Gilberto Candelaria en su primera intervención nos traerá un artículo de la autoría de Yuri Millares que nos hablará de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria 15 años después.
Con diferentes formas de entenderla a lo largo de los 15 años de gestión por parte del Cabildo de Gran Canaria, la Reserva de la Biosfera de esta isla (RBGC) lleva unos años de renovado impulso. “Es un aniversario para celebrar y reflexionar”, dice Pilar Pérez, la técnica gestora para la Reserva en la Consejería de Medio Ambiente. “De aquí hacia atrás, se han desarrollado mayoritariamente acciones enfocadas a un desarrollo turístico sostenible y de divulgación. En los últimos años, con la madurez profesional y de conocimiento del territorio, hemos priorizado la realización de acciones más sociales, porque creemos que son eslabones que faltan para un mejor funcionamiento de lo que ya existe”, explica a Pellagofio.
“Hay que acercar a la gente que no conoce este territorio de una manera real. Este espacio no es una estampa, no es un jardín, aquí vive gente que intenta sobrevivir y tiene sus problemas; no es sólo «qué bonito es, me lo pongo en Instagram»”, insiste.
Los Altos de Gáldar y el sector primario serán protagonistas en la segunda intervención
de Gilberto Candelaria.
Con unas 200 ovejas y 50 cabras (las vacas las quitó hace pocos años), toda su vida se ha dedicado Domingo Moreno al ganado, como el padre, “y mi abuelo y mi tatarabuelo; esto aquí no era sino un manojo de ganado y agricultura”, dice. Estamos en el cortijo de Valerón, muy cerca de Caideros, en las medianías de Gáldar (Gran Canaria), tierra de ganado y de trashumancia desde hace muchas generaciones.
Esta es la mejor zona de oveja de la isla, de Pico Viento hasta llegar a la cumbre, por el piso que tiene. Ya desde que va llegando fines de noviembre los pastores se iban para abajo a esas costas, por los fríos, la nieve y la neblina que se bajaba. El que no se iba de esas cumbres lo pasaba mal”, relata. No quedaba otra para escapar de las bajas temperaturas y unas lluvias que, antes, eran muchos más abundantes. “Un tío mío que estuvo en Crespo le nombran aquello y tiembla por el frío. Las ovejas tenían que dejarlas de noche encerradas en un pajero porque, si no, por la mañana se echaban y no se levantaban, de congeladas de frío. Y de día no daban con ellas con la neblina”.
Pero, tras el invierno, a primeros de marzo las medianías altas “no eran sino amapolas, toda clase de sementeras sembradas, ya pegaban las lentejas a florecer. Eso era la tierra loca de lentejas, de arvejas y de todo eso. Se pasaban los animales hasta junio comiendo y dando leche con locura”, dice rememorando aquella escena de abundancia.
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