La santidad es resultado natural de saber quién es Dios, qué ha hecho por nosotros, y del compromiso que hemos adquirido con él al declararlo públicamente como “nuestro Dios”.
Dios no oculta ni maquilla sus demandas. Somos responsables y definitivamente no escaparemos de pagar las consecuencias de nuestra irresponsabilidad si este fuera el caso.
Las manifestaciones sobrenaturales de Dios hasta hoy, siguen teniendo el mismo propósito. Que podamos distinguir su gloria reconociendo que él está dando un paso hacia adelante para tener comunión con nosotros.
En cambio, la consagración y santificación de los hijos de Dios sigue vigente. Además, el llamado de la iglesia es precisamente a una vida consagrada y de servicio a Dios y al mundo, por lo que todos de alguna manera cumplimos o deben cumplir esta parte del deber sacerdotal.
Si aceptamos esta verdad: Dios proveyó para el sostenimiento de sus sacerdotes, encontraremos el principio aplicable: Dios provee un medio para el sostenimiento de sus obreros en todo tiempo y lugar.
Dios quiere y promete estar con nosotros, pero son nuestros hábitos diarios los que habrán de consolidar o debilitar nuestra sensibilidad a su presencia.
Es necesario confesar nuestro pecado ante Dios con sincero arrepentimiento y adherirnos por fe a la obra de Cristo en la cruz como el medio que nos provee perdón de todo mal cometido.
Toda la Biblia nos enseña que no importa que seas un hombre manso, puedes pecar; que no importa que seas un hombre conforme al corazón de Dios, puedes pecar, y no importa que tengas como maestro al mismo Hijo de Dios, puedes pecar.
Es importante que al adorar a Dios, lo hagamos en santidad, pero también que traigamos lo que tenemos en nosotros sin imitar a nadie más y sin compararnos con otros.
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About En su reposo, con el pastor Isaí Rodríguez Ruiz
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Una reflexión bíblica que cada día nos lleve a tener un encuentro con Dios y disfrutar de la seguridad y reposo que nos da su presencia.