Abrir un espacio en el trajín cotidiano para volver a SER nosotras mismas.
Arrancar minutos al reloj para hacer pausas y apapachar la mente y el corazón sin remordimientos ni culpas es un reto.
Hay que cuestionar y desafiar conductas heredadas y creencias aprendidas con ideas de “tu deber es velar por la seguridad e integridad de los demás”.
Recuerdo que mi abuela “Mamá Conchita” comía sola, después de ordeñar las vacas, hacer los quesos, matar y desplumar gallinas y hacer comidas para toooooda la familia.
Me entristecía que estuviera sola, pero me dijo.
-“Es mi único momento de paz”-
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