Vemos en el evangelio de hoy que tras el anuncio del arcángel, María se puso en camino hacia la casa de su prima Isabel. Cuando Dios nos visita, nos deja inquietos. Con la sana inquietud de aquellos que se sienten invitados a anunciar que Él vive y está en medio de su pueblo.
Así lo vemos en María, la primera discípula misionera, la nueva Arca de la Alianza, quien lejos de permanecer en un lugar reservado, sale a visitar y a acompañar con su presencia la gestación de Juan Bautista.
Así es María. No permanece encerrada en nuestros templos, sino sale a caminar con nosotros. Así lo hizo en 1531, salió para acompañar la gestación de ese pueblo de México que estaba gestándose con dolor.
Dice el Papa Francisco: “La fe no es agua que apaga, sino fuego que arde; no es un calmante para los que están estresados, sino una historia de amor para los que están enamorados”. Estamos llamados a ser contemplativos y evangelizadores, hombres y mujeres de oración y de acción.