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La iluminación se refiere a la ayuda y el socorro que el Espíritu Santo nos brinda para entender y aplicar la Escritura. Esta obra de iluminación no debe ser confundida con la revelación así como muchos piensan. El Espíritu ilumina lo que Dios ya ha revelado de Sí mismo en la Biblia.
Las perfecciones que marcan la vida y testimonio del Señor Jesús responden a la descripción profética de su carácter dada por el Espíritu y por medio del salmista: «Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios» (Sal 45.2). La plena comprensión de sus glorias morales está más allá del ingenio humano. Por primera vez, los ojos del Padre se posaron sobre uno en la tierra con infinita satisfacción y aprecio.
El Espíritu Santo es una persona, no una fuerza impersonal.
La liturgia de la iglesia le atribuye la deidad al Espíritu Santo.
El Antiguo Testamento le asigna los atributos y la autoridad divina al Espíritu Santo.
El Nuevo Testamento le asigna los atributos divinos al Espíritu Santo.
El Mesías significa "el Ungido" y es utilizado como un título de Jesús para demostrar su papel como Rey y como Siervo Sufriente. El Mesías es el título utilizado con mayor frecuencia para referirse a Jesús.
El Señor es el título asignado a Jesús que le sigue en frecuencia de uso, y se refiere a su autoridad suprema como Soberano del universo.
El Hijo del Hombre es el título que Jesús utilizó con mayor frecuencia para referirse a sí mismo. Este título se refiere principalmente al papel desempeñado por Jesús como Juez de todo el cosmos.
El título de Logos tiene una rica herencia de la cultura hebrea y griega. Jesús es el Logos -el Creador del universo, la realidad suprema detrás del universo, y Aquel que está constantemente sosteniendo al universo.
Jesús fue el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento y Él mismo fue un profeta. También fue el Sacerdote y el sacrificio. Como Sacerdote, Él se ofreció a sí mismo como el sacrificio perfecto por el pecado. Por si fuera poco, Jesús es el ungido Rey de reyes y el Señor de señores.
Hablemos acerca de la importancia de nuestro testimonio.
"Cristo es el único lugar de encuentro entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra, entre la Santa Trinidad y los pobres pecadores hijos de Adán. Es Cristo a quien Dios el Padre ha “señalado” y asignado para que dé vida a un mundo muerto (Jn. 6:27). Es Cristo a quien el Padre le ha dado un pueblo para que lo lleve a la gloria. Es Cristo de quien el Espíritu da testimonio y a quien el Espíritu mismo guía a las almas para recibir perdón y paz. En definitiva, le “agradó al Padre que en él habitase toda plenitud” (Col. 1:19). Lo que el sol es en el vasto firmamento, Cristo es en el cristianismo auténtico."
J. C. Ryle
Jesús es más importante que Moisés porque el que construye una casa tiene más importancia que la casa misma. Toda casa tiene un constructor, pero Dios es el arquitecto del universo. Moisés fue respetado como siervo fiel en toda la casa de Dios y su trabajo era ser testigo de lo que Dios iba a decir. Pero Cristo dirige la casa de Dios como un hijo fiel.
Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará. Lucas 9:24.
¿Qué significa esta importante afirmación del Señor Jesucristo?
Presentamos la primera lección que todo creyente debería aprender desde el momento de su conversión. Una explicación magistral preparada por el pastor José Ramón Frontado.
"El carácter del Señor Jesús nunca recibió modificación ni reajuste. Fue el mismo en todo momento, poseyendo siempre el mismo equilibrio y armonía. En él la majestad se combinó perfectamente con la mansedumbre, la dignidad con la condescendencia, grandeza consciente con sencillez sin ostentación, poder con misericordia, justicia con benevolencia, indignación santa contra el pecado con compasión tierna por el pecador. Su gentileza nunca se caracterizó por debilidad, ni su
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