Tras la gran manifestación en defensa de la unidad de España y contra la traición perpetrada por el gobierno del PSOE en su negociación con el separatismo, nos enfrentamos de nuevo a una guerra de cifras y al cainismo partidista.
Analizamos las repercusiones de la movilización con Rafael López-Dieguez, Franciso Trejo, Diego Camacho y Dr. Pérez de Alarcón.
Nos fijamos en los esfuerzos de Rivera y Cs por no aparecer en la foto con VOX hasta límites poco decorosos: llegaron a transgredir las normas de su propia convocatoria, que exigía llevar solo banderas de España. Sin embargo, el partido títere de Macrón repartió banderas de la UE y el invitado mas distinguido de Bilderberg en los últimos tiempos posó orgulloso rodeado de banderas LGTBI.
Con todo, su amigo Valls presenció el torrente popular de patriotismo con el rostro como si le acabasen de comunicar una inspección de hacienda. Y entre tanto, mandaron a Arrimadas, la líder moral del partido naranja a la que toca desactivar y esconder, a un gallinero podemita en La Sexta.
Los discursos desde la tribuna no desbordaron los límites de la corrección política porque las organizaciones convocantes siguen constreñidas por el miedo a ser señaladas por la izquierda política y mediática.
El resultado es que la masa, que deseaba y necesitaba ser enardecida por un discurso con alma nacional, fue engañada por argumentos tibios del mismo constitucionalismo que ha generado el problema.
El comportamiento de los asistentes, que se contaban por centenares de miles fue ejemplar. El de los convocantes, tan decepcionante como siempre.