María se define como "la servidora del Señor". Ella es “llena de gracia”, preservada del pecado original, con motivo de su especial misión: ser la madre del Hijo de Dios. Todo en ella está orientado hacia ese Hijo. No podemos separar a la Madre del Hijo ni al Hijo de la Madre. Desde la Cruz, el Hijo nos indica que ella es también nuestra Madre. Ella será muchas veces el camino para que lleguemos al reencuentro con su Hijo: “A Jesús por María”, como dice un viejo lema de la vida cristiana.
Mi reflexión en esta solemnidad de la Inmaculada, que se superpone al II Domingo de Adviento, ciclo C, 8 de diciembre de 2024.
Bendiciones,
+ Heriberto, Obispo de Canelones, Uruguay.