🌷Génesis 18:10-14; Génesis 21:1-2
Hay momentos en nuestra vida en los que Dios nos hace una promesa… pero pasa el tiempo y nada parece suceder.
Oramos.
Esperamos.
Creemos.
Y volvemos a esperar.
Hasta que un día miramos nuestras circunstancias y pensamos: “Señor, ¿todavía será posible?”
Eso fue lo que vivió Sara.
Dios había prometido que Abraham tendría descendencia y que Sara sería madre. Pero había un gran problema desde la perspectiva humana: Sara ya había envejecido y los años naturales para tener hijos habían pasado.
La promesa seguía vigente, pero las circunstancias gritaban: “¡Imposible!”
🌷 1. EL TIEMPO DE DIOS NO ES NUESTRO TIEMPO
Sara tuvo que esperar muchos años.
Y esperar puede ser difícil.
Cuando Dios nos promete algo, muchas veces pensamos que ocurrirá inmediatamente. Pero Dios no trabaja conforme a nuestra agenda.
Hay promesas que requieren procesos.
Hay respuestas que requieren paciencia.
Y hay milagros que Dios permite que lleguen cuando humanamente ya no vemos ninguna posibilidad, para que cuando sucedan, nadie pueda quedarse con Su gloria.
Quizás tú también llevas tiempo esperando.
Esperando por tu familia.
Esperando una puerta.
Esperando una restauración.
Esperando una respuesta a esa oración que solamente tú y Dios conocen.
No confundas la demora con la ausencia de Dios.
Dios sigue trabajando aunque tú todavía no puedas verlo.
🌷 2. SARA SE RIÓ ANTE LO IMPOSIBLE
Cuando Sara escuchó que tendría un hijo, se rio.
Humanamente tenía sentido.
¿Cómo podía ocurrir aquello a su edad?
Pero entonces Dios hizo una pregunta que todavía hoy resuena para nosotros:
📖 “¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” — Génesis 18:14
¡Qué pregunta!
Porque nosotros vemos edades.
Dios ve propósitos.
Nosotros vemos puertas cerradas.
Dios ve oportunidades
Nosotros vemos diagnósticos, limitaciones y circunstancias.
Pero Dios ve posibilidades donde nosotros solamente vemos imposibles.
🌷 3. DIOS CUMPLIÓ SU PROMESA
Génesis 21 comienza con unas palabras preciosas:
📖 “Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado.”
¡Como había dicho!
Dios no olvidó a Sara.
El tiempo pasó, pero la promesa no había caducado.
Y finalmente Sara dio a luz a Isaac.
Aquella mujer que un día se había reído porque parecía imposible terminó riendo de alegría porque Dios había cumplido Su palabra.
Quizás hoy tú estás viviendo entre la promesa y el cumplimiento.
No te rindas.
Aunque no entiendas el proceso, sigue creyendo.
Aunque haya pasado mucho tiempo, sigue orando.
Aunque las circunstancias digan que es imposible, recuerda quién hizo la promesa.
Porque nuestra esperanza no está puesta en nuestras posibilidades, sino en el Dios de lo imposible.
Y si Dios te dio una palabra, Él sabe cuándo, cómo y de qué manera cumplir Su propósito.
Amén y Amén!!!
Sara nos enseña que nuestra espera nunca será más grande que la fidelidad de Dios.
Puede que hoy estés mirando algo y diciendo:
“Ya es demasiado tarde.”
Pero Dios puede estar diciendo:
“Todavía no has visto lo que Yo puedo hacer.”
No entierres una promesa simplemente porque pasó el tiempo.
Sigue creyendo.
Porque cuando Dios interviene, lo imposible puede convertirse en testimonio.
Señor, ayúdame a confiar en Ti cuando no entiendo tus tiempos. Dame fuerzas para esperar y fe para seguir creyendo cuando mis circunstancias me dicen que es imposible.
Hoy pongo nuevamente delante de Ti aquellas promesas por las que he estado orando.
Que nunca olvide tu pregunta:
“¿Hay para Dios alguna cosa difícil?”
Creo que Tú eres fiel y que tus propósitos se cumplirán en el tiempo perfecto.
En el nombre de Jesús. Amén!🌷
“Cuando las promesas de Dios parecen imposibles, recuerda: lo imposible para ti sigue estando bajo el poder de Dios.