo tiempo con simpatía y con dolor a aquella
adolescente que muy segura afirmaba cuando me escuchaba hablar del amor: “De eso sí
no me va a enseñar, Usted, pues yo tengo mucha más experiencia. Así como me ve de
chiquita, a mis quince años ya he tenido más de diez novios”. Caricaturas del amor que
nos distraen y que devalúan la palabra hasta convertirla en mercancía, manipulación y
esclavitud. San Pablo para hablar del amor prefiere describirlo: el amor perdona todo, el
amor todo lo cree, el amor todo lo espera, el amor es siempre fiel, el amor no pasará
jamás… en su precioso himno al amor. Quizás por nuestras limitaciones al momento de
proponernos el amor, Jesús más que decirnos qué es el amor, prefiere ponerse Él mismo
como modelo. Y así nos ordena: “ámense los unos a los otros como yo los he amado”.
¿Y cómo nos ha amado Jesús? Cuando éramos pecadores y esclavos de la maldad, Él ya
nos amaba. Cuando nos íbamos lejos, Él siempre nos amó. Cuando estamos cerca
también nos ama. La medida del amor también nos la da a conocer: “Nadie tiene amor
más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos”. La medida es el amor sin
medida: hasta dar la vida. Conviene que distingamos, como lo hace Jesús, entre
esclavos y amigos. Al esclavo lo utilizamos para nuestro provecho. Y así se disfraza de
amor lo que es solamente capricho, placer y utilizar a las personas. Jesús también nos
dice que a los amigos se les da a conocer todo. Es decir, hay diálogo sincero, se
descubre el corazón, no hay falsedades ni mentiras. Finalmente, también nos asegura
Jesús que Él es quien gratuitamente nos ha escogido como amigos. No hemos hecho
nosotros nada para ser dignos de esa amistad. Pero sí podemos corresponder a esa
amistad y sí podemos cumplir su mandamiento de amarnos los unos a los otros como Él
nos ha amado.