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Un psicoterapeuta de sesenta y cinco años sale de una revisión rutinaria sabiendo que le queda un año de vida. Y decide algo difícil: no convertir ese año bueno en uno malo lamentándose de que sea sólo uno.
Julius Herzfeld hace entonces lo que haría cualquiera que se dedique a esto. Repasa su trabajo. Se pregunta si de verdad sirvió de algo. Y va a buscar al paciente al que no pudo ayudar, para descubrir que está curado — pero no por la terapia, sino por un filósofo muerto hace siglo y medio.
Irvin Yalom mete a Schopenhauer en una sala de terapia de grupo y lo obliga a discutir con la vida. Enfrente hay dos maneras de entender la existencia: la de quien cree que sufrimos porque deseamos, y que para sufrir menos hay que desear menos y apartarse de los demás; y la de quien cree exactamente lo contrario.
¿Y si lo que nos salva fuera justo aquello de lo que el filósofo nos manda huir?
La novela arranca con los estoicos —al nacer empezamos a morir— y con Epicuro: donde estoy yo no habita la muerte, y donde habita la muerte no estoy yo. Entonces, ¿por qué temerla? Pero una cosa es conocer la filosofía de la muerte y otra muy distinta saber que uno va a morir.
Jordi Nadal lleva cuarenta años haciendo informes de lectura y éste sigue siendo de los que más le han dado.
Porque leer es vida.
Un niño aprende pronto que el mundo está partido en dos: los que tienen y los que sirven a los que tienen. No se lo explica nadie. Lo ve en los zapatos, en la comida, en la ropa, en la escuela, en las humillaciones pequeñas.
János Székely nació en Budapest en 1901, en una familia pobre, y la muerte temprana de su padre lo puso a sostener la casa siendo un crío. A los dieciocho emigró a Berlín huyendo de la guerra y acabó escribiendo guiones de cine mudo para estrellas como Marlene Dietrich. Lubitsch se lo llevó a Hollywood, donde ganó un Óscar. Después la caza de brujas de McCarthy lo echó del país. Murió en Berlín en 1958.
Tentación, su obra maestra, se publicó en 1949 y es casi toda autobiográfica. Una novela de formación, sí, pero sobre el hambre, la desigualdad, el dinero, el deseo, la dignidad y el abandono. Székely cuenta todo eso sin un solo discurso: lo pone delante y se ve.
¿Qué está dispuesto a hacer alguien para salir adelante? ¿Y qué queda de él después?
Jordi Nadal lee dos fragmentos. Uno es un maestro que se lleva a sus alumnos a casa a merendar para enterarse de lo que les pasa; lo que hace ese hombre medio año después de una bofetada injusta no se cuenta aquí. El otro cabe en una línea, y es la que sostiene el libro entero.
Hay autores que desaparecen medio siglo hasta que un lector abre uno de sus libros y los devuelve a la vida.
Porque leer es vida.
Una niña deja de hablar. No unos días: años. Lo que le ha ocurrido es tan grande que la voz se le retira, y lo que se la devuelve no es un médico ni el paso del tiempo, sino los libros.
Maya Angelou nació como Marguerite Annie Johnson en San Luis, Missouri, en 1928, y murió en Carolina del Norte en 2014. Poeta, novelista, dramaturga, actriz, cantante y profesora universitaria. Trabajó junto a Martin Luther King y Malcolm X. Recitó en la investidura de Bill Clinton —la primera poeta en hacerlo desde Robert Frost, en 1961—, recibió de Barack Obama la medalla presidencial de la libertad y reunió más de cincuenta doctorados honoris causa.
Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado, escrito en 1969, fue el primero de sus siete libros de memorias y cambió lo que hasta entonces podía ser una autobiografía.
Cuenta una infancia de pobreza, racismo y violencia, y aun así no hay en él una sola línea escrita desde el resentimiento. ¿Cómo se narra lo que duele sin convertirlo en cuentas pendientes? ¿Y por qué un libro así, en vez de dejarnos peor, nos deja más enteros?
El título lo explica entero: el pájaro no canta porque sea libre. Canta porque sigue queriendo serlo.
Jordi Nadal trae en este episodio lo que le dedicó Toni Morrison —«tenía diecinueve talentos y utilizaba diez»— y lee cuatro fragmentos en voz alta. Uno, el consejo de una abuela a su nieta, dura tres líneas y no se olvida.
Porque leer es vida.
Un hombre que no tiene hijos acaba criando a uno. No hay sangre de por medio, no lo había planeado nadie, y sin embargo algo se mueve dentro de él hasta el punto de que la rabia empieza a dolerle por otro y no por sí mismo.
Alessandro Piperno nació en Roma en 1972 y allí sigue. Enseña literatura francesa, debutó en 2005 con Las peores intenciones, ganó con Inseparables el Strega —el premio literario más importante de Italia— y dirige desde 2020 la colección Meridiani de Mondadori. Escritor, profesor, crítico y editor.
En Aire de familia se sitúa en la tradición de la gran novela familiar europea para hablar de lo único de lo que nadie termina de escapar. Podemos alejarnos, rebelarnos, reinventarla, aparcarla. La familia interpela siempre.
¿Qué convierte a alguien en padre? ¿Cuándo deja uno de ser hijo? ¿Y qué hacemos con lo que heredamos sin haberlo pedido?
Jordi Nadal trae dos frases que rondan el episodio entero: la de Elías Canetti, que decía que en todas las familias se ahoga uno, también en la propia, aunque no nos demos cuenta; y la de Walter Benjamin sobre el acuerdo secreto entre las generaciones pasadas y las futuras. Hemos sido esperados en la Tierra.
Hay dos fragmentos leídos en voz alta. El segundo, sobre lo que cambia dentro de uno cuando empieza a querer de verdad, preferimos no adelantarlo aquí.
Una novela que empieza de una manera y acaba de otra.
Porque leer es vida.
Antes de tener editorial, Jordi Nadal ya tenía un sueño. Sin socios, sin empresa, sin despacho, llamó a una editorial de París para pedir los derechos de un libro. Quería que fuese el número uno de un catálogo que aún no existía.
Diecinueve años después, ese mismo libro vuelve a este podcast por una razón inesperada: su hija Clara lo eligió, por decisión propia, para su examen oral del Brevet Blanc. Y por primera vez, padre e hija graban juntos.
¿Qué tiene esta novela para que un editor la relea toda su vida y una adolescente la escoja sin que nadie se lo sugiera?
Momo es un niño árabe. Madame Rosa es una anciana judía. Entre ellos no hay sangre, no hay religión compartida, casi nada de lo que solemos llamar familia. Y, sin embargo, hay algo que sostiene. Clara se hizo una pregunta al preparar su trabajo y esa pregunta abre el episodio entero.
También hay un enigma detrás del autor. Un hombre nacido en Vilna en 1914, que ganó dos veces un premio que solo puede ganarse una. Y una pregunta que Clara se hace en voz alta: ¿Cómo consiguió un escritor de sesenta y un años meterse con tanta verdad en la cabeza de un niño?
Su respuesta es de las que se quedan.
Un muchacho de campo llega a la universidad para aprender a trabajar la tierra. Un día, casi por accidente, algo se le cruza en el camino, y ya nada vuelve a ser igual.
¿Puede una vida discreta, sin gestas ni aplausos, ser una vida plena? ¿Qué ocurre cuando descubrimos tarde lo que somos? ¿Y qué queda de nosotros cuando nadie está mirando?
Jordi Nadal nos abre las páginas de Stoner, la novela de John Williams que en 1965 pasó casi en silencio y que hoy tantos lectores guardan como un secreto compartido. Una historia que parece hablar de casi nada y acaba hablando de todo.
Y dos palabras, deseo y aprendizaje, que quizá lo contengan todo.
Hay libros que se leen. Y hay otros que, al cerrarlos, se quedan a vivir con nosotros.
Porque leer es vida.
Hay libros que llenan escaparates y libros que llenan bibliotecas. Unos venden durante una temporada; otros permanecen.
Richard Stern nació en Nueva York en 1928, enseñó literatura casi medio siglo en Chicago y trató de cerca a algunos de los nombres que hoy damos por fundamentales del siglo XX. Y sin embargo, aquí apenas se le conoce. ¿Cómo puede un escritor tan respetado por sus pares seguir siendo un secreto?
Las hijas de otros hombres tiene más de cincuenta años y no ha envejecido un solo día. No es una novela sobre el adulterio, ni siquiera sobre un divorcio. Es una novela sobre lo que sostiene —o deja de sostener— una vida entera. Sobre ese momento, quizá reconocible, en que alguien descubre que el mapa por el que llevaba años caminando ya no coincide con el terreno que pisa.
Jordi Nadal habla de una prosa de primera categoría, de una profundidad psicológica poco común y de algo más difícil de encontrar: una mirada que comprende sin condenar, que escucha sin sentenciar. Una obra al servicio de la misericordia, entendida como la capacidad de mirar la fragilidad humana sin burlarse de ella.
No ofrece respuestas. Solo aumenta la resolución con la que nos observamos.
En este episodio hay tres fragmentos leídos en voz alta. Uno de ellos, sobre la piel y todo lo que ocurre en la superficie del cuerpo, explica mejor que cualquier tratado por qué llevamos el corazón en la manga.
Porque leer es vida.
¿Cuándo empieza exactamente una dictadura?
Casi todos tenemos una imagen preparada para responder: soldados, calles tomadas, un antes y un después nítidos. Pero ¿y si la respuesta fuera mucho más silenciosa? ¿Y si la libertad no se perdiera el día en que desaparecen los derechos, sino mucho antes, en el momento en que dejamos de llamar a las cosas por su nombre?
Jordi Nadal se acerca en este episodio a uno de los libros más leídos, más citados y más incómodos del siglo XX, y lo hace desde una pregunta que no admite escapatoria: qué ocurre cuando alguien decide qué debemos recordar, qué es verdad y qué conviene olvidar.
Orwell escribió desde la experiencia, no desde la teoría. Renunció a una carrera cómoda, vivió entre los más pobres de París y Londres, combatió en la Guerra Civil española y allí entendió algo que ya no pudo dejar de escribir. Murió con apenas cuarenta y seis años, pocos meses después de publicar el libro que lo cambiaría todo.
En el episodio hay un fragmento leído en voz alta. Uno de esos que dejan la piel de gallina y resulta difícil de escuchar sin pensar en el presente. Hay también voces que admiraron esta obra hasta convertirla en lectura de cabecera, y una advertencia que atraviesa las décadas sin perder filo: quien domina el lenguaje termina dominando la conciencia.
¿Estamos leyendo una novela sobre el futuro o un espejo del que preferimos apartar la mirada?
Leer o releer 1984 no es solo un placer literario. Es, quizá, un ejercicio de ciudadanía.
¿Qué queda de una vida cuando alguien te roba, sin saberlo, mucho más que un bolso?
Katherine Anne Porter nació en la pobreza de Texas y probó, con sus propias palabras, la aspereza del mundo. Huérfana a los dos años, periodista en plena Primera Guerra Mundial, superviviente de la gripe de 1918, testigo del nazismo en Europa. Alice Munro la amaba. Truman Capote la incluyó entre los dos únicos grandes artistas de la literatura norteamericana de su siglo. Y sin embargo, ella misma confesó que apenas dedicó una décima parte de sus fuerzas a escribir. ¿A qué se fue todo lo demás?
En este episodio, Jordi Nadal se detiene ante una escritora que exige del lector algo distinto: no las horas de una novela, sino una entrega breve e intensa. El cuento como territorio donde, en pocas páginas, cabe una vida entera de justicia, traición, deseo y una redención casi siempre imposible.
Hay un fragmento —el de una mujer y aquello que descubre haber perdido— que preferimos no contarte aquí. Léelo tú, o mejor: escúchalo. Porque hay prosa que no se resume, se atraviesa.
¿Y si fuéramos más parecidos a sus personajes de lo que creemos?
Espera y verás.
Porque leer es vida.
¿Qué ocurre cuando alguien pisa un aula por primera vez a los diecisiete años? No de niña, no con miedo escénico ante un examen: por primera vez en su vida.
Tara Westover creció a la sombra de una montaña en Idaho, la menor de siete hermanos de una familia mormona fundamentalista, sin haber sido jamás escolarizada. Su libro, Una educación, traducido a más de veinte idiomas y aclamado en todo el mundo, no cuenta una historia de superación al uso. Cuenta algo más incómodo y más hondo: qué precio tiene aprender a pensar por cuenta propia cuando eso implica dejar de reconocerte en los tuyos.
En este episodio, Jordi Nadal se pregunta por esa rendija estrecha —una beca improbable, un profesor que apuesta por ti— capaz de torcer el rumbo de una vida entera. ¿Cuántas versiones de nosotros mismos llevamos dentro? ¿Y qué se hace con las personas que nos quieren pero no pueden aceptar que cambiemos?
Hay una frase que Westover escribió en su diario sobre el poder que otorgamos a quienes amamos. La leemos en el episodio. No la adelantamos aquí: hay cosas que solo pesan de verdad cuando llegan en su momento.
Escúchalo. Quizá reconozcas alguna de tus propias montañas.
Porque leer es vida.
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