28.05.20. Programa 61. Con este mantra totalmente asumido de que “el periodismo tiene que volver a la calle” iba yo el otro día bajando la calle, junto a mi hija, camino del colegio. Estaba ideando cómo plantear esta crónica, en la que quería tratar el tema de la vuelta a las aulas en Berlín.
Desde el análisis frío y seco de la realidad de esta vuelta al cole, que en realidad no es vuelta ni es nada, porque de ahora hasta fin de curso mi hija solo pisará su aula dos días en total, y que, sin embargo, implica todo un mundo de organización, calificaría todo esto como una mera operación cosmética para que las autoridades queden bien ante la galería como ejemplo de diligencia. Pero prescindiendo del contexto, de la crónica a pie de escuela, sin narrar en directo lo que se cocía en la entrega, en la recogida, sin entrevistas a los afectados, quedaría un relato absolutamente incompleto. Cierto que a mi hija le supo a poco, pero ¡qué bien le supo! La emoción que llevó durante todo el camino no tuvo nada que ver con la que sacó después de sus seis horas hechadas. De camino a casa iba como levitando.