Stephen Griffiths decidió en su adolescencia que iba a ser más terrible que John George Haigh, el asesino del baño de ácido, condiscipulo de su escuela. Se preparó a conciencia, primero, estudiando Psicología y, después, doctorándose en Criminología. Adoptó todos los elementos que pudieran causar mayor impacto y se convirtió en el caníbal de la ballesta.
Manu Carballal se bate el cobre contra el Maligno.
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