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Aquí, en el Tren Sin Pasajeros los vampiros que ocasionalmente suben no se alimentan de sangre, ellos en su inmortalidad se alimentan de su propia soledad.
Transitamos como animales ciegos y atropellamos sin siquiera darnos cuenta toda aquella cascarria debajo de nuestros pies.
En el Tren Sin Pasajeros por primera vez nos adentramos en la oscura calle donde nacen las creepypastas. Ahí una de sus habitantes nos relata la historia que sucede en su vieja vecindad.
Soy el Halcón Nocturno y espero la estés pasando bien.
Buenas noches!
Érase una vez un tiempo donde todo lo que parecía inalterable cambió... Así también los cuentos de hadas.
Estás en el Tren Sin Pasajeros, que lo disfrutes.
Buenas noches!
Un olor salado presagia que nos acercamos a la playa. El constante rugido de las olas acompaña el ritmo que el Tren Sin Pasajeros crea al avanzar. En la húmeda estación sube el viejo marino, ese que un día conoció a las sirenas. Su voz ya no es más que un susurro: Escúchalo.
Soy el Halcón Nocturno. Buenas noches!
Agotado de tanta noche decido detener el Tren Sin Pasajeros en la más alto de la montaña a la espera de que el viejo astro rey entibie un poco las cicatrices que ha dejado la soledad.
No dejes de escucharme aquí, en el Tren Sin Pasajeros. Gracias!
En la oscuridad de la noche surge una luz como ojo espectador de nuestro camino. Nos acercamos para descubrir el abandonado burdel donde era famosa la negra Matanga ¿quieres conocer su historia?
Estás en el Tren Sin Pasajeros. Buenas noches!
Solo escuchar, solo aprender. Quedan los sonidos del bandoneón despidiendo al Tren Sin Pasajeros... Y yo, Bailando al ritmo de tu recuerdo...
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