Dice el Papa Francisco: “Este es nuestro destino: caminar en la perspectiva de las promesas, seguros de que llegarán a hacerse realidad. La vida cristiana es esto: caminar hacia las promesas”.
Quisiera dedicar este día a reflexionar, partiendo de una homilía del Papa Francisco, en tres modos erróneos en los que podemos vivir este “caminar hacia las promesas”.
1. Está la tentación de detenernos, de considerar que somos buenos cristianos solo porque formamos parte de movimientos eclesiales, de grupos de parroquia, pero no caminamos, somos cristianos inmóviles. Creemos que existe el cielo pero no lo buscamos. Seguimos los mandamientos, cumplimos los preceptos, pero estamos inmóviles.
2. Otro grupo más peligroso. Los que se equivocan de camino. Pero el problema no es equivocarse sino no volver cuando uno se da cuenta que se ha equivocado. Es nuestra condición de pecadores la que nos hace errar en el camino. Caminamos, pero a veces cometemos esta equivocación de camino. Se puede volver: el Señor nos da esta gracia, de poder regresar.
3. Finalmente, el grupo más peligroso, porque se engaña a sí mismo. Son los que “caminan pero no hacen camino”. Son los cristianos errantes: dan vueltas, dan vueltas como si la vida fuese un turismo existencial, sin meta, sin tomar en serio las promesas. No caminan, dan vueltas.