“El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él
mismo se hizo pobre. La pobreza está en el centro del Evangelio. ¡Cómo quisiera una
Iglesia pobre y para los pobres!” (Papa Francisco)
1Samuel 24, 3-21: “No pondré la mano sobre el ungido del Señor”
Salmo 56: “Señor, apiádate de mí”
San Marcos 3, 13-19: “Jesús llamó a los que él quiso, para que se quedaran con él”
Si ayer contemplábamos a las multitudes siguiendo a Jesús, hoy acontece algo muy
diferente: a unos pocos, a un grupo de doce, les concede un privilegio especial. ¿Por qué
llama en esta forma a este grupo? Es una elección libre pues llama “a los que él quiso” y
después de haber hecho oración. No podemos imaginar si fueron los mejores, los más
generosos o los más capacitados, pues entre ellos encontramos a Judas que fue el
traidor. Pero así es el Señor: nos ama por pura bondad y generosidad suya. No
condiciona su amor y también a cada uno de nosotros nos ha llamado. Los llama “para
que se quedaran con él”. Es la primera finalidad: compartir con ellos su misión y su
vida, participar de los acontecimientos diarios para enseñarles lo importante del Reino.
Y solamente después que se han imbuido de la vida y la presencia de Jesús pueden salir
a predicar. Llevar el Evangelio requiere un encuentro constante y diario con el Señor
Jesús. No es una lección aprendida que se puede recitar de memoria, es hablar de la vida
compartida con el Señor. Solamente entonces se entiende que se puedan expulsar
demonios. No es acto de exorcismos y espectáculos para los admiradores. Es el
compromiso serio de luchar contra toda estructura del mal. Son los verdaderos
demonios que azotan nuestro mundo y que hacen que se olvide la justicia, la verdad y el
amor. San Marcos nos da los nombres de los doce. Son rostros concretos, con cicatrices
de las historias personales, con sus dudas y sus entusiasmos. Lo mismo está un zelota,
que un discípulo de altos vuelos como Juan. Lo mismo encontramos al entusiasta Pedro
que a Judas Iscariote que lo traicionó. Hoy también nos llama a cada uno por nuestro
nombre ¿Estamos dispuestos a quedarnos con él, llevar su evangelio, expulsar demonios
y compartir su suerte? El Señor nos invita también nosotros debemos dar una respuesta.