Con la ascensión de Jesús a los Cielos, los discípulos se quedaron sin la presencia del Maestro al que habían seguido, visto y escuchado... sin embargo, Él les había prometido:
"El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que yo les he dicho." (Juan 14,26)
El Espíritu llegará en Pentecostés y está disponible desde entonces para los discípulos de ayer y de hoy como *Maestro interior*, que ayuda a recordar, a comprender y a vivir la Palabra de Jesús.
Mi reflexión para este 20 de mayo de 2018, Domingo de Pentecostés.
Bendiciones.
+ Heriberto Bodeant, obispo de Melo (Cerro Largo y Treinta y Tres, Uruguay)