02.05.20. PROGRAMA 42. El 3 de mayo se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa. En teoría debería sonar a perogrullada la combinación “libertad” y “prensa”, pues en la esencia del ejercicio del periodismo está la libertad, junto a otros conceptos como la objetividad, la imparcialidad o el deberse a la verdad. Pero las cosas, lamentablemente, son como son y esto no es por culpa de este virus maldito que lo ha puesto todo patas arriba. Este día de la libertad de prensa ya se venía celebrando, porque cada año periodistas de todo el mundo son asesinados por y en el ejercicio de su profesión, y porque por el ejercicio de su profesión, otros tantos de miles son ninguneados, defenestrados, despedidos, se ven abocados al pluriempleo, obligados a recurrir a otras ocupaciones con las que complementar los ingresos del mes. Esto les pasa simple y llanamente por hacer su trabajo, que consiste, en esencia, como ya he dicho antes, en contar lo que pasa y hacerlo en libertad.
Permíteme que hoy centre mi comentario en la reivindicación de este oficio, el mío. La ocasión lo merece. Este clima de confusión en el que vivimos requiere profesionales del periodismo que hagan posible un derecho elemental que tienes como ciudadana, como ciudadano de una sociedad que se hace llamar democrática: el derecho a una información libre, plural e independiente.