Si hay un recurso que siempre nos va a acompañar, éste es sin duda, nuestra respiración. Desde que nacemos hasta que morimos, la respiración nos acompaña en un incansable ritmo que alterna, inhalación y exhalación, en un movimiento constante, fluido y perfecto.
Me gusta pensar en la respiración como una llave o puerta de entrada a la regulación de nuestro sistema nervioso, pues se trata de la única función del sistema nervioso autónomo que, además de funcionar de forma independiente y automática, podemos guiar también de forma voluntaria.
Nuestro cuerpo realiza de sabiamente todas las funciones vitales sin intervención consciente por nuestra parte. No nos requiere esfuerzo ni atención alguna, lo cual nos libera para poder atender otras cuestiones, que frecuentemente están en el escenario de nuestra mente o que sentimos en forma de emociones.
La posibilidad que nos ofrece la respiración, sin embargo, es la de mediar de forma consciente en su ritmo, modificándolo a nuestro favor, lo cual es sin duda la mejor opción para ayudar a que mente y cuerpo se sincronicen y auto-regulen, tanto en momentos de calma como en aquellas situaciones que vivimos con estrés, volviendo a la homeostasis, al equilibrio que, a fin de cuentas, es el responsable de hacernos sentir bienestar, y tranquilidad.
Recuerda que éste es un ejercicio que requiere ser practicado con frecuencia para que puedas incorporarlo en tu "mochila de herramientas emocional". Así que, ¡Ánimo, a practicar se ha dicho!