Después de romper el vidrio, llega la pregunta que nadie puede responder por ti: ¿Y ahora qué?
Una carrera, una maleta, un continente de por medio, Madrid, nuevas personas, pérdidas, cambios, trámites, un perro que no entiende de crisis existenciales… y una versión de mí que todavía estoy intentando conocer.
Quizá crecer no sea tener todas las respuestas.
Quizá sea aprender a caminar mientras todavía estás haciendo las preguntas.
¿Y ahora qué? Ese es el problema. Y también, quizás, el comienzo.