Dios no mide ni pesa con nuestras medidas. No mide la cantidad, sino la calidad. Entra en lo profundo del corazón y examina la pureza de las intenciones.
Al contrario de aquel hombre rico que “se marchó entristecido porque tenía muchos bienes”, esta viuda pobre nos enseña a amar a Dios y al Evangelio entregándolo todo. Ella no se irá entristecida; al contrario: se irá feliz, porque dando todo a Dios, todo lo recibe de Él.
Mi reflexión sobre las lecturas de este domingo 10 de noviembre de 2024, 32° durante el año.
Bendiciones,
+ Heriberto, Obispo de Canelones, Uruguay.