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Para la editorial de hoy hay un dato que, a mi juicio, merece ser puesto en el centro: la morosidad dejó de ser un problema financiero para convertirse en un problema social y político.
Hoy hay una Argentina que no aparece en los discursos oficiales, que no entra en las planillas del déficit cero y que tampoco parece demasiado preocupada por las celebraciones del mercado.
Es la Argentina de los que deben. De los que sacaron una tarjeta para comprar comida. Los que pidieron un préstamo para pagar otro préstamo. Quienes recurrieron a una billetera virtual porque el sueldo no alcanzaba. De los que dejaron de pagar una cuota para poder pagar la luz.
Y aquí aparece una palabra que hoy vuelve a estar en el centro de la escena: Usura.
Porque cuando alguien necesita dinero desesperadamente y la única alternativa que encuentra es aceptar una tasa que sabe que probablemente no podrá pagar, no estamos frente a una relación entre dos partes en igualdad de condiciones.
Hay una necesidad de un lado. Y hay una oportunidad de negocio del otro.
Y cuando esa relación se multiplica por millones, deja de ser un problema individual.
Se convierte en un problema social.
( ... sigue)