Jesús no sólo se revela, se manifiesta, en sus gestos, palabras y acciones a la multitud, sino que también lo hace con aquellos a quienes llamó para estar con Él, sus discípulos. En este auto revelarse y en este formar a los discípulos, Jesús se encuentra con las dificultades propias del corazón del hombre, el enojo, las discusiones, la falta de comprensión, la falta de memoria de aquellos que comparten de modo muy cercano su vida.