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Valorar lo que tienes no es sencillo en un mundo donde parece que siempre debes buscar más. La mayoría está enfocada en todo lo que no tiene: cosas materiales, relaciones interpersonales hasta la belleza ideal…
Esperamos grandes cosas y nos fascinan los milagros, pero olvidamos que nuestra vida ya nos ofrece pequeños regalos que otros desearían. Creo que hay más gente preocupada por contar todas las cosas que le faltan que por saborear lo que la vida les da. ¿Y tú?, ¿has aprendido a valorar lo que tienes o vas esperando momentos e ideales?
¿A qué cosas prestas atención en tu vida? Muchos se concentran y añoran objetos materiales que parecen brillantes en la distancia pero que una vez que los tienen no aportan nada.
Valorar lo que tienes significa aprender a ver aquellos pequeños momentos que no podrías comprar ni con un diamante. Estoy segura de que si prestas un poco de atención descubrirás muchos de estos tesoros. Los más básicos para mí son:
Quizás te parezca que son cosas básicas y que no hay nada que valorar en ello. Piénsalo otra vez: ¿cuánta gente hay en el mundo que no tiene todo esto? Valorar lo que tienes no es solo agradecer que tienes cosas materiales…
La vida es como un viaje en el que nuestro barco enfrenta tormentas inusitadas. Cuando nos enfrentamos a ellas, sentimos el temor al peligro, la pérdida y la inseguridad. En el pasaje del encabezado, Dios ordena que los compromisos para con Él se cumplan a cabalidad y en el tiempo establecido. No dudamos en obedecer a Dios cuando la vida es “una taza de leche”, pero cuando las nubes negras se ciernen sobre nuestro futuro… los cuestionamientos a Dios y su gobierno, la incredulidad a sus promesas y la amargura del posible abandono, hacen que dudemos de nuestros compromisos y pactos con el Señor y que al final quedemos desprovistos de herramientas espirituales que nos ayuden a vencer las circunstancias.
¿Por qué es tan importante cuidar lo que pensamos?
Cada uno de nosotros tenemos el poder de elegir qué creer y qué pensar. Si se nos ocurre amanecer de malas pensando solo en que no dormimos bien, en que nos sentimos cansados, en lo aburrido que será el ir a trabajar, etc. el día se tornará gris por muy luminoso y agradable que esté. En cambio, si despertamos pensando en lo agradecidos que estamos con la vida -con Dios- por una nueva oportunidad de hacer las cosas mejores que ayer, por muy nublado que esté afuera, la sonrisa no se borrará de nuestra cara.
Otro ejemplo claro, cuando terminamos una relación amorosa. Para sobreponernos a esa personita lo más pronto posible necesitamos dejar de alimentar los recuerdos -pensamientos- que nos vengan de ella ya que a estos les damos poder cada vez que permitimos que vuelvan y se queden en nosotros. Los recuerdos que vienen por medio de nuestro raciocinio son como una plantita que, si la regamos, en este caso, si le invertimos tiempo, esta seguirá floreciendo. Será aún más difícil dejarle de extrañar si de continuo evoco y nutro su memoria.
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