Jesús es el Verbo encarnado, la Palabra de Dios hecha hombre.
Con sus palabras, inclusive citando la Sagrada Escritura, el Tentador trata de apartar a Jesús de la voluntad del Padre, intentando que Jesús realice por su cuenta actos caprichosos que no llevarían a la salvación de nadie, sino a la perdición, al abismo.
Jesús vence al tentador con la Palabra de Dios, a la que cita en sus tres respuestas.
También nosotros somos sometidos a tentación.
En la enseñanza de Jesús y, especialmente en la oración del Padrenuestro ("no nos dejes caer en la tentación") encontramos la fuerza para resistir al Tentador.
Mi reflexión sobre el evangelio de este Domingo I de Cuaresma, ciclo A, 22 de febrero de 2026.
Bendiciones.
+ Heriberto, Obispo de Canelones, Uruguay.