Hay una bonita canción que dice “Yo creo en las promesas de Dios”. No hay promesa mejor que la de Dios ni nadie más digno de confianza. Así lo vivieron María e Isabel y fueron madres: la primera, del Salvador y la segunda, del Precursor, es decir, Juan el Bautista.
La promesa de Dios supera y desborda todo lo que podamos anhelar. Cuando descubrimos como se ha cumplido, creando una Historia de Salvación, encontramos que esta Historia es también nuestra propia historia.
Mi reflexión sobre el Evangelio de este IV Domingo de Adviento, ciclo C, 22 de diciembre de 2024.
Mi invitación a inaugurar en nuestra Diócesis el Año Jubilar: domingo 29 de diciembre, 10 de la mañana, parroquia Sagrada Familia, en la ciudad de Sauce, en el centro del departamento de Canelones.
Bendiciones.
+ Heriberto, Obispo de Canelones.