La historia de Jeffrey Dahmer nos obliga a mirar más allá del morbo. Nos recuerda que el crimen serial no solo se estudia contando víctimas o describiendo escenas horribles. También se estudia entendiendo los patrones: aislamiento, fantasía, control, deshumanización, oportunidad y fallas sociales. Dahmer no mataba únicamente porque podía. Mataba porque, en su mente, la única forma de no ser abandonado era convertir a la otra persona en un objeto que nunca pudiera irse.